Vivimos la era de las etiopiniones, un momento histórico donde la influencia masiva e intrusiva de los medios de comunicación han propiciado que una enorme variedad de individuos accedan a difundir sus puntos de vista argumentados en visiones sesgadas de la realidad que por la fuerza de la convicción terminan por etiquetar nuestra vida y entorno. Es la etiopinión.O en otras palabras, vivimos en la era donde las burradas que dicen los granhermanos o los triunfitos o los losantos se convierten en el nuevo dogma para la gran masa de televidentes (o radioyentes). Que ya tiene guasa que nos llamen televidentes, porque casi que nos comportamos como todo lo contrario, como teleinvidentes. Vemos el mundo a través de una caja de plástico rectangular de menos de medio metro cuadrado de superficie, de media para el mileurista, pero sin observar nada.
Recibimos tanta información, aceptando pulpo como animal con una realidad central y muchas patas o versiones de la misma, que sencillamente hemos pasado la línea donde la observación crítica, la valoración y el prueba y error han quedado relegados al simple almacenamiento. Hoy por hoy cualquier demagogo alzado en un púlpito encajonado en una obra arquitectónica sobrecogedora sería capaz de afirmar "el mundo es pentagonal" y a buen seguro sus fieles acólitos, los familiares de éstos, los amigos del bar y algún despistado más, aseveraría con gusto la tal mentada afirmación. Una verdadera locura.
Y encima hay un necio impulso a introducir, a gritos si fuera necesario, nuestras propias etiopiniones en quienes nos rodean. Un buen ejemplo de esta enfermiza tendencia es esa pequeña parte de la blogosfera que se cree el todo absoluto de la expresión digital (¡y no te sientas aludido si tienes blog aunque sepas que hablo de ti!). Después de todo, cuántos bitácoras seguimos, a cuántos tuiteros leemos, a cuántos desconocidos has añadido en tu feisbuk, tuenti o güindous lib. ¿Tal vez 10, 100 ó 1000, incluso? Y catalogas millones de contenidos desarrollados sobre distintas plataformas y redes sociales en base a tu sesgado y limitado campo de visión. ¡Está bien eso! ¡No pierdas la costumbre, no sea que pierdas también tus opiniones y tus etiquetas!
Camino por la calle y miro lo que me rodea. Si fuera el monitor de una nueva y avanzada arma militar sobre la cabeza de los observados irían apareciendo cartelitos powerpoint con una flechita debajo. Funciona así y ni nos percatamos. Lo irónico viene cuando arrastro el ratón neuronal hasta la esquina de uno de esos cartelitos y lo maximizo a todo lo que se parezca al objeto o persona en cuestión. Si (es negro) entonces {vende droga; está "cachas"; tiene una ##### descomunal}. ¡Ala! ¡Ya está! Y te quedas tan ancho y cómodo con tu juicio. Quizás estás observando a un reputado abogado con ropa de deporte en medio de sus vacaciones. Pero tú y tu etiqueta están ahí. Si ((es mujer) y (lleva minifalda) y (usa escote)) entonces {es una #####; va buscando una ##### descomunal; si (yo no tengo una ##### descomunal) entonces {no tengo alternativa; paso de largo}}. Pero en realidad, seamos sinceros, no tienes ni idea de lo que estás observando ni de lo que hay tras lo observado. Yo tampoco.
Si ya me lo dijo Guillermo Ballenato en una de sus conferencias (a mí y a unos cientos de asistentes), si es que somos unos tontitos. Pero, como merezco ser feliz y mi primera regla de la felicidad bien podría ser no poner etiquetas y la segunda no esperar nada, decido acto seguido firmar un hay que actuar subrayado con un hay que observar sin valorar. Y para eso voy a realizar un titánico esfuerzo por romper esa puñetera pantallita y sus puñeteros cartelitos.
¿Te unes en el esfuerzo?

(Ilustración obra de Fernando Pinillos, titulada "Prejuicios", del que puedes admirar su obra en bichosdepapel.blogspot.com y en luceslugubres.blogspot.com. La encontré en un interesante artículo de Eduard Punset, a quien puedes seguir y leer en eduardpunset.es, titulado "¿Por qué tendemos a prejuzgar?". Recomiendo su lectura, si me lo permites.)
3 comentarios:
Hola Ángel :)
Es complicado no etiquetar a las personas, porque tenemos la tendencia innata a clasificar a las personas, ya sea por costumbres heredadas/aprendidas o por prejuicios, aunque yo creo que es sobretodo por nuestros prejicios.
Me hizo gracia lo del abogado en chandal, porque a mi me pasa eso muy a menudo, porque suelo vestir con ropa deportiva incluso para ir a trabajar y no será la primera ni la última vez que oiga: "si es que vestida asi no pareces doctora sino una chica recién llegada del instituto" y es que claro, al final va a ser verdad eso que alguien dijo una vez de que... "el hábito hace al monje"... :(
En fin, que todos hacemos a veces juicios de valor precipitados y obramos mal al hacerlo, pero bueno así de desastre es a veces el ser humano (y me incluyo).
Y el que diga que nunca lo hace... ummm... que me diga cómo lo consigue porque a mi muchas veces me resulta dificil no poner etiquetas.
Un abrazo muy grande :)
Pili-yomisma77
Pili... ¡y yo el primero! Tengo unas etiquetas enormes, bonitas, con colores... es difícil "no hacerlo". Es adictivo. Te facilita las cosas. Te facilita no tener que pensar, no tener que conocer a los demás. Te simplifica todo a extremos. Si es que somos unos comodones.
Pero que conste... ¡y yo el primero!
:)
Es muy difícil no poner etiquetas, sí, principalmente porque el lenguaje nos limita, y al no existir una palabra concreta que describa a cada persona nos vemos "obligados" a encasillarla con una palabra que ya conocemos. Aún así, estoy de acuerdo contigo, hay que acabar con las plantillas y las casillas.
Y espero ansiosa el libro de Guillermo, que snceramente promete, y saldrá el día 24, no?
Bueno, un saludo y felicidades por la entrada!
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