La ciencia en España no necesita tijeras fue una campaña en la red llevada adelante el pasado día 7 de octubre y propuesta por el blog La aldea irreductible. El objetivo, expresar oposición al recorte presupuestario al que se sometería la ciencia y la investigación en nuestro país, estimado en un 15% aunque inicialmente se quería empujar esta necedad hasta un 37%.Muchos blogs, webs, foros, agregadores y redes sociales participaron en aquella campaña, aquel día, dejando claro y evidente que no somos un país de borregos asalariados, que los ciudadanos (o vale decir una parte, no sé si representativa) entienden la necesidad de la ciencia sin la que los que hoy llevan los presupuestos generales del estado en un MP4 aún estarían llevándolos en tablillas de adobe.
Dicho esto y sin retirar mis propias palabras escritas aquel día, creo que es necesario un poco de autocrítica porque si bien es cierto que el recorte presupuestario es un absurdo, que incluso está justificado el aumento de la inversión (generación de empleo, posibilidades de patente, subvenciones europeas y de organismos internacionales y un largo elenco de opciones económicas), también es cierto que necesitamos gestores dedicados a manejar ese dinero con eficacia y con austeridad, sin derroches y sin personalismos.
Y lo afirmo, no sólo por ser uno de los afectados por ese recorte presupuestario que a venido a causar un efecto dominó en la red investigadora nacional, desde los órganos estatales hasta los autonómicos y de ahí hasta las pequeñas empresas de servicios que viven en parte de este sector económico. Lo afirmo porque he sido testigo de primera fila desde 1994 del ambientillo caliente que se mueve dentro de la investigación sanitaria en mi comunidad autónoma, habiendo podido constatar que los defectos de forma y fondo que aquí observaba eran sólo un reflejo que se repetía a lo largo de todo nuestro territorio.
Las rencillas personales, los gastos inútiles, los beneficios a los amigos y familiares, el robo y atropello del trabajo ajeno, las gestiones de pasillo, las subvenciones a dedo debidamente justificadas (eso sí, para que luego no se conviertan en un Gürtel científico) son moneda habitual en todo el amplio espectro científico de nuestro país. No digo yo que sea la mayoría. No se confunda, querido lector. Hay en nuestra piel de toro grandes y honestos trabajadores de la ciencia, muchos, muchísimos. Se lo aseguro, los he visto, aunque parezca increible. Y todos ellos dedican la mayor parte de su vida a la investigación, incluso a costa de su tiempo personal. Sin embargo lo uno no quita lo otro.
La ciencia, empujada con la inversión pública, está plagada de Fundaciones, Institutos, Agencias y un sinfín de organismos intermedios, a camino entre lo público y lo privado, creados, al menos en teoría, para gestionar los fondos (que salen de todos los bolsillos a través del IRPF y otros impuestos) de manera eficaz y rápida evitando así la pesada carga de la burocracia.
Pero esta forma de trabajar, que a priori parece idónea, se ha convertido en muchas ocasiones en un medio donde las oportunas garrapatas de lo público, aquellos que tienen la posibilidad de invitar a una copa a la persona adecuada, han encontrado un filón que, además, en muchos casos, ni el propio político de turno entiende. Le aseguras a uno de éstos que abonando 100.000 euros en un informe (que podría realizar cualquier estudiante de la ESO... o al menos cualquier estudiante de la vieja BUP) van a poder vislumbrar el futuro de su gestión y, oye, lo pagan tan contentos.
Y si perjudicial ha sido este tipo de personajes, que los hay en todos los ámbitos de la administración que nos gobierna, no sólo el de la ciencia, igual de perjudicial han sido, y son, los personalismos. Desde luego no se construye ciencia con la sillonitis universitaria, reconocida por todos, incluso desde el propio ambiente doctoral, pero a la que ningún equipo de gobierno hace frente. No se promociona la investigación ni se facilita el surgimiento de nuevos talentos a base de utilizar esclavos en forma de becarios, quiero decir, becarios como si fueran esclavos, sometiéndolos ad infinitum a contratos inestables y miserables.
No se compite en Europa ni con los americanos ni con los japoneses, por usar un tópico, robando proyectos y publicaciones a compañeros de departamento, metiendo zancadillas para que si yo no recibo una subvención tampoco tú la vas a recibir. No se construye una Universidad competitiva y cercana al mundo profesional a través de actitudes dogmáticas y poco adaptativas desde el profesorado más rancio. No se justifica una acción, a favor o en contra, a ver si se enteran de una vez, con un porque me da la gana o un porque yo no quiero. La frase porque me sale de los OO no debería ser de aplicación en el mundo de la ciencia. Su valor estadístico debería ser nulo. Ninguna hipótesis debería sustentar esa forma de hacer las cosas.
No se gestiona eficazmente los recursos públicos destinados a la investigación en cualquier ámbito a través del nombramiento de personas que convierten su nuevo puesto en algo secundario supeditado a sus intereses personales, ya sean estos políticos o curriculares. Ni se avanza ni se crece sin gestores de proyectos de investigación que manejen la burocracia de manera eficaz y que salgan a la calle, a patear el sector empresarial en busca de recursos privados y mecenazgo; o, al menos, que tengan la decencia de viajar en clase turista a Bruselas en busca del maná europeo.
Así que, es cierto, yo, insignificante, también lo afirmo: España no necesita tijeretazos (aunque como ya se preguntó Logio en su blog, ahora que ha pasado la campaña, dónde los daremos). Lo que España y sus comunidades autónomas si necesitan, y de manera urgente, es aplicar unos criterios de gestión eficaz y austeridad a la investigación y al mundo de la ciencia. También al ámbito universitario.
Y no me cansaré de repetirlo: gestión eficaz, objetivos y austeridad.
Gestión eficaz, objetivos y austeridad.
Gestión eficaz, objetivos y austeridad.
Gestión eficaz, objetivos y austeridad.

(Viñeta inferior de Forges. Puedes ver la obra del maestro en www.forges.com.)


















¿Sabes qué ocurre? Que el I+D+i y la austeridad se llevan mal.
En este periodo de crisis hago un paréntesis, pero un país que no innova se queda atrasado -por su industria, por ejemplo-. Padecemos el famoso problema de otros países como nosotros, la clase media europea: los "cerebritos" se nos van.
A mí lo que me asusta es que, por ejemplo, se pueda ser ministro sin una licenciatura como mínimo, o un máster. Es decir: entiendo que se pueda gestionar bien y tener una virtud innata en ciertas personas. Pero, ¿en casi todas las del gobierno de Zapatero? ¿En caso de crisis, "jóvenes" dirigiendo el país? Aunque el hombre está presidencialista.
Volviendo al tema, que me pierdo: lo de los becarios no tiene nombre. Si yo te contara lo que hacía cierto profesorado de mi facultad de filología, cuando publicaban trabajos basados en trabajos de campo -patear y analizar y conclusiones- y luego con su firma y publicado como una investigación "ardua". Sí, ardua en su despacho, pero eso de un catedrático "pateando", se ve que está mal visto.
Llevado a la ciencia, lo que le pagan a un licenciado por investigar, sin cotizar a la seguridad social -ese tema sé que lo habían reivindicado pero no sé cómo va-... ¡De traca!
¡¡Un abrazo del canarión!!
Me encanta este blog.
Para elaborar este post haría falta, trasladándolo al ámbito de cualquier Administración u organismo público, varios personas, un año mínimo de estudio, desarrollo y elaboración; una aprobación del presupuesto y un político para salir en las fotos.
¿Has utilizado todos esos medios materiales y humanos?
@Julio, lo que cobran los investigadores, no ya la miseria de los becarios, sino los que tienen la "enorme" suerte de cobrar por investigar, no lo he querido citar aquí, porque es de vergüenza. No digo ya nada de los investigadores sanitarios, que deben hacerlo, la mayoría, sin cobrar y en su tiempo personal.
@Javier, qué bueno. Muy bueno. Y además refleja como funcionan las cosas en la Administración. ¡Gracias por ese comentario!