Tenía la intención de empezar y continuar la semana con buen talante, imitando el discurso del caballero Zapatero. Pero es que en el bar habitual del café mañanero me han puesto el discurso de José Montilla en los Desayunos Informativos de Europa Press. Hablaba el Sr. Montilla sobre la cuestión catalana, sobre la incomprensión de partidos nacionales (señalando básicamente al PP). Y he de reconocer que a mi me convenció. Discursaba de forma comedida, con unas pausas estudiadas, pero con contundencia y, sobre todo, razones.Pero yo no resido en Cataluña. No entiendo las razones históricas o económicas para sus aspiraciones. Siendo sincero contigo, lector, me importa tanto como la cuestión afgano-iraquí, la situación económica norteamericana y otros temas de la actualidad internacional. Y sí, me has leído bien, actualidad de esa que uno lee interesado para acto seguido olvidar y centrarse en lo cotidiano y en lo que le rodea.
Vivo en una región cuyo punto central (28 grados latitud norte y 16 grados longitud oeste) dista de la Puerta del Sol, muy cerquita de donde se deciden cosas y políticas que marcarán la vida diaria de los que aquí residen, unos 1.768 kilómetros (a 2.200 kilómetros de la capital catalana). He de decir y afirmar que con los que toman esas decisiones que tanto me afectan no me siento identificado casi nunca. Tampoco siento que la metrópolis se haya preocupado por nuestro territorio, más allá de asegurarse su posesión. En realidad ni tan siquiera pone interés en lo que sucede en lo que técnicamente puede considerarse la última colonia española.
Y no es una cuestión de diferencias culturales. Canarias es, por su historia y tradición de los últimos 500 años, eminentemente europea, mucho más que española. Si nos despojáramos de ideologías, de afinidades, de simpatías y las sustituyéramos por objetividad, estudio e historia lo veríamos así de manera innegable. Aquí fluyen, bajo la lengua castellana y las folias, bajo el gofio y la manta esperancera, la influencia portuguesa o el comercio inglés. Mezclado todo ello con la tradición de la América Latina y los aires africanos, poniendo algún acento sobre la i de geografía. Una mezcolanza de culturas y tradiciones que nos hacen un poco de muchos sitios y más bien nada de un lugar concreto. Mucho menos de Madrid o de Barcelona.
Así que no, ni entiendo ni pretendo entender la cuestión catalana, me es indiferente si se convierte en una nación independiente con éxito o sumida en una profunda crisis. No tiene ningún interés para mi quehacer diario si allí enseñan catalán como lengua materna y el castellano como lengua espuria. Yo aquí, cuando camino por las calles de Santa Cruz de Tenerife y un turista de Lleida me hace una pregunta, espero que me hable en castellano porque yo responderé amablemente en castellano (o al menos en inglés). Cuando me preguntan en catalán siempre respondo igual, señalo ignorante en dirección al muelle. Aunque creo que todavía ninguno ha pillado la indirecta.
Me da igual porque mi problema no es si el Sr. Montilla consigue el apoyo unánime de los medios de prensa escrita de su país, tierra, nación o comunidad (ponga usted la denominación de origen que sea de su gusto). Mi problema sí es la mayor tasa de paro de Europa (26% en este pasado mes de octubre).
Mi problema no es si el AVE llega o no llega y si supone un avance o una muestra de centralismo. Mi problema sí es la superpoblación insular fomentada durante décadas por un binomio sangrante supuestamente fundamentado en el turismo pero en realidad soportado por la necesidad de fabricar, construir, urbanizar y asfaltar.
Mi problema no es que el catalán sea la lengua oficial o predominante, por mi, como si quieren hablar y escribir en latín, lengua de la que deriva. Mi problema sí es la pérdida de identidad cultural experimentada en mi tierra durante las últimas dos décadas derribando una tradición iniciada cinco siglos antes a fuerza de espada y cimentada luego por el nudo de comunicación histórico que fuimos y somos desde que Colón partió desde La Gomera en dirección a las Indias.
Y no te confundas al ponerme una etiqueta. No estás leyendo a un nacionalista ni ultra-de-nada, tampoco estás leyendo a un independentista. Ni estás leyendo a un defensor del centralismo. A mí, personalmente, que Madrid decida sobre mis costas me molesta. Que decida sobre mi patrimonio me enciende. Que decida, en general, donde ubicar un recurso que se ha de usar en Canarias o que planifique el futuro de mi tierra, me enfada.
Que el PP o el PSOE hayan demostrado una y otra vez su servilismo con las sedes centrales de sus partidos, aún estando en contra de los intereses regionales, es algo que me puede llegar a sacar de quicio. Y que CC no haya sido capaz de convertirse en lo que debería ser, una fuerza aglutinadora del nacionalismo moderado y centrista, preocupada por la gestión de un territorio limitado, frágil y con recursos propios escasos, sino que se haya convertido en un gueto de intereses y afinidades, eso ya, no te voy a decir cómo me pone. Pero puedes imaginarte el color de mi cara ahora mismo. Y los independentistas canarios tampoco son gran cosa ya que están más perdidos que un gato flaco en una perrera. No ven más allá de sus utopías y sus discursos incomprensibles. Aspiran poder, expiran ignorancia y desoyen el sentido común.
Aquí, para que te hagas una idea, aún se está discutiendo en ciertos círculos ombligueros sobre algo tan elemental y que todo ciudadano entiende como que somos geográficamente africanos y culturalmente europeos, una encrucijada de sociedades a un ladito del Atlántico, en definitiva. En vez de cimentar su potencial en esa particularidad, donde todos los ciudadanos caben y todos los ciudadanos aportan, lo suyo -en nuestro nacionalismo- es hacer manifestaciones de 30 individuos pegando gritos y embostando arengas sin sentido en una lengua que nadie habla desde hace unos cuatro siglos.
Así que, como podrás ver, Cataluña no me interesa, no me preocupa más allá de la noticia del día, me da igual lo que el Sr. Montilla diga o deje de decir. Yo vivo en Canarias y con lo que aquí tengo y hay que resolver, me resulta suficiente. Tengo bastante con afrontar la ultraperiferia y la insularidad. Resulta suficiente batallar contra empresas estatales que gestionen nuestros servicios públicos a casi 2.000 kilómetros de su sede central. Me sobra con afrontar la cesta de la compra más cara de España. Tengo el nivel de corrupción política más alto, si lo cruzamos con nuestra población superamos a la región madrileña o andaluza (aunque aún hay mucho por destapar, resulta ser una realidad vox populis).
Que Cataluña tiene razones históricas (económicas), no lo niego, pero a mi no me lo cuentes porque no son más válidas que los 1.768 kilómetros de razones que hay en Canarias.
(Y lo lamento, si este artículo no ha salido de tu gusto, pero, como siempre, expreso ideas, no verdades, busco la discusión con razones y no con golpes. ¿Participas?)

(Ilustración inferior original de La Camisoteca. Porque el buen humor es la única forma de afrontar los temas más serios.)
Se usa el término 
Ya pasó la 
Ya he escrito en otras ocasiones que 




Y no es que el 


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Se acercan las fechas navideñas y de verdad, te lo digo como lo pienso, lo que se acerca es el terror de la cartera y las cuentas familiares. Ya tengo en casa el catálogo de 
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