martes, 11 de mayo de 2010

Alfabetización informática a través de la teleformación

teleformación, e-learning, telecentrosEs paradójico que se afronte un reto importante socialmente como lo es la alfabetización informática a través de un medio tan distante de aquellos a los que se quiere formar como es la teleformación. Esto es una breve reflexión sobre mi experiencia en este sentido.

En los últimos 7 meses he sido partícipe como un monitor más de un grupo de teleformadores procedentes de distintas ramas profesionales en el proyecto de Plataforma de Formación Online de la Red de Insular de Centros de Acceso Público a Internet puestos en marcha por el Cabildo Insular de Tenerife, en lo que ha sido su segundo bloque de contenidos, puesto en marcha en noviembre (de 2009), con el desarrollo de los temarios, e iniciada la formación este pasado mes de febrero (de 2010).

El proyecto, como experiencia piloto, ha contado con más de 200 alumnos durante esta segunda edición, teniendo en cuenta que sólo participaban 44 telecentros repartidos en 9 de los 31 municipios de la isla, con la pretensión de que en un futuro pueda extenderse al resto de locales.

La idea fundamental que se persigue es ofertar formación gratuita a los vecinos que usan habitualmente estos centros y, al mismo tiempo, fomentar su uso. Por este motivo, aunque inicialmente no pareciera muy heterodoxo ya que el fundamento de Internet es la conectividad desde cualquier punto, se limitó el acceso a la plataforma de teleformación a los propios centros. Hay que decir que no pocos problemas se han presentado en cuanto a los recursos disponibles, en ocasiones por causas ajenas (ADSL) y otras por una demanda de modernización de hardware y software, sin embargo hay que pensar en el elevado coste de equipamiento que supone poner en marcha y mantener la gran red de telecentros del Cabildo. Es meritorio reconocer el gran esfuerzo de este organismo al respecto.

En cuanto a la oferta formativa:

[...] ha sido diseñada con una orientación específica por colectivos [jóvenes, mujeres, tercera edad, ...], versando sobre diversas temáticas de interés, como es: alfabetización informática, Web 2.0, Internet, empleo online, herramientas ofimáticas, la TDT, idiomas, trámites online, etc.; con el fin común de fomentar el uso de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).

(Fuente: telecentrosformaciononline.es.)

Como mi experiencia previa en esta actividad concreta era nula he podido aprender un par de cosas que me gustaría compartir en este bitácora a modo de auto-reflexión. Si sigues interesado en el tema, te invito a seguir leyendo.

Una de estas conclusiones, que se hizo evidente desde el primer día, es que los temarios que se desarrollan orientados a la alfabetización digital merecen un esfuerzo extra en el momento de su redacción, orientado a la simplificación y el uso de un lenguaje NO técnico que haga accesible la adquisición de los conocimientos impartidos. En caso contrario se corre el riesgo de perder al alumno que se enfrenta a un contenido que le supera en exceso, pero que además requeriría de ciertos conocimientos previos para su mejor comprensión.

Es interesante, en todo caso, medir los conocimientos desde los que se parte y que ya poseen los alumnos inscritos a un determinado curso o taller online, intentando establecer un nivel medio que marcará el ritmo de la formación, indicándonos a quienes debe orientarse una atención especial o incluso personalizada para reforzar la enseñanza. Al mismo tiempo, para aquellos alumnos más aventajados, deberían de fomentarse retos intelectuales que ayuden al monitor a evitar el aburrimiento.

Sobre este particular quisiera comentar una anécdota. Se da la coincidencia que en estos meses también he sido testigo indirecto de otros cursos de teleformación impartidos por entidades públicas y privadas ajenas a este proyecto y que nada tienen que ver con el asunto. En todos los casos conocidos (no uno, sino varios) encontré el mismo defecto. Por cierto que no eran gratuitos sino que tenía un coste para la empresa cuyos trabajadores recibían esa formación. Como decía, en estos casos se confundía teleformación con formación autodidacta. Y, como supongo que estarás de acuerdo conmigo, no es lo mismo.

El e-learning [o teleformación] es una forma de educación electrónica o a distancia en el que se integra el uso de las tecnologías de la información y otros elementos pedagógicos (didácticos) para la formación, capacitación y enseñanza de los usuarios o estudiantes en línea, es decir, se puede entender como una modalidad de aprendizaje dentro de la educación a distancia.

(Fuente: es.wikipedia.org/wiki/E-learning.)

A lo que yo añadiría (ya que el propio artículo de Wikipedia aún está sujeto a discusión), la teleformación es una manera de educar, formar o enseñar y exige una relación entre educador y educando, por lo tanto va más allá de la educación a distancia ya que su objetivo es acortar ésta última a través de la tecnología. En este proyecto, sin embargo, la atención constante del alumno ha sido una de sus cualidades. No digo perfecta ni ideal, en absoluto, con muchos errores probablemente -por mi parte-, pero siempre constante.

Y esa es otra de las conclusiones que he sacado: el tiempo. Obviamente, una empresa puede preparar un paquete formativo y ofertarlo a terceros que puedan estar interesados a cambio de un precio sin dar mayor atención al alumnado que una fría nota final pero, como decía, eso no es teleformación, como mucho podríamos estar hablando de plataformas de formación autodidacta. Muy al contrario la teleformación ocupa tiempo -mucho- a los educadores y monitores que participan en y de ella si se quiere aportar calidad y reforzar el aprendizaje.

En mi experiencia y como ejemplo diría que un único curso activo durante un periodo de tiempo con una media de 20 alumnos inscritos requerirá del formador, al menos, una dedicación de 1 hora diaria para fomentar y seguir la participación en los canales interactivos (chats y foros), corregir actividades que deben ser diseñadas y programadas con anterioridad y aportar nuevos contenidos con origen fuera de la plataforma (no hay que tener miedo a utilizar materiales disponibles en la red y, de hecho, creo que incluso hay que fomentar su búsqueda por parte de los alumnos). También hay que ejercer una labor motivadora, no sólo en relación a la participación activa sino reforzar la intención de completar la formación.

Otro de los aciertos del proyecto ha sido la disponibilidad. Aunque los cursos están medidos en horas (teóricas), el tiempo que han estado disponibles se ha medido por semanas. Un taller de 8 horas estaba disponible para los usuarios inscritos durante 3 semanas. Esta es otra de las particularidades del e-learning. Un contenido que en formación presencial ocupa, por ejemplo, 20 horas (2 horas diarias durante 2 semanas, de lunes a viernes), en la teleformación puede abarcar menor tiempo práctico (el temario y sus ejercicios podrían consumirse en 10 horas) repartiéndolo en un periodo más largo (1 mes) lo que facilita la adaptación de la formación a la disponibilidad de horarios del usuario.

Volviendo al tiempo de dedicación del educador, el ejemplo de un taller de 8 horas abierto durante 3 semanas exigirá unas 15 horas de atención (contando al menos 1 hora diaria), más el tiempo de elaboración de contenidos y ejercicios (aproximadamente unas 3 horas). Esto que a priori parece un dato anecdótico e inútil resulta ser muy importante desde la perspectiva individual cuando quieres saber la rentabilidad del precio de la hora de formación. ¡Tenlo en cuenta si te ves en la tesitura!

Comparando mi corta experiencia en este proyecto con esos otros cursos de teleformación de los que he sido testigo, como decía más arriba, soportados por herramientas informáticas desarrolladas a medida versus herramientas de teleformación open source -nuestro caso-, y en concreto usando Moodle, es evidente la aplastante superioridad técnica de esta segunda opción. Esta plataforma es ya un referente que entra en casi todas las comparativas que se realizan entre las distintas posibilidades que oferta el mercado de software, siendo una de las más recomendadas desde todos los ámbitos que he podido consultar.

Herramientas de creación de cursos a través de un editor de plantilla que incluye multitud de funcionalidades extras además de las propias educativas, canales interactivos (foros y chats), gestión de actividades y ejercicios, formatos de evaluación y auto-evaluación... se hace largo citar todas las virtudes de un software desarrollado en código abierto y muy difícil, al mismo tiempo, entender cómo algunas empresas e instituciones pagan ingentes cantidades de dinero por otras diseñadas "a medida" que apenas incluyen unas cuantas funcionalidades básicas limitadas, en muchos casos, a descargar un contenido y realizar un prueba de evaluación final. Por lo tanto, no cabe duda que éste ha sido otro de los aciertos del proyecto en el que he tenido la enorme suerte de participar.

Por último quisiera resaltar la figura del coordinador. Si importante es la dedicación de los educadores a sus educandos, igual o más es la de la figura (muy necesaria) del coordinador del profesorado, dando apoyo constante a la labor educativa, pero al mismo tiempo velando por la homogeneidad y consistencia de la metodología y el aspecto visual, por así decirlo, del conjunto de cursos y talleres. En una cadena formativa ideal, en este caso, el coordinador ha apoyado a los educadores mientras que éstos impartían la formación a sus e-alumnos.

(Y a todos mis buenos amigos y amigas que aguantaron mis explicaciones con paciencia durante estos últimos 4 meses, gracias por participar y por darme la oportunidad de poder aportar un granito de arena al asunto.)