Llevo días dándole vueltas a una reflexión que ahora plasmo en voz alta (pongo negro sobre blanco para ser ser más conciso). Quizás, lo que ahora te cuente no lo firmaría dentro de cinco días, algo que deberías de saber para que tu lectura tenga un acento crítico, muy crítico. Finalmente, saca tus propias conclusiones y, si crees que hierro el tiro, por favor, no dudes en comentarlo. Así aprendemos juntos a ver ciertos asuntos con otros ojos.El pasado jueves llegó a mis oídos que D. Enrique Dans, por todos conocido en el mundillo de las redes sociales, estaría por Tenerife en un evento del que no tenía ninguna noticia. Yo, que tengo curiosidad por verlo en vivo y en directo, actuando sobre la tarima y para un público expectante, tanto se oye hablar de él o se le oye hablar a él (metafóricamente, se entiende), no quería perder esta oportunidad.
Al final, por el precio de un par de correos y buena gente que se encuentra uno en todos lados, así son las redes sociales, pude acceder a la información del acto donde el Sr. Dans estaría impartiendo dos clases magistrales de una hora de duración bajo los títulos Todo va a cambiar: enfoque institucional y estratégico y Todo va a cambiar: enfoque tecnológico. El marco de ambas charlas, magistrales, era la celebración del 20 Aniversario del Plan de Modernización Continua de los Ayuntamientos de Tenerife (www.tenerifelocal.es) liderado e impulsado por el Cabildo de Tenerife.
Las charlas de nuestro ilustre personaje iban engalanadas con la presentación del Presidente del Cabildo a primera hora, del Presidente de la Comunidad Autónoma, a segunda hora... y de distintos cargos políticos y técnicos de la institución que organiza. Tras lo cual, al mediodía, se acompañaría el asunto con un almuerzo de trabajo dirigido a los empresarios, con charla y debate, bajo el título La empresa en Internet: conectividad y nuevas herramientas para nuevos escenarios.
Como dije, aunque me enteré tarde, ya pasado el plazo de confirmación de asistencia, intenté contactar con los organizadores para poder asistir al mismo, sin embargo era remitido sistemáticamente a la empresa organizadora del almuerzo, la que atentamente y por 45 euros me facilitaba asistir al acto de los empresarios. Pero mi interés, en realidad, era oír lo que el Cabildo quería que los alcaldes de la isla oyesen. Algo que resultó finalmente imposible dado que se configuraba como un acto institucional dirigido exclusivamente a las administraciones locales invitadas.
Es decir, haciendo mofa fácil, que con los rebañados presupuestos de esta administración pública -el Cabildo- se paga a un eminente y distinguido personaje para que cuente a los excelentísimos alcaldes qué es un ordenador y un móvil... ¡Venga! ¡Bah! Es una broma. Para que cuente cómo usarlos... ¡Venga, sonríe! Para que cuente qué son las redes sociales y su potencial, qué es la administración electrónica y todo ese batiburrillo de conceptos sobre los que tanto y tan bueno se puede leer en la red a poco que se busque en Google. Claro que igual la charla empezaba por cómo hacer búsquedas. No te digo ya si visitas el portal del Consejo Superior de Administración Electrónica del Ministerio de Administraciones Públicas (www.csae.map.es) donde dan mucho y bien mascado.
Hasta ahora, he sido un pelín irónico pero no he argumentado mi crítica. Ya lo sé. Porque en lo que pienso, realmente, es en el coste de la fiesta con entrega de diplomas conmemorativos a los alcaldes. Cuánto ha costado a las arcas públicas, la estancia, el lo-que-sea de altos cargos y personalidades con el ilustre que suele darse antes, durante o después de estos saraos. O la organización del asunto en el TEA Tenerife - Espacio de las Artes. Supongo, para ser sincero, que el espacio, nada o poco habrá costado, ya que pertenece a la institución convocante, pero habrá que ver los pinchitos y el café de media mañana, por no citar el almuerzo (bueno, que eso lo costeaban de su bolsillo los empresarios).
No me gusta que el Cabildo se haya gastado (ni 100 ni 1.000 sino más de 10.000, me atrevería a asegurar) los euros tan necesarios en otras cuestiones para que un Señor, muy respetable, yo no lo critico, él hace aquello por lo que cobra y para lo que trabaja, explique a mis alcaldes, algo que no habla muy bien de ellos y su «puesta a punto», sobre qué es un ordenador y un teléfono móvil de última generación y cómo los puede usar el ciudadano para su relación con la administración o, a su vez, como lo puede usar el personal de la administración pública para las relaciones entre estamentos.
Máxime cuando hay tantas y tan buenas empresas ya sumergidas en estos conceptos en Canarias, de las que podría citar unas cuantas sin tan siquiera buscar información, pero que no haré porque quizás no sea de su agrado que se las relacione con una crítica que firma, única y exclusivamente, éste que te escribe. Cierto es que, como me advertían en Twitter, aquí también hay canta mañanas (que me lo digan a mí, que los he oído trinar), como en todos lados, pero igual que excelentes profesionales, que hay muchísimos, como en cualquier parte (que no suene la cosa a una sobredosis de nacionalismo, que no van por ahí los tiros).
¿De verdad necesitamos organizar una fiesta para nuestros alcaldes? ¿No sería conveniente un poco de moderación a estas alturas de la crisis? ¿Pagar a un personaje famoso -Dans, para el raro caso que ignores quién es, es al mundillo virtual lo que Punset al científico, que cada quién lo interprete como crea conveniente- para contar a mis alcaldes lo que, si ya no deberían de saber, sí debería de manejar -con soltura y destreza- su personal técnico? ¿Es eso gestionar correcta y debidamente en tiempos de drásticos recortes presupuestarios? ¿Es eso hacer valer el tejido empresarial local, con un nivel de capacidad y preparación de excelencia?
Yo creo que no. Y don Enrique me tendrá que perdonar si el artículo no tiene buen sabor para él o no está escrito para alabar las frases de sus ponencias, que no oí, por otra parte, en el almuerzo de 45 euros, pero mi parecer, mi crítica, mi reflexión es que el Cabildo ha gastado mal mi dinero. No lo ha invertido con coherencia, abducido por las luces de colores, la fanfarria, los cuentos bonitos y la fama de los más famosos.
Aunque, como ya dije al principio, puedo estar disparando con una escopeta de feria. Supongo que el tiempo me dará o me quitará la razón. ¿Tú qué crees?
(Por si hay dudas aclaro que NO estuve en las charlas institucionales de la mañana y NO quise estar en el almuerzo de trabajo con los empresarios por causa de otros compromisos previos. E insisto, esto es una reflexión y como tal, puede que herrada, puede que acertada.)
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Mucho se ha dicho de lo perjudicada que sale la
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Como apasionado de la historia del automóvil uno de mis placeres es encontrar literatura de actualidad sobre el motor escritos en su momento. Es decir, libros que narren la actualidad automovilística de los años cincuenta o setenta del pasado siglo XX, escritos en los años cincuenta o setenta del pasado siglo XX.
Estimada versión de enero de 2013, de mí mismo,
Cada quien tiene sus propios recuerdos de la niñez que, en momentos puntuales a lo largo de la vida, van resurgiendo del fondo de la memoria como barcos hundidos y reflotados. Puede ser a causa de un olor, un sabor o una frase leída en un libro abierto al despiste. Como este pequeño de bolsillo de 1989,
Tengo que decirte algo. Si en Canarias aún se hablara alguna de las siete variantes de guanche -aunque la denominación sería un tanto errónea- que se hablaban en las islas a la llegada de los castellanos, fuera un idioma que mi abuela hablara por nacimiento aunque manejara el castellano por el 
