viernes, 27 de febrero de 2009

Los coches de mi vida (VII): Jeep Wrangler

No es que fuera "nuestro coche" durante mucho tiempo. Lo fue en nuestra luna de miel, en la isla de Lanzarote, durante una semana. Allí tirados, haciendo lo suyo y viviendo lo nuestro (¡jeje!), nos llevó por toda la isla sin quejarse ni un sólo momento.

Por un lado tengo que decir que el coche nos decepcionó en cuanto a equipamiento y comodidad. Aunque el Jeep Wrangler se vendiera en aquella época (1999) como un vehículo para diversión y muchos lo compraban más motivados por un mito que por un conocimiento, lo cierto es que seguía siendo un vehículo duro y "escueto", más orientado al "off road" puro y duro que a vehículo mixto, a ratos destinado a llevar la compra de la semana o a ir a buscar a los niños al colecio; y a ratos destinado a transitar por alguna pista no muy rota en busca de un idílico lugar para un pic-nic.

Creo que en eso los concesionarios de la isla se equivocaban y a la larga se ha venido a demostrar que ha sido así. No puedes vender un vehículo "duro" para un uso "light" y "juvenil", porque acabarás decepcionando a los que buscan un RAV4 y se compran un Wrangler movidos por una publicidad no muy realista.

Un par de veces lo probamos fuera de pista y aunque era una versión a gasolina un poco escasa de potencia se comportó como debía e hizo honor a su fama, teniendo en cuenta que era un coche de alquiler, algo cascado ya y que, por supuesto, no tenía ninguna preparación especial. Imagino que pilotar una versión "potenciada" debe ser algo excepcional.