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Breve guía para padres de hij@s adolescentes


Recientemente he tenido la suerte de asistir a una conferencia de Manuel Férreo Cruzado titulada La conducta adolescente: guía para padres desconcertados donde, partiendo desde los conceptos básicos sobre qué se entiende por conducta, las creencias, la diferenciación entre emociones y sentimientos, siempre alrededor del adolescente, terminaba de una manera magistral con algunos consejos y recomendaciones sencillas para aquellos que están en la difícil y complicada situación de educar a un adolescente, esos seres intermedios que ni niños ni adultos sino todo lo contrario y mucho peor que ambos ;).

Manuel Ferreo forma parte de la Asociación Española de Coaching y tiene tras de sí una larga trayectoria dentro y fuera del mundo empresarial coach personal y ejecutivo. Actualmente es miembro activo de la Asociación para el Desarrollo del Coaching y la Inteligencia Emocional cuya misión es aumentar el conocimiento, la práctica, el desarrollo y la vivencia del coaching y las competencias emocionales en todos los ámbitos de la sociedad.

Volviendo a la charla, Férreo, tras una larga pero muy amena intervención, cerró la conferencia volviendo a reincidir de manera resumida en varios puntos esenciales, genéricos, donde cada padre y madre deberá de profundizar más aún, en los que debe fundamentarse la educación a los adolescentes.

Adolescentes

Escuchar y preguntar.

A través de la observación de la conducta del joven los padres deben comprender y conocer qué hacen y para qué lo hacen. Para eso debemos de entender, al menos de manera básica, qué es una conducta y qué piezas la conforman (formación, creencias, valores y emociones). Los padres y las madres, a diferencia de lo que solemos creer, NO lo sabemos todo.

Mostrar interés por el adolescente, indagar sobre su entorno y su vida pero de una manera indirecta, no incisiva, a través de la observación y de la escucha activa. Es decir, prestando atención a lo que se ve y a lo que se oye.

Participación y responsabilidad.

Estos pre-adultos están perfectamente capacitados para formar parte de la vida cotidiana y tener responsabilidades propias. Para esto el joven debe sentir de manera fehaciente que forma parte de nuestra vida, de la vida de sus padres, nunca como una carga, sino como uno más del núcleo familiar. Debe de sentir, no con las palabras sino a través de las emociones, que es importante para nosotros, los padres. Es necesario crear un ejemplo de confiabilidad cumpliendo nuestros propios compromisos con ellos.

No usar excusas o promesas rápidas para solventar una situación a sabiendas de que lo primero es falso o lo segundo no se cumplirá. Comprometernos como padres y cumplir esos compromisos pero al mismo tiempo pedir y requerir de nuestros hijos esa misma responsabilidad. Y para ello, hay que negociar. Nuestros hijos son capaces de negociar y de cumplir su parte si ven en nosotros esa misma actitud.

Las normas y la coherencia.

Aunque sería deseable un mundo utópico donde los seres humanos no necesitasen leyes y normas para regularizar su convivencia, lo cierto es que la realidad no es así. Las normas son un mal necesario [y esta opinión es personal, no del ponente] y los jóvenes deben de entender que es así y lo es por un motivo.

Y para hacer entender esta premisa tenemos que ser coherentes. No podemos exigir que no fume mientras enarbolamos con la mano un cigarro. Y en el caso de no poder evitar una incoherencia así u otra cualquiera hay que explicar; y hay que ser convincentes y sinceros en esa explicación. Siguiendo con los ejemplos, no podemos circular a 180 por una autovía y querer que nuestros hijos usen el casco en las motocicletas. Ser incoherentes nos desautoriza a sus ojos.

Los hábitos y el ejemplo.

A través de la coherencia y el ejemplo los padres debemos crear ciertos hábitos saludables en nuestros hijos adolescentes. Lo ideal es que esos hábitos se vengan organizando ya desde edades muy tempranas. Férreo usó un ejemplo para explicarlo. Decía que para cocinar una buena tarta es indispensable tener buenos ingredientes. La primera educación, durante la infancia, es uno de esos ingredientes vitales, es como el bizcocho que sustenta toda nuestra tarta.

En muchos casos un adolescente, y mucho más un niño, no aprenderá por recibir una guía hablada con tal o cual instrucción, sino por simple imitación. Así que se hace necesaria una revisión de nuestros propios hábitos y actitudes, no sólo aquellas destacables, sino también las cotidianas, esos pequeños detalles que marcan la diferencia.

Privacidad y valores.

Unos adultos sin valores claros, con prejuicios, no pueden educar a unos jóvenes que finalmente dispongan de una serie de herramientas que los habilite como adultos funcionales, no dependientes. Tener claros nuestros valores como padres, manteniendo una coherencia en nuestros actos, como ya dije anteriormente, creando un ejemplo y dando muestras de unos hábitos en la convivencia estaremos fomentando la confianza muta entre hijos y padres.

Esta confianza tiene que estar reforzada por el respeto a la intimidad, a la privacidad. Estos casi-adultos que tenemos entre nuestras manos empiezan a demandar, a exigir un espacio propio, privado, que no debe ser invadido en la misma manera que cuando eran niños. Respetar la privacidad del adolescente NO ES LO MISMO que obviar lo que le sucede y lo que ocurre a su alrededor.

El padre y la madre, por lo tanto, habrán de convertirse en escuchadores profesionales, en hábiles observadores, volviendo al inicio de este resumen. Tienen que demostrar sincero interés por la vida de sus hijos sin que esto suponga una intromisión en su espacio vital.

Adaptación y evolución.

No sólo los jóvenes deben de adaptarse y evolucionar en su educación sino que los padres y madres, educados en décadas pasadas, deben de vivir activamente el presente. Necesitan urgentemente vivir el hoy y su realidad, que es el entorno en el que nuestros hijos se educan y maduran.

Ese esfuerzo de adaptación por parte de los padres es necesario para entender y aprehender cierta flexibilidad que permita que nuestros valores y creencias encuentren un punto intermedio de alto el fuego con las creencias y valores de las nuevas generaciones. Es en ese punto intermedio donde se establecen las zonas francas de negociación, donde ponemos encima de la mesa las normas y donde apreciamos y observamos el crecimiento de unos jóvenes que van camino de la edad adulta.

El esfuerzo merece la pena.

(Imagen encontrada en Demasiadas Cosas por Aprender.)


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