Soy nocturno y como Benjamin Button me gustan los sonidos de la oscuridad, saber que aquellos a quienes deseas proteger están ahora en mil aventuras soñadas y que nuestra interesante vida e ilusorio bienestar se casi-paralizan por un momento. Es cuando mejor escribo, cuando las palabras y las ideas navegan por sí solas.Llevo dos noches enfrascado en lo absurdo de la vida, de las noticias y la actualidad, de los objetos que me rodean, de los hechos reales y de los virtuales. Ahora mismo, al escribir, es uno de esos momentos en los que la vida fluye conmigo; o al leer, en tu caso, en que fluye contigo. ¡Pero qué estúpidos somos la mayor parte del tiempo! Esta misma vida, este mismo aquí y ahora se nos escapa. O no. Simplemente, la aparcamos a un lado, embaucándola con promesas vacías.
Vivimos ahogándonos en el pasado o mendigando un futuro, mientras nuestra única propiedad real, que no atesora ni banco ni caja ni cartera ni bolsa, se marchita. Dejamos ese único valor que nos acompaña, fiel, inexorable, para adorar lo que ya no tenemos o aún no hemos alcanzado.
Y un buen día. La muerte... ¡No, no... no ha pasado nada en mi vida! ¡Gracias a Dios! ¡Soy muy feliz! (¡Cuando me dejo!) Pero es cierto, está ahí. No la vemos, pero a un brazo de distancia, detrás nuestro. Esperando. ¿Acaso crees que no? ¿Que eres especial? ¿Mejor? ¿Peor?
¿Deprimido? ¿¡Pero por qué!? ¡Qué prisa tienes si te llegará, como a todo lo vivo! Lo vivo es efímero, es un microsegundo. Ni las milenarias secuoyas son eternas. Da igual realmente qué seas, en qué te conviertes, cómo eres, qué opinas, qué haces, lo que dejes al futuro o lo que olvides del pasado.
Sólo tu ahora tiene sentido. Y es eso precisamente lo que dejamos escapar. Sólo tres verdades inmutables en la vida: de tu pasado, tu nacimiento; de tu presente, tu aquí y ahora; de tu futuro, tu muerte. Lo primero y lo tercero no son sólo verdades inmutables, además son constantes. Son las k de la fórmula que te representa. Y en medio, una variable, una x que espera ser despejada y calculada.
En el espacio que hay entre esas tres variables no hay otra cosa que recuerdos, hacia atrás, y anhelos, hacia adelante. Cosas ambas, irreales e ilusorias, porque por muy precisos que creamos que somos en nuestros pensamientos, lo cierto es que ni nuestros recuerdos reproducen fielmente el pasado, ni nuestros anhelos dibujan exactamente el futuro que será.
Sólo tienes, solo tengo, esa x...
(¡Joder! ¡Si que me dio fuerte esa dichosa película...!)
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