
Las matemáticas elementales son muy útiles para el día a día. Un ejemplo claro es poder elucubrar sobre el impacto de los teóricos 15.000.000.000 de euros que el actual Gobierno estatal quiere recaudar de los bolsillos de cada uno de los 44.708.964 residentes que dice el Instituto Nacional de Estadística hay en España, o había en 2006. Es de suponer que seamos unos cuantos más, pero no tantos como para desvirtuar en exceso estos cálculos.
Esto sólo es un ejercicio de divisiones y multiplicaciones para reducir nueve inteligibles ceros a una escala reproducible en la cartera del ciudadano medio.
Cada quién que juzgue, que saque sus propias conclusiones, a favor o en contra. Esto es lo que cuentan los números y usted puede leer atentamente o disimular como si no supiera de qué le hablo.
Bien, juguemos.
15.000.000.000 € / 44.708.964 residentes
= 335,50 € por empadronado
Ese es el precio que nos pide nuestro actual gobierno, imagino que por un año según las propias noticias (al menos en teoría este asunto será temporal).
¿Seguimos elucubrando?
335,50 € año / 12 meses
= 27,96 € por mes y persona
¡Vaya! Igual, según la economía de cada quién, no parece mucho. Es mucho para un jubilado pensionista con unos ingresos de 450 € al mes. Es poco para un
cargo medio que aún no haya sido despedido o denigrado y con un salario aproximado a los 2.000 euros. ¿De verdad, no es tanto como parece ese casi 1 euro por día y persona?
Mmm...
Supongamos una familia de cuatro miembros con unos ingresos mensuales promedio de 1.500 euros que viven en un piso de 75 metros cuadrados, con esquinas y todo, que pagan hipoteca y todas esas cargas con las que arrastra un matrimonio con hijos. La carga impositiva que el Gobierno pretende acarrear sobre sus costados es de 27,96 euros... por persona (no olvidemos ese pequeño dato en los cálculos). Es decir y multiplicando, unos necesarios 111,84 euros por mes para el conjunto de esta familia.
O dicho de otra manera,
1.342,08 euros por año para una familia de 4 personas. A ésta, la del ejemplo, la de los sudores, las prisas, los horarios, las agonías, las deudas y las amenazas de embargo, nuestro Gobierno le dice, pretende, que aporte prácticamente uno de sus sueldos íntegros para sustentar sus desorientados proyectos, sus palos de ciego, sus tartamudeos y sus propuestas
a lo loco.
(Me estoy imaginando a los conservadores del PP leyendo este artículo, articulando una sonrisilla con la comisura derecha. ¡Cómo si el PP lo hubiera hecho mejor! ¡Pero qué íbamos a esperar de una oposición que en vez de centrarse en lo importante se centra en realizar propuestas absurdas sobre las redes sociales o, la última, en apoyar propuestas para que retorne al
usted a las aulas! ¡Qué eso no es lo importante,
j#d#r!)
Bien, a lo que iba, que se me calienta el ánimo y me pierdo.
Partamos del supuesto que usted recibe esos 1.500 euros al mes para alimentar a su familia y mantener su hogar de un bar que arrienda y mantiene con sudor y cabreos varios. Y que ahora recibe la noticia sobre este aumento en los impuestos, directos e indirectos, que van a provocar esa nueva presión fiscal sobre su cabeza (la de los 1.342 euros). Tal cual una guillotina pero con billetes cortantes y sonantes. ¿Qué hará? Imagine que tiene una tienda. O imagine que es un profesional liberal de cualquier rama. Tal vez un fontanero o un electricista o tiene una pequeña frutería de barrio. ¿Qué hará? Obviamente. Repercutirá en los precios de sus servicios y productos esa nueva presión fiscal.
Imagine usted que sale de su bar, es hora de cerrar y está harto de borrachusos y gandules (desde su punto de vista, todo el que no esté jodido detrás de una barra, es un gandul). Antes de ir a casa, pasa usted por la oficina de su contable para llevarle las facturas de la semana. Al entrar,
Fulanito de Tal, amigo de toda la vida, se criaron en el mismo barrio, le dice que tiene que subir los precios de su servicio, que su economía se va a ver sacudida por un incremento promedio de 1.342,08 euros al año en concepto de subida fiscal, camuflada o directa, y que con los actuales precios no puede ni mantenerse. La Universidad de los chiquillos, que ya son granditos y comen una barbaridad, supone un gasto extra para el contable, casi insoportable. Incluso le comenta por lo bajini que está pensando en despedir a sus dos administrativos y contratar a su mujer, y al más pequeño, que no es buen estudiante y piensa que no sacará nada claro en la carrera.
Suponga que como usted no es Dios y no puede estar siempre en todos lados ni a todas horas, tiene contratado un camarero, o dos. Y al día siguiente, aún con el susto del contable en el cuerpo, le dice
Menganito, también criado en el mismo barrio, que con lo que le paga y los nuevos 1.342,08 euros al año que tendrá que pagar al Gobierno, porque también tiene dos hijos, gemelos y recién nacidos para más señas, más una señora en paro que por más que busca no encuentra, que los 1.000 euros de sueldo, pues como que no le dan. Y que están con el agua al cuello.
Al final, la subida de precios en el bar no será ni una ni dos ni tres sino más. Una subida por cada
buena noticia que le traerá esta nueva situación. Ya piensa en poner el café a 2,50 euros aunque sea un bar de barrio y para trabajadores. Luego, se lo imagina, empezarán los descontentos.
¡Vaya ladrón! ¡Dos con cincuenta por una gota de café! ¡No vuelvo más! Pero claro, esos gandules del otro lado de la barra no conocen al contable ni las penas de sus trabajadores. Y usted tampoco vive en la Moncloa. ¿Verdad?
Usted tiene que pensar en nuevas subidas de precios porque no sólo tiene que soportar sus 1.342,08 euros al año, sino la subida de precios de sus proveedores y acreedores habituales, que también hacen lo que usted, porque como usted, quieren salir a flote y mantenerse en el negocio. Que aquí uno no está trabajando para mantener un país, no nos engañemos, sino para dar de comer a cuatro bocas, incluida la suya. Y ellos, esos otros que dependen de usted y que forman parte de su cadena económica, les ocurre un tanto de lo mismo.
Desde luego, no hay nada como las matemáticas elementales y el sentido común para esclarecer el impacto de las macro-cifras, las macro-economías, las macro-propuestas, los macro-proyectos y las macro-estupideces.
Al menos, el Gobierno conseguirá subir la inflación, aunque sea a base de cañonazos, que dicen los economistas de buen talante que eso es bueno. Pero yo, desde mi bar, de esas cosas es que no entiendo.
(Estimados Señores del Gobierno y la Oposición, les propongo una cosa. En vez de subir impuestos hagan un cursillo sobre gestión eficaz de los recursos. Igual se llevan una sorpresa y encuentran que hay mecanismos para, sin dejar de gastar, sino gastando mejor, ahorrar mucho. Pero muchísimo. Con lo que despilfarran las administraciones públicas estoy seguro que varias veces la cantidad que pretenden recaudar.)