sábado, 3 de abril de 2010

De la fe al fanatismo

fanatismo
La religión mal entendida es una fiebre que puede terminar en delirio. Voltaire.

Tal vez sea un sensiblero pero reconozco que aún siendo una persona sin ninguna creencia religiosa, salvo ciertas rarezas personales, me conmueven las muestras de fe colectiva que se prodigan en estos días de la pascua cristiana. Igualmente me conmueven las peregrinaciones y otras muestras en las que un colectivo de individuos se juntan en devoción pública. Pero esta semana asisto a varias noticias distantes, separadas en kilómetros, en cultura y en lugar, no comparables en escala aunque sí en el fondo.

Bélgica, en un extremo, lidera el camino hacia la prohibición del uso del burka en espacios públicos. Nadie habla ni dice nada de los "burkas" católicos, de esos que ocultan a las monjas de clausura y sólo dejan a la vista cara y manos.

En el otro extremo el estado judío de Israel vuelve a estar en los titulares. Otra vez las bombas, las muertes de civiles, la ocupación ilegal y un primer mundo (Europa, USA) que mira para otro lado dispuesta a firmar acuerdos de acercamiento que distancian a los que sufren, víctimas del fanatismo de la política. No muy lejos de allí, Irán "advierte" y amenaza si las operaciones contra Gaza continúan.

Pero volvamos al Mediterráneo europeo, a Italia, al Vaticano, a un Papa que mira al cielo clamando por un paraguas mientras hace la vista gorda a una realidad que le impacta en la cara. Una realidad que se niega a condenar porque ocurre en sus propias filas, entre sus correligionarios, entre las legiones de predicadores y captadores de fieles.

Y por fin España. En nuestra católica patria. Esa donde dos intransigentes musulmanes golpean a la policía porque no transigen con una intransigente norma que les prohíbe rezar en la Mezquita de Córdoba, hoy en manos de la Iglesia, siendo denunciados, entre otros cargos, por delitos contra el sentimiento religioso.

Seguramente, de seguir escarbando en la miseria colectiva y política encontraríamos muchos más ejemplos en estos últimos siete días, que si bien no son iguales en escala, en esa que mide las consecuencias en dolor y sufrimiento, si son idénticas en la base. En la base de la demagogia absurda. Comparten todas estas noticias y sus protagonistas un don común. Han convertido la fe en fanatismo.

No quiero aquí lanzar una arenga contra la religión. Quien me haya leído en otras ocasiones sabe que defiendo toda creencia, o mejor, a todo individuo y su libertad para creer. Lo que no estoy dispuesto a defender es la discriminación, la xenofobia, la desigualdad por motivos de religión.

Y me da igual de quien parta el fanatismo, si es un judío que con la voz trae a nuestra memoria una y otra vez el pasado Holocausto mientras que con la mano dispara al palestino, o si es un católico que aferrado a una sinrazón histórica niega, por activa o por pasiva, la práctica de otras formas de fe en España, o si es un musulmán y su fervor religioso engarzado en bombas atadas a la cintura. Todos son iguales. No son creyentes, son fanáticos.

Me resulta indiferente. Cuando la fe abandona el ámbito del individuo, de lo individual e íntimo, de lo personal para expandirse a la política, al gobierno, a lo público, indefectiblemente se convierte en fanatismo, en la mentada intransigencia.

En ese momento, toda creencia deja de tener sentido.

(Viñeta superior encontrada en León, el africano. Desconozco el autor de la imagen.)

3 comentarios:

Yomisma77 dijo...

Mi libertad termina donde comienza la tuya.

Lástima que cuando se trata de religión las personas se olviden de esta frase tan clara y sencilla pero tan cierta y tan necesaria.

Un abrazo muy grande Ángel y que tengas una buena semana :)
Pili

Angel Cabrera dijo...

Creo que las creencias (las que las religiones proporcionan y cualquier otra aceptada per se), en algunas ocasiones, son muy cómodas, pues evitan buscar, indagar, escuchar, reflexionar, dialogar, contrastar, convivir... y tantos otros verbos muy interesantes.

;)

Anónimo dijo...

Somos libres de creer en un Dios o religión y ahora, porque parece que está mal visto -se han modernizado- ya no se cree en el fin sino en el medio. La moda se centra en tener fe, y no realmente si puede existir o no un tipo sentado en una nube dirigiendo a diestro y siniestro a todo andante peludo y pelado. Ya no lo manda Dios lo manda la fe -aunque ha sido así siempre-.

Para mí quién no es ateo es un ingenuo, y no quiero ofender a nadie. No digo que Dios no exista, digo que no hay razones para creer lo contrario. Las religiones habrán hecho sus cosas buenas en el mundo, pero de verdad no tienen nada -sin entrar en metafísica-, de la verdad que no se basa en tradiciones y autoridades divinas, impuestas, no reales.