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Cuando sólo soy un número


Estadística según ForgesHace algunos años tuve la fortuna de hacer un curso sobre Introducción a la estadística descriptiva e inferencial utilizando como herramienta de soporte (al tiempo que aprendía a utilizarla) el SPSS (Statistical Package for the Social Sciences).

De las cosas que allí aprendí, dos me llamaron mucho la atención, aunque no eran de lo más importante. Fueron los conceptos de valor extremo y de error estadístico. Las medias aritméticas son las más utilizadas para interpretar valores que evalúan grandes grupos poblacionales. Esas medias pasan del estadístico al político y del político al periodista. El problema fundamental de la media aritmética es que los casos extremos convierten este valor en no representativo. Estadísticamente hablando se aumenta la desviación estándar, por lo tanto el porcentaje de error en la interpretación y, finalmente, hace menos válido el discurso de turno.

(También me sorprendió la afirmación del estadista que impartía la formación cuando nos dijo que cualquier resultado puede ser interpretado en cualquier manera que interese. Insitió mucho en una idea: la estadística descriptiva no explica, sólo describe, que aunque parezca de perogrullo es un error muy común en los que hacen uso final de los resultados.)

Es decir y para no extenderme, que si tienes una muestra de 10 personas donde 9 de ellas ganan un salario de 1.000 euros al mes y 1 apenas sobrevive con 300 euros gracias a una minúscula pensión, el estudio de niveles salariales que el gobernante de turno habrá contratado a la Universidad que corresponda que habrá subcontratado a la empresa del profesor que toque no te dirá que los asalariados de tu ciudad ganan, de media, 1.000 euros, sino 930. ¿Qué hacer en estos casos? Obviar los casos extremos. Entonces tendrás a un alcalde diciendo "mis ciudadanos ganan 1.000 euros de media".

Cuando sólo eres un número en una estadística no tienes emociones, ni sientes ni padeces que decía mi abuela. Los casos extremos de pobreza o de escandalosa riqueza desaparecen del mapa, de la realidad estadística que luego sustentará las decisiones políticas.

Para un geógrafo que realiza un plan medioambiental de protección paisajística o de ordenación urbana, tu casa, tu vivienda, donde ríes y amas (y de vez en cuando gruñes), no es sino un complejo número catastral y un polígono con formas más o menos delimitadas y claras. Poco importa desde esta perspectiva si no vas a tener más opciones para trasladarte a otro sitio cuando el técnico de turno traza dos rayitas con su potente AutoCAD. Esas dos rayitas, para muchas familias, puede suponer la ruina en su vida. Representan otra nueva carretera que ahorrará 2:35 minutos en el trayecto desde A hasta B; otra innecesaria y multimillonaria carretera.

En la oficina del paro, en el centro de salud, para el auxiliar que debe gestionar tu cita con el especialista, para el cajero de tu banco... eres para todos ellos un impersonal número seriado. Una ristra de caracteres alfanuméricos entre el complejo 0 y el aburrido 9 (siempre que no tiene a su 6 al lado), tal vez, y con suerte, con alguna letra del abecedario de por medio.

Qué importa si ayer no pudiste firmar o sellar el paro si resulta que estuviste 2 horas delante del mostrador del ambulatorio de especialidades a ver si por fin cambiaban la fecha del traumatólogo porque el 14 tienes planeado un viaje en el vuelo 730N, sentado en el asiento 17D para visitar a los abuelos, que ya son años sin verlos y poco les debe de quedar ya. (Uno no vive muchos años, de promedio, sólo 75.) Al funcionario de la oficina de empleo no le cuentes esa retahíla de números porque para él sólo eres el demandante 43.433.434Z que debía hacer acto de presencia entre las 09:00 y las 12:00, horario establecido en la oficina para su conveniencia. Y perdona, pero tú, el día 9 del 10 del 2009 no estabas allí, estabas delante de otro mostrador. En realidad llegastes a las 12:07 y como el que espera ya desespera, el funcionario había cerrado la ventanilla y marchado a por su tardío desayuno.

Eres un número, en un plan. Alguien decide que con tus 40 años estás en la población que envejece y, por lo tanto, en 3 ó 4 grupos de riesgo. Si eres hombre o mujer eres un 1 y si eres mujer u hombre eres un 2. El software de turno te lanza en ese momento a un listado en papel DIN-A4. Como consecuencia otro impersonal número marca tu teléfono para decirte que tienes que pasar por tal o cual sitio para tal o cual cosa... o en caso contrario perderás este o aquel escaso derecho.

Y si tu número es un caso extremo en el estudio de turno, entonces ya no se te tiene en cuenta. Tú no deberías de existir. No entras en la programación. El presupuesto de 1.354.643 euros no llega para ti. Porque no estás entre el mínimo y el máximo válido.

Nuestra cultura hoy nos convierte en números, en fichas movidas por un gran hermano invisible e intangible. Eres un número de recién nacido, un número en la escuela, un número en la Universidad, te licencias y tendrás un número de facultativo colegiado para poder ejercer, deberás tener tu número de la seguridad social y el número del DNI.

Y si te enamoras, sólo será un amor legal si la otra parte, al igual que tú, tiene en su poder todos los números que atestiguan su existencia. En caso contrario no tendrás un libro de familia asentado en la página número ni-se-sabe del Registro Civil. Tus hijos tampoco podrán heredar el derecho a ser números. Y sin números...

Aunque el peor vicio de todos ocurre cuando las letras intentan describir a las cifras.

Ya no creo en las estadísticas

(Viñeta superior de humorista gráfico Forges. Viñeta inferior encontrada en Mates y +.)


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Comentarios

5 Respuestas para "Cuando sólo soy un número"

Alijodos dijo... 14 de octubre de 2009 12:13

que pena ser unnumero...si pudiera elegir seria un numero infinito...y expandirme por siempre jamas...asi nos va...un abrazo...

yomisma dijo... 14 de octubre de 2009 13:17

Hola Ángel,
Yo siempre lo cuestiono todo,incluídas las estadísticas, sobretodo si lo que te muestran son las conclusiones y no los resultados porcentuales.
Como en tu ejemplo, yo aceptaría que el alcalde me dijera que el 90% de su población cobra 1000 €, pero jamás aceptaría la media... ni la mediana, porque la interpretación de resultados es libre y se manipula según convenga... porque me imagino al que cobra 300€ preguntándose en donde están los 700€ que a él le faltan??!!...

pd:si para el estado soy tan sólo un número, pues vale, yo me veo más como una ecuación de segundo grado, jeje y no veas la lata que esta pequeña ecuación de persona que soy yomisma puede llegar a dar ;) jeje
Besos!!! :)

Angel Cabrera dijo... 14 de octubre de 2009 13:54

pues yo me pido ser un logaritmo neperiano :D

Montse dijo... 14 de octubre de 2009 20:08

A mi me gustaría ser "Pi", por la connotación de pitidito, de juerga que se le pueda dar, sin embargo me temo que me he quedado en número primo, como tantos y tantos, jejeje.

Besitossss

Pharpe dijo... 21 de octubre de 2009 13:51

Pues yo quiero ser una integral que con lo bien que se me ha dado sería el colmo de la ironía. Saludos

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