Al menos es uno de los significados aceptados que la Real Academia Española otorga para este verbo, entre otros. Pero es de éste, y no de otro, sobre el que quiero escribir.Porque la especulación es un mal generalizado en la sociedad virtual, en las redes sociales, en la interacción en los foros, en las confusiones que habitan en las noticias comentadas en los bitácoras como éste que estás leyendo. Casi tanto como la especulación del suelo en la sociedad real, aunque no tan cara.
La especulación genera confusión, malos entendidos, agria el carácter, cultiva malos humores y hasta puede llegar a producir úlceras en el pensamiento; elimina la sonrisa, encorva la espalda y hace que contestemos mal al pobre del bareto que trabaja 18 horas para sacar su chiringuito adelante y que de esa cosa de Internet no sabe absolutamente nada, pero que le lleva todos los papeles al de la asesoría.
Especulamos, todos, en base a nuestros prejuicios, fundamentando esa especulación en unas pocas frases pegadas a un apodo...
(Hago un inciso aquí. Para los más jóvenes, aclarar que un apodo es un nick. Lo de los nick no es una costumbre nueva. Ya se usaban hace décadas, desde que al hombre se le ocurrió articular palabra, en realidad. La única diferencia con el actual es que por aquel entonces te lo aplicaban vecinos o amigos usando como fundamento algún hecho ocurrido fuera de lo común, por lo general un tropiezo de cualquier tipo. Además usaban el artículo el como quien usa el Don. El palangana, el flojas, el siete-machos, el gato, entre otros muchos. La variedad era tan grande como la inventiva de sus creadores.)
... ignorando todo el resto de la información que nos proporciona el contacto directo con nuestro interlocutor. Y aún mucho más la experiencia y conocimiento que nos brinda un contacto reiterado. Pasamos por alto que la red es un medio de comunicación, que ha sobrepasado, eso sí, a todos los medios anteriores. Ya no sólo hay un simple canal de transporte entre el emisor y el receptor sino que ese canal puede cobrar entidad propia y alzarse al mismo nivel que los que hasta hoy eran personajes principales e indiscutibles en el acto de la comunicación.
Así pues, creo que nos debemos, a nosotros mismos, como interlocutores y usuarios de este nuevo canal de comunicación, un baño calentito y bien enjabonado de humildad; de hacer un esfuerzo por dejar aparcados los prejuicios y limitar su uso al tradicional, a la calle, al día a día, con los de siempre. Es bien aconsejable abandonar los malos humores y la respuesta rápida, en pleno calentón. En el fondo, no sabes quién o qué hay detrás de ese apodo... nick... y hasta que punto tu calentón (y no precisamente sexual) va a producir daño en el redactor original de esas supuestas cuatro frases dejadas al azar en un foro cualquiera (o en el muro de tu red social favorita, que es cosa de más de la moda actual).
O como dice Pablo Motos en su diario monólogo: reláaaaaaaaaaajate.
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