lunes, 2 de noviembre de 2009

Gastar en personas o invertir en cosas: no es lo mismo

Alvaro Peña: de funcionariosMe hacía una pregunta hoy una admirada mujer sobre lo dificil que es entender por qué se decide iniciar un expediente de regulación de empleo encubierto en nuestra Comunidad Autónoma (y a buen seguro que en el resto del país andan a la zaga, si no, por delante) y sin embargo se decide invertir en líneas ferroviarias.

En un momento saqué mi tanda de argumentos que, si bien explican, no intentan justificar, sobre la diferencia entre gasto (las personas) o inversión (las cosas). El dinero es el mismo, realmente. Si tienes 1 euro y lo pones a circular en la calle, lo mismo da utilizar como medio una nómina que una bolsa de cemento. El euro, al final, está en la calle y circula, que es lo que interesa. (Otra cosa a discutir es en manos de quién interesa que circule, obviamente.)

Pero no es lo mismo cuando quieres vender tus acciones a un público expectante y decepcionado. Sobre todo cuando se avecinan las elecciones. Para un partido, compuesto por personas, resulta "difícil" justificar el gasto en personal de la administración pública (sobre todo si, como en Canarias, se arrastra el tópico de muchos y vagos, aunque sólo sea eso, un tópico -bueno, admito que una parte de razón puede que se tenga-). Y por otro lado es mucho más efectivo desde el punto de vista electoral, sobre todo en nuestras islas, si amarras ese "éxito de inversión" al insularismo. "Hemos invertido en la isla..." versus "han invertido en la otra isla y en la nuestra no..." es algo habitual en nuestro terreno de lucha político-platanera. Y así nos va.

Ya escribí la semana pasada sobre la ineficacia del gestor público como causante directo de la grave crisis presupuestaria a la que las administraciones de todo tipo se van a ver sometidas durante el ejercicio 2010. No hay que ser un lumbreras para ver venir las consecuencias y la crisis de lo público (de la que nadie habla). Tampoco para reconocer los orígenes. No sólo la ineficacia, sino la primacía de los intereses personales sobre los públicos en los cargos electos y de libre designación de todo tipo; así como una evidente falta de previsión.

Así que no debe sorprender que hoy por hoy se intenten aplicar flotadores de urgencia extraídos con fórceps de la empresa privada a través de la regulación (a menos) del empleo público. La cosa empezó realmente ya hace un año o puede que dos con la no renovación de los temporales, la revocación de los contratos por proyectos y de servicios, la reducción de personal en las empresas, fundaciones e institutos públicos de todo tipo, el aumento de la subcontratación, el aumento del número de contratos en condiciones precarias (personal laboral encubierto en contratos autónomos), el aumento del uso del "becario". Lo que por cierto ha disparado el gasto en indemnizaciones a medio y largo plazo. Una de cal y otra de arena.

El dinero que se ahorran en las personas lo gastarán en cosas (como ya dije, lo primero se considera gasto y lo segundo inversión). De esta manera se pretende revitalizar una economía que camina a paso de caracol. A todas estas aquí nadie enfoca la necesidad de gestionar con eficacia y austeridad. O lo que es lo mismo, seguirán encargándose proyectos multimillonarios que no se cumplirán en plazo, que no tendrán consecuencias en el incumplimiento y que, al final, habrán engordado su presupuesto en un porcentaje desquiciante y que, como siempre, no tendrá explicación, pero que se justificará debidamente. Y es que el papel -físico o virtual- lo aguanta todo.

Luego, el cargo electo de turno se subirá a su tribuna y arengará a las masas de simpatizantes para que vendan este o aquel resultado. Habrá lobbys interesados en pasar la lengua al sabroso pastel de lo público que apoyarán a unos y otros. Todo volverá a la polarización de la vida pública entre lo blanco y lo negro, haciendo desaparecer la gama de colores a fuerza del abuso de los medios de comunicación masivos. Al menos hasta la fatídica fecha electoral. Y después de eso, continuarán los despidos, las regulaciones y las indemnizaciones. Como también continuarán las comisiones, los intereses, los favoritismos, las llamadas al alcalde de turno en busca de un favor para la sobrina, un jálame pa'llí esa línea de costa que meto aquí un mamotreto de cemento y unos cuantos meuros, que para quien no lo sepa, son millones de euros.

Así que, definitivamente, no es lo mismo. Lo uno, el gasto, son personas, hablan de personas, son las ilusiones, los compromisos, las deudas, los viajes, los colegios, los niños, las casas, las compras de los sábados, los cines, los cumpleaños y la vida, que no es poco. Como yo, que escribo, o como tú, que lees. Lo otro, la inversión, son cosas, hablan de cosas, hablan de dinero, de gasto, de consumo, de lo impersonal, de las cifras, de los intereses creados y construidos... por otras personas que no tienen problema con sus ilusiones ni con sus compromisos ni con sus deudas ni con sus viajes ni con sus colegios ni con sus niños ni con sus casas ni con sus compras de los sábados ni con sus cines ni con sus cumpleaños... hasta las próximas elecciones, al menos, cuando tú y yo le renovaremos (o revocaremos) a través de un ERE (expediente de regulación electoral) su estatus.

Forges: de funcionarios

(Viñeta superior de Álvaro Peña, puedes visitar su blog en paparruchas1.blogspot.com. Viñeta inferior del maestro Forges, puedes visitar la página forges.com para reír hasta la extenuación. ¡Qué buena falta nos hace!)

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Y como bien leí esta mañana.
¡ De promesas no comemos !

Montse dijo...

Ainsssssssss, me hierve la sangre con estas cosas!!!!

Y de qué me sirve hacerle un ERE a tal o cual partido si luego Coalición Canaria, por ejemplo, le allana el camino al partido que sea, para sacar adelante unos presupuestos o alcanzar el poder???? Y lo peor es que Canarias sigue sin sacar nada, porque si al menos estuvierais nadando en la abundancia!!!! Pero bien sé porque mi padre nació en Las Palmas y tengo familia allí, que las cosas no mejoran.

Saludosss

Angel Cabrera dijo...

Me molesta cuando personas escudadas detrás de organizaciones actúan contra otras personas como si estas fueran exclusivamente un número, un trozo de presupuesto, una parte del gasto, un papel en un archivo, un carnet, un adorno, un recurso o cualquier otro calificativo que despoja al individuo de vida para llenarlo de burocracia.

Me ha quedado enrevesado, pero es tal cual. :)