martes, 15 de diciembre de 2009

Bophal, 25 años después

El desastre químico de BophalEste pasado sábado el mítico programa televisivo Informe Semanal trae a la memoria el desastre de Bophal y demuestra que, pese a que las grandes desgracias humanas caen en el olvido de la cotidianidad cuando los medios de prensa fijan su mirada en nuevas y morbosas noticias, el dolor, las secuelas y las consecuencias siguen estando presentes para quienes aún sobreviven.

Y no voy a echarme unas flores. Yo tampoco recordaba Bophal. Ni recuerdo ya otras grandes tragedias ni sus consecuencias aún vivas y latentes.

Bhopal, ciudad de la India, conocida en su historia como la ciudad de los siete lagos, capital del estado de Madhya Pradesh así como el centro administrativo del distrito del mismo nombre. La población en su área metropolitana es de algo más de un millón y medio de habitantes. La ciudad se hizo tristemente famosa por ser el escenario, en 1984, del accidente químico más grave ocurrido en el mundo. (Fuente Wikipedia.)

¿Qué ocurrió el 3 de diciembre de 1984? Para muchos el mayor crimen empresarial de nuestra historia. Aquella noche una cadena de errores humanos, la falta de estrategias de seguridad y formación en el personal y el mayor desinterés e inversión por parte de Union Carbide, la empresa norteamericana propietaria, terminaron en una fuga de 42 toneladas de isocianato de metilo empleado en la fabricación de pesticidas. Fue durante los trabajos de limpieza de la planta cuando el agua a presión utilizada, que arrastraba cristales de cloruro sódico, restos metálicos y otras impurezas entró en contacto con el gas almacenado en un enorme tanque, provocando una reacción exotérmina que terminó en una explosión por sobrepresión en las válvulas de seguridad, con la posterior liberación de este gas a la atmósfera.

Como las desgracias no vienen solas, el gas se descompuso en el aire en otros aún más letales, indoloros e incoloros que compusieron una mortal nube que se desplazaba a ras de suelo, al ser más densa que el aire de la atmósfera. El fosgeno (conocido por ser usado en la Primera Guerra Mundial como arma química), la monometilamina y el ácido cianhídrico (conocido como ácido prúsico o cianuro de hidrógeno) se vistieron de arma letal arrastrada por los vientos reinantes aquella noche hacia la ciudad. Se estima que esa misma noche unas 2.000 personas murieron de manera inmediata a causa de asfixia e intoxicación. Muchos mientras dormían, en sus casas, otros mientras se evacuaba apresuradamente y sin orden la ciudad.

Durante la siguiente semana los muertos ascendieron a una cifra estimada de 8.000 y siguió incrementándose con otros 12.000 fallecidos estimados durante todo el mes. Las secuelas de la tragedia alcanzaron a una cifra estimada de 150.000 bophalíes, ascendiendo el número total de afectados, entre víctimas, trasladados y pérdidas materiales (sobre todo causadas por la muerte de ganado) a unas 600.000 personas. (Fuente Wikipedia.)

Y no hay culpables.

La planta química de Union Carbide fue abandonada, no cerrada, sino abandonada, me repito, y hoy es un esqueleto metálico abierto lleno de sustancias químicas. En las imágenes del reportaje de Informe Semanal impacta ver como uno de los activistas indios que luchan por las víctimas mueve con un palo unas bolas como boliches, de mercurio, de las que hay infinidad en el suelo y alrededores de la fábrica. En el interior hay cientos de bolsas de productos químicos en forma de polvo. La fábrica no terminó su letal trabajo sobre la ciudad de Bophal en 1984. Continúa aún hoy, 25 años después.

La filtración de estos productos químicos abandonados afecta a pozos y canalizaciones de agua que resultan contaminadas. El consumo de este agua, por necesidad, acaba produciendo, aún hoy, secuelas entre sus habitantes, no sólo a través de la enfermedad, sino en sus hijos. También contamina las tierras de cultivo y al ganado tan necesario para la supervivencia.

Union Carbide, luego adquirida por Dow Chemical, pasó de no reconocer ninguna responsabilidad en el accidente a pactar unas indemnizaciones irrisorias y desatender el asunto. Los gobiernos locales, regionales y nacionales indios, más inclinados hacia el soborno, que no se dice, pero se insinúa, no apoya ni defiende a sus ciudadanos, aún hoy. No hubo detenidos ni juicios ni responsables. Sólo unos pocos activistas siguen en la ciudad, luchando por no perder la memoria del desastre, porque se reconozcan a las víctimas que hoy todavía se producen y la responsabilidad de la actual propietaria.

Dow Chemical rechaza asumir las responsabilidades de la tragedia, dejando sin atención a los supervivientes y abandonando la limpieza de la fábrica, de la tierra y el agua contaminadas. Para muchos, la oportuna compra de Union Carbide sólo fue una manera de evitar legalmente esta responsabilidad.

Ya no hay nadie que responda ante las pruebas reunidas en Bophal. Un periodista indio mostraba un inmenso trabajo de recopilación de hechos que demuestran fehacientemente como la empresa redujo costes en su fábrica india suprimiendo seguridad, mantenimiento y formación.

Las pruebas químicas del gobierno indio aseguran que las aguas subterráneas están limpias mientras que las pruebas de organismos independientes aseguran algo diametralmente opuesto. Esto ocurre hoy, 25 años después.

El máximo responsable de Union Carbide el 3 de diciembre de 1984 vive hoy, diciembre de 2009, en una lujosa residencia, en los EE.UU., sin ninguna consecuencia, ni legal ni moral ni económica. Las peticiones nacionales e internacionales son obviadas.

Las consecuencias de Bophal hoyEsto es lo que vi en el excelente trabajo informativo de Informe Semanal: olvido.

La imagen superior se tomó en 1989. Su autor fue Raghu Rai, activista de Greenpeace presente en la tragedia, anunciada y presagiada por varios periodistas locales con anterioridad. En el documento de Informe Semanal se habla de, incluso, un artículo publicado el día o días antes con el título "Salvemos Bophal" en referencia a la falta de seguridad de la planta química. La impactante imagen de este niño enterrado y no reclamado se convirtió en el icono de la denuncia del mayor desastre industrial de la historia, del mayor crimen corporativo del que se tiene noticia. Nunca se encontraron a sus padres y nunca nadie lo reclamó.

La imagen inferior es de otro niño. Pero de un niño de hoy, año 2009. Se llama Adil y es la imagen de las aún presentes consecuencias y secuelas del accidente de Bophal.

Para conocer la situación actual de Bophal visita: www.bhopal.org.

2 comentarios:

Arena dijo...

Hola Angel, yo también vi este reportaje, me quedé sin palabras,de ver lo que ví,yo no lo recordaba ni siquiera tenia conocimiento de esta tragedia,hay tantas y tan injustas...es una vergüenza, ya se que este mi comentario sonará a uno mas pero lo digo desde la rabia y la impotencia.
Un abrazo

Froilán dijo...

Demoledor. ¿El mundo avanza? ¿Hacia dónde? ¿Quién lo conduce? No vi el reportaje que citáis, pero me ha venido bien esta visita para saludarte y recordarlo.
Saludos, amigo.