miércoles, 3 de marzo de 2010

Viviendas adaptables: casas para toda la vida

Quizás fue la casualidad lo que hizo que, un día después de ver el gran reportaje de 21 días emitido en Cuatro sobre la vida y circunstancias de personas dependientes y sus cuidadores, me encontrara con un librito informativo con el título Una casa para toda la vida.

¿Sabes lo que es la vivienda adaptable? Podría parecer que se hace referencia a hogares habilitados para personas con minusvalías físicas que impiden una capacidad de movimiento normal. Personas que usen, por ejemplo, sillas de ruedas.

En realidad una vivienda adaptable hace referencia a una casa útil para toda la vida de una persona. O, una vivienda capaz de ser utilizada por cualquier persona, indistintamente de su momento vital y lo que eso implica en cuanto a movilidad y posibilidades de realizar una vida independiente.

Dentro de las tareas que toda sociedad debe de encomendar a sus legisladores y dentro del campo de la igualdad de oportunidades está la accesibilidad universal o en otras palabras, la supresión de barreras arquitectónicas y de comunicación como elementos básicos que garantizan la participación de todos y todas, independientemente de la condición física, teniendo especial sensibilidad con la discapacidad.

Se calcula o estima que durante casi la mitad de nuestra vida padecemos o sufrimos algún tipo de problema relacionado con la movilidad personal, siendo la niñez y la vejez los estados más claros en este sentido, pero no únicos. Embarazo, lesiones o enfermedades temporales o incluso la actividad o trabajo dentro de un espacio limitado. ¿Cuántas veces has tropezado con la puerta de entrada de tu edificio cargando la compra de la semana? Pues si algo tan simple puede suponer un problema, imagina lo que puede llegar a suponer en el desarrollo normal de la vida de una persona que necesita utilizar una silla de ruedas.

La vivienda cubre una necesidad básica en la vida de una persona, reconocida en la Constitución, suponiendo para muchos una gran inversión del capital familiar. Siendo esto así sorprende que dentro de su diseño no se incluyan recomendaciones sobre movilidad que permitan que nuestro espacio vital más íntimo sea capaz de adaptarse de manera sencilla y rápida a nuestras situaciones puntuales (o nuevas situaciones reales como es la vejez).

Dentro del diseño arquitectónico, construir una casa adaptable es algo relativamente fácil ya que básicamente su teoría se fundamenta en distribuir espacios, distancias y accesos pensando no sólo en la fisiología estándar de un individuo medio en una población media, sino teniendo en cuenta los casos extremos. Es decir, pensar que una vivienda puede ser habitada por un hombre de mediana edad, de mediana estatura, casado con una mujer de mediana edad y mediana estatura, pero también por un anciano solitario o por un joven en silla de ruedas o por un matrimonio con un bebé o con un hijo adolescente gran dependiente.

Por ejemplo, las puertas tendrían un mínimo de 80 centímetros de espacio libre de acceso. El acceso a la vivienda no debería de incorporar pasos a nivel (escalones) y las puertas de acceso a balcones, por ejemplo, en formato corredera, tendrían el carril de desplazamiento de la puerta hundido en el suelo, evitando peraltes. A cada lado de una puerta debería de existir un espacio libre de 1,50 metros de diámetro, apto tanto para poder manipular cargas a través de la puerta como, lo que es más mucho importante, permitir el acceso sin problemas a una persona en silla de ruedas.

En los accesos a espacios colectivos es notoria ya la falta de rampas. Es inconcebible que aún hoy se construyan edificios, públicos o privados, cuya entrada está "adornada" por unas bien trazadas escaleras y que no se incluya una rampa de subida que cumpla con la normativa y recomendaciones vigentes. Poco hay que añadir a este asunto.

Una vez dentro de un edificio o zona colectiva es hace imprescindible la disponibilidad de ascensor, cuyo espacio libre interior, mínimo, debería de superar el metro cuadrado. En cuanto al acceso se aplican aquí las mismas recomendaciones que para las puertas. Por supuesto, suelo antideslizante, botoneras que incluyan números en relieve e incluso grabados en sistema Braille y ubicados por debajo del 1,40, lo que se considera ya una altura excesiva. Además debería de incluir información sonora y visual sobre las operaciones que hace (subir, bajar, parada y situación).

Así mismo, una vez en el interior de la vivienda, los distintos espacios habitables deberían de permitir la movilidad requerida y sus elementos tendrían que estar adaptados a las necesidades particulares. Es especialmente sensible la zona del baño. No sólo para personas en silla de rueda, sino para las personas mayores o incluso para una madre con su hijo recién nacido, en no pocas ocasiones el uso del baño supone un verdadero suplicio debido exclusivamente a la falta de espacio o, incluso a la propia distribución de las piezas. ¡Increíble! Pero ocurre cada día.

En definitiva, aquellos que deciden, porque legislan o diseñan, como son nuestras viviendas deberían de ampliar la manera de entender lo que es y lo que significa habitabilidad; ser capaces de diseñar pensando en un amplio espectro de situaciones personales, individuales o familiares, de manera tal que la adaptación de una vivienda nueva a las necesidades específicas de un nuevo inquilino supusiera un coste mínimo.

Pensemos individualmente, pero pensemos y desarrollemos con empatía colectiva.

(Fuente: Una casa para toda la vida: la vivienda adaptable a cualquier edad y circunstancia. SINPROMI. Sociedad Insular para la Promoción de las Personas con Discapacidad. Imagen superior encontrada en Vejez y vida.)