domingo, 28 de febrero de 2010

Medioambiente y desarrollo sostenible

Desarrollo sostenibleLamentablemente, a causa de las disputas políticas por el poder en España, la futura nueva Ley de Desarrollo Sostenible caerá en la desidia y el olvido más pronto que tarde, o bien será motivo, como tantas otras leyes vitales para el desarrollo de este país, de continuas modificaciones según el color del partido que gobierne.

Hoy por hoy, la ineptitud socialista y la verborrea popular sazonada por las perlas dogmáticas de la extrema izquierda y las bombas de profundidad de la extrema derecha llenan de arbustos y matorrales espinosos un bosque que debería ser claro y diáfanos para todos hombres y mujeres de este planeta. Porque entre tanta opinión a favor y en contra yo te pregunto, me pregunto: ¿Qué es eso del desarrollo sostenible? ¿Qué tiene que ver con eso del medio ambiente?

Empecemos por el final. Según el Banco Mundial entendemos como medio ambiente al conjunto interconectado y complejo de condiciones físicas, geográficas, biológicas, sociales, culturales y políticas que afectan y establecen la existencia de un individuo o entidad cualquiera, infiriendo de manera determinante en su supervivencia. Esta definición es importante puesto que no deja fuera a entidades corporativas, ya sean gobiernos o empresas, expandiendo su alcance más allá de la individualidad.

Tradicionalmente, sin embargo, se ha entendido por medio ambiente casi de manera exclusiva a los componentes biológicos, flora y fauna, así como los elementos físicos que sustentan esa biodiversidad (energía solar, agua, aire y tierra -minerales-) permitiendo la existencia de la vida.

Fue el reconocimiento de que esta definición no era suficiente, desde el punto de vista humano, lo que llevó a incluir los valores sociales y culturales que se incorporan a los físicos, biológicos o no, que afectan de manera decisiva la existencia material y psicológica de la humanidad y, lo que es más importante, su futuro.

De la suma de ambas definiciones (dando por resultado la declarada por el Banco Mundial) se entiende que el medio ambiente se traduce en un sistema complejo y diverso donde cada parte está íntimamente conectada con el resto y depende directamente, su supervivencia, de lo que ocurra a todo el complejo. Persistir, por tanto, en la actitud de independencia que la cultura moderna parece primar, es un atentado directo contra nuestro presente y nuestro futuro.

Cada espacio vital que puede encontrarse en el medio ambiente planetario es conocido como ecosistema y, de la misma manera que reducíamos esa palabra a los aspectos biológicos y físicos, hoy puede ampliarse con la intención de incluir al ser humano, no sólo como animal, sino a sus aspectos sociales y culturales. Cada uno de estos supra-mecanismos tiene sus propias reglas, no sólo de funcionamiento interno, sino de relación con los ecosistemas colindantes. La alteración de su funcionamiento afecta de manera directa y grave a corto plazo al entorno que sufre esos cambios bruscos, pero también a medio y largo plazo va extendiendo los perjuicios sobre los ecosistemas limítrofes.

En definitiva, podríamos hablar de un único medio ambiente y un único ecosistema planetario, un ser vivo en sí mismo, que padece a aquellas especies que no respetan las reglas como si de una enfermedad vírica se tratase. Es la enfermedad del impacto medioambiental, los trastornos producidos por la alteración grave y persistente de una especie sobre su entorno, en concreto la humana. Y esa alteración no sólo se produce modificando lo que nos rodea de manera drástica, sino a través de la contaminación producida, en su mayoría, por la explotación de recursos físicos limitados y tecnologías que producen residuos que el medio ambiente es incapaz de absorber e integrar en sus ciclos.

La contaminación y la explotación de los recursos físicos del medio son aspectos que dependen directamente de la actividad del hombre, dado que otras especies, aún realizando acciones similares, han integrado ese consumo y la eliminación de los residuos dentro de los ciclos del propio ecosistema. El hombre y su actividad, no.

Así pues, llegamos, actualmente, a una necesidad. A la incorporación social y cultural del concepto de desarrollo sostenible. Es decir, integrar nuestra producción de residuos y la explotación de los recursos que nos rodean de manera tal que no sobrepasen la capacidad de asimilación y corrección de equilibrio vital del ecosistema determinado sobre el que se actúa.

En otras palabras y poniendo un ejemplo práctico. La pesca no debería de sobrepasar nunca los límites en los que es capaz de sobreponerse por sí sola a ese consumo por parte de los hombres. El uso del alcohol de caña de azúcar como combustible no debería de producir unos excedentes en residuos verdes que la agricultura y otras explotaciones no fueran capaces de absorber como abono. Son sólo dos pequeños ejemplos que ilustran perfectamente el concepto.

El desarrollo sostenible nace y se define como idea concreta en 1987, en el Informe Brundtland, publicado con el título “Nuestro Futuro Común” y desarrollado por la Comisión Mundial para el Desarrollo del Medio Ambiente de las Naciones Unidas. Es decir, hace 23 años. Todavía hoy hay quien discute su necesidad. Como si la situación actual fuera cuestión de ideologías, partidos o tendencias y no de supervivencia. En eso radica la gravedad de asunto: supervivencia.

Porque, en definitiva, sólo necesitamos el sentido común para saber que

el desarrollo sostenible es el modelo de desarrollo humano que satisface las necesidades del presente SIN comprometer la satisfacción de las necesidades futuras,

por lo tanto sin desestabilizar ni dañar a los ecosistemas medioambientales en los que se desenvuelve su actividad.

Esquema de los tres pilares del desarrollo sostenible. Fuente: Wikipedia.