jueves, 22 de julio de 2010

Serotonina, de la felicidad al síndrome

(A lo largo del texto encontrarás enlaces a artículos que hablan e inciden en el tema aquí tratado, algunos con mucha más profundidad. Además, te recomiendo buscar el término serotonina en Google -ten mucho cuidado con los que venden humo en forma de medicamentos de fácil adquisición-. Lo que aquí lees es un resumen que he realizado para mi uso personal y que comparto contigo. No soy experto en el tema, así que busca, indaga e infórmate. ¡Merece la pena!)

La serotonina está de moda, es el cable de la felicidad. Una parte de nuestra química cerebral (un neurotransmisor) que tiene una incidencia directa sobre el estado de ánimo, la sexualidad, el apetito, el sueño, además de inhibir y controlar reacciones como el enfado, la agresión e incluso la ira.

Se fabrica en nuestro cerebro y, pese a lo que estás pensando, no puede administrarse como medicamento al ser humano porque la que es ingerida con la alimentación no es capaz de traspasar la barrera hematoencefálica que aísla el cerebro del resto del cuerpo sirviendo de frontera y aduana para oxígeno, sangre, pero también a tóxicos y otros elementos que serían nocivos para ese indispensable órgano -pese a la inactividad a la que algunas personas someten el suyo-. Pero sí lo hace el triptofano, uno de los principales componentes en la elaboración de la serotonina, así como otras moléculas metabolizantes, en concreto las 5-HTP. Y tanto una como otra pueden obtenerse a través de la alimentación.

La ansiedad, el estrés, el nerviosismo y en general el aumento de la adrenalina en nuestro cuerpo, así como algunas situaciones fisiológicas como un nivel elevado de azúcar en sangre provocan que bajen los niveles de serotonina. Andar cortos de esta gasolina del bienestar es la causa o tiene relación directa con la depresión, agresividad, problemas con el sueño y, se sospecha, según algunos estudios, que también tiene relación con otros trastornos más graves relacionados con la salud mental, tales como la esquizofrenia. El cuerpo del hombre produce y consume un 50% más que el de la mujer, siendo más sensible a sus variaciones. En la mujer, sin embargo, los niveles de serotonina se ven afectados por los cambios hormonales (en los niveles de estrógenos). (¡Tú, marido, ya te puedes explicar sus cambios de humor!)

La búsqueda de la hormona de la felicidad, nombre también aplicado a la dopamina, ha hecho de los Estados Unidos se haya convertido en un país enganchado al Prozac, al punto que en MedLine Plus ya se advierte de la aparición de casos de síndrome de la serotonina causado por un excesivo nivel de esta sustancia en nuestra sangre.

Es una reacción farmacológica potencialmente mortal que hace que el cuerpo tenga demasiada serotonina, un químico producido por las neuronas. [...] uno puede desarrollar este síndrome si toma medicamentos para la migraña, llamados triptanos, junto con antidepresivos, llamados inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina (ISRS) e inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina/norepinefrina (ISRSN). Los ISRS populares abarcan: Celexa, Zoloft, Prozac, Paxil y Lexapro. Los ISRSN abarcan: Cymbalta y Effexor. Las marcas comerciales de los triptanos comprenden: Imitrex, Zomig, Frova, Maxalt, Axert, Amerge y Relpax.

Así pues, la mejor manera de regenerar los niveles de nuestra serotonina es a través de hábitos saludables desarrollados con el ejercicio físico, a través de la alimentación y ciertos cambios conductuales. Ya se ha demostrado que la práctica de la relajación o la meditación, o la realización de ejercicios de yoga (o sistemas similares) aumentan sus niveles, así como el ejercicio moderado continuado, como bailar. Es curioso que durante siglos, desde diversas culturas, diversas tradiciones ya explicaban lo mismo, aunque con un aura místico que escondía, tras el desconocimiento, el funcionamiento de esta química feliz. Curiosamente, iniciar nuevos proyectos, cambiar hábitos, motivar la curiosidad y la atención por elementos novedosos que modifiquen nuestra rutina habitual ayudan a aumentar la producción de serotonina.

Estos cambios de conductas y adquisición de hábitos saludables deben estar acompañados con una alimentación pensada para la busca del triptofano; que no difiere -mira tú por donde- excesivamente de la dieta mediterránea -quizás por eso los latinos somos más felices que los centroeuropeos y nórdicos, salvo ahora, que cambiamos nuestros hábitos-.

El triptofano es un aminoácido que el cuerpo es incapaz de producir y que se ha de adquirir a través de lo que se come. ¿Adivinas un alimento mítico con un gran contenido en este elemento? ¡Chocolate! Sí, por supuesto, pero... ¿Cuántas veces has oído aquello de lo bien que sienta un vaso de leche caliente por la noche? La leche contiene elevadas cantidades de triptofano, además el cuerpo produce más serotonina al atardecer y mucho menos al amanecer. Cuando bebemos ese buen vaso de leche antes de acostarnos estamos, en realidad, echando gasolina a nuestra fabrica de bienestar mental, aportando triptofano que facilita la generación de serotonina, además facilitando el buen sueño porque ésta es un elemento regulador de nuestro descanso nocturno.

Las carnes de aves, en especial el pollo y el pavo -los huevos-, son ricos en triptofano. También el pescado. El arroz, algunos frutos secos como las nueces, las almendras y las avellanas, no deberían de faltar en nuestra alimentación antidepresiva. Muy importante, por todos los beneficios que nos aportan en forma de minerales y vitaminas son las frutas -muy interesante el plátano, por su aporte de magnesio, si es de Canarias, mejor- y las verduras, en especial la soja.

Algunos investigadores afirman que con una alimentación equilibrada o incluso que priorice estos alimentos, podrían llegar a sustituirse la medicación de trastornos como la ansiedad o las depresiones leves. También es válido buscar información sobre la alimentación rica en omega-3, muy relacionados con los aquí mencionados.

En todo caso, NUNCA te automediques, consulta SIEMPRE con tu especialista, busca información y contrasta las fuentes que encuentras, sobre todo en la red; haz un esfuerzo -que no lo es tanto- en cambiar tus hábitos, sobre todo aquellos de los que sabes conscientemente que te perjudican: practica deporte habitualmente (sería deseable al menos tres días a la semana, dedícate un tiempo a ti mismo/a, recupera la dieta mediterránea en tu menú y, sobre todo, recuerda que si no tiene solución, no es un problema.

(Imagen superior encontrada en Andar es Salud.)