He de reconocer que lo que vengo a contar hoy lo hago desde la limitada experiencia de un servicio sanitario público, el canario, de una zona concreta, el área metropolitana de Tenerife. Sin embargo, haber trabajado desde 1994 hasta el año 2009 cerca de sus servicios centrales directivos me ha permitido ser espectador de la generalidad. Es más, me ha permitido ver, desde lejos, como está el resto de los servicios autonómicos de Atención Primaria en el país.Puede que eso de Atención Primaria o Atención Especializada no te suene a nada, cuando en realidad, de lo que hablo, es de tu médico de cabecera o de los especialistas (otro mundo), lo que muchos aún llamamos el de la seguridad social. Estos servicios los presta, realmente, los servicios de salud autonómicos. Cada uno con sus siglas, con su presupuesto, con sus órganos de dirección y en continua gresca con el presupuesto que les transfiere el Ministerio de Sanidad.
Así que, la Atención Primaria de Salud no es otra cosa más allá de tu médico de cabecera, aunque esto es una afirmación con la que muchos técnicos no estarán de acuerdo y te dirán que es muchísimo más.
El médico de cabecera, una lotería que te toca en suerte según tu lugar de residencia y cuya probabilidad de premio es inversamente proporcional al tamaño de tu ciudad. En los pueblos, los consultorios locales, cuando tienen un médico destinado y no están cerrados, suelen ser entornos cordiales, de cercanía, donde el médico ejerce su función, pero también la de confesor, la de casi-psicólogo, conoce las historias clínicas de sus convecinos de memoria, sus nombres y los árboles familiares. Cura gripes como cose heridas o receta tranquimazines como recomienda un nuevo novio a una joven desesperada.
Pero en las grandes ciudades, los centros asistenciales primarios son otra cosa. Plazas ocupadas por médicos que obtuvieron una excedencia casi-perpetua, nadie sabe para qué ni dónde están, pero con una plaza que no pierden nunca, al fin y al cabo. Eso cuando la plaza está oficialmente ocupada porque no es raro el caso de plazas no convocadas. Es el mundo del sustituto, del médico de cabecera sin plaza. Con mucha suerte el sustituto que te pueda tocar en sorteo casi puede ser hasta mucho mejor al médico que figura en tu tarjeta sanitaria, probablemente dedicado a la política (demasiados médicos y maestros sin vocación en la política y la gestión de servicios).
No son raras las situaciones en que los sustitutos interinos, con cierto grado de estabilidad, también han de ser sustituidos. Es entonces cuando el paciente cae en una lamentable rueda en la que es prácticamente imposible encontrar al mismo doctor, sustituto del sustituto del propietario de la plaza, en dos ocasiones seguidas. Eso cuando resulta que no te encuentras con problemas de idioma (y no es xenofobia, lo juro).
Son muchos los casos anónimos en los que esta presunta calidad en la atención sanitaria provoca graves problemas de salud haciendo que lo pequeño se convierta en grave sólo porque el recién licenciado o el médico cubano de turno (insisto, no es xenofobia) no atinan a recetar el antibiótico correcto. Luego los Consejeros y Consejeras, con evidente tendencia a no conocer de lo que hablan de primera mano, sólo desde el papel, se lamentan ante los periodistas del mal uso que la ciudadanía hace de los servicios de urgencias. ¿Cómo podría ser de otra manera?
Cada vez que un familiar, un amigo, un compañero de trabajo acude a su médico de cabecera (o en el caso de los niños, a la atención primaria pediátrica) y no tiene un profesional en plaza de manera estable, raro es que no regresen con alguna desagradable historia, con una detestable anécdota sobre la deficiencia del servicio, la desatención, la falta de profesionalidad, la poca implicación, el desconocimiento de la historia clínica, la ausencia de interés por aprender a manejar las herramientas informáticas que hay a disposición del galeno de turno.
Eso sí, las estadísticas NUNCA reflejan esta evidente falta de calidad en la atención sanitaria pública. Nunca hablan de las historias personales, de las dolencias particulares, del sufrimiento individual. Los Consejeros y Consejeras de turno se lavan la boca con porcentajes y percentiles mientras que sus Directores de Recursos Humanos buscan profesionales rumanos o colombianos, no porque sean peores (no es personal, nada tengo contra nadie) sino porque cuestan más baratos. Aquí no prima la profesionalidad ni el buen hacer, prima el presupuesto. Y si a ti, en gracia o desgracia, no te toca uno de los buenos, sino uno de los que nunca están, ni él ni su sustituto interino; mientras que cada vez que acudes (por necesidad o por soledad) te encuentras un nuevo otro u otra, pues a joderse tocan. Joderse o pagarse un médico privado. Pero muchos no pueden hacerlo y, por otra parte, ya pagamos una asistencia sanitaria. ¿No es cierto? ¿Por qué tengo que pagar una sanidad privada para tener calidad?
La asistencia sanitaria eficaz y eficiente no es aquella que rebaja estadísticas o gasta menos dinero... y punto. Sino la que gastando bien genera atención de calidad, facilita la carrera médica y la formación continuada, promueve la personalización y el trato humano (que en no pocas ocasiones hace más por la salud del paciente que la farmacopea recetada). Eso es lo que, sobre todo en las grandes ciudades, no tenemos. O al menos es lo que no tenemos en las áreas metropolitanas de Canarias, aunque como he dicho, de todo hay.
Por cierto, si no sabes cómo distinguir un buen médico de uno malo en tu centro de salud de referencia, te voy a dar el truco. Pregunta en el mostrador qué médico tiene su cupo cubierto y cuáles tienen cupos vacíos en cuanto a asignación de pacientes. Los saturados son los de buena fama, son los que van acumulando pacientes a mansalva. Y es que en los pasillos a los abuelos y abuelas les da por ir comentando las bondades o deficiencias de aquellos doctos que los atienden y miman (o maltratan). Así que donde veas un médico de cabecera lleno de abuelos y abuelas, allí tendrás un buen facultativo de medicina familiar y comunitaria.
Y a los directivos de los servicios sanitarios públicos yo les pediría una cosa. Algo simple (tan simple como lo que pedí al Sr. Rajoy no hace mucho). Que en vez de pagarse un buen médico privado, en alguna ocasión, vayan a su médico de cabecera. Y luego, me cuentan de la calidad real, no de la estadística, de los servicios que gestionan.

(Viñetas del Maestro Forges -visita www.forges.com-. La de abajo ha sido retocada, originalmente dedicada al contrato basura, han cambiado lo que era un joven sentado por un médico y han añadido el cartel de Gerente.)
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada