Recibo un agradable comentario de Rosa Ortega, desde El Saloncito de Ross, otorgándome un premio, no por este bitácora que lees ahora sino por un proyecto que inicié hace unos meses cuando quedé desempleado y me negué a aceptar, a nivel íntimo y personal, la etiqueta parado; y aún menos las miradas condescendientes y lastimosas de algunas personas que necesitan, para sentir que tienen un valor, una nómina.Personas que basan su sentimiento de poder personal en su índice de ocupación y estrés. Da la coincidencia que recientemente fui testigo de una circunstancia lastimosa que poco o nada positivo dice de uno de los actores de la escena. Como me gustan las historias me atrevo abusar de tu confianza; te la cuento.
Soy cafetero así que diariamente visito algún bar cercano según las circunstancias para mi café despertador, para el de media mañana o bien el de sobremesa; como mínimo esos tres. En uno de esos momentos, venerados como si de un ritual religioso se tratase, en plena idolatría y agradecimiento a los sabios de este negro placer, ocurre la anécdota que finalmente olvidé y no llegué a relatar en nosoyunparado.es, el blog, dicho sea de paso, tan amablemente premiado por Rosa.
Entró en un bar un padre, desempleado, con ese evidente cansancio en el alma que intenta disimularse con un buen afeitado y una sonrisa obligada a bofetones morales. Un cortado, por favor, pidió al camarero.
Estaba el buen hombre alargando el momento cuando entró algún conocido suyo. De esos con dos teléfonos móviles en los bolsillos. Era un ser bi-móvil. Y lo sé porque para no dejar lugar a dudas puso ambos en el mostrador. Un cortado, rápido, exigió al camarero. El primero, pausado, saluda al segundo. ¡Hombre, Fulano, que tal! Pero su saludo es respondido con un osco ¡oh!.
El buen hombre, intentando mantener una conversación, insiste. ¿Y cómo va todo? Pero la respuesta sigue siendo la misma. ¡Bien, bien! Hay, en la actitud del ansioso, del ocupado, del bi-móvil, un rasgo altanero, una mirada altiva. Una forma condescendiente de otorgar desprecio que sólo el desempleado conoce de aquellos que enarbolan la bandera de un mensaje falso y estúpido: todo parado es un vago.
Entra un tercer caballero, con una ansiedad distinta, con esa del que sabiéndose en medio de su jornada laboral se atreve a robar cinco minutos para venerar a Café, nuestro adorado avatar. No hay en la mirada de este nuevo actor en escena ni juicio ni valor. Sólo la humildad del que trabaja, del que sabe que sólo tiene lo que tiene en el momento. Quizás porque ya pasó por la situación del desempleo. O quizás no. Tal vez porque es humilde, o sencillo, cualidad más admirable aún. Fue con este tercer invitado con quien el bi-móvil entabla una histérica conversación de ventas, comisiones, impagos, crisis y sobre lo mucho que hay que trabajar en este país, aunque sea gratis -con mirada de soslayo en ese punto, me atrevería a decir-.
¡Cómo si un país se pudiera levantar tal cual si fuera una carreta con una rueda hundida en el barro! Al final, el padre parado, que esperaba cansino moralmente la hora de salida del colegio de sus hijos, desempleado avergonzado a los ojos de un egoísta bi-móvil, degradado a la etiqueta del no-quiere-trabajar, pagó sigilosamente su café ultrajado con leche, para escurrirse como una sombra por el mismo sitio que apareció.
Dice Rosa, quien recibió el premio desde Holocausto en Español, bitácora que descubro a raíz de este premio, quien lo recibe a su vez del siempre presente e hiperactivo Sólo de Interés (y así, en una larga cadena digital hasta su blog fundador, Eu mereço mais), que para recibir este premio hay que completar una frase: soy poderoso por...
Aunque la expresión no es del todo cierta. Mi incapacidad está asociada a la elección. ¿Cómo escoger cinco, seis o diez blogs? ¿Cómo merecer el trabajo de unos pocos y desmerecer el otros muchos? Cierto es que tengo mi pequeña blodega personal, conservada a temperatura idónea, tal y como manda el canon del buen catador de palabras. Igual que el buen aficionado al vino, que tiene sus preferencias. Pero si es un buen catador no caerá en el error de encumbrar su predisposición personal e íntima hacia sus vinos etiquetándolos de manera grosera con un los mejores.
Yo tengo mis dudas. Siempre dudo. Y con estas dudas cumplo con la petición de Rosa. Ese es mi soy poderoso. Porque para bien o para mal, soy poderoso porque no creo en nada, o creo en todo, que lo mismo da. Me interesa cuanto me rodea. La vida es un absoluto misterio, un inagotable rompecabezas completamente a mi disposición. Soy poderoso porque no deseo perder el tiempo en el fango del pesimismo.
Soy poderoso porque prefiero una sonrisa. Queda dicho. ¡Ah! ¡Y mi lista de premiados! ¡Claro! Querido lector, si tienes blog, tú eres mi elección.
(Imagen superior encontrada en deConceptos.com. Sello del premio desde El Saloncito de Ross.)
6 comentarios:
Una manera sutil de manejar el poder.
Ojalá que todos aquellos que tienen tanto poder hicieran lo mismo.
Un abrazo Ángel
Hola Senovilla,
Los que tienen poder de algún tipo sobre otros deberían de reflexionar sobre aquella frase que afirma que "siempre hay un pez más grande".
:)
Felicidades poderoso!
Me alegra que seas una persona sonriente,como va el mundo a veces se torna difìcil conseguir ver alguna sonrisa.
No creo que un parado sea una persona que no desee trabajar, me parece injusto y cruel ponerle esa etiqueta.
Disfrutà tu premio. Besos
¿Y quién no es poderoso, si se lo cree y busca un motivo? ;)
A veces pienso que es comentar por comentar, pero en este caso vengo a felicitarte por la historia.
Entonces, brevemente y abusando de tu tiempo, comentarte que yo llevo meses sintiendo ese acoso, en la mirada y en la voz, de esos que piensan que son más dignos por trabajar y que no se dan cuenta que están encerrados en su propio mundo de mentiras, como el del señor /bi-móvil/, de cuyo trato he tenido el gusto de sufrir, pero que no creo que sea por el hecho de permitirse ser más que los demás, sino porque vive encerrado en su mente, en sus problemas y en sus prisas, en sus miserias, porque yo también puedo y he sido altivo en algún momento del día, en algún momento de mi vida, pero no por ello puedo decir que soy una mala persona, simplemente una persona ocupada y con ganas de pocos amigos. Pobre señor /bi-móvil/. :-)
Illes, de verdad, es muy agradable recibir un comentario sobre algo que escribes. Se diga lo que se diga, cuando escribes, esté bien redactado o no, bien planteado o no, esperas que te lean, esperas ver las reacciones en quienes leen. Da ánimos, dan ganas de superarse.
Y además, que te recuerda agradecer una y otra vez a los que te leen, y además comentan, por darme unos minutos de su vida para ponerlo en mis frases.
¡Gracias Illes! Sinceramente. :)
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