Cayó en mis manos, por un agradecido regalo, la segunda edición de este curioso ensayo de Francesco Piccolo. Y me lo leí de una sentada. En una de esas noches de insomnio. Es un trabajo corto, de ágil redacción y amable lectura que lleva al lector a un interesante recorrido por el oficio de escritor.Insiste Francesco en el método y en la desmitificación de la escritura, más cercana a la rutina y la disciplina de un horario, a la ardua labor de la reescritura, los ritos y las manías, la convivencia tenaz con la soledad de la escritura, la pasión por el rincón del escritor, la convivencia con el otro trabajo, el medio de escritura y la lucha entre los seguidores de la pluma, los fieles seguidores de la máquina de escribir y los descubridores del ordenador para terminar con un elemento peculiar: la importancia de perder tiempo.
Esta segunda edición está magistralmente ilustrada por la mano de Anthony Garner que realiza una curiosa simbiosis entre las letras del abecedario y los nombres de los autores más destacados de la historia.
El ensayo no sólo es una recopilación de citas sino una reflexión continúa apoyada en declaraciones, frases, entrevistas, párrafos improvisados y reflexiones que nacen lo mismo del genial Quevedo, que del exitoso Ken Follet, de Kafka, como de Tabucchi, de Umberto Eco, Thomas Mann, Dickens, Álvarez Pombo o Truman Capote, pero sobre todo citas que nacen en Gustave Flaubert, quien es referenciado de manera repetida a lo largo de los párrafos escritos por Piccolo.
Como creo que un libro, después de leído, puede ser resumido en un instante compuesto por los primeros párrafos y los últimos, he aquí las palabras de Giorgio Scerbanenco, transcritas por el autor de este ensayo en el prólogo inicial a esta segunda edición:
El profano piensa que la inspiración es algo mágico y que el escritor ha de quedarse esperando a que llegue, cuando llega y si llega. Es muy bonito pensar en el poeta que mira al cielo azul en espera de inspiración. Pero no es así. Se escribe cuando se quiere, y la inspiración quizá no exista. Como con todas las cosas, sólo hace falta tener ganas de escribir, sentir ese placer. También para planchar la ropa o hacer un jersey de punto hay que tener ganas y sentir placer, de lo contrario se trabaja mal y no sale bien. No es inspiración lo que le falta al poeta cuando mira al cielo, son ganas.
Para sellar este apunte sobre Escribir es un tic con sus propias conclusiones:
La inspiración, por sí sola, ya no sirve. Puede servir para encontrar la solución más apropiada con el papel de las paredes de la habitación de invitados, pero para la construcción artística es preciso diluirla, seleccionarla, encauzarla. Por último, llevarla hacia la perfección, aunque sea en vano. No importa, porque la perfectibilidad de la obra de arte tiene sentido como marcha de aproximación, y mucho sentido. [...] Si quieren escribir, han de saber que hace falta método: elijan uno de los que han encontrado aquí, o invéntenlo. Hagan lo que les parezca, pero a sabiendas de que se debe reservar a la escritura un espacio diario y un sitio "para estar sentado aunque no se te ocurra nada". El resto del tiempo, piérdanlo, vaguen por la casa, déjense seducir por la pereza. O vuelvan al otro trabajo.

(Imagen superior de la portada de la nueva edición de Escribir es un tic, de Círculo de Lectores. Imagen inferior del libro, ilustraciones de Anthony Garner.)
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