miércoles, 6 de enero de 2010

¿Y tú? ¿Conservador o progresista?

Ayer en la noche estaba entretenido con un programa de una cadena local llamado El Cafelito. Es un formato curioso. Dos periodistas (supongo) están sentados en una pequeña y alta mesa de bar, de las que se usan con taburete, tomando café y charlando informalmente, ahora boberías y risas, ahora titular del día con crítica encubierta.

Hablando de los juguetes de hace 20 ó 30 años, en concreto de los fuertes del oeste, del séptimo y de los indios, uno de ellos dijo: "yo siempre fui de los americanos, del que tocaba la trompeta, nunca de los indios". A lo que añadió: "es que siempre he sido conservador". Para acto seguido entrar en una batería de chistes sobre los progresistas, que a su vez casaban (de casamiento y bodorrio) con los anti-globalización para en un batiburrillo contra los del no-a-todo ironizar sobre como esos progresistas usan el progreso y olvidan lo social. Y verdad no les faltaba, en alguna forma, digo yo.

¿Y tú, que ahora me lees, te definirías conservador o progresista? ¿Qué es un conservador? ¿Qué un progresista? ¿O qué es ser de derechas? ¿Y ser de izquierdas? ¿Puede un votante de Izquierda Unida estar contra el aborto? ¿Puede un católico practicante votar al PSOE? ¿Puede un ateo trabajar y colaborar con Cáritas? ¿Puede un padre de familia tradicional estar a favor del matrimonio y la adopción en parejas de mismo género? ¿No? ¿De verdad? ¿Estás tan seguro?

¿O, simplificando la pregunta, somos individuos o somos un cliché?

Porque, al menos yo, nunca me he sentido de colorines. Como modelista aficionado hay ocasiones en las que uso el azul y en otras uso el rojo, según mi predisposición, el momento y la necesidad. Siempre a dos aguas, o entre tres o cuatro; y nunca en ningún puerto seguro, salvo el de Isla La Tortuga, huyendo de esta cultura latina de lo bipolar, de lo enfrentado, de lo contigo o contra ti que nos vuelve tan agridulces, aunque no chinos (ya quisiera yo un empape confucionista -de Confucio, no de confusión- generalizado).

Quizás debería de darlo por sentado, olvidar este asunto, establecer una zona de minas sin explotar en el cerebro de la masa y lo colectivo que le impide reflexionar en conjunto. Después de todo "el pueblo" es esa cosa o ente plural que no existe en realidad. Somos así. O somos de un barrio o del barrio de al lado, pero no de ambos, nunca, jamás. O del pepé o del pesoe, pero no del sentido común y menos del tener ganas de hacer las cosas bien. O eres del Madrid o del Barça, o del Sevilla o del Betis, pero nunca del buen fútbol y de la buena deportividad, provenga de donde provenga. Es lo que hay, lo que se destila. O eres de Meneame.net o de Bitácoras.com -y aquí si que no valen medias tintas porque te la juegas-.

Es una necesidad agobiante tener que demostrar de manera constante que estás en el bando de los buenos y que son "los otros", los diferentes, los que están en el bando de los malos. Sea como sea mi bando, es el que debe ser, el que debe regir, el que debe determinar, así que para mayor integración en el colectivo y desintegración de mi individualidad acepto las premisas del grupo como propias, como únicas, como exclusivas y esclavas. Eso facilita mucho las cosas. Evita la necesidad de pensar. Evita la obligación de reflexionar. Evita el trabajo de elaborar conclusiones propias.

Ahora mismo, mientras me lees, dudo mucho que seas masa, pueblo, colectivo o sociedad. Ahora mismo, eres tú. Sólo, único, exclusivo, irrepetible. ¿De verdad eres alguno de esos clichés que te estamparon en la frente o que te esmeras en afirmar que eres? ¿Completamente seguro? Me parece a mí que por alguna causa desconocida necesitamos de manera enfermiza pertenecer a un colectivo determinado, delimitado y, como parte de esa idolatría, de esa identificación, debemos estar enfrentados a lo que se supone es opuesto.

¿Y qué pasa cuándo no quieres jugar a tirar piedras al tejado ajeno?

Me da la nariz que las palabras usadas en singular pero que representan un plural se inventaron para beneficio de unos pocos a costa de unos muchos. Y no es cosa de comunismos, es cosa de evidencias. Pero, tranquilo, sólo es una sospecha. Quizás sea mejor que tú y yo nos quedemos con todo aquello que, al parecer, nos califica y etiqueta.

Ya, si eso, nos dedicamos a ese nuevo tipo de guerra, de batalla, de enfrentamiento, a través de las palabras. Ya sabes. Eres un cabrón porque piensas diferente. Eres un ignorante porque insinúas lo contrario. Eres un estúpido porque tus reflexiones me contradicen. Todo eso. Lo que está de moda. Lo que sea, pero que ni tú ni yo necesitemos ni estemos en la obligación de reflexionar.


(¡Qué cosas me da por escribir la noche de Reyes! ¡Las dos de la mañana y sin pegar ojo! ¡Esto no puede ser sano! La viñeta es de JRMora.com, de quién encontré varias dedicadas a ironizar el bipartidismo y la polarización en dos colores de la vida social. Imagen animada superior de KlanKlon.com.)

3 comentarios:

Jorge Sánchez dijo...

Se puede ser conservador en costumbres (ej. gustarte el roscón de reyes sin nada) y progresista en concepción política. Yo me considero conservador, por ejemplo, en mi forma de vestir (es decir, no me visto como un papanatas como mucha gente de mi edad que veo por la calle).

Javi dijo...

Interesante reflexión. Una vez leí en algún sitio que el cerebro humano necesita agrupar, y por eso se piensan cosas como "es que los/las [ponga_aquí_su_grupo] son todos/todas unos/unas [ponga_aquí_su_estereotipo]".
Respecto a la política, creo que si necesitásemos votar por un partido que fuera una representación fiel de todas y cada una de nuestras ideas, debería de haber casi un partido distinto para cada persona, lo que es impracticable. Pero claro, tampoco es nada lógico que tan sólo dos partidos agrupen a la mayor parte de las personas, es decir, que una buena parte del país se pueda definir con sólo dos formas de ver las cosas.
Otro texto interesante sobre los fanatismos y la empatía:
http://natsufan.wordpress.com/2009/10/12/los-movimientos-utopicos-o-por-que-no-terminan-de-cuajar-por-mucho-que-lo-intentemos/

Angel Cabrera dijo...

jorge, javi, gracias por vuestros comentarios. la verdad es que me gusta más la razón y el sentido común que las tendencias y los grupos, eso hace que muchas veces me encuentre a dos aguas, sin identificarme claramente con nada en concreto. por lo mismo, esos "nada" tampoco me identifican a mí como parte del grupo. en ocasiones es "agradable" y en otras se siente uno un poco "solito" :D