La reflexión que voy a trasmitir, acertada o no, errada o no, pero en definitiva, una muestra de cómo veo ahora esta cuestión, se reduce a:
- sólo cambia una sociedad cuando sus individuos reconocen la realidad de la que se parte;
- hombres y mujeres somos y nos compartamos básica e instintivamente como animales y como tales, nuestra genética nos impulsa indefectiblemente a la reproducción;
- hombres y mujeres NO somos iguales, somos diferentes, pero la diferencia NO nos hace ni mejores ni peores sino que de manera paradójica encierra el secreto de la igualdad.
Vivimos en una época, en un politizado y mediatizado Primer Mundo, en la que afirmar que hombres y mujeres somos diferentes es incorrecto, no arrastra a las masas ni gana votos, indistintamente de la ideología. No es guay ni chic ni tiene glamour afirmar que nuestros instintos reproductivos nos colocan en posiciones y actitudes dispares, en velocidades distintas y que ese desconocimiento encierra, probablemente, la raíz de la guerra de los sexos.
Y es que ha caído en mis manos Por qué los hombres quieren sexo y las mujeres necesitan amor, escrito por los siempre polémicos Allan y Bárbara Pease, quienes ya arrastran en su haber una larga lista de publicaciones sobre las relaciones entre ambos sexos. Esta nueva obra no es sino un compendio de tópicos demostrados por la psicología evolutiva y estudiados de manera redundante, con resultados similares, por los neurobiólogos, cognitivistas y genetistas de todo el mundo. La pareja Pease estruja esos resultados científicos para explicar los tópicos y dar la oportunidad al lector, si quiere hacer ese esfuerzo, de romper con la tendencia evolutiva y construir otra manera de relacionarse con su pareja.
Sin embargo, la falta de corrección política suma detractores a estos divulgadores. Recientes declaraciones de Allan en La Vanguardia (el pasado mes de octubre de 2009) afirmando que las mujeres buscan que un hombre les solucione todos sus pequeños problemas, y los hombres, que todas las mujeres nos solucionen nuestro pequeño problema, levantó una gran polvareda de la que es fiel reflejo la larga lista de comentarios en el bitácora Papel en blanco.
Después de leer este artículo, escrito por una mujer -y no lo digo porque pierda valor, sino porque relativiza la opinión- y la larga lista de comentarios, vertidos por hombres y mujeres de manera alternativa, pero con una visión crítica del libro como factor común, me da la sensación de que tenemos dos varas de medir, la privada o imperdonable y la pública o correcta. Negamos en el ámbito público lo que el sentido común y los ojos nos muestran en privado: las mujeres se destrozan los tobillos para sentirse bien consigo mismas y los hombres buscamos amor y cariño. Ya... claro. Cada quien tiene la libertad y el derecho de elaborar sus propias creencias. Yo me niego a aceptar los tópicos y para eso, primero, necesito entenderlos.
Al fin y al cabo, tú, que ahora me lees, no eres así. Yo, tampoco. Al menos oficialmente ni tú ni yo somos así, no entramos en esos retrógrados tópicos sexuales. Al menos, públicamente. Pero mientras seguimos afirmando falacias políticamente correctas, renegando del reconocimiento real y físico de nuestras diferencias y, lo que es más importante, reconocer que la diferencia nos hace iguales, de manera paradójica, seguimos anclados en los mismos tipos de relación sexista. La única diferencia en los tópicos modernos son las palabras usadas para describirlos.
La diferencia entre hombres y mujeres, al igual que entre altos y bajos, blancos y negros, moros y cristianos, rubios y morenos, esquimales o polinesios, es generadora de diversidad, de riqueza, pero NUNCA de escalas, de mejores o ni de peores.
El error social nunca ha sido ser o reconocernos diferentes, el verdadero error en la convivencia es creer de manera estúpida que la diferencia nos hace mejores (o sentirnos peores por el mismo motivo). El miedo a la diferencia, a la diversidad, es lo que nos convierte en feministas que emulan a los hombres -ironía: ¿conoces a una feminista femenina?-, machistas que maltratan a mujeres -ironía: ¿conoces a algún machista seguro de sí mismo?-, señoras respetables a las que no les gusta ver a un negro en el barrio -ironía: ¿conoces a alguna buena viuda a la que no gustaría un buen...?-.
En el miedo a las diferencias, a aceptar la diversidad, está la raíz de las desigualdades, de la discriminación. Y negar la diferencia sustancial y biológica que nos marca la diferencia de sexo es, probablemente, uno de los mayores errores del progresismo actual. No se lucha a favor de la igualdad de oportunidades buscando, en la práctica, que las mujeres sean iguales a los hombres... No sé si me explico correctamente.
La igualdad de las oportunidadeses distinto alas mujeres son iguales a los hombres.
Los hombres y las mujeres normales, de la calle, los que andamos en la ciudad, acudimos a nuestros trabajos, rondamos el mileurismo y ponemos oídos a los líderes sociales y sus opiniones, buscamos cosas distintas en las relaciones. (Ellos, los líderes de opinión, de igual manera, también lo hacen, pero no lo dicen, no queda bien.) Conocerlo y reconocerlo nos ayudará a acercar a ambos, hombre y mujer, más que alejarlos.
Entender nuestras diferencias sí nos hará iguales ante las oportunidades.
Y, desde luego, dará poder real a la mujer para decir basta a un nuevo machismo publicitario en el que, quien ejerce la discriminación no es un hombre, sino una gran corporación en busca de beneficios, aunque esto es tema para otro día.
Por último, si eres de los citados o citadas en el primer párrafo y te has sentido ofendido u ofendida, ya te dije que no leyeras. Es responsabilidad tuya, no mía. Yo sólo me he expresado.
(Dibujo superior encontrado en ZeBaLia.)
3 comentarios:
Me quedo con "La igualdad de las oportunidades es distinto a las mujeres son iguales a los hombres", lamentablemente el hombre es un animal que se contradice, la mayor parte del tiempo dice las cosas de la boca para afuera y con eso entramos en el eterno ciclo. Difícil de entendernos. Muy buen post. Saludos.
Que gran reflexión. Me quedo con: "hombres y mujeres NO somos iguales, somos diferentes, pero la diferencia NO nos hace ni mejores ni peores sino que de manera paradójica encierra el secreto de la igualdad."
Deberíamos tenerlo mas presente.
Gracias por vuestros comentarios. Yo no creo que necesitemos ser iguales sino tener las mismas oportunidades, y no sólo entre hombres y mujeres, sino entre distintas personas, entre personas sin y con minusvalías, entre distintas razas, entre distintas religiones, entre distintas culturas...
El reconocimiento de la diferencia, la aceptación de la diversidad y utilizarla como un potencial de aprendizaje en vez de como un motivo de discriminación. Creo, me parece, opino, que ahí está el secreto.
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