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De los roles a los estereotipos


Barbie y Ken - James BondCreo que no es evidente cuánto nos influyen los roles adquiridos en la socialización que impone la educación a lo largo de los años de la niñez y la adolescencia y como adquirimos toda una serie de estereotipos que consideramos verdades absolutas y que forman las raíces de las desigualdades.

O dicho de otra manera, damos por hecho que los estereotipos son las pautas reales que deben de regir la existencia y nos acomodamos al rol adquirido porque es el lugar donde nos sentimos cómodos. Todo lo que ataque o contravenga una u otra cosa es inmediatamente rechazado o, en el peor de los casos, atacado.

Esos estereotipos que vamos adquiriendo están compuestos por las ideas, las actitudes y los valores que sustentan a ambas (ideas y actitudes). Clasifican a las personas que hay a nuestro alrededor, crea una seguridad sobre el cómo deben ser las cosas, aunque sea una seguridad ficticia y limitadora. Etiqueta al resto de individuos en base a su edad o género o raza o religión o ideas políticas, clarificando qué es aceptable y qué no lo es.

Somos, pues, esclavos de esos estereotipos, tanto en cuanto nos esforzamos en cumplir con el rol impuesto por esa educación antes citada. Como pequeños robots de carne y hueso que sustituyen el sentido común y la razón alcanzable a través de la observación, por impulsos eléctricos que nos hacen funcionar a base de automatismos educativos.

Los estereotipos y los roles que cumplimos varían a su vez en nosotros mismos a través de nuestra historia personal, según adquirimos años y experiencia (rebelde de joven, responsable como padre). Sin embargo, otros se instauran en nuestro subconsciente de manera duradera, persistiendo (las rubias son tontas). Se comparten con el colectivo que nos rodea (los vascos son brutos), de quienes lo hemos aprendido y adquirido. Limitan el conocimiento individual de las personas que los estereotipos segregan y separan "por diferentes" (no me gustan los negros).

Son, por lo tanto, simplificadores de la realidad objetiva, limitadores de su conocimiento dado que lo que podríamos definir como verdad, sobre cualquier cosa, está repartida entre todas las personas implicadas, cada cual con su propia visión, parafraseando a Roberto Aguado en Secretos de consulta. Actúan como tapones de la ignorancia, la falta de experiencia y de conocimiento (todos los alemanes son altos y rubios). Y, lamentablemente, funcionan como virus mentales, siendo muy difíciles de cambiar o combatir, teniendo sólo a la educación a medio y largo plazo como antídoto capaz de poner remedio a sus consecuencias negativas.

Los estereotipos más comunes son los relacionados con el género, que no es exactamente lo mismo que el sexo. No son la misma cosa. El sexo es la diferencia biológica habida entre machos y hembras. El género está constituido por las diferencias culturales atribuidas a esa diferencia biológica (los hombres son fuertes, las mujeres son sensibles).

Las sociedades patriarcales, evidentemente mayoritarias desde hace milenios, potencian la imagen del hombre frente a la de la mujer, que delega a un plano secundario, a la sombra siempre del cabeza de familia. Estos estereotipos de género atribuyen a él la fuerza, la independencia, la capacidad de emprender, la iniciativa en la relación sexual y otra serie de valores. A ella se le atribuye el valor de la dependencia de él, valores como la intuición o la sensibilidad, la educación de los hijos en la familia, la incapacidad intelectual. Y estos estereotipos no son una exclusividad de las sociedades menos modernas, en absoluto. Están muy presentes en las sociedades más avanzadas.

Así que, nos construimos a lo largo de nuestra etapa educativa (y durante toda nuestra existencia, en realidad) basando muchos de nuestros valores en estereotipos que compartimos con aquellos que habitan en nuestro entorno y que, en última instancia, fundamentan el rol que debemos cumplir en la sociedad. Se crea un pre-concepto de "lo que debe ser", del "debería". En definitiva, supone imponernos unos límites entre lo que es aceptable y lo que no lo es.

¡Vaya lío! Es simple. Pero sobre todo, es peligroso. En ese galimatías de párrafos que has leído (¡eres un valiente si has sido capaz!) más arriba radican los enfrentamientos sociales, las discriminaciones, las desigualdades... el terrorismo, la guerra, la violencia.

Los estereotipos y los roles que nos adjudicaron y que luego nos esmeramos en cumplir a raja tabla justifican, desde la perspectiva de cada cual, cualquier atrocidad, con tal de salvaguardar el estado de las cosas.

Así que, simplificando, semos esclavos de nuestro credo particular construido sobre ese otro credo colectivo. Y mientras las cosas sigan así, mientras la cultura, la razón y el sentido común, el aprendizaje en el respeto, la escucha, la convivencia no constituyan parte de esos valores primordiales, no creo, personalmente, que avancemos mucho. Si acaso, como si fuéramos niños, dos pasitos pa'lante Manué, dos pasitos pa'trás.

Y disculpe usted, querido lector, por este rollazo. Tenía que compartirlo.

(Imagen superior de Barbie y Ken "James Bond" en versión para coleccionistas. Imagen encontrada en el blog Metal Girl.)


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