¡Feliz cumpleaños, mi niño chico! ¡Un año ya! ¡Qué maestro más hermoso es un hijo o una hija cuando crece! ¡Qué responsabilidad tener en mis manos parte de lo que será su futuro, su modo de pensar, su modo de actuar!Me pregunto que te espera en esos años y décadas que has de vivir. Me pregunto que puedo sembrar hoy que germine mañana y dé los frutos de los que puedas comer. Me pregunto si acaso debo plantar realmente ese algo o tal vez deba dejar los campos desatendidos, salvajes, que sea tu decisión, mañana, la que actúe. Me pregunto si vivirás en un tórrido tiempo o pasarás frío tras el cambio climático que, según algunos, no existe, no hemos provocado.
Me intriga saber si quedarán montes por los que puedas revivir mis largas caminatas sobre la bicicleta. Quisiera ver si Google para ti será como el radio cassette o la televisión para mi, tecnología ya presente digerida con el día a día. Si pudiera, quisiera saber si pisarás la Luna, Marte o el planeta de las ilusiones o acaso debas vivir parapetado en el miedo a la violencia social.
Me pregunto si tu generación acabará mirando hacia atrás, compasiva, hacia aquellos niños cuarentones que en los inicios del siglo XXI aún daban palos de ciego, comportándose como animales enjaulados. Si tú y tu generación habrán dado los pasos necesarios y tendrán la verdadera compasión del que entiende y no juzga. Yo quiero creer que por fin, La Generación será tu generación. Necesito creer que sí.
Y yo ahora sólo te puedo regalar besos y abrazos y un hombro donde lloriquear mimoso. Una nalgadita cuando seas ruinito con mamá (a escondidas de aquel que parece tener el secreto de la paternidad, sin serlo) y una regañina cuando no quieras verdura. Mil visitas al parque, mil intermediaciones entre tú y tu hermana al borde de la adolescencia.
También te regalaré paseos, conversaciones, oír lo importante que son para ti tus lápices y pinturas. Te daré enlazada en colores mis dudas y mis interrogaciones cada vez que tus interrogaciones y tus dudas asalten mi baluarte de seguridad adulta y asalariada. Te prohibiré las chucherías para que puedas comerlas a escondidas y catar así el sabor de la primera trastada.
Permitiré que negocies las trifulcas con tus amigos y que pierdas en ellas, que llegues con un ojo lastimoso y el otro enjugado en lágrimas. Que cates el sabor de la lucha, de la derrota, de lo que da el verdadero precio de la victoria, de lo que te muestra que hay que aprender a decidir cuando y en qué batallas combatir. Curará ese ojo tu madre y te mostraré que hay en la vida un valor impagable, el valor de levantarse cada vez que caigas. Te diré que te pongas en pie, solo, y te levantaré mil veces del suelo con mis manos y mi alma.
Porque otra cosa no puedo regalarte, salvo mirar y esperar. Sólo deseos. Un mundo de ilusiones. Aventura, experiencia, conocimiento, crecimiento, madurez, inocencia, sentido común, equilibrio, sensatez. Una caja de herramientas surtida y equilibrada, donde el hacerse oír es tan importante como el saber escuchar.
Es lo único, mi niño, que puedo regalarte: un padre incondicional, sin condiciones.
5 comentarios:
¡DIOS MÍO!
Que gran padre es aquel que lo da todo sin mirar, que lo da todo, sin esperar.
¡Felicidades, mi niño chico!
Ah, pues extiendo esas felicidades, a ambos. ¡Un abrazo! ^_^
¡Gracias Julio y Anónimo! Le daré dos besazos en su nombre :)
Me uno a la felicitación con retraso, los feeds son a veces demasiados,ja,ja,ja.
Por supuesto que con un fuerte abrazo y un montón de besos para ese peque y si sobra algo se lo dejamos para el padre.
Un abrazo.
¡Gracias Senovilla! Siempre es un placer leerte por este blog :)
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