Vas a morir. Y no sabes cuando ni donde ni como y, lo que es peor, ni mucho menos por qué.¿Lo sabías? Supongo que sí, cosas de perogrullo, idea de tuerto la mía afirmar y escribir sobre el asunto. Una obviedad como un castillo. Yo sé que tú lo sabes, de lo que no estoy tan seguro es de si eres realmente consciente, a ciencia cierta, de que vas a morir. Y no es que quiera insistir en este espinoso tema del que nadie comenta pero todos intuyen.
Puede ser mañana, dentro de un segundo o vivir otros 100 años y convertirte en un respetado y centenario abuelo. Quizás. Pero sólo tienes la seguridad de que sucederá. Y uso el futuro porque si lees esto, o eres la araña de Google posicionando el artículo o eres un ser vivo con capacidad intelectual y racional suficiente para leer este texto. Supongo. Bueno, en todo caso, la araña puede que tarde algo más en morir. Pero tú y yo, no creas que me excluyo, vamos a morir. Y no es que quiera insistir en este espinoso tema...
Lo dejo caer, así, de pasada y con disimulo, porque me pregunto si tienes claras tus prioridades en la vida. En realidad, escribo para ti pero realmente la pregunta me la hago yo, para mí mismo, para mi mismedad.
Quizás el éxito profesional sea tu meta. Decía mi abuela que nada te llevas al otro lado. La familia, el sexo, el odio, el sexo, la venganza, el sexo, la fama, el sexo, la envidia, el sexo, el dinero, el sexo... el amor... intuyo que, sea lo que sea, finalmente son las condiciones que te has impuesto a ti mism@ para ser feliz.
Para ser feliz quizás necesites que alguien sufra o quizás necesites que quienes te rodean también sean felices. Yo espero que seas de ese segundo grupo, en todo caso. Siempre son prioridades de segundo orden, en definitiva, pues lo reconozcas o no, son los condicionantes para que se cumpla la primera prioridad de tod@s... casi tod@s. Ser feliz.
Es una tarea dura en la que empeñarás tu vida hasta la jubilación. Entonces encontrarás que tu tiempo, por fin, es tuyo, pero ya no se te levanta, si eres hombre, y si eres mujer ya no tienes ganas de levantársela. Estás arrugad@ como una pasa con más achaques que un Ford T de 1915, que por muy bien cuidado que ande, el destartale ya no se lo quita nadie.
Con la discusión que hay sobre la edad de jubilación entre nuestra casta de aristocráticos políticos, personalmente me toca mucho l...a moral eso de tener que esperar hasta los 65 ó 67 para ser feliz según la definición del INSERSO. Porque sé que voy a morir, porque ignoro en qué momento ocurrirá, desvinculo mi felicidad de ninguna otra dependencia u obligación. Mi felicidad es mía, por derecho de nacimiento. Y la reclamo.
Ser feliz ya no es un objetivo. Ser feliz es ahora una actitud. Bueno, claro que hay ocasiones en los que uno necesita tiempos de tristeza, momentos de melancolía, actos de enfado, situaciones de ira. Forman parte del carácter. Pero esos estados son míos. ¿Verdad? ¿Quien manda aquí? ¿Ellos o yo? Reconocerlos, dejarlos fluir y controlar el cauce que tomarán forma parte de mi acción diaria como ser humano.
Así que, antes, tiempo atrás, ser feliz dependía, en mi caso, de que mis seres amados fueran felices, consiguieran sus objetivos en la vida, sintieran plenitud. El sentimiento de descontrol era absoluto. Al igual que quien hace depender su felicidad del éxito profesional, pues le basta un despido, un simple fracaso comercial tan siquiera, para sumirlo en la mayor de las depresiones.
Ser feliz, como actitud, me ha demostrado y traído en consecuencia que, aquellos que me rodean, aquellos seres amados por los que antes sufría, ahora, son mucho mas felices. ¡La razón es tan simple! Antes recibían preocupación continua por mi parte. Ahora reciben sonrisas, besos, palabras, cariño, comprensión. No es que antes no recibieran lo mismo, pero eran actos hechos con otra pasta. Con al pasta de la preocupación, de la obligación, de la dependencia, de la necesidad de control. Ahora están hechos sin ningún compromiso, sin intereses ni amortizaciones. No me agobia el descontrol. Son actos hechos por el placer de dar y compartir. Claro, como ya dije, la ira, el enfado, la tristeza, la melancolía y todos esas emociones siguen ahí, agazapadas detrás de una neurona o pertrechadas y a la defensiva en el cerebelo primitivo, huyendo de un neocórtex razonador y organizativo. Pero forman parte de ese conjunto que acompaña a estas piernas y estos brazos. Así que tendré que aprender a gestionarlos. ¿Verdad?
Al final, resulta que NO tengo prioridades. Soy feliz, con mis altibajos, como cualquier ciudadano de a pie, sea éste un prominente directivo de banca con meuros de jubilación esperándolo (pobre diablo) o uno de los miles de chabolistas españoles filmados por los reporteros de Callejeros, tan usados para sacar punta al rating televisivo del viernes por la noche (chabolistas y reporteros, ambos).
Pero lo cierto es que todo lo vivo que observo a cada segundo, va a morir. Y nada vivo sabe cuando. Eso es una certeza absoluta, o mejor dicho, dos. Como lo fue que nacieron en algún momento de dudosa exactitud cronológica, aunque haya quedado registro. El único conocimiento real y objetivo de su pasado: su nacimiento. Una obviedad. ¡Una obviedad tan desoladora, denostada y temida!
Así que... ¿Hasta cuando vas a esperar para tener claras tus prioridades? ¿Hasta cuando vas a esperar para ser feliz? ¡Igual, no tienes tiempo!
Yo elijo ser feliz, actuar en el intento de ser feliz, aprender a gestionar emociones y sentimientos y repartir sin esperar nada a cambio entre quienes me rodean, metiendo la pata de vez en cuando, aprendiendo de alguna que otra zancadilla. Pero escogiendo vivir mi felicidad por derecho propio, por derecho de existencia.

(Evocadora fotografía superior encontrada en Fotolog - Infinit_Titan. Fotografía inferior de época del Parque de los Desvelados, obra de Luis García Vidal, encontrada en Tejiendo el Mundo.)


















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