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La basura bajo la alfombra: pedofilia y maltrato


¡No a la pedofilia!Insinúa Marcelino Madrigal que los blogueros andamos dispersos, que no nos fijamos en el mundo que nos rodea y que no reflejamos los verdaderos y graves problemas de la sociedad actual. O quizás lo digo yo, sacando esa interpretación a través de la lectura de las constantes denuncias de perfiles de pedófilos que al parecer actúan libremente en la nueva red social de Windows Live.

Otra de las lacras sociales que arrastramos y que parecemos esconder bajo la alfombra es el maltrato y la violencia de género, uno de los últimos casos en Tenerife, por cierto. Lamentable, aunque en algunas ocasiones sólo hay que apoyarse en la barra de un bar para entender que esta realidad está incrustada en nuestra genética social. En su conjunto, ambas atrocidades se encuadran en los restos de un machismo brutal, en un desequilibrio emocional y existencial profundo. En unos desalmados e inmorales que bien merecen vivir aislados del resto de la sociedad. Yo propongo que en una cueva de dos metros cuadrados en algún árido islote en medio del Pacífico.

Pero no son las únicas perlas podridas de nuestra cultura. Nuestra falta de sentido común, educación y preocupación por lo que nos rodea permite que unas muchachas sin cabeza ni pies adoren como nuevo mito adolescente a Miguel Carcaño, uno de los presuntos asesinos de Marta del Castillo. Ya lo dice Antonio Zafra en su blog, para quedarse boquiabierto; yo añado y no volverla a cerrar. Ya que está abierta, gritemos. Claro que revisando el susodicho de los seguidores de semejante elemento (del presunto asesino) y el vocabulario que utilizan en sus mensajes las defensoras y autoproclamadas exculpadoras, el asunto se explica. No se justifica, pero se entiende. La inmadurez y la incultura tiene esos resultados.

Llevo semanas dándole vueltas a todo este asunto y mucho más en estos últimos días tras el brevísimo pero impactante artículo de Marcelino en su blog en el que a través de un vídeo nos estampa en nuestra cara el resultado de la indiferencia generalizada ante el abuso infantil a través de un símil brutal. De igual manera se puede aplicar ante la indiferencia frente a la violencia de género. O la indiferencia ante la violencia, como algo ya establecido, sin reflexionar sobre los orígenes, las consecuencias y las medidas para evitarlo. Sencillamente taponamos los oídos y volteamos la cabeza, neuronas incluidas.

Sigue siendo increíble que Windows Live, contraviniendo sus propias normas, permita la permanencia de estos perfiles de pervertidos en su sistema. (Es por eso que escojo la imagen de un sacerdote de la Iglesia -de cualquier Iglesia-, porque se repite el mismo esquema: defensa a ultranza y ciega de las estructuras establecidas, pervirtiendo la realidad si es necesario.) Aún más sorprendente debe ser recibir como respuesta, ante las denuncias vía correo electrónico a la Policía Nacional, sobre la no necesidad de seguir alertando del asunto. También impacta que pase absolutamente desapercibido para los medios de gran audiencia (tira más un declárame aquí o apostíllame allá de la zafia política que nos rige). O que la Presidenta de Microsoft Ibérica utilice el desprestigio y la demagogia señalando al que denuncia en voz alta en vez de tomar cartas en el asunto y cortar de raíz con el tema de los perfiles, eliminándolos y pasando los datos necesarios a la autoridad competente. Pero no es menos sorprendente nuestra respuesta ante los 481 cebos... porque por alguna razón desconocida, o no tanto, los lectores de su bitácoras es lo que primero tendemos a pensar.

Es normal. Es de esperar. ¿Cómo puede ser posible que esta realidad exista y que ningún estamento judicial o policial pase a la acción? Windows Live se defiende, justificando o desmintiendo, como lo hizo y lo hace la Iglesia con su propia basura presente e histórica. ¿Pero las autoridades competentes a dónde miran? Uno, desde su pequeñez piensa que no puede ser. Deduce que tienen que ser cebos para cazar a verdaderos pedófilos. Reflexiona en la imposibilidad de la cuestión. Ésta es la reacción más generalizada que se muestra a través de los comentarios en el bitácoras de Madrigal. Como lector no puedo decir otra cosa, yo mismo propuse la teoría del cebo, pero después de haber recibido en la cara uno, dos y tres tortazos a través de las denuncias de Madrigal hay que reconocer que la teoría no se sustenta. Por mucho que nos cueste creer o aceptar la existencia de esta atrocidad.

La red tiene eso, que es nuestro fiel reflejo, el espejo de nuestra sociedad. Nos muestra bonitas casas lujosamente adornadas. Nos muestra lo atractivo, lo que cada quien quiere reflejar, la exuberancia de salones llenos de trofeos y premios. Pero debajo de la cara alfombra de oriente hay basura escondida. Hay mucha y muy miserable. Muchos monstruos son eficaces maquilladores de lo que ocultan. Faltan medios y faltan ojos abiertos, aunque arañe el alma.

No podemos permitirnos el lujo de mirar hacia otro lado cada vez que un tema nos toca profundamente, por muy sensible que resulte. Hay que gritar, hay que señalar y no hay que tener miedo. El miedo es el arma de esos pocos que escudados en la intimidación atacan, agreden y matan a sus semejantes. Da lo mismo que sea un etarra, un pedófilo o un miserable machista.

El miedo es el arma del maltratador. El miedo embadurnado con el engaño son las argucias del pedófilo. Y el miedo del resto de ciudadanos que observamos pero no queremos ver es lo que nos vuelve también culpables; y es que nos acusa y nos señala nuestra auto-justificada indiferencia.

Cerrar los ojos, mirar para otro lado cada vez que la realidad nos aborda desde la pantalla de nuestro televisor o desde nuestro ordenador o desde la hoja de un periódico. Pasar rápidamente nuestra página mental hacia otro asunto. Negar la realidad en definitiva, la realidad que está ahí, minoritaria, pero presente, no va a solucionar ni hará evaporar el dolor que causan estos delitos. Hay que atender a las víctimas del maltrato, de la violencia de género y de la pedofilia, pero con eso sólo actuamos en la mitigación de las consecuencias; hay que buscar la manera, desde cada individuo, de atacar las raíces de las mismas miserias humanas.

Por eso escribo hoy sobre estos asuntos en este modesto diario.



Nota posterior.

Apenas cinco horas después de escribir este artículo Marcelino Madrigal publica: Microsoft Ibérica toma medidas en Windows Live contra los pedófilos y pederastas en su red. Es un paso y en buena medida gracias a los empujones de un Internauta. ¡Bien por ti Madrigal!


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Comentarios

2 Respuestas para "La basura bajo la alfombra: pedofilia y maltrato"

Antonio E. Zafra dijo... 18 de septiembre de 2009 20:01

Pues como no puede ser de otra forma, no puedo más que coincidir plenamente con tu planteamiento.

También a mi me escama eso de que la propia policía pida que no se le manden más denuncias y eso que no soy de los que cree en la teoría del cebo. Más que nada porque me parece que éstos son demasiado evidentes como para que lo sean.

La acción de cada uno dentro de sus posibilidades es lo único quer puede hacer que las cosas mejoren. Eso sí, como bien dices, verlo y mirar para otro lado esperando que pase la tormenta, lejos de arreglar nada, lo único que conseguirá es que la alfombra se vaya llenando de mierda sin remedio.

Y mientras tanto, esas mujeres seguirán muriendo apaleadas, y lo niños vejados y violados. Cerrar los ojos como si haciéndolo el problema desapareciera, lejos de ayudar, lo único que hace es convertirnos en cómplices.

Angel Cabrera dijo... 18 de septiembre de 2009 20:50

Lo cierto es que el vídeo que enlazó Madrigal y que luego también en tu blog es brutal en ese sentido. ¡Pero tan real y mostrando una actitud hoy tan extendida!

¡Saludos Antonio!

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