sábado, 19 de diciembre de 2009

El machismo que nunca se fue

La guerra de los sexosMe preocupa el machismo. Las actitudes derrotistas entre sexos en general, sean estos de hombres a mujeres o de mujeres a hombres. No puedo decir otra cosa, ni justificarlo ni trazar una diferencia entre el machismo violento y el bromista, el indiferente o el chulesco, que pese a que hay quien dice que no tiene mayor importancia, yo sí se la veo.

El machismo de las nuevas generaciones, hoy, es otro. Creo que se ve en las calles, en los corrillos de chavales, adolescentes o universitarios. Hemos pasado del machismo entendido como actitud de superioridad del hombre y de supeditación de la mujer, al machismo de la mujer objeto. La mujer se arrodilla ante una publicidad que la utiliza y le dice "debes estar perfecta ante el hombre". Y lo llaman igualdad.

Este machismo de hoy es otro. Y no me refiero a los casos de violencia de género sino a ese otro mucho más extendido, metido debajo de la piel de nuestra educación y de esa publicidad sexista. Es un machismo que afirma que todas las mujeres son _ _ _ _ _ _ (rellena tú el espacio con el calificativo despectivo que quieras). Es un machismo que podría equipararse a las actitudes de fanatismo de algunos seguidores de fútbol -o del PP o PSOE, que lo mismo da-. Tampoco me gustan las actitudes contrarias, esas que dicen que todos los hombres somos unos _ _ _ _ _ _ (a rellenar con lo que se quiera).

Es un machismo derrotista, sectario, del que busca la reafirmación del varón frente a la hembra, ya no por la supeditación y la fuerza, sino por el trato despectivo. No es inofensivo ni bromista ni tiene gracia. Aunque para sus practicantes, sean unos cuantos, unos pocos o unos muchos, decir esto sea cosa de pagafantas. Eso dicen. Sabes una cosa, hay que ser idiota para encontrar diversión en el menosprecio hacia otra persona porque, sencillamente, es diferente. Diferente en color, en religión, en opinión política, en tendencia sexual... o sencillamente en género.

Yo, que puedo decir. Quizás tenga razón este futuro nuestro de 18 años, tal vez yo esté equivocado y exagere, pero a mí, personalmente, ver a un adolescente dando empujones a su novieta, amedrentándola, no me convence. Me parece a mí que algo no funciona bien. Oír en el último programa de Callejeros (sobre los barrios murcianos de La Fama y La Paz) a un chaval de 20 años decir que se mete un tiro de heroína para olvidar a la mujer, que lo ha dejado y que "lo que quiere es matarla". Pues me da que pensar.

Cuando en un corrillo de tíos se hace una broma machista y todos ríen la cosa queda en la manada de tontos que estamos juntos en ese momento. (¿Quién no lo ha hecho? ¡Y yo!) Cuando lo haces sobre un escenario como puede ser cualquier herramienta social en Internet, la cosa es otra. Individuos que sí creen que las mujeres son _ _ _ _ _ _ (rellena) encuentran complicidad y muy probablemente para esos pocos, unos cuantos o unos muchos casos no sea una broma ni un chiste mal llevado, sino el convencimiento de que no están equivocados ni sólos ni son raros. Ya se sabe aquello de Dios los cría y ellos se juntan.

No me gusta oír a unos universitarios criticar a sus compañeras de la Facultad "porque se arreglan y llevan tacones a clase". No me gusta oír a un tipo decir en un bar que "a todas las mujeres habría que cortarles el cuello". No me gusta ver en la televisión a un padre que afirma que todas las madres "son unas golfas porque su ex-mujer ha puesto a su hijo en su contra y el juez, encima, le quitó la custodia compartida" -eso lo dice un borracho, tiene narices-. Menos aún me gusta oír a los que amparados en estas situaciones, generalizan y convierten lo particular en un todo único y absoluto.

Para mí, hombres o mujeres, me resultan indiferentes. Yo veo personas. Buena gente o gente odiosa la hay en todos lados. Indeseables -adjetivo sin género- que no sienten el menor reparo en levantar la mano o hinchar los pulmones para gritar, insultar o amedrentar a su pareja o hijos los hay aquí y en todos lados. Pero hay más de eso entre hombres que entre mujeres. ¿Por qué negarlo?

Y mientras estas cosas suceden en la calle (y en la red) el Ministerio de Igualdad se dedica a gastar un presupuesto en asegurar que haya el mismo número de parlamentarias que parlamentarios, de concejalas que concejales. Lanzan campañas para hacer más complicado cualquier texto basando su estrategia en que yo use constantemente él/ella. Mientras, en la calle, algunos hombres están convencidos, las mujeres son cosa de usar y tirar. La igualdad se confunde con la paridad y no se oyen políticos ni líderes de opinión hablar de personas ni de méritos.

El machismo no se fue, cambió su traje de chaqueta y corbata, de oficinista de máquina de escribir, por la sudadera, las zapatillas de deporte, un gorro Nike revirado a un lado y una conexión a Internet. El machismo se adaptó a los tiempos, pero sigue estando ahí, hoy como ayer. Y frente a eso, un feminismo anclado en el XIX que reclama la otra cara de la moneda. Y ni a unos ni a otras se les ocurre poner la moneda de canto y hacer las cosas de una manera diferente, por una vez.

Así nos va. España, país de moros y cristianas, sin ninguna duda. Pero claro, yo qué sabré, siendo un pagafantas.

El machismo mata

5 comentarios:

Andrea dijo...

Lo has dicho claramente y lo respaldo. Desde luego el problema parte de la educación, tanto en casa como en el colegio. Será muy difícil combatirlo, como no se planteen inaugurár una asignatura más en los colegios tratando el asunto, no veo solución cercana al tema, es muy triste. En todo caso textos como estos nos hacen tomar conciencia de la gravedad del problema, un abrazo y Feliz Navidad :)

Cantares dijo...

Por aquì estamos con una situaciòn parecida,ejemplos:para lograr "igualdad" debe haber un cupo mìnimo de mujeres en el congreso.... habrìa que cambiar los muñequitos del semàforo que indican cuando avanzar y cuando detenerse y poner "muñequitas"... y hay cientos de tonterìas mientras ocurren cosas màs graves que creo, se podrìan ir limando con educaciòn, haciendo algo para la convivencia respetuosa entre los diferentes.
Las publicidades y los programas de televisiòn "venden" la idea que a todas las mujeres nos encanta que nos fuercen a lo que sea, que decir NO puede significar QUIZÀS y eso lo dicen tambièn otras mujeres.
Ser mujer te hace las cosas màs difìciles, pero una se puede hacer respetar, aunque a mis espaldas digan barbaridades.
Igual, alcanzar la igualdad va a llevar mucho màs tiempo del que creìa en los años setenta.
Besos

Angel Cabrera dijo...

@Cantares, @Andrea, muchas gracias por vuestras aportaciones. En mi opinión se debería ir hacia "la igualdad de las personas".

Admitir las diferencias y que las diferencias físicas no suponen un impedimento a la igualdad. Y basar los éxitos en los méritos de las personas, indistintamente de esas diferencias. Creo que estos dos fundamentos son básicos para el futuro. O nunca cesarán las discriminaciones.

Lumeboo dijo...

Sí señor, Ángel, esta vez no voy a hacer otra cosa que darte la razón.

Casi he leido mis palabras cuando dices "yo veo personas". Siempre lo digo en este tipo de discusiones entre amigos, hasta que no dejemos de ver hombre-mujer y comencemos a ver personas, no se acabará este problema.

En fin, no quería pero ya sabes que siempre tengo que decir algo, NO somos iguales (gracias a Dios) son nuestros derechos y obligaciones (COMO PERSONAS que somos todos) los que han de ser iguales.

Un abrazo.

Luis.

Angel Cabrera dijo...

Creo que me has resumido perfectamente: NO somos iguales son nuestros derechos y obligaciones los que han de ser iguales.