Hace un año, más o menos, cayó en mis manos una edición de Círculo de Lectores del libro escrito por Jörg Blech titulado Los inventores de enfermedades, subtitulado de una manera que nos debería de hacer reflexionar ya desde su portada: Cómo nos convierten en pacientes. No es un libro reciente, fue escrito en 2005, año en el que se lanzó a la selva de las librerías con cierto éxito y algo más de polémica.¿Recuerdas el pánico mundial generado alrededor de la Gripe A? Parece que queda tan lejos este tema. Y ocurrió durante el pasado año de 2009, hace sólo 6 meses. ¿Y qué nos contaba ya Blech en su libro? Pues narraba decenas de casos como éste. Sin embargo, me interesaron, sobre todo, las alternativas.
El autor apostaba ya en 2005 por Internet y por lo que en algunos círculos denominan empoderamiento del paciente, donde éste comparte las decisiones sobre SU salud en una relación de igual a igual con el profesional sanitario. La idea fundamental es que el usuario de los sistemas de salud, públicos o privados, se hace responsable de las decisiones que le afectan, para eso debe y tiene que informarse sobre aquello que le involucra.
Pero cómo valorar y evaluar toda la información que tenemos a nuestro alcance. Para eso, durante la última década, viene empujando poco a poco una nueva metodología de análisis de resultados denominada medicina basada en la evidencia (o MBE). Esta metodología comparativa ha sufrido no poco descrédito por parte de la industria que no la ve con buenos ojos, pero ha demostrado ser tan eficaz que poco a poco se va difundiendo hacia otras áreas profesionales como la enfermería. En los últimos años, del análisis comparativo de los resultados teóricos se ha pasado a la práctica basada en la evidencia, es decir, someter la práctica habitual a los resultados de estos meta-análisis y de la revisión sistemática del conocimiento existente sobre tal o cual problema de salud.
Pero en todo este movimiento, el paciente debe ser una parte más y no un factor pasivo que espera las decisiones de los profesionales que le rodean. Como parte de esta mentalización todos deberíamos de entender, como ciudadanos y de forma consciente, que la enfermedad es un negocio y qué uno de los principios del marketing es que si el mercado no existe o es insuficiente, se crea. En la salud y la farmacopea se crean mercados.
Volviendo a Blech, concluye el último capítulo de esta manera:
Imagínese: ¡Está sano y no lo sabe!
Menos creencia ciega en los médicos y más escepticismo podrían ayudarle a identificar su estado de salud. Los diagnósticos y las enfermedades no son leyes de la naturaleza, sino que se basan en acuerdos realizados por partes interesadas. Todo aquel a quien le ordenen someterse a un chequeo preventivo y le hagan un diagnóstico debería ser consciente de ello y no arredrarse para hacer preguntas al médico. [...]
Internet debilita el poder de los médicos y multiplica los conocimientos de los pacientes. [...] Como los enfermos que quieren sanar, también las personas sanas que no quieren que les hagan creer que son enfermos pueden encontrar valiosa información en la red.
Si disponen de conocimientos sobre el desarrollo natural de los estados de ánimo y de las fases de la vida, las personas podrán juzgar mejor las nuevas prescripciones y afirmaciones de la medicina. Por eso sería deseable, por ejemplo, que el Estado promoviera y subvencionara los organismos de defensa del consumidor, para que dichos organismos informaran detalladamente sobre las enfermedades y la medicalización.
De hecho, todas las personas ya gozan de la posibilidad de decidir sobre su propia salud, y deberían ejercer este derecho con más fuerza. La elección es suya: o se deja citar, hospitalizar, cortar, pinchar, tratar con rayos X, aspirar, inyectar, fotografiar, medir, sangrar, pesar, llenar de pomada, inspeccionar, prevenir, visitar, hacer tests genéticos, atiborrar de pastillas, poner a dieta, meter el termómetro... o le hace una jugarreta a los inventores de enfermedades. Usted puede rehuirlos. Al fin y al cabo, un enfermo es sólo aquel que permite que le den de baja por enfermedad.
A continuación, Blech plantea 12 preguntas cuyas respuestas deberían de separar la paja del trigo, aclarar qué enfermedades son sospechosas de ser meras invenciones mercantiles de los departamentos de venta y publicidad de las grandes multinacionales farmacéuticas y corporaciones que viven de la salud (o de su falta, en realidad).
Sin embargo, creo que es preciso que no te quedes con la lectura de la conclusión de Blech. Te animo a seguir buscando información, a ser parte activa de tu salud y de tu bienestar y no un mero actor secundario, pasivo, a la espera de las decisiones de terceros.
Tu salud está en tus manos.
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