La ciencia acepta hoy que el acto de soñar se torna presente desde el mismo instante del nacimiento y no nos abandona hasta nuestra muerte. La capacidad para recordar estos sueños y hacerlos presentes en nuestro tiempo de vigilia va disminuyendo, si no se entrena, con la edad. Y pese a esta omnipresencia en nuestra vida los miramos con desdén, como se mira a todo aquello que excede a nuestro conocimiento, a la razón y a la lógica.
¿Para qué la naturaleza nos ha dotado de una cualidad o función que, en apariencia, no tiene ningún valor? Ya Heráclito afirmó que despiertos, los hombres sólo pueden compartir la experiencia de un mundo mientras que en el reino del sueño cada uno se inscribe en el ámbito de su propia singularidad.
El sueño es universal y son las interpretaciones culturales las que tiñen y barnizan la reacción de los soñadores con respecto a lo soñado. Unos encuentran un marcado carácter de mensaje, señales predictivas que dictan las decisiones en las horas de sol. Para otros, como decía mi abuela, no son sino rebujatos de los que no merece la pena acordarse, potajes de recuerdos sin ningún sentido. En algunas épocas fueron motivo de castigo y muerte, justificación para etiquetar a brujas y quemar a inocentes. Lo cierto es que tiene poco de mitológico y sí mucho de incomprendido y desconocido.
El sueño cumple un papel biológico y parece ser una función común a todas las especies vivas, habiéndose demostrado al menos su presencia sobre todo entre los mamíferos. Una de las paradojas del sueño, definido por este mismo adjetivo, es el estado de plena actividad mientras ocurre, detectable hoy en día a través de grabaciones poligráficas y cuya duración oscila en una media de 15 minutos, intercalados en periodos dentro de la fase de sueño profundo -dormir, a secas- en los que no se produce el sueño paradójico, repitiéndose unas 4 ó 5 veces por noche, si bien esta frecuencia, como ya dije, parece disminuir con la edad.
Baudelaire sugirió que el hombre tiene dos grandes tipos de sueños. Los primeros, llenos de detalles sobre su vida cotidiana, preocupaciones, deseos y vicios, se combinan de una manera más o menos extraña con los objetos entrevistos durante el día y que se han fijado indiscretamente sobre la amplia tela de la memoria humana. A este tipo de sueño se le denomina natural; es el hombre mismo. Pero hay otra clase de sueño: el sueño absurdo, imprevisto, aquel que no tiene relación ni conexión alguna con el carácter, la vida y las pasiones del durmiente; este sueño, que llamaré aquí jeroglífico, representa evidentemente el lado sobrenatural de la vida y es precisamente su naturaleza absurda lo que determina que los antiguos le atribuyeran una naturaleza divina.
Se atribuye a Freud, quien a través del psicoanálisis metódico se acerca por primera vez de manera objetiva al mundo onírico, el retorno de la investigación del sueño, dando forma a su trabajo en La ciencia de los sueños (o La interpretación de los sueños, según traducción). Este mítico científico de finales del XIX y principios del XX no estaba sólo y comparte con Jung estos méritos, pero éste va más allá de lo que fue Freud, quién da un profundo significado sexual a la interpretación del mensaje onírico. Jung da mayor importancia a los sueños y su valor como mensajes para el soñador, restando el peso de la sexualidad como combustible esencial en la recreación de los mundos soñados. Jung da nacimiento al concepto de inconsciente colectivo y rescata la idea de los arquetipos como fundamento de sus investigaciones interpretativas.
Y mucho más se podría hablar de los sueños, pero giramos aquí en un cruce de la narración histórica con lo personal, porque esta entrada tiene por objetivo contarte de manera muy breve, como testimonio, una vivencia personal. Luego, tú, explicas, valoras o experimentas.
Uno de los aspectos que más me llama la atención del mundo de los sueños es su aparente desvinculación con el soñador. Es como si a un tiempo fueras espectador y actor de una obra de teatro escrita circunstancialmente momentos antes de su representación. Hace ya algunos años descubrí una idea realmente sugerente: el sueño lúcido. Y aún más, lo reconozco, me atrajo el nombre de aquellos que buscan o practican esta técnica, por llamarlo de alguna manera: onironautas. ¡No me digas que no resulta sugerente!
¿Qué es el sueño lúcido? Podríamos decir en resumen que su objetivo primero es buscar la consciencia dentro del sueño. Saber que estas soñando, durante el sueño, dentro de la historia del sueño, e interactuar de manera voluntaria con algo que, a priori, se supone funciona a un nivel inconsciente y fuera de nuestro control. La primera referencia de estudio sobre este fenómeno data de 1867 de manos de Saint-Denys.
Para conseguir llegar a este objetivo hay que empezar por mostrar interés en el sueño, intentar recordarlos y auto-inducirnos a ser conscientes durante el mismo, pero insisto, esto sucede mientras soñamos. Y, objetivamente, se consigue. Parece que las mujeres tienen una mayor facilidad para acceder al mundo de los sueños; y como ya dije los jóvenes más que los adultos o los mayores. En mi caso he tenido pocas experiencias con el sueño lúcido, pero te invito a visitar una página que lleva más de 16 años publicada -desde 1994- y ha servido de guía de referencia a muchísimos practicantes: onironautas.org; o su nuevo blog.
En la primera ocasión sufría una agobiante pesadilla en la que era perseguido y acosado. En un momento dado fui consciente de que estaba soñando. En ese momento cambié radicalmente la historia. La pesadilla dejo de ser tal y la persecución cesó. A partir de ese momento el sueño fue lo que yo quise que fuera... durante el sueño paradójico en el sueño profundo. Insisto.
En la segunda ocasión decidí experimentar la sensación de volar. Recorrí paisajes sintiendo el aire en la piel. Ascendiendo y descendiendo. Sabía que estaba soñando y estaba experimentando aquello que deseaba experimentar. Es decir, no era un sueño que sucedía, era un sueño que dirigía conscientemente. He tenido otras experiencias curiosas con el sueño pero, sin duda alguna, ha sido la práctica del sueño lúcido la más objetiva.
Durante el sueño lucido las sensaciones físicas se multiplican y se tornan más reales. Por ejemplo, durante el sueño en el que decidí volar, experimenté la sensación del roce del aire en la piel. Las imágenes del sueño también se vuelve más vividas, más reales. Los colores se tornan más vivos. En aquellas experiencias tuve la impresión de que se hacía de día. Como si mis sueños habituales ocurrieran en penumbra, durante la noche o apagados.
El sueño lúcido no es una experiencia en la que se cree o no. No necesitas pagar a un charlatán para experimentar. Tampoco representa ningún tipo de peligro. El éxito no se asegura. Por motivos desconocidos hay personas para las que resulta casi natural tener sueños lúcidos mientras que para otras puede suponer un reto inalcanzable.
Si tienes curiosidad, investiga (he ido dejando una serie de enlaces a lo largo del texto que tal vez te interesen), experimenta... ¡y compártelo! Y si no, si eres un ser de razón y lógica, de números y de tecnología, recuerda que TÚ también sueñas, todas las noches, varias veces por noche. Y un día de estos, podrías llevarte una sorpresa.
¡Por cierto! Tengo que preguntártelo. ¿Has tenido alguna experiencia curiosa, interesante, llamativa o fuera de lo común con los sueños?
(Imagen superior encontrada en el blog Peregrinos Oníricos.)
1 comentarios:
En principio he sido una persona que casi nunca ha recordado los sueños, ó sencillamente no les he prestado demasiada atención, en cambio, algunas veces he tenido algunos en el que practicamente es como si estuviera despierta recordándolos con pelos y señales.
En mi humilde opinion creo que con el sueño nos adentramos en el mundo del subconsciente, es decir si deseas algo con fuerza en la consciencia el subconsciente es el que lo atrapa y lo deja aflorar mediante el sueño.
Reconozco que en esta vida tan estresada que tenemos haya personas interesada en investigar más allá de lo perceptible, yo en cambio, lo unico que necesito es dormir. :)
Muy buen artículo.
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