(¡Atención! Se recomienda leer con humor o abstenerse de su lectura si el lector es sensible a la ironía.)Soy internauta.
Sí, si por internauta entendemos simplemente, usuario de Internet. Yo tengo el privilegio de poder destinar una media de 30 euros al mes a pagar una conexión ADSL (sin entrar en comparaciones europeas, que no está el horno para agarrar depresiones tecnológicas).
Los usuarios de Internet, interneteros o internautas, adoramos este medio, lo criticamos y lo defendemos a capa y espada, como ocurre en las relaciones de amor y odio, igual que sucede entre los seguidores fieles de un equipo de fútbol. Pero indistintamente de nuestros sentimientos, adoramos la red. La vestimos con nuestros mejores equipos. Le regalamos el portátil más caro del Carrefour. Nos preocupamos de que tenga siempre el mejor ancho de banda posible. Le prometemos no abusar del P2P, insultar siempre de forma anónima y venerar el copia y pega sin cita de manera ferviente.
Por eso, cuando se nos tocan los derechos del internauta, saltamos a la gresca. Aquí no se aceptan disidentes. Estos son, en realidad, ignorantes que buscan aumentar las visitas de su rincón digital. Nosotros defendemos los derechos del ciudadano, incluso los de aquellos que no pueden disponer de esos 30 euros mensuales para pertenecer a nuestra élite. (¿Dije élite? ¡Perdón! ¡Fue un desliz!)
Como internauta me agrupo en alguna tribu digital. Puedo ser un forero por vocación o tal vez chateador por devoción. Puedo tener adicción tuitera o dedicarme con esmero a pulir mi vanidad facebokera. Tal vez podría convertirme en caballero de la Orden del Meneo y luchar con ferocidad contra el bloguero, su eterno enemigo. O puedo practicar el budismo bitacórico con mi blog.
Pero por encima de nuestras diferencias, de emplear armas deshonrosas, de abusar hasta la extenuación de la Ley de Godwin, comparto con el resto mi condición internáutica (y esos 30 euros que me sobran al mes -o le sobran a mis padres si soy un jovencito en paro-). Digamos que la red, en España, es como el estado de autonomías, pero una cosa más como virtual, no sé si usted me entiende.
A mi las causas de la vida real no me afectan ni me ofuscan ni me afloran de los dedos. No están conmigo ni en mi mundo. Puedo, eso sí, demostrar un apoyo puntual, cosa de un momento, aquí o allá, pero tampoco tanto, sin agobios, sin exagerar, que no me sobran las teclas y tengo las justas, una para cada letra, para invertirlas en el Need for Speed Carbono.
Yo no tengo hambre, porque si tuviera no usaría esos 30 euros para una conexión, claro está. Yo practico la demagogia en lo que escribo o el sexismo y la xenofobia en mis participaciones foreras o cultivo mi ego virtual en alguna red social. (¡Gracias St. Photoshop por ese filtro que me has dado!) En ocasiones veo oportunidades de ligar en el Messenger pero al final la pretendida hembra (o macho) sale rana, por no decir psicópata. Y, la primera norma, que nunca debe incumplirse, respeto mi nick por encima de cualquier otra cosa, no levantando jamás blasfemia alguna contra el nick amigo.
Así que, sea como fuere, soy internauta y siempre me preocupará el mundo... si el mundo amenaza mi condición.

(¡Recuerda! ¡Usa el humor! ¡Of course! :)


















De internatua a internauta, ¡chapeau! -qué va a decir un fan de la ironía-. ^_^
Has hecho un retrato exacto del "internauta" oficial. Saludos¡
Lo que más me ha intranquilizado son esos 30 € que escribes varias veces. Dime donde se consigue ese precio, que mis 50 € ya me pesan y estoy a punto de dejar de ser internauta. Mi compañía tiene una oferta así, pero al ir a acogerme a ella me dicen que no puedo, ya soy cliente viejo. Entonces le pregunto a la operadora ¿y si me doy de baja y luego me vuelvo a dar de alta, me aplican entonces ese precio? Por supuesto no me contestaron, esa información no estaba en su sistema neuronal humanista. En fin, internet ya empieza a tocarme las narices, y todo lo relacionado con él. Solo lo disfruto cuando consigo aprender cosas y aplicarlas a mi trabajo y a mis estudios, de resto me quita la vida y me produce un tremendo hastío, sobretodo las redes sociales.
Saludos
David M.