Ya sabía conducir con 10 años y con 17 ya me había matriculado en una autoescuela. Al poco de cumplir los 18 ya lo había aprobado y mi padre me compró mi primer coche, de segunda mano. Ya entonces tenía claro que quería un vehículo todoterreno, pero en el comercio al que fuimos, el Suzuki disponible era de alquiler y "por confianza" nos recomendaron que no lo compraramos. Y me enganchó la imagen de un pequeño Autobianchi. Digamos que después de los gigantes de tracción a las cuatro ruedas me fascinan los pequeños, muy pequeños, utilitarios.
El motivo real de "enamorarme" de ese pequeño cacharro fue, por un lado su línea "retro", con sus faros sobresalientes, aunque diseñado en la época en que se han fabricado los vehículos más sosos y feos de la historia (la década de 1970); pero por otro lado, lo cierto es que el vecino del barrio que más respeto generaba al volante de un vehículo, tenía un A112, que además "retocaba" con sus manos. Y tenía la fama de ser de los que más y mejor corrían. Y yo con 18 años. ¡Qué otro ídolo podría tener!
Sin embargo, luego recuerdo que una pequeña decepción iba siempre detrás de mí, ya que en todos lados, cuando veían el coche me preguntaban asombrados ¿¡el 112!?. Yo respondía, no, el 110. Lo curioso es que, el 110, como tal denominación, no existió. Pero lo cierto es que ante la respuesta, la admiración era menos. ¡Jejeje! Y mejor fue así. Cuando tienes la pata floja y eres un poco irresponsable, es mejor un vehículo poco potente. Me asombra que hoy en día se vendan vehículos de más de 100cv de potencia destinados a un público que casi no ha salido de la adolescencia y que además las campañas publicitarias presenten, como cualidad principal, su potencia. Es una de las incongruencias de nuestra vida, cuando por otro lado se quiere limitar y evitar los accidentes de tráfico por exceso de velocidad.

Con los años nos enteramos que mi pequeño "A110" había pertenecido previamente a una profesora de EGB del colegio de mi pareja, por lo que supimos que su historial previo no había sido problemático. De mis manos pasó a las manos de mi esposa y luego a manos de mi cuñada, quien lo sentenció a muerte cuando lo condujo durante varios días con una grave avería. En definitiva, entre 1989 y 1996, aproximadamente. Hoy en día me arrepiento de haberme desecho de él. Como me ha pasado luego con el Nissan Patrol. De haberlo reparado y mantenido, hoy tendría un segundo coche, un pequeño utilitario y un pequeño clásico.
El de la imagen, encontrado en photos.automobiles.free.fr, corresponde a un A112 idéntico al mío. Por cierto, me encantaba la situación de la radio, vertical, con una tapa que la disimulaba muy bien y que casi siempre estaba rota.
2 comentarios:
Bonita historia , aunque matizar que el A-110 nunca exisitó , siempre se denominó A-112.
Un saludo
gracias por el aviso! corrigiendo el error...
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