El ser irónico se ríe del otro y de sí mismo, sufre lo mismo que sufre el destinatario (Alfredo Bryce Echenique).
La ironía es una tristeza que no puede llorar y sonríe. (Jacinto Benavente).
Lo que más admiro en los demás es la ironía, la capacidad de verse de lejos y no tomarse en serio (Jorge Luis Borges).
Detesto la locura, la aborrezco desde el fondo de mi alma, aborrezco a todos los genios desequilibrados, o semi genio; detesto todo emocionalismo, toda pose excéntrica. ¡Audacia y osadía, si! La audacia es todo, es lo único indispensable; pero una audacia serena, decorosa, correcta, como envuelta en el suave terciopelo de la ironía. ¡He ahí lo que yo soy y lo que quiero ser! (Thomas Mann)
Y para saber más, el buen hacer de los wikipedienses, aunque supongo que se tercia que ya que copio un poco de aquí y de allá, uno se explique, al menos, el por qué.
Pues porque la ironía es un defecto victorioso presente en quien le está escribiendo desde que tiene recuerdos. No es que la use siempre, de manera constante y mucho menos queriendo ni consciente, pero siempre está presente y surge cuando no se la llama. Es como el respirar. Las neuronas se cortocircuitan, las piezas encajan, la frase se construye y una exhalación la hace vibrar en el aire. Y todo está hecho.
La ironía es el arte, o la metedura de pata, de expresar verbalmente lo contrario de lo que se desea comunicar, acompañando y aderezando con gesto, mirada y pose que inmediatamente es percibida por el receptor que, contradecido en su intelecto decide hacer caso a su instinto, para a continuación: a) soltar una carcajada; b) soltar una bofetada, verbal o física. El irónico se las merece la mayoría de las veces, por entendido.
Pero ese crack que produce en lo ajeno y en lo propio, esa satisfacción de reírse en el fondo de sí mismo a través de los ojos de los demás, a través de la incomprensión y la intriga ajena, produce cierto placer sádico del que resulta difícil prescindir. Placer que ningún practicante reconocerá nunca. Dicotomía lacerante que provoca nuevas intrigas e incógnitas en el ironizador y en el ironizado. Y es que ya se dice, como ironía aceptada que se convierte en metáfora vacía y frase idónea para el momento o el lugar oportuno; pero que cuando se la descarga de ese vacío significado, recupera todo su porte hiriente: la vida nos mata.
Y al final del escueto asunto resulta que si hay alguien, un ser hermoso, una persona de ojos grandes, que tiene mérito, valentía y paciencia, es aquel o aquella, pareja constante del irónico o irónica (para ser policorrecto, que es lo de moda). Por eso, sin ironía, mi reconocimiento, a ti... ya lo sabes.

(Imagen encontrada en blues-blues.blogspot.com perteneciente a la tira cómida Torpedo 1936.)
1 comentario:
Sí lo sé, y ¿Por qué?
Porque yo sí soy una chica lista.
Gracias.
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