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Populismo, populachos y la política del borracho


Populismo y demagogiaSe usa el término populismo cuando queremos definir a un político cuyo discurso se fundamenta en arengar al populacho con medidas destinadas a buscar su aceptación y que, por lo general, no va más allá de eso, no busca alcanzar el beneficio o interés general de la ciudadanía a la que espera gobernar, sino meramente su apoyo y simpatía.

En realidad el populismo es otra cosa, parecida, pero sin la connotación negativa, según el artículo de Wikipedia:

El populismo (del latín populus, "pueblo") es un término político usado para designar corrientes heterogéneas pero caracterizadas por su aversión discursiva o real a las élites económicas e intelectuales, su rechazo de los partidos tradicionales (institucionales e ideológicas), su denuncia de la corrupción política por parte de las clases privilegiadas y su constante apelación al "pueblo" como fuente del poder [...] El término populismo se ha usado en política con dos acepciones diferentes [...] En algunos casos se identifica erróneamente el populismo con la demagogia: mientras ésta última está referida al discurso del político buscando influir en las emociones de los votantes, el populismo está referido a la medidas que toma un político, buscando la aceptación de los votantes.

Yo me referiré al populismo peyorativo. Al que podríamos llamar, política del borracho. Una política que busca, como el borracho, a través de un discurso pesado, incomprensible, envuelto en gritos y borboteos de saliva, convencer por la fuerza del mareo y la pesadez. Lo triste es que el ciudadano, el individuo, en solitario tiene la capacidad de reaccionar y reflexionar, pero en masa, en conjunto, cuando se convierte en populacho, no.

El populismo (el chungo) está muy presente en la política española. En la canaria aún mucho más. Aquí ya es tradición echar voces y dar palmadas, regalar promesas que compran votos o hacer declaraciones que compran simpatías. Declaraciones estúpidas que luego son redichas y contradecidas por el mismo que las escupió.

Dicen las noticias de diversos medios que D. José Manuel Soria, Consejero de Hacienda del Gobierno de Canarias, ha declarado que los funcionarios en bajas laborales de larga duración dejarán de cobrar el 100% de su sueldo a partir de los 3 meses. Y ha añadido, al parecer, yo ni lo aseguro ni lo desmiento, sólo repito lo que leo, porque se cogen esas bajas para pasear por Las Canteras. El Presidente del Partido Popular en Canarias (desde 1999) se trae al bolsillo de esa manera a la ciudadanía de las islas (todo canario conoce que Las Canteras es la hermosa playa de la ciudad de Las Palmas -usted, si está fuera de las islas, puede que no, pero yo se lo aclaro-).

¿Quién no tiene algo que criticar a los vagos de los funcionarios? Porque después de todo, seguro que hay funcionarios que no disparan un chícharo, como diría mi padre. Son como meigas, que haberlas haylas, eso dicen, pero lo que se dice conocer a un gallego que las haya visto en primera persona, eso va a resultar que no. Pues lo mismo ocurre con el tópico del funcionario incompetente.

Resulta que quien le escribe y a quien usted lee en este momento, por una razón u otra, pero sin buscarlo, ha conocido los entresijos de varios Ayuntamientos, Cabildos y varias Consejerías del gobierno autonómico (en Canarias). Y, es cierto, he conocido a muchos gallegos que aseguraban conocer a alguien que sabía y contaba de un compañero funcionario que no daba palo al agua. (Vale decir que admitiré que en 20 años, puede que me haya tropezado con un par de ellos... de varios cientos que he conocido y con los que he compartido función y trabajo en algún momento.)

Así que no negaré que puede que el Sr. Soria haya visto, durante sus propios paseos por la playa de Las Canteras o mientras inauguraba alguna cosa, algo a la que son muy aficionados por estas tierras, a algún funcionario en baja de larga duración caminando por el hermoso paseo marítimo que acompaña a la citada playa, o quizás tomando el sol o tal vez dándose un bañito. Quizás formaba parte del tratamiento. Porque no todas las bajas suponen inmovilidad o algún tipo de encarcelamiento domiciliario. ¿No cree usted?

Si me gustaría decirle al Sr. Soria que el populismo, la demagogia, para ser más concreto, también la puede usar el ciudadano. Por ejemplo, sin ir más lejos, yo desde este blog. Le podría preguntar al Sr. Soria como explica que su partido haya contratado con asesor a uno de los varones populares después de que el Sr. Zerolo, a la par Alcalde de Santa Cruz de Tenerife, le haya dado la patada, tirado a la calle, despedido, liquidado, sentenciado, de su ahora excargo como Teniente Alcalde. Quizás, siendo demagogo, yo podría hacer algún chiste sobre el bueno de D. Ángel Llanos, al caso, denostado compañero suyo de partido, y sobre cómo va a explicar esa contratación, cuya única justificación, y continuando con la demagogia, es que mantenga su salario.

También podría jugar con el populismo desde este blog y preguntarle al Sr. Soria sobre el nivel formativo e informativo de los/las parlamentarios/as, sobre todo cuando tienen que hablar del Parque Eólico y algo tienen que decir del Parque Eólico. ¿Se lo imagina usted, querido lector? ¿Un político que tiene que decir algo, de algo, quedar que sabe mucho de ese algo y no tener ni la más remota idea del asunto? Sí, entiendo que se lo imagina porque es el pan nuestro de cada noticiario.

Si continúo con el populismo para nuestro Consejero de Hacienda, y para el caso lo mismo valdría cualquier otro representante político de mi tierra o del resto del país, sea este de Zaragoza, de Sevilla o que escriba editoriales en un periódico catalán, podría preguntarle por la penosa productividad parlamentaria. Podría preguntar por qué se ha tenido que limitar el número de asesores que acompañan en sus viajes a sus Señorías a la cantidad de uno. Quizás podría explicar los motivos de tomar esa medida. Podría preguntar... tantas cosas, siendo demagogo y populista.

Pero yo, supongo, que al igual que he conocido cientos de funcionarios y puede que a dos o tres vagos, quemados a punto de jubilarse o al borde de una depresión en la mayor parte de esos casos puntuales, también, imagino, deben ser pocos los políticos de larga y bífida lengua y muchos otros los callados que buscan mejorar su entorno, su ciudad, su pueblo, su barrio; que buscan una gestión eficaz de los recursos, que no anteponen su interés personal para seguir mamando de la cabra al interés colectivo.

Estoy seguro, políticos honrados, leales y serviciales para con el pueblo que gobiernan, haberlos, haylos, aunque como las meigas...

Populismo y demagogia

(Viñeta superior de Carlos Romeu, colaborador habitual de El País, El Jueves y otros diarios y semanarios. Dibujo inferior encontrado en el blog Punto de vista.)


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Comentarios

5 Respuestas para "Populismo, populachos y la política del borracho"

Eustaquio dijo... 29 de noviembre de 2009 11:59

La situación que usted describe parte de la estafa politica del continuista régimen politico de la monarquía española desde 1978 que comienza con el período que llamaron "transición", período en que se generalizan unos usos idiomáticos que consiguieron deformar, falsear y ocultar la verdad. La Monarquía al asentarse en la más pura demagogia, impuso la innombrable realidad que hoy nos circunda. La ignorancia activa fue tomada por conocimiento. Y las pasiones serviles consiguieron anular toda intuición. La fantasía infantil sustituyó la imaginación, favoreciendo caer en la pasión de idiotismo que anima la palabrería de esaTransición. La competición política se convierte así en una verdadera para-olimpiada de discapaces, en condiciones de absoluta igualdad mental, donde disminuidos votantes de listas creen que eligen algo más que al disminuido jefe de partido que las hace. Forma quimérica y alienante, que consigue que los pseudos-ciudadanos se consideren representados por unos directores del Estado de Partidos dotados de un gran talento para explotar el negocio de la política como medio de vida profesional. Y la sociedad civil recibiendo las grandes migajas que se desprenden del fabuloso festín del Estado de las Autonomías.

Eustaquio dijo... 29 de noviembre de 2009 12:00

Esa es la clase de democracia directa que realiza el Estado de Partidos. Y es tarea dificil sacar a los pueblos de sus errores políticos, sobre todo cuando son los mismos que los cometidos en los demás países de su entorno cultural. El gran obtáculo se encuentra en que los pueblos se creen y conforman con lo que satisface más a su conveniencia inmediata, a sus pasiones de tranquilidad y de indiferencia hacia los asuntos comunes. Sólo la real necesidad los hará reaccionar.Sin libertad politica, sin una sociedad política intermedia entre la sociedad civil y el Estado, los partidos aprovechando la ocasión pasaron desde la clandestinidad al Estado eludiendo la democracia formal y apoyándose en la demagogia de las libertades personales antes reprimidas. Los partidos politicos, en tanto que elementos estatales y sindicados en una oligarquía de poder, dejaron así huérfana de toda representación política a la sociedad. A la que comenzaron a explotar vil-mente y a expremir hasta la saciedad

Eustaquio dijo... 29 de noviembre de 2009 12:01

Los presupuestos de la democracia formal no son otros que los siguientes:
1º) todos pueden participar en el juego en condiciones de igualdad;
2º) el juego se desarrolla en el campo de la sociedad política;
3º) las decisiones se toman por votación de mayorías y minorías.

La dictadura eliminó toda competencia por el poder, es decir, eliminó la libertad política. La Transición que lo sucede, por miedo a esta clase de libertad, :
a) Redujo el juego a una competición entre partidos políticamente correctos (contra el presupuesto 1º),
b) Los integró en el Estado (contra el 2º)
c) y en un consenso (contra el 3ª).
Y, por miedo al control de los electores, adoptó el sistema proporcional de listas. Y por miedo al control de la corrupción, no separó los poderes del Estado

Eustaquio dijo... 29 de noviembre de 2009 12:02

Con estas circunstancias: sin libertad politica, sin una sociedad política intermedia entre la sociedad civil y el Estado, los partidos aprovechando la ocasión pasaron desde la clandestinidad al Estado eludiendo la democracia formal y apoyándose en la demagogia de las libertades personales antes reprimidas. Los partidos politicos, en tanto que elementos estatales y sindicados en una oligarquía de poder, dejaron así huérfana de toda representación política a la sociedad. A la que comenzaron a explotar vil-mente y a expremir hasta la saciedad.
¿es tan dificil de entender que éste es el problema?

Angel Cabrera dijo... 29 de noviembre de 2009 20:39

Eustaquio, no puedo hacer otra cosa que darte las gracias a tus cuatro comentarios.

Supongo que antes de tu pregunta final vendría bien una conclusión del estilo: "y así la sociedad civil se desligó, se desentendió, perdió toda identificación con su supuesta representación política".

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