viernes, 31 de diciembre de 2010

Iniciativa a dos: blogs, nacimiento y muerte

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IntercambioBien, comenzaremos por el principio. Algunos se habrán extrañado por el título del post, pues aquí va la explicación referente a su primera parte, la de ‘iniciativa a dos’. El otro día, hablando y conversando con Ángel, anfitrión donde los haya de su blog y cercanías, decidíamos crear una iniciativa que no se pareciera en nada a la que hace unos meses había llevado a cabo con Convivencia o la anterior con Solidaridad.

En realidad lo que no queríamos era un maremágnum de comentarios avisando de que se participaría, cuando ni él ni yo, personas más bien avenidas a la sencillez y el reposo de una lectura sosegada de nuestros feeds, podríamos hacer frente a dicha iniciativa con moderada eficiencia. En otras palabras; hay gente que ha nacido para crear macro-iniciativas, como lo puede ser Senovilla, y otras como nosotros dos, que nos desenvolvemos mejor en posts individuales a la espera de que éstos ejerzan el efecto esperado en nuestros lectores.

Por eso lo de la iniciativa a dos. Y qué mejor para ello que escribir sendos posts sobre el nacimiento y la muerte de los blogs, intercambiarlos y que sean así leídos por los que en teoría no nos leen. Qué mejor fórmula que esa para otorgarles algo más de vida que el simple suspiro que representa su publicación en un post cualquiera.

Y una prueba de ello serán ustedes. Ahora mismo, sin haber llegado aún a tocar el tema sobre el que desarrollar el post, están aquí, leyendo las disertaciones de alguien al que ni siquiera conocen y que ha tenido la mala educación de tampoco presentarse antes de embutirles una maraña de ideas abstractas que seguramente ni siquiera tampoco necesitaban…¿No les parece curioso?

Bien, hecha la introducción al post, hablaremos sobre la segunda parte del título; ‘Blogs, nacimiento y muerte’.

¿Por qué un día, sin aviso aparente, un bloguer decide acabar con su vida cibernauta? ¿Qué le mueve a ello? ¿Qué le empuja a decepcionarse, si ese es el caso, o ha necesitar distanciarse de esa segunda vida que él mismo creó un día sin saber muy bien cómo? ¿Porqué se crea una persona cualquiera un blog? ¿Con qué expectativas? ¿Qué razón hay para abrirse al mundo de una forma tan directa en internet, cuando en la realidad no somos capaces de plantarnos en medio de la plaza del pueblo a disertar sobre lo que nos parecen las cosas que ocurren a nuestro alrededor?

Todas estas son preguntas sin respuesta. Y lo son porque al contrario de lo que ocurre con las matemáticas, sus soluciones son múltiples, o más bien diría infinitas, ya que cada uno comienza su blog por una razón personal y lo acaba siguiendo el mismo camino anterior.

Pero si en vez de hacer cirugía de precisión decidimos matar las moscas a cañonazos y evaluar, muy en general, las razones por las que uno se abre un blog sin llegar a personalizar en nadie dichas afirmaciones, podremos resumir en unas pocas las razones por las que los blogs nacen y un buen día, sin saber muy bien cómo, acaban muriendo entre las manos de quienes los crearon y sus pocos y sorprendidos lectores.

La razón universal que le dará cualquiera para explicarle el porqué se abrió un blog, será aquella que reza que lo hizo para sí mismo. Es una respuesta facilona, que sin llegar a decir nada, consigue que todo el que la escucha la de por buena. Es, como diría aquel, una respuesta abstracta a una pregunta innecesaria. En realidad hay muchas razones por las que abrirse un blog y casi todas se refieren a la autoafirmación que ello supone.

Por ejemplo, si alguien escribe poesía y decide escribir un blog sobre ello, la oculta razón que le habrá movido a hacerlo no será la de escribir para sí mismo, sino más bien todo lo contrario, conseguir mediante su bitácora que otros puedan disfrutar de sus creaciones para saber así qué tan bien o mal lo hace. U otra un tanto más bohemia y cercana al deseo más que a la realidad, saberse leídos y escuchados.

No necesariamente escribir un blog tiene que tener una razón bohemia que otorgue a esa acción una aureola de puritanismo imposible. Los blogs se escriben para que se lean y decir lo contrario, por muchas veces que se repita, no es más que una negación inocente de alguien que aún no ha realizado la prueba suprema; dejar de postear en el blog.

Cuando uno deja de escribir en su blog, pongamos una semana, comprende que en realidad cuando escribía no lo hacía para sí mismo, sino que con ello conseguía interactuar con otras personas, que ancladas también a sus propios teclados, compartían experiencias, arte y opiniones sobre las más variopintas cuestiones y se relacionaba así con gente de la que de otra forma tal vez nunca hubiese escuchado hablar.

Por ello, la única razón verdadera que se nos puede dar que explique con eficiencia el por qué nos abrimos un blog, al menos antes de que existieran las Redes Sociales, es la de la necesidad de interactuar con otras personas que disten mucho de nuestro círculo social. Lo de la razón de la lejanía de nuestro círculo social lo dejó bien claro nuestro común amigo Senovilla hace casi dos meses en su blog con el post ‘Hasta que mi pluma quiera’.

El sentirnos leídos es también un punto importante entre las razones por las que abrirnos un blog. Eso sí, no todo el mundo vale para escribir y a todos se les acaban las ideas más bien pronto que tarde. Al principio uno escribe lo que le apetece y cuando se da cuenta de que lo que escribe gusta de verdad, lo comienza a hacer siguiendo sin querer los deseos de sus lectores.

Por ejemplo si no les gusta tu poesía pero cuando hablas de otra cosa el post asume una importancia tal que los comentarios y los retuits se desbordan, la poesía ira decreciendo paulatinamente en sus apariciones hasta quedar como un elemento residual del blog. Evidentemente, si nunca has probado a escribir sobre otra cosa que no sea la que atañe a la temática que tú mismo te impusiste al comenzar en el blog, no lo sabrás.

La razón universal que sí nos explica el por qué nos abrimos un blog es ésta, la de sentirnos leídos y la de relacionarnos con otra gente que pueda pensar diferente pero con la que se pueda hablar, conversar y discutir si es el caso, a sabiendas de que nuestra vida real, la que se realiza lejos del ordenador, permanecerá alejada y a buen recaudo, protegida así de las inclemencias que temporalmente puedan ocasionar nuestras relaciones cibernautas con otras personas.

¿Y cuando comienza a morir el blog?
Eso depende de en qué momento decidamos poner la línea. Muchos te dirán que la mayoría de los blogs comienzan a morir cuando escribir deja de ser una prioridad para sus administradores y ésta pasa a ser la de la acumulación salvaje de visitas.

Publicar por publicar para aparecer en el Time-line de los demás. Publicar cualquier cosa que nos llegue a las manos. Dejar de discriminar contenidos para dotar al blog de un volumen de contenido que indefectiblemente acabará con el ahogo de su esencia. Todas estos son síntomas que invariablemente se convertirán en la enfermedad que hará sucumbir al blog en una muerte lenta y desnaturalizada que los destruirá a él y a su administrador.

Y es ahí cuando la afirmación al principio desechada por mi, esa de que el blog se escribe para uno mismo, cobra el valor que de verdad tiene. Tal vez el blog se escriba para los demás y para sentirnos leídos, pero cuando para conseguir eso hay que venderse al diablo publicando cosas que sólo los lectores demandan y no su autor, la sentencia de muerte queda dictada no para una ejecución inmediata, sino para un largo plazo que será el que necesite el autor para darse cuenta de su error.

Por eso hay blogs que un día desaparecen. Son blogs que están administrados por gente que al final se ha dado cuenta de que lo que estaba haciendo no era precisamente lo que ellos deseaban. Personas que se dejaron llevar por las lluvias de visitas, por las recomendaciones de otros, por las formas de ver las cosas de personas ajenas a sí mismas y que prácticamente se vieron obligados a seguir dictámenes ajenos a ellos para mantener unos vínculos que precisamente en ese instante deberían haber roto de cuajo. Son bloguers desencantados con el camino recorrido que deciden borrarlo sin explicación alguna a sus falsos lectores.

Otras veces los blogs mueren simplemente porque sus autores se quedaron sin ideas. Si todo el mundo pudiera escribir eternamente sobre lo que fuera, entonces todo el mundo sería un escritor profesional. Sólo cuando el blog adquiere la condición de multi-temático puede mantenerse vivo a lo largo de los años en la blogosfera, ya que sólo así su autor puede evadirse de su falta de inspiración abordando nuevos temas con los que mantener la rutina de su bitácora personal.

Y otras veces, la razón por la que un bloguer decide acabar con su blog no es otra que la de la impotencia que supone el no sentirse leído. Esas cosas pasan cuando tus lectores no comentan o comparten tus posts. Cuando el bloguer en cuestión es incapaz de comprender que no todo en el mundo es digno de comentarse o compartirse en otras redes sociales. Cuando el bloguer comprende que en realidad nada de lo que dice consigue arrancar en sus pocos lectores una reacción que el tome como consecuencia de su escrito. Cuando finalmente ve que por mucho que se esfuerce, la gente que pulula por internet lo ignora e incluso da fe de que ni siquiera saben de su existencia.

Estas veces los bloguers que cierran sus blogs son personas que no han sabido expresarse en sus bitácoras. También son personas que se han cerrado a una forma personal de ver los blogs y que no han querido evolucionar como lo han hecho los de su alrededor.

Al final, como dije al principio, los blogs nacen y mueren por miles de razones y pocas veces o ninguna podremos atribuirle una sola a una defunción. Las personas que en la vida real sí que son capaces de conversar y abrirse a las personas de su alrededor con eminente facilidad, tendrán blogs cuya mantención en el tiempo estará asegurada no por la calidad de los escritos que éstos aporten a sus bitácoras, sino por la propia esencia de sus autores, predispuestos a conversar y relacionarse de tú a tú con los lectores haciéndoles partícipes de sus experiencias sin dejar que éstos tomen las riendas de sus blogs.

Los bloguers que se cierran en banda a una apertura sincera a sus lectores, por ejemplo los que deciden vivir bajo un pseudónimo cuando en realidad en sus blogs no se dice nada que los pudiera comprometer en su vida carnal, son blogs que poco a poco perderán lectores a manos llenas. Y ello es debido a que los lectores, siendo como son personas que evolucionan en su vida bloguera como lo hacen en la real, comprenderán que la falta de sinceridad y conocimiento del autor que desprenderán esos blogs es tal, que relacionarse con ellos será como si se dispusieran a comenzar una conversación con un encapuchado en una oscura y desierta esquina de una ciudad cualquiera.

Los blogs hasta pueden morir de éxito. Y pueden morir también de inanición. Un blog puede morir por millones de motivos. Lo único que nos tiene que preocupar de verdad es por qué podría morir el nuestro y cuantas posibilidades hay de que eso ocurra si no nos mantenemos firmes en nuestra forma de escribir y ver la blogosfera. Hay que hacer caso de los lectores, pero nunca comprometer la esencia de nuestro blog por culpa de las modas o las críticas que podamos recibir. Sólo cuando un lector percibe cierta personalidad en la bitácora que está leyendo la acepta como tal y la acaba siguiendo.

Al final todo se resume en unos pocos puntos (sí ya se que lo podría haber dicho al principio y así haberles ahorrado este ladrillo insoportable):

  • Los blogs son parte de uno mismo y como tales hay que tomarlos. Por tanto, desnaturalizarlos convirtiéndolos en algo que nos es ajeno, es el camino más directo al fracaso que existe.
  • Escriban de lo que quieran, sobre lo que quieran y siempre intentando hacerlo lo mejor posible y verán como sus blogs crecen paulatinamente con el tiempo.
  • Sucumbir a las estadísticas es otro error. Es mil veces mejor tener cien buenos lectores que cien mil visitas que si quiera leerán lo que al final se haya escrito en el blog.
  • Escriban para sí mismos porque sólo así se asegurarán de que la esencia de su blog perdurará a lo largo de los años.
  • Y por último y más importante, discriminen el contenido de su blog y aquello que deseen compartir. Aprendan que no todo es publicable o compartible en las redes sociales. Ayuden con su granito de arena a hacer de la blogosfera un lugar de conocimiento en lugar de un caos de posts repetidos y faltos de personalidad como es eso en lo que se está convirtiendo.
Este post ha sido escrito por Antonio E. Zafra, autor del blog El Mosquitero.com. Siento presentarme tan tarde, pero sólo así sabré si leyeron o no el post, jejeje. Y no quiero irme de aquí sin dar antes las gracias a Ángel por la oportunidad que me ha brindado de escribir en su blog y llegar así a ustedes. Lo crean o no, ha sido un honor para mi estar aquí hoy. Un saludo y muchas gracias por su atención.

(Imagen encontrada en RaulRico.com.)

Microsoft, Apple y la estafa de los creyentes

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Este pasado 25 de diciembre el señor Papá Noel y la señora cuenta corriente resentida han traído a una niña de 10 años que tengo por aquí cerca uno de esos pequeños portátiles que se venden en los supermercados por 200 a 300 euros cada uno. La chiquilla tenía esa ilusión, tanto ver a su padre machacar el teclado, algo se le tendría que pegar.

Lo hemos encendido, un Samsung para más señas, lo hemos configurado y lo hemos conectado a la red. Lo primero que la chiquilla me ha preguntado es, papá, y aquí cómo se cambia el fondo del escritorio, yo quiero poner un hada. Era el momento de descubrir la patraña montada por Microsoft con las versiones 7 Starter y 7 Home Edition de su sistema operativo Windows que, no sé si usted lo sabe, la han limitado en funcionalidad a cambio de un y si quiere más, compre la versión 7 Anytime.

Cuando digo limitar hago referencia a que no pueden ejecutarse más de tres aplicaciones a la vez o, algo más surrealista, no puedes configurar tu fondo de escritorio. Sí. Como lo oyes. Y la cosa tiene su explicación. Según los propios estudios de mercado del monopolista fabricante de software, el 90% de los usuarios personalizan su escritorio. Es una de las primeras cosas que hacen cuando desempaquetan su equipo. La versión Starter de Windows 7 sólo se proporciona a fabricantes para distribuir de manera licenciada con sus equipos, destinada principalmente a ultra-portátiles y netbooks. En realidad Microsoft no ofrece un sistema aligerado sino un sistema capado que aprovecha la demanda de funcionalidades tan nimias, elementales, pero a la vez tan usadas, para proponer una y otra vez el compre aquí la versión Anytime con más opciones de personalización.

No es la única en intentar explotar al máximo las ventas de sus productos de software como si de merchadising barato se tratase. Después de todo, sigue la filosofía de Apple, ofrecer productos básicos a precios básicos que deriven en nuevas compras por versiones más potentes o equipadas o con más botoncitos. Es el sueño de toda empresa que venda productos de consumo, tener al cliente una y otra vez en su mostrador, comprando. Trabajo en una empresa donde usamos los últimos iMac que calzan esa mala copia de Ubuntu, además de pago, llamada OS X. Verdad es, lo admito, que visualmente son impactantes, más su fino y pequeño teclado inalámbrico y su ratón sensible al tacto, a pilas. Salvo que estos modernos ratones consumen tantas pilas como lo hacía un walkman en los ochenta. Cualquier mejora que se pretenda hacer al iMac, en la mayoría de las ocasiones, supone un pase por caja.

Es, la estafa de los creyentes. Una legión de advenedizos y fieles seguidores, clientes y buenos pagadores, siempre fieles a ambas marcas que se afanan y ufanan en pagar dinerales por una tecnología ya rentabilizada pero expuesta en un bonito envoltorio, con un aspecto marketinianamente estudiado donde poco cuentan los ingenieros. Hace ya varias décadas que el sector de la informática descubrió que su filón no estaba en la innovación sino en vender la idea de innovación, estirada, eso sí, como si fuera un mantel de fina mesa, sobre tecnología no tan novedosa ni tan puntera. La idea es que el cliente sienta la necesidad constante de comprar, una y otra vez, para estar a la última, para ser el más moderno, el más geek.

Microsoft y Apple tienen el caldero en su fogón. Saben que en estos últimos años ha desembarcando en los mostradores una masiva oleada de compradores, jóvenes, los llamados nativos digitales, cuyo lema está en el consumo antes que en el sentido común. Aquellos que saben de siglas y de versiones, que quieren siempre el más caro porque es el que más luce, pero que no entienden la tecnología ni sus implicaciones ni su alcance. Ambas usan, pues, una estrategia similar. Una a través de acuerdos con los fabricantes de hardware, para incorporar sus licencias OEM sesgando cualquier otra alternativa -y de paso ejerciendo un monopolio más que evidente en las narices de los órganos legislativos europeos y norteamericanos-; la otra porque vende su propio software con sus propios equipos; pero ambas ofreciendo anzuelos que mantengan en cartera constantemente a sus compradores. Y picamos. No sólo picamos, mordemos bien fuerte.

A mí este asunto me recuerda a la historia de los automóviles en mi familia. Cuando mi padre se compró su primer coche, un Triumph, finales de los sesenta del pasado siglo XX, sabía cambiar el aceite, cómo funcionaba un motor y hacer algunas reparaciones bien amañadas; cuando yo tuve el mío (1989), un Autobianchi, sólo pretendía que me llevase de un lado para otro, aunque al menos era capaz de mirar el nivel del agua y cambiar una rueda; hoy, un coche se compra como si fuera un televisor, con la idea de enchufar (o arrancar) y listo. Es lo que sucede con la informática. La diferencia es que un coche no lo tenemos conectado (aún) a Internet en línea directa con su fabricante. Éste no puede llegar a nuestro cuentakilómetros e imprimir un mensaje del tipo y si quiere superar los 100 km./hora, adquiera el modelo de gama superior.

Pues eso es lo que hacen Microsoft y Apple, vender productos castrados a precios desorbitados o mañosamente baratos y nosotros, los creyentes, nos inclinamos ante sus indiscutibles cualidades. Así que, ustedes verán lo que hacen. Yo, por lo pronto, pienso incrustar mi querido Ubuntu en el netbook de Samsung y mandar al Starter de las narices al cubo de los despropósitos porque mi hija, desde luego, no se va a quedar sin su hada como fondo de escritorio. Y a los mesiánicos Gates y Jobs que los aguanten sus respectivos padres.

(Imagen superior encontrada en WindowsNoticias.com.)

miércoles, 29 de diciembre de 2010

El nuevo diseñador de plantillas de Blogger

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Hace pocos meses que Blogger presentaba su nuevo diseñador de plantillas, aunque disponible sólo en el modo draft. Para los no habituados a esta plataforma decirles que accediendo a través de la dirección draft.blogger.com se puede investigar lo que serán sus futuras opciones y mejoras, utilizables en modo borrador de esa dirección (bajo la responsabilidad del bloguero, obviamente). La última gran noticia, por ejemplo, es la disponibilidad de plantillas para plataformas móviles que presumiblemente ya esté operativa en producción (blogger.com) en muy poco tiempo.

En lo que a este rincón respecta, ya tenía ganas de meterle mano a su diseño pero hasta ahora no había tenido el momento ni la inspiración. Me gustan los estilos muy limpios o muy sobrecargados y no decidía ni por una cosa ni por la otra. Además quería deshacerme del template, generada por un tercero ajeno a la plataforma y descargada de Blogger Templates, uno de los mejores sitios para conseguir un todo-hecho para tu rincón. Además, quería utilizar el nuevo generador de plantillas cuando ya estuviera listo y en producción (y con menos probabilidad de errores).

Para acceder a él hay que ir a la pestaña Diseño, en el área de gestión del bitácora (Escritorio de Blogger). Debajo encontrarás tres opciones, la última a la derecha, Diseñador de plantillas, es la que voy a utilizar. Al acceder pasas a una interface totalmente distinta a la habitual del citado escritorio de la plataforma, que divide tu pantalla en dos. En la parte superior, las opciones, en la parte inferior se muestra un preview con el resultado de los cambios (sin que se hagan visibles -no se publican-). En el caso de seleccionar el grupo de opciones de Diseño (ver pantallazo más abajo) verás un esquema de la distribución de tu blog en vez de ese resultado final. El proceso es sumamente sencillo y ya no presenta los errores que se podían encontrar hasta hace bien poco cuando sólo estaba disponible en modo borrador.

Diseñador de Plantillas de Blogger

El primer grupo de opciones, Plantillas, te permite seleccionar un diseño general básico de entre 26 posibilidades agrupadas en 6 categorías. Inicialmente parecen pocas pero con el resto de opciones podrás crear tantas combinaciones que será difícil, si indagas lo suficiente, encontrar dos bitácoras iguales.

A continuación podemos usar Fondo para cambiar dos cosas. Una es la propia imagen de fondo, pudiendo escoger entre una amplia variedad o subir una propia; y especificar una combinación de colores (tema) determinado a juego con el fondo.

En Diseño escogemos la distribución gráfica de los gadgets (o widgets) del bitácora. Se contemplan prácticamente todas las opciones habituales, de 1 a 4 columnas, con columna de contenido a derecha, izquierda o central; también podemos indicar la distribución de las columnas de contenido del pie, de 1 a 3.

Una de las opciones que más me ha gustado es Ajustar ancho, donde puedes configurar el ancho total del área efectiva del blog, además del ancho de las columnas para accesorios que se restará del ancho total.

Por último, en Avanzado podemos modificar el tipo, tamaño y color de las fuentes de letras a utilizar, que estarán predefinidas en base al tema o combinación de colores elegidos previamente y que aquí podremos personalizar aún más. Para los más expertos recordar que entre el grupo de opciones disponibles en esta categoría, al final, encontraremos Añadir CCS donde se podrá insertar código de estilos propios de manera lineal.

Después de hacer todos los ajustes necesario según nuestro gusto y criterio sólo necesitamos usar el botón APLICAR AL BLOG, arriba y a la derecha, y voilà. Una vez regresemos al área de Diseño del escritorio de Blogger podemos terminar los ajustes necesarios moviendo los bloques de los accesorios, insertando código (en mi caso, la pestaña lateral con los botones sociales) y haciendo las últimas tareas de personalización.

Rápido, sencillo y eficaz.

Una observación, esta nueva herramienta deja muy mal posicionados a los diseñadores que han dedicado tiempo y esfuerzo a crear y comercializar plantillas, aún pese a su bajo coste habitual, destinadas a la plataforma de bitácoras de Google, de las que se pueden encontrar muchas en BTemplates.com.

(Tiempo empleado para el rediseño de la plantilla que ahora ves, unos 40 minutos, la mayor parte del mismo decidiendo qué me gustaba más, si este color o aquel, si esta imagen o aquella. Tiempo efectivo de trabajo, unos 10 a 15 minutos.)

martes, 28 de diciembre de 2010

Pa' intrusismo profesional, el mío

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intrusismo profesionalHace un rato estaba disfrutando de un momento televisivo con el programa Españoles en el Mundo dedicado hoy a Groenlandia y sustentado, básicamente, en el personal de Tierras Polares, una agencia de viajes especializadas en organizar rutas guiadas por aquellos lejanos y helados parajes. Pero no quería hablarte de eso, sino de una curiosa anécdota sobre una madrileña que acabó como parte del staff de la empresa, después de estudiar biología y trabajar como programadora informática para acabar por darse cuenta de que aquello no era lo suyo.

(Antes de seguir diré que Groenlandia me pareció una maravilla, el programa de televisión me gusta, la empresa me resulta una aventura empresarial digna de premiar y su personal gente de quitarse el sombrero. Esta historia no va con ellos pero tiene incrustada una anécdota que me llevó a otros recuerdos y otras reflexiones. Mi neurona es así. Tengo que respetar sus deseos porque vive sobre mi cuello. Es lo que hay.)

Y como en mi cabeza los temas saltan de un lado a otro a su libre albedrío recordé las quejas que en lo virtual o en lo físico escucho un día sí y otro también desde ámbitos laborales como el periodismo -básicamente desde el periodismo-, donde se lamentan del brutal intrusismo al que se somete su profesión. Yo los entiendo, los compadezco y comparto su pesar, pero, qué quieres que te diga. Para saber algo sobre el intrusismo profesional, pregúntale a un informático. Claro que esos ya no hay, ahora se nos denomina por alguna de las muchas definiciones en las que ha degenerado esta poliédrica profesión.

Desde que empecé a trabajar machacando teclados (septiembre de 1989) hasta hoy he tropezado a decenas de colegas cuyos estudios técnicos (universitarios o de formación profesional) se hundían en carreras tan dispares como el magisterio, la medicina o el derecho. Personas que habían encontrado en la informática, primero su afición, después su vocación; y en la PC World o en la Byte su credo particular (amarás al bit por encima de todas las cosas, no asesinarás a tu programa, no codiciarás las rutinas ajenas, no crearás bucles infinitos en vano y así, hasta 10). No digo que fueran malos profesionales, ni buenos. Como en todo, según cada cual, su honestidad, su empeño y su esfuerzo, así eran/son los resultados.

Recuerdo que, todavía siendo un adolescente que recién empezaba a quitarse sus primeros pelos faciales y descubría el BASIC con aquel MSX de color hueso, me producía una gran curiosidad un chaval del barrio, un estrenado adulto, alojándose ya en la edad en la que se supone se ha de ser productivo. Lo recuerdo porque cuando coincidíamos en la guagua (autobússs, para los no residentes) aprovechaba para leer sus manuales, un día de programación, otro de informática básica (¡qué es un fichero!). Unos años más tarde, el estudioso muchacho acabó montando una empresa y, como premio, comprando el primer Landcruiser que transitaba por el barrio; yo le seguía los pasos estudiando la necesaria, y a la vez que denostada, formación profesional. Lo que no sabía aún, a mis 16 años y mientras lo miraba absorto desde los asientos traseros de la vieja Mercedes, es que años después me encontraría haciendo apaños a unos programas escritos por él, en Clipper, destinados a una pequeña empresa de recobros y morosos (que ésta no es la primera crisis, queridos y queridas).

Aquel estudiante improvisado era un excelente vendedor, sin formación técnica, aunque muy tenaz, sobre todo si había un buen puñado de billetes sobre la mesa, o bajo ella, según si el asunto era privado o público. Yo era uno de aquellos primeros frikis, de la era anterior a inventarse la palabra friki, que disfrutaba creando código y diseñando soluciones. Cuando el dueño de los trajes de pingüino decidió que estaba harto de tanta palabrería y de pagar tanto y tantas veces por un programa a medida que funcionaba a ratos sí y a ratos no, me preguntó: ¿Y tú cuánto cobrarías por un programa nuevo?

Pensando, iluso, que ganaría mi primer cliente, robándoselo a mi ídolo, el de la guagua (autobússs, para los no residentes), le espeté, pues como mínimo 150.000 pesetas, por el programa entero, por supuesto. Lo que no me esperaba era que, a mis 19 años, aquel regordete y bajito cobrador de impagados, me escupiera un aspaviento en forma de: ¡Con ese dinero contrato a un profesional! (¿¡Y YO QUÉ COÑO ERA!?)

Aquel joven empresario -el muchacho de los manuales- acabó de constructor así que no me sorprende, nada, que 20 años después el sector se haya ido al garete. En 1992, tiempo después del grito del caza morosos, trabajaba para otro iluminado de la informática que imbuido en una especie de clarividencia empresarial, con una seguridad arrolladora y un mostacho setentero ya pasado de moda, decidió comerciar un sistema operativo, a la vez que base de datos, llamado Prologue, del que prácticamente no se encuentra ninguna información histórica a día de hoy, mira si era raro. Vendía aplicaciones en un BASIC-Prologue diseñados con programadores mal pagados que al mismo tiempo montaban los sistemas, hacían de vendedores y traían el café, a él o a la señora, que hacía las veces de contable cuando no de maestra improvisada para una hija que más pensaba en los Take That que otra cosa. Todavía me deben las dos últimas nóminas, por cierto.

Más o menos por la misma época me gané a mi segundo cliente (1992), una fábrica con un presupuesto de varios cientos de millones. También hice primer programa verdaderamente «serio», que servía para el control de producción de artículos y consumo de materias primas y que durante 12 años no dejó de crecer y ampliarse. Por un lado se introducían a paladas todos los datos y por el otro extremo elaboraba los informes de beneficios -últimamente pérdidas- para los accionistas, luego de una larga cadena de procesos intermedios. Estaba orgulloso. Después de eso vino la contabilidad y luego la facturación y por último, hasta la página web (2002). Una de esas anécdotas inolvidables ocurrió el día en el que Don X, gerente de la compañía, me pidió que instalara el programa en su casa. Cuando llegué a la vivienda familiar, con mi disco de 3½ en el maletín, me abrió la puerta un chiquillo, como de 13 ó 14 años, que me miraba con la misma expectación que yo había mirado, 6 ó 7 años atrás, al estudioso de la guagua (autobússs, para los no residentes... en Canarias). Y la primera pregunta que me hizo fue: ¿Tú eres de la escuela Norton? (¡EIN! ¿COMOR? ¡NO PUERDOR!)

Me parece que con el paso de los años, aquel chiquillo sí terminó estudiando informática como manda el canon, en la Escuela Universitaria. Ahora que lo recuerdo, no creo que ya muchos tengan presente en su memoria que la primera sede estuvo en unos viejos hangares del Aeropuerto Reina Sofía (o Tenerife Norte) y que, en los despegues y los aterrizajes, el profesorado tenía que hacer una pausa en las explicaciones. ¡Quién lo diría!

En realidad no eran los únicos desubicados. En el Instituto Politécnico de Formación Profesional de Santa Cruz de Tenerife (no pudieron poner el nombre más largo, me parece) teníamos una mainframe de IBM, donada por el gigante americano, eso me explicaron, que, contaba la leyenda, se encendió por el técnico que la instaló el día que se presentó en sociedad con gran alboroto y júbilo, como promesa para una futura hornada de tecnólogos que serían la alternativa al monocultivo del turismo. Luego de su primer apagado nunca más se puso en marcha. Ninguno de nuestros profesores sabía utilizar aquel gigantesco bicho que, sospecho, aún debe de conservarse arrinconado en algún depósito del centro. Se decía que tenía una terminal de entrada de datos que funcionaba en binario y se manejaba con un teclado numérico. ¡Uuuh!

A lo largo de estos años encontré una rica fauna de locos por la informática, como aquel viejo ginecólogo con fama de salido y fumador empedernido que dedicaba una buena parte del dineral de sus abultados ingresos, obtenidos metiendo mano a señoras con pedigrí en nuestra santacrucera y capitalina ciudad de los noventa, a equipamiento tecnológico para el tratamiento y procesamiento digital de imagen. Conocí a unos cuantos grabadores, con el perfil profesional de grabador, contratados como grabadores. Es decir, ya nadie recuerda a estos héroes de la profesión, pero existieron. Ocurrió con ellos como con los dinosaurios. En la escala profesional el grabador equivalía a un auxiliar administrativo aunque cobraba un poco más. Quemarse la retina en las pantallas de fósforo verde para grabar 1.000 facturas y asientos contables era algo sólo apto para verdaderos profesionales de la monotonía. Recuerdo a las cuadrillas, sentados en grandes mesas redondas, machacando datos de impuestos y multas. Sólo hacían eso, introducir datos en una aplicación. Uno tras otro, uno tras otro, uno tras otro... Algunos de los programas que recogían la información los programé yo (junto al equipo del que formaba parte, claro). ¡Qué cosas!

En aquellos años cualquiera con una titulación superior a un bachiller podía acceder a una vacante pública de programador (grupo 3 ó C, depende de si personal laboral o funcionario) pasando, como principal requisito, por un riguroso examen sobre el procedimiento administrativo. Lo de crear algoritmos, ya vendría después, si fuese necesario. De igual manera ocurría con los primeros titulados universitarios y su acceso a puestos de analistas, que en aquel entonces era lo máximo, el top de las categorías informáticas. Incluso existía -y aún se contempla en el convenio de oficinas y despachos- la figura intermedia del analista/programador, que ni era una cosa ni la otra sino todo junto y por el mismo precio.

¡Ay! ¡Coño! ¡Que sólo tengo 39 años y estoy contando batallas de viejos! Así que ahora miro a los periodistas y sus quejas por el intrusismo profesional y no sé cómo ocultar la sonrisa irónica y mordaz. Claro que, te podrás imaginar la carcajada a bocajarro y en formato metralleta que puedo llegar a soltar cuando un community manager se lamenta de lo mismo. Entonces ya no disimulo sino que me abandono al pasmo hilarante.

(Curiosa imagen superior del Blog de Alia. Lo que me llama la atención no es el anuncio en un tablón sino que ahí faltan papelitos. Hay 3 valientes que tendrían intención de llamar al anunciante. ¡Atrevidos!)

lunes, 27 de diciembre de 2010

El efecto nocebo: la antítesis del placebo

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Estoy leyendo, a ratos y cuando se puede, el libro Cara a cara con la vida, la mente y el Universo que Eduardo Punset publicó en 2004 y del que todavía se encuentran copias en las librerías, sabiamente revalorizadas según aumenta la fama del autor. El libro es una recopilación de entrevistas (anteriores a esa fecha) con científicos relevantes de todo el mundo que giran alrededor de las preguntas básicas en las que suele centrarse el autor en su programa televisivo Redes.

Me llama la atención una de las entrevistas, realizada a Deepak Chopra, científico visto con desconfianza en los ámbitos reduccionistas por acercarse en su ejercicio como endocrino a una visión integradora de mente y cuerpo, extrayendo las enseñanzas de las tradiciones filosóficas y médicas orientales (holísticas) y fusionándolas con la práctica de la medicina occidental.

En el texto de introducción a la entrevista Punset hace mención al todavía más extraordinario efecto nocebo en oposición al más divulgado y estudiado efecto placebo. Ambos, aún reconocidos por los investigadores en medicina, son un absoluto misterio aún no desvelado del todo. Se demuestra y se mide su existencia habitualmente a través de su impacto en ensayos de doble ciego, una técnica de muestreo en la que los sujetos, los investigadores y, en ocasiones, los estadistas que evalúan los resultados -en el triple ciego-, ignoran qué se está observando, limitando a ejercer su función de conejillo de indias, observador o analista de datos, respectivamente.

El efecto placebo pasó de ser un resultado residual, curioso, en las investigaciones científicas a generar un gran interés como posible método curativo o paliativo con determinadas aplicaciones médicas a raíz de las investigaciones publicadas por los neurólogos David J. Scott y Christian S. Stohler, entre otros, de la Universidad de Michigan, publicadas en Neuron en 2007 (Individual Differences in Reward Responding Explain Placebo-Induced Expectations and Effects) y basadas en otro estudio similar cuyos resultados se habían publicado dos años antes (Thinking the pay away?). Sus investigaciones demostraron que la expectativa de curación de un fármaco aumenta la generación de dopamina y activa la región del cerebro asociada con la anticipación y la experiencia de la recompensa y el placer.

nocebo, placebo, efecto nocebo, efecto placeboImagen original de Wikimedia.org.

Lo que no es tan habitual es oír hablar en los medios, especializados o no, de justo lo contrario, el efecto nocebo, el empeoramiento de los síntomas o signos de una enfermedad por la expectativa, consciente o no, de efectos negativos de una medida terapéutica (es.wikipedia.org/wiki/Efecto_nocebo). Es decir, al igual que se generan expectativas positivas sobre los esperados efectos beneficiosos de un tratamiento o fármaco, en el efecto nocebo las revelaciones francas de un médico de cabecera sobre la inminencia de un proceso degenerativo desencadenan y aceleran dicho proceso, según las afirmaciones de Stephen M. Kosslyn (cita de Eduardo Punset).

Al igual que con el placebo, la experiencia previa negativa, dolorosa, en una determinada intervención médica, experimentada en primera persona o por habiendo sido testigo del dolor de terceros, anticipa y crea la expectativa del resultado desfavorable en el paciente que, al contrario del aspecto beneficioso del placebo, desemboca en una aceleración de los síntomas negativos de la intervención médica, sea quirúrgica o farmacológica. En definitiva, la conjunción de nuestra memoria, construida sobre nuestras experiencias pasadas, más nuestro estado mental o psicológico actual, alimentado con el combustible de la información que se recibe por parte del profesional sanitario, forman parte activa del resultado final, para bien o para mal.

En la entrevista con Punset, el Doctor Chopra, ante la pregunta de si diferentes estados de conciencia se traducen en diferentes estados de inmunorreactividad, metaboliso y otras funciones corporales, responde:

[...] la fisiología, el sistema autoinmune, el sistema nervioso, el endocrino e incluso la conducta están influenciados por el estado de conciencia. [...] se ha demostrado que las células inmunitarias producirán tranquilizantes similares a los medicamentos que tomamos si se está tranquilo.

[...] No se puede comparar
[conciencia tranquila con pensamiento positivo] porque pensar positivamente puede ser una impostura muy artificiosa. [...] Querer tener pensamientos positivos y evitar los negativos hace que los negativos se vuelvan más intensos y se acumula mucho estrés. Es decir, la voluntad de pensar sólo en positivo es muy estresante. Es necesario no pensar en todo a la vez y crear un estado de tranquilidad vital y de calma interior. Si el cuerpo y la mente están calmados, la inteligencia interior surge del cuerpo espontáneamente. Es muy sorprendente, teniendo en cuenta que la inteligencia interior está codificada en dos simples tiras de ADN. [...] no tiene nada que ver con el hecho de pensar positivamente sino que es el fruto del flujo espontáneo de energía, información e inteligencia.

Las vivencias negativas que crean un aprendizaje almacenado a niveles profundos y que desembocan en una experiencia «noceba» de la vida, no sólo en el tempestuoso momento de ser objeto de un tratamiento para mejorar nuestro estado de salud, sino ampliándolo a toda nuestra experiencia vital, pueden, por tanto, condicionarnos hacia una percepción de sufrimiento continuo en todos los ámbitos en los que desarrollamos nuestra actividad consciente (e incluso en la inconsciente, como en el sueño). La expectativa del sufrimiento o el placer actúan como dictadoras de nuestro presente evitando en todo caso una percepción absoluta de lo que vivimos y estrangulándolo en una visión reduccionista, negativa e insatisfactoria de lo que vivimos a cada instante.

En el momento en que se es consciente de que el sufrimiento pasado está condicionando absolutamente el presente se sabe que se ha de iniciar un proceso de re-aprendizaje que libere la capacidad de poder estar en el aquí y ahora con todo nuestro potencial, bien sea para desarrollarse profesionalmente, disfrutar de la familia o afrontar una complicada situación de salud. Al menos, ya sabemos que contar con ese estado de tranquilidad, de conciencia aquietada que enseñan las doctrinas tradicionales, forma parte de esa caja vital de herramientas para la vida a la que absolutamente nadie debería de renunciar.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Como tu blog, no hay ninguno

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blog, bitácora, blogosferaDicen, yo también lo hice, que la blogosfera es ombliguista, o endogámica, si no se casa consigo misma, sí con lo que es Internet, el medio que la sustenta como concepto, por necesidad o por vicio.

Es difícil decir cuántos bitácoras componen la gigantesca conversación de monólogos que resulta ser la blogocosa. No hay muchos datos actualizados, ni fiables, quizás porque el interés haya decaído o porque ya resulta «tan habitual» que ha perdido su halo de novedad, tanto como para no encontrar a quien se interese por su número o su crecimiento. La mayoría de artículos escritos sobre el asunto son de 2007-2008 (de lo encontrado, pero sin esforzarme mucho en la búsqueda) y hacen mención a unas cifras dadas por Technorati que hablaban de unos 70.000.000, unos 2.000.000 en castellano. En aquel entonces se estimaba que su número se duplicaría cada 5 ó 7 meses. Si eso fuera cierto deberían de existir, hoy, unos 500 millones, más o menos, a ojo, 1 blog por cada 2 a 3 usuarios de la red. Esto la convertiría en la mayor red social que existe en volumen con la característica de no estar alojada bajo un único servicio de hospedaje.

Cierto es que esta gigantesca masa de productores de contenido es muy heterogénea (no hablo de lo que contienen y su discutible calidad). Desde pornografía hasta ciencia puntera, desde confesiones personales anónimas hasta experimentos como las blognovelas. Y, por supuesto, de tecnología, de spam, para vender y convencer, para engañar, replicadores de otros, acosadores y lo que podríamos llamar autoblogs. En definitiva, toda una amalgama de subproductos arremolinados y disimulados entre los que invierten tiempo de su tiempo para soltar unas cuantas letras sobre ésto o aquello.

Pese a esta composición tan diversa y la magnitud (gigantesca pero desconocida) de la blogosfera, todos los que estamos en este asunto y andamos enganchados al experimento de la escritura y la reflexión, no podemos evitar, tarde o temprano, caer en la tentación de describirla, con una cansina tendencia a centrarnos en lo que nos disgusta: el copy&paste, los gurús o el todo-el-mundo-quiere-uno, son los temas preferentes según el criterio de cada cual. Por si no fuera poco intentar describir algo con tantos matices, además, queremos aconsejar a los que empiezan o a los que ya están, lo que les conviene para encontrar su parcela de éxito.

Una crítica habitual, sobre todo en los blogueros (auto-) etiquetados como «serios», habituales en los temas tecnológicos y científicos -pero ni muy tecnológicos ni muy científicos, algo así como la Muy Interesante-, es la falta de calidad sobre lo que se dice y cómo se dice. Me parece que, en realidad, hay un grupo de viejos rockeros que se lamentan de no ser los amos de la pista sino que ahora han de ir dando codazos con aquellos que, a su juicio, no merecen disfrutar de esta plataforma de comunicación (es una impresión personal). Otros le echan humor a la cosa y han cambiado el nombre a los bitácoras etiquetándolos como egoblogokaka o fururku. Sin duda, prefiero esta segunda e irónica manera de verlo porque no pretende censar ni sesgar ni afirmar quien merece estar y quien no. Sólo hacen humor desde y hacia dentro, lo que resulta necesario y hasta sano para la blogosfera.

(Aclaración, la mención a Las Historias Eularianas y a JRMora.com no tiene intención de meter a todos en el mismo saco -todo lo contrario- sino de contraponer la buena ironía y el buen humor, la crítica mordaz pero sana, de estos dos dibujantes y blogueros, en contraposición de aquellos "que se lo toman en serio" a la hora de establecer qué es válido y qué no lo es.)

Al final, indistintamente de lo que escribes y como lo escribes, las herramientas para la gestión de weblogs han abierto una puerta a todos los que querían tener «su propia página web», millones de personas sin grandes conocimientos técnicos que tienen (o al menos piensan que así es) algo que decir. Desde la mitad de los años noventa del pasado siglo XX y durante los primeros del nuevo siglo la alternativa se centraba en las plataformas de páginas personales (como la ya fenecida Geocities a manos de Yahoo! o la menguante Tripod que aún agoniza bajo el paraguas de Lycos). Era necesario tener muchas ganas, dedicarle horas y ser algo friki con la tecnología si no eras un profesional o técnico cualificado, para poder publicar cualquier cosa. Fue la época de las puntocom, el momento en el que la publicidad descubría el banner y la red como vía para llegar a los potenciales clientes. Las plataformas de bitácoras vinieron a cambiar ese panorama. Con Blogger y Wordpress a la cabeza, cada una a su manera, se sentaron, a través de una sencilla interface de administración, las bases para romper esa barrera tecnológica que hasta el momento imponía la escritura de código lineal HTML, así como la necesidad de conocer todas las herramientas necesarias (¡la que se armaba con el FTP!).

Hoy por hoy, con una conexión a Internet, no necesitas más de 10 minutos para crear una cuenta de correo electrónico y abrir un bitácora en alguna de las muchas plataformas existentes para, acto seguido, empezar a narrar tu visión del mundo. Con faltas de ortografía o sin ellas, con estilo de redacción o sin él, con razones objetivas y de sentido común o para abanderar alguna fe de las muchas que se venden en los mercados ideológicos. Da igual. Lo que importa es que tienes la oportunidad y una herramienta sencilla para hacerlo.

Siempre existirá a quien le gustaría que esto tuviera un límite, algo así como lo que era la nota media para entrar en una carrera universitaria, alguna especie de matón digital de discoteca que dirimiera quienes tendrían posibilidad de expresarse y quienes no. Como también existirá aquel que, cuando no es de su gusto algo en particular, no lo dice, no lo debate, no lo expresa, pero sí lo insulta o lo denigra o lo menosprecia. Esto es inevitable. También da igual. Porque pese a esas palabras y mal que le duela a los que gustarían de barreras, de pasar la cernedera para separar lo bueno de lo mediocre según su personal visión, tú sigues teniendo esa oportunidad y una herramienta que no te complicará la existencia sino que te lo hará fácil a la hora de abordar esta tarea.

Al final, como tu blog, no habrá ningún otro entre esos millones que componen la blogosfera. Así que... ¿Qué harás? ¿Te quedarás mirando, por miedo a las críticas, o empezarás a teclear tu visión del mundo, de lo tangible e intangible que te rodea? ¿Acaso necesitas algún permiso? Yo creo no y que si está en ti y en tus ganas, lo harás.

Tendrás tu blog, un blog único.

(Imagen encontrada en My Daytime Drama. Como la blogosfera es conversación, este artículo sigue el hilo de Blogs y contenido, publicado en El Mosquitero por Antonio E. Zafra, que a su vez viene tirando del hilo de Esclavos del contenido publicado en el bitácora Calvo con barba.)

sábado, 25 de diciembre de 2010

Perdiendo mi religión (R.E.M.)

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Es un tema musical irrepetible, magnífico, de un grupo que ha hecho historia, nacido entre la movida del rock alternativo. Losing my religion es una canción con una letra difícil que cada quien interpreta según su propio criterio. Y el grupo, por supuesto, REM.

Con los años se ha convirtido en uno de los himnos de la banda, ganando más, como los buenos vinos, desde que se lanzara en 1991. En este vídeo, una versión en directo de 2003, publicada originalmente al año siguiente en un DVD con el título Perfect Square.

Te dejo esta maravillosa canción, por si aún tienes salvación, para este día de Navidad, porque yo hace tiempo que vengo perdiendo mi religión.

:)



La vida es más grande
Es más grande que tú
Y tú no estás en mí
Las distancias a las que iré
La distancia en tus ojos
Oh, no, he dicho demasiado
Lo levanto.

Ese soy yo en el rincón
Ese soy yo en el centro de atención, yo estoy
Perdiendo mi religión
Intentando mantener contacto contigo
Y no sé si puedo lograrlo
Oh, no, he dicho demasiado
No he dicho lo suficiente
Creí escucharte reír
Creí escucharte cantar
Creo que creí verte intentar

Cada susurro
De cada hora en vela
Elijo mis confesiones
Intentando no quitarte la vista de encima
Como un tonto herido, perdido y ciego
Oh, no, he dicho demasiado
Lo levanto.

Considera esto
El consejo del siglo
Considera esto
El desliz que me hizo
Arrodillar, decepcionado
Y si todas estas fantasía
Se van cayendo
Ahora he dicho demasiado
Creí escucharte reír
Creí escucharte cantar
Creo que creí verte intentar

Pero eso fue sólo un sueño
Eso fue sólo un sueño
Oh, life is bigger
It's bigger than you
And you are not me
The lengths that I will go to
The distance in your eyes
Oh no, I've said too much
I set it up

That's me in the corner
That's me in the spotlight, I'm
Losing my religion
Trying to keep up with you
And I don't know if I can do it
Oh no, I've said too much
I haven't said enough
I thought that I heard you laughing
I thought that I heard you sing
I think I thought I saw you try

Every whisper
Of every waking hour I'm
Choosing my confessions
Trying to keep an eye on you
Like a hurt lost and blinded fool, fool
Oh no, I've said too much
I set it up

Consider this
The hint of the century
Consider this
The slip that brought me
To my knees failed
What if all these fantasies
Come flailing around
Now I've said too much
I thought that I heard you laughing
I thought that I heard you sing
I think I thought I saw you try

But that was just a dream
That was just a dream

jueves, 23 de diciembre de 2010

¡Feliz no-Navidad!

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Tengo un dilema con las fiestas navideñas, la verdad. Reconozco que las luces, el color rojo, el fresquito, el calor humano, las buenas intenciones, los mejores deseos, el cariño, la amistad. Es un todo que luego, pasadas estas fechas, tú, yo y El Corte Inglés echaremos de menos, lo añoraremos, cada uno por sus propios motivos.

Por otro lado, sin querer menospreciar el trabajo de Papá Noel, son unas fechas que me ponen un poco de mal humor. Un poquitito y a ratos. No sé, pero eso de pasarme 360 días del año acuchillando a gente, empujándolos -metafóricamente- por la escalera, para sonreír y amarlos durante los 5 días restantes. En fin, a mí no me convence. Mi conciencia necesita más estropajo que sólo esos 5 días. Necesita, exactamente, 365 días al año con ese tratamiento de buenas intenciones y mejores maneras.

Quitando ese puntito de hipocresía que me retuerce el entrecejo, aún más histérico me ponen las desquiciantes compras. Se supone que son fechas de diversión pero se han convertido en un ir dando tumbos de centro comercial en centro comercial. Pa' Juan, pa' la abuela, pa' los niños, pa' los tíos, un compromiso que tengo, éste por si Margarita me trae uno, pero si no, me lo quedo. ¡Vaaayaaa! ¡Somos ejemplares!

¡Antonio, creo que es evidente! ¡El mejor es el más caro! Reflexión de la doña al don en la sección de juguetes de El Corte Inglés. Así es como se hace un padre o una madre del siglo XXI, comprando el juguete más caro, que a buen seguro será el mejor. No escuchando ni jugando ni invirtiendo tiempo en esos renacuajos que adornan nuestras emociones con sus risas. Sino comprando el más caro, que es evidente, será el mejor. ¡Es que no te das cuenta, Antonio! Y si no, al menos será el que mejor lava nuestras conciencias. ¿Eeeh?

Me gusta los momentos que me regalan una excusa llamada Navidad. Los que vienen para reír, para compartir, para dialogar, para jugar con esa ilusionada prole que ya espera sus paquetes (en casa, uno para cada uno -bueno, puede que dos, pero no más-, somos así de estrissstos). No me gusta recibir felicitaciones de empresas ni de marcas ni de profesionales ni de productos ni que me recuerden lo buena que es la Navidad en Leroy Merlin ni que me mezclen las guirnaldas con los mejores precios del langostino congelado en el Carrefour.

Desearte feliz Navidad, a ti, desconocida o desconocido que por aquí pasas, no me parece justo. Te pasas la vida luchando por tus sueños, peleando por salir de la enfermedad, batallando por encontrar un nuevo trabajo con mejores condiciones (o al menos, un trabajo), rezando por una primitiva premiada, llorando por unos hijos adolescentes que parecen estancados en un tiempo de enquistada crisis y pegajoso negativismo. Y ahora, yo, voy a desearte una feliz Navidad, como si el 25 de diciembre, en un momento concreto, celebrando la festividad pagana del invierno, todo fuera a desaparecer, por unas horas, gracias a la magia del ron, el cava, el vino, la sidra, la cerveza y el licor barato.

No puedo hacerlo.

Pero si puedo desearte, a ti, que no te conozco, felicidad para el resto de los días de tu vida. ¿Por qué no? ¿Acaso es un deseo ambicioso? ¿Quien nos niega la ilusión de arrebatar al avaro de Noel los mejores deseos para cada día del invierno y el verano, la primavera y el otoño?

Mi deseo para ti es que llegues a vivir, ahora, aquí, una vida plena, satisfactoria. Que alcances tus sueños y tus sueños te traigan nuevas metas e ilusiones. Que superes la enfermedad y el dolor, que tus heridas físicas y emocionales sanen y las cicatrices sirvan para recordar las experiencias pasadas y su aprendizaje. Que aparezca ese trabajo que harías igualmente si tu cartera te permitiera no necesitar un salario, porque te apasiona. Que llenes esa cartera para no volver a depender nunca más de un miserable salario mileurista disimulado en 12 pagas con extras fraccionadas, IRPF tirado por los suelos y dudas sobre si se paga o no tu Seguridad Social. Que no pierdas nunca el amor de tus hijos y ni mucho menos tu habilidad para amarlos y compartir con ellos el tramo del camino en el que crecen, maduran y, sobre todo, no perder ese momento mágico en el que echan a volar.

Eso es lo que quiero para ti...

que si alguna vez derramas una lágrima, sea de felicidad, no de sufrimiento; que sea así hoy, el 25 de diciembre y cada momento que respires.

Si lo quieres, claro, este deseo es tuyo. Recógelo y llévatelo, no lo dejes por ahí tirado. Se estropea si no se conserva en tu interior.

(Imagen de El Principito encontrada en Aprendiendo a Vivir.)

Blogs & Gofio, más vivo que nunca

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Blogs and Gofio XXIXEntre 30 y 35 incautos blogueros fueron a sentarse al Fatto per Te recientemente abierto en el Centro Comercial Meridiano de Santa Cruz de Tenerife convocados en esta ocasión por José Frechín (autor de Tunel Carpiano), cabeza visible de la empresa Métriz, que entre otros proyectos impulsa La Metro Project o El Puerto Project.

Te preguntarás que es eso del Blogs & Gofio y cómo es que ya va rozando casi su edición número treinta. La cosa empezó con motivo del primer aniversario de Trapera, un blog pionero en Canarias que cumpliría este próximo mes de enero su sexto año en activo, que celebró una improvisada reunión de seis adictos al teclado en Las Palmas de Gran Canaria el 12 de febrero de 2005. Después de aquella casi primera e improvisada versión, aún sin nombre definido, vino otra no mucho después, en junio de ese mismo año. En octubre, la edición IV ya se celebra en la ciudad de La Laguna (Tenerife). Los lugares han ido rotando, en ocasiones Tenerife, en otras Gran Canaria, en alguna en las islas menores y hasta en Madrid. Hoy, por ayer, 22 de diciembre de 2010, día en que unos cuantos españoles son menos mileuristas, llegó el Blogs&Gofio XXIX edición.

No he sido, durante años, muy asiduo a encuentros en la primera fase, la física, más por no haber estado sintonizado en la frecuencia local que otra cosa. Es de un año a esta parte que empiezo a conocer a los que se mueven en mis latitudes, alrededor de la blogosfera, lo 2.0 y la innovación empresarial. Hay mucha gente con la que compartir, debatir y conversar, intercambiar opiniones y trasvasar ideas. Y poco tiempo para poner la atención en tantas fuentes de experiencia e información tan diferentes y con tanto que aportar. (Sigo buscando mecenas que me pague por leer, seguir y escribir; si conoces a algún acaudalado veneciano, házmelo saber, gracias.)

Citar a todos los bitácoras (y sus blogueros, claro está) más los twittadictos presentes es cosa difícil porque de a poquito es que los voy relacionando, armando un rompecabezas de URL, apodos, contenidos y maneras de lanzar mensajes al mundo (y no es que yo sea buen ejemplo, que en vez de cara muestro un garabato de letras y números). Mira que intenté a ver si algún voluntario se dedicaba a recopilar direcciones. Claro que ya podría hacerlo yo, pero con eso de que uno es nuevo, desconocido y tímido. Y además no tenía mi ipadpel y mi ipodlígrafo, que es lo que suelo usar para recordar las cosas -a la vieja usanza-. Andaba por allí, justo al ladito, David Alayón, de Pisito en Madrid, premiado como mejor blog personal en los Premios Bitácoras 2010 o José Ramón Hernández de Emezeta blog, uno de los de mayor tráfico de lectores de las islas y parte del extranjero -así me lo transmitieron, así lo transmito-, desde luego, y sin lugar a dudas, un bitácora de referencia a nivel nacional.

También se encontraba Javier I. Sampedro, de Chicharrero en Hong Kong, Oliver Serrano de Formación y Talento, José López de GranAtascoTenerife.com, empresas jóvenes (o no tan nuevas pero sí formadas por jóvenes empresarios) como Sysprocan, Maven Charts, helloSEO, Tenerife Paintball y más bitácoras como Boriel.com, Una Mente Dispersa, Liberitas... Muchísima gente (hace falta esa lista para conocerlos y reconocerlos a todos).

Un grupito de voluntarios forzados fue llevado a mazmorras en el Fatto per Te donde, para sorpresa de muchos, descubrimos a una empresa canaria, con capital canario, haciendo innovación empresarial en un sector tan (aparentemente) saturado como es la restauración, sobre todo si pensamos en una apuesta de negocio de franquiciado en comida italiana para restaurantes orientados a grandes superficies comerciales.

Allí nos enseñaron la zona de fabricación de pasta (esas mazmorras que mencionaba) y nos contaron la filosofía de la compañía, propietaria de la marca, TENGROUP & Food Company. Un restaurante de comida rápida italiana -y me repito, por el ajo- con un toque personal y distinto que utiliza materia prima de primera calidad y a unos precios accesibles, con unos tiempos de puesta en la mesa muy reducidos. Y lo cierto es que pude comprobar que así es. La pasta se fabrica en el propio restaurante con productos locales, la del mediodía por la mañana y la de la noche por la tarde. Las bases de pizza, que han de dejarse fermentar, el día anterior. Y esta zona de elaboración (las mazmorras) están acristaladas y quedan a la vista del cliente. Otro factor muy cuidado es la extrema vigilancia en seguridad alimentaria. Por cierto, curioso el sistema de pago con tarjeta electrónica, en apariencia enrevesado pero muy cómodo. Realmente interesante. ¡Ah! ¡Para conocerlo tendrás que ir a usarlo!

Otra de las anécdotas de la noche que me llevo en los bolsillos es el cuán sufrido es el emprendedor. Personas que, aún con responsabilidades familiares a su cargo, se lanzan a una piscina que antes que agua sólo contiene incertidumbres, con la energía y el empuje suficiente para abrir paso y hueco en un mercado tecnológico local ya de por sí algo saturadillo (reconozcamos que así es). No cabe duda que están hechos con otra pasta -y no hablo de la italiana ni la de los bancos-. Echan horas como nadie para resolver mil y un problemas a clientes que, en muchas ocasiones, defendiendo aquellos su propio negocio, regatean hasta el último céntimo de la factura. Noches y fines de semana, unos tras otros, peleando por mantener las puertas abiertas y el nivel de facturación en un punto donde se diga, bueno, este mes pagamos facturas y llevamos algo a casa.

Sin duda, todos ellos, son personas a las que admirar por su inagotable esfuerzo. Yo escogí ser trabajador por cuenta ajena al tener que poner en una balanza el tiempo, la dedicación y cierta seguridad en los ingresos mensuales, abandonando esa batalla hace ya tiempo. Los trabajadores, yo el primero, solemos mirar a los empresarios como a pequeños ogros, egoístas y usureros que se aprovechan de nuestro esfuerzo para enriquecerse. Evidente es que de todo hay en la viña del Señor -frase típica del abuelo-, pero unas cuantas malas uvas no quitan validez a los muchos que pelean por seguir ahí, presentes como oferta y oportunidad en el mercado. Quizás porque en alguna ocasión recorrí ese camino es que tienen mi más sincera admiración.

Y poco más que contar. Salvo, claro está y que no se me olvide, que estos encuentros son una magnífica excusa para desvirtualizar, poner caras y tonalidad a las letras antes leídas, aunque, lo dicho, siempre falta tiempo. Tiempo. Yo quiero comprar un par de kilos de tiempo. Que me vuelvo a quedar con las ganas de tener esa lista de bitácoras, aunque ya sé que siguiendo la pista, aquí y allá, podría cazarlos uno a uno, pero, es la desventaja de dedicar tus horas a otro a cambio de un salario, que no las puedes invertir en aquello que te gusta. En todo lo que hay que ver, oír, conocer y aprender. A menos, claro está, que ese mecenas aparezca de una vez por todas, que llevo rato esperándolo...

(Cartel original de la convocatoria en el bitácora de Tunel Carpiano.)

lunes, 20 de diciembre de 2010

Más del 90% de Internet, es mentira, según Pablo Motos

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Pablo Motos
Aunque a muchos no les gusta oírlo, es un hecho innegable. La mayoría de las cosas que se publican en Internet son mentiras. Pero más del 80% y del 90%.
Pablo Motos, El Hormiguero, CUATRO, 20 diciembre 2010.

Acto seguido la colaboradora del programa (El Hormiguero) cuenta una retahíla de 4 ó 5 fakes de la red muy cachondos y divertidos, de los que cualquiera, con tiempo libre, encuentra en YouTube.com por puñados, siendo tan útiles para hacer relleno en la parrilla de los programas de nuestro canal habitual.

Sólo Wikipedia contiene más de 17.000.000 de artículos, si se lo ponemos fácil a los guionistas del programa de Pablo Motos, algo más de 600.000 en español. Se los han leído todos. Se estima que hay casi 2.000.000 de blogueros en España (estimaciones de 2007; muchísimos más en castellano, segundo idioma más hablado del mundo mundial). Todos estos se los han tragado también, en una sola noche y de un tirón. Pablo Motos y compañía dominan la técnica de lectura cruzada y así resuelven. Han visitado, además, los más de 1.000.000 de perfiles en LinkedIn, de otros tantos profesionales españoles; los más de 10.000.000 de Facebook; los más de 5.000.000 de Twitter; y los más de 8.000.000 de Tuenti. En revisar el contenido de estos perfiles se invirtió una tarde, casi les anochece. Me han rumoreado que lo hicieron para ver qué se cotilleaba de Motos y el programa, para así asegurar que más del 80% y del 90% de lo que se dice en Internet, es mentira.

La fama de la gama top de los presentadores de las televisiones españolas, asusta. No creo que sea algo propio ni nuevo ni typical spanish, lo sé, pero sin duda es signo del «adocenamiento» social (palabra curiosa, cierto, pero menos ofensiva que «borreguismo»). Desde aquellos memorables inicios de Ana Rosa Quintana y su affaire con la literatura, asunto que terminó por coger sabor a hiel (¡puaj!) hasta la aventura transalpina en Japón de los Jesuses de Gestevisión Telecinco, Vázquez y Callejas, con dramatismo de temporada marca Dolce Gabbana y unos comentarios de estilo Gucci.

Personalmente me produce un inconfesable rechazo la boca de aquellos que ocupando apenas medio metro cuadrado del salón de mi casa aseguran con tanta vehemencia y soltura, durante tanto tiempo, las verdades más espurreas y absurdas. Con la seguridad del experto exponen todo lo que citan y hablan, con una vocalización intachable, con una seguridad aplastante. Dan explicaciones, o lo que es más sórdido, opiniones, que, la más de las veces, en oídos de quienes sí conocen el tema en cuestión, son una colección de variopintas meteduras de pata (peligrosas tanto en cuanto alguien pueda escuchar con interés y asumirlas como verdades).

Pero cuando no tienes ese conocimiento y el presentador de turno afirma así o asado sobre este tratamiento médico, sobre aquella acción política, sobre esa situación economía o sobre Internet y, aunque no nos guste oírlo (porque Motos lo sabe, tras verificarlo, contrastarlo, medirlo y tallarlo), el 80% y el 90% de lo que se dice, es mentira. Recuerda, lo quieras admitir o no, así es, él lo afirma, aunque seguramente saltará al escenario algún friki que criticará sus palabras. Internet es una gran mentira, es el diablo, la heredera del 666; allí sólo quieren estafar y sacar el dinero a tu abuela. Y si critican esa bendita exposición sobre la realidad de la red, no será por la metedura de pata, la falsa y peregrina afirmación, el tradicional mete miedos tan oportuno, hoy, precisamente sinde-hoy, sino porque ese geek que critica al presentador no quiere admitir como verdad irrefutable que, casi todo es mentira.

Todo vale para hacer una sección de cinco minutos fusilando vídeos de baja resolución de algún tube. Sin propiedad, sin derechos, sin nada ni nadie que reclame, es el relleno perfecto para cualquier espacio mata aburrimientos, ávido de contenidos chuscos. La pregunta es cómo sentará a nuestros presentadores, curtos y dados a la opinión fulminante, que se replique con ironía a sus acciones públicas y televisadas. ¿Gustará? ¿Mandarán al abogado de la productora? ¿O tal vez afirmarán que, en Internet, más del 80% y del 90%, es mentira, incluidas, por supuesto, las críticas?

Ahora me falta la opinión del señor Buenafuente que, supongo, no coincidiría con algo tal que así (no muerdas la mano que te da de comer, aunque esa mano huela a los pañales de mi hijo):

Aunque a muchos no les gusta oírlo, es un hecho innegable. La mayoría de las cosas que se sacan por la televisión son basuras. Pero más del 80% y del 90%.

Angel Cabrera, blog.artecar24.com, 20 diciembre 2010.

(Medio día después, aclaro que, muy sabiamente, me han advertido que no de cancha a Pablo Motos y la productora de El Hormiguero. Que esa frase está medida y planificada para provocar cosas como esta crítica irónica que lees. No sabe la productora que si en vez de enlazar los perfiles del presentador o la página del programa enlazo las de Frikipedia lo que se posiciona es ésto y no aquello que ellos quieren. Si la advertencia es fundada, claro. Y si no, también.)

(Algo más de medio día después, aclaro también que, muy inteligentemente, me han informado desde la productora que no, que ni había intencionalidad ni una enrevesada estrategia SEO y que no va más allá de una afirmación tipo "chascarrillo". Y yo les creo, si se me permite, después de todo. Mi ironía tampoco va más allá que la de señalar, de acusica, el excesivo protagonismo y personalismo de los presentadores televisivos, aunque supongo que es lo que debe ser. El clientectador manda.)

(Imagen encontrada en TodoPolicia.com... ejem... en fin... qué te quería yo decir... cómo te lo explico... mejor no preguntes.)




Nuevo, un día después:

Respuesta de Daniel Calamonte, Director de Comunicación de 7yAcción, productora de Tonterías las justas y El hormiguero, publicada con autorización. Desde aquí, gracias Daniel, porque siendo sólo 1 espectador, además eventual, que pasaba por delante de su televisor en el preciso instante, sentirse oído, por lo poco habitual que resulta, es de agradecer.

Hemos leído tu post (y ya de paso el blog). Y quería comentarte un par de puntos, con tu permiso, claro.

La primera es que cuando Pablo dice "el 90% de lo que hay en Internet es mentira" era una expresión y manera de hablar. Es cierto que cuando analizamos los vídeos que la gente nos manda, descubrimos fakes y bromas. Y de ahí la expresión. Estoy contigo que dicha de esta manera, y sacada de contexto, se malinterpreta. Pero no tenemos ninguna intención agorera.

La segunda es que no hay ninguna intencionalidad en nuestras palabras para generar post como el que has hecho y que los enlaces nos "rankeen" mejor en las búsquedas. No entramos en el juego del SEO. Básicamente porque no tenemos ni siquiera un SEO en plantilla.

Quisiera pedirte disculpas por el hecho de que el comentario te molestara como para generar tu post y reiterarte la ausencia de mala intención por nuestra parte.

Sin mas, y poniéndome a tu disposición para aclarar lo que necesites, recibe un saludo.

domingo, 19 de diciembre de 2010

¡Sssssshhh!

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El Silencio

(Si tienes información de esta imagen, quedaría agradecido si la compartieses; me gustaría añadir al pie el nombre de su autor, cualquier referencia sobre su trabajo o el título de la obra.)

jueves, 16 de diciembre de 2010

Del community manager al social media manager

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Community Manager o vende-motos¿Periodista, experto en ventas y relación con el cliente marketing, ingeniero informático, máster en gestión empresarial, un relaciones públicas, profundo conocedor del protocolo, hábil en las técnicas de comunicación y la motivación laboral el coaching, emprendedor activo, joven y sobradamente preparado, adicto a la tecnología, a las redes sociales, un cruce de ingeniería genética entre una geek y un friky o monje autodidacta de la orden del SEO (el posicionamiento web)?

Reconozco que tengo una relación de amor y odio con el perfil del responsable de comunidades (y miro con la misma polaridad a la AERCO, lo confieso). Ya hace algo más de un año, en octubre de 2009, escribía y me preguntaba sobre qué era mejor, en estos momentos, si tener un perfil profesional polifacético o especializado. En septiembre, hace algunos meses, volví a reflexionar sobre el asunto de la profesión en cuestión y relataba como mis últimos 10 años de experiencia profesional habían sido una emigración inconsciente desde la figura del webmaster hacia la de un community manager inconsciente y a tiempo parcial intercalado con unos platos de chico para todo más algo de postre como analista, vigilante tecnológico, motivador, busca soluciones y hasta confesor casual a ratos perdidos. No es que sea amigo de echarme flores inmerecidas sino que en un momento dado, estaba allí, en aquella silla. Justo enfrente, alguien me planteaba un dilema a solucionar. Y los retos son mi motor profesional, de eso peco y luzco, como la mayoría que disfruta con lo que hace.

Después de haber leído mucho de lo que se publica sobre la figura del community manager he de reconocer que es el perfil profesional que ahora mismo más me atrae para ejercer como tal de 9 a 17 a sabiendas de que la cosa tiende a extenderse hasta robar todas las horas del día y parte de las nocturnas (porque tus usuarios no tienen la sana costumbre de dormir en horarios razonables). Si he sacado una conclusión después de mi formación, autodidacta y compuesta por una extensa lista de cursos, jornadas y eventos paralelos en temas afines, más las conclusiones que otros muchos interesados en esta profesión han sacado y han publicado, es que el perfil que más se ajusta es el de chico para todo con don de gentes y ganas de relacionarse y comunicar, hábil defensor de «su» marca y que tiende a disfrutar, cual masoquista, con lo que hace, de manera constante e imperturbable.

Aunque si me quito los vaqueros y me pongo un traje de chaqueta y corbata -cosa que no tengo- más una cara de hombre serio -que tampoco-, me atrevería a afirmar que de los perfiles profesionales ya existentes, quien más se acerca a lo que ahora mismo se pretende sea un community manager es el experto en marketing. Presumiblemente porque la crisis ha dejado a muchos máster de postgrado en el paro y han sido los primeros en darse cuenta que en las redes sociales se vende -lo que forma parte de su trabajo- además de ser una herramienta eficaz para relacionarse con el cliente.

Creo que se comete un error en el uso de los términos, de hecho, creo que se vician y tergiversan interesadamente. Ese nuevo perfil del responsable de comunidades es, en realidad, un gestor de medios sociales o social media manager -que así queda finolis-. De hecho, estimo que son dos perfiles con las particularidades suficientes como para distinguirse uno del otro e, incluso, establecer una prioridad en cuanto a funciones poniendo al primero (CM) a las órdenes del segundo (SMM).

Cada vez que oigo a un community afirmar que toda empresa que se precie debe tener uno y que, además, debe estar, codo con codo, tomando decisiones con la alta dirección de la compañía, se me ponen los pelos de punta, como escarpias. ¿Sabes esa cara arrugada que se te queda justo cuando ves que alguien está a punto de darse un golpe? Pues así se me arruga a mí el entrecejo. ¿Cuando se ha codeado en el organigrama tradicional un director de marketing con el director general en un tú a tú de colegas? ¿No estamos confundiendo las cosas? ¿Imaginas a directores de departamento supeditados a tu asesor fiscal externo? ¿No suena todo esto un poco a locura promovida?

Desde mi modesta ventana de 14 pulgadas me parece ver a lo lejos un ejército de especialistas en vender, vendiéndose y convenciendo sobre la necesidad de algo que se han tropezado casi de casualidad. Como el «descubrimiento» de los virus informáticos, la llegada de los webmasters, el sonado efecto 2000 y la locura del posicionamiento, otra vez, la tecnología ha proveído a unos cuantos de la excusa perfecta para, en alguna que otra ocasión, vender humo de colores (reconoce que es así, que sé que estás leyendo este artículo de opinión a escondidas de tus colegas de la asociación).

Al igual que tu relación con los clientes se reparte a lo largo de tu estructura empresarial, desde el que abre la puerta, pasando por el que convence sobre las bondades del producto o servicio, hasta llegar al que factura, reclama los impagos o da servicio post-venta arreglando eso tan bueno que tienes en tu catálogo (pero que no comprarías para ti), esos mismos procesos puedan llevarse a los entornos virtuales repartiendo su ejecución a través de la misma estructura, allí donde se puede y en el nivel que sea posible. Desde esta perspectiva, muchas de las tareas que se pretenden monopolizar en la figura del community manager no estarían justificadas. Y eso no es bueno para el negocio.

Salvo que entendamos que al igual que un director de marketing, un social media manager es necesario para coordinar nuestra imagen y presencia digital, para establecer un plan de comunicación por y para los entornos virtuales que debe amoldarse como un guante a la misión, visión y objetivos de la entidad, y que, un escalón por debajo, en el soporte técnico, un community manager es el machaca, el currante a las órdenes de éste, el que hace efectiva esa relación, mantiene en funcionamiento las herramientas que dan soporte a la citada planificación, vigila su impacto, lo mide, lo evalúa y hace saltar las alarmas. Vamos, el mecánico y el chófer, todo en un mismo paquete, pero desde luego, no el jefe de jefes, mal que le pese a los socios de la asociación. Ya me entiendes.

(La irónica viñeta del inigualable ilustrador Juan Ramón Mora. Visítalo y disfrútalo en JRMora.com. Encontrada, por cierto, en el bitácora de Fernando Tellado, Navegando con Red.)

miércoles, 15 de diciembre de 2010

¿Por qué aportar (donar) 1 euro a Wikipedia?

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Wikipedia en tus manos¿Cuántas veces usas Wikipedia? ¿Al día? ¿A la semana? Mucho se ha hablado de esta magna obra inconclusa, idea de Jimmy Wales, uno de sus fundadores, quizás su cara más visible y pública. Sus momentos de gloria así como los momentos críticos se han ido sucediendo a lo largo de estos últimos 10 años, con algunas sonadas broncas entre sus usuarios y los periodistas, que reniegan de ella a la par que la usan como fuente fiable.

¿Qué es? Porque la usamos cada día, sí, sobre todo porque Google prioriza los resultados de esta gran enciclopedia electrónica cuando se buscan términos concretos o nombres de grandes personajes, por ejemplo, pero no conocemos lo que hay detrás.

La idea de Wales es simple, un diccionario enciclopédico, en línea, editado por una numerosa comunidad de usuarios de manera voluntaria, en todos los idiomas posibles, que aglutine el conocimiento humano, como nunca antes se ha visto, poniéndolo a disposición de cualquiera que desee acceder a él.

Las cifras, a día de hoy, ahora mismo, de Wikipedia abruman a cualquier predicción realizada hace unos 10 años, cuando se inició el abandonado proyecto Nupedia, su antecesor. En este momento las estadísticas oficiales del proyecto afirman contar con 17.413.641 artículos validados que incluyen 1.929.568 imágenes, con un total absoluto de 65.831.438 páginas en línea (cada hora se crean unos 400 nuevos artículos, 12.000 al mes). Desde su puesta en marcha se han realizado la nada desdeñable cantidad de 1.031.143.289 ediciones de los citados artículos (mil treinta y un millones, por si te pasa desapercibida la cifra, habiendo superado la frontera de los 1.000 millones el pasado 16 de abril) realizadas por una gigantesca red compuesta por 26.690.393 usuarios arbitrados por 4.810 administradores. Todos ellos voluntarios. Sin duda alguna los usuarios de habla inglesa son los más activos -definidos como tales aquellos con 2 ediciones al día de media o más- (15.214 editores activos en español frente a los 134.226 anglosajones).

Los idiomas más representados son el inglés, el francés y el alemán, por este orden, todos ellos con más de 1.000.000 de artículos en su haber, seguidos por debajo de esta frontera, en orden numérico, por el contenido redactado en polaco, italiano, japonés y español (séptimo lugar), siendo, en contraposición, el segundo idioma más hablado del planeta, superado por el chino mandarín, obviamente, y seguido muy de cerca por el inglés. (¡Algo indicará sobre nuestra implicación como colectivo y nuestro sentido de sociedad!)

La diferencia es abrumadora, ahora mismo hay 3.502.318 artículos en el idioma de Shakespeare frente a los tímidos 683.660 de la lengua de Cervantes. Algo que acentúa nuestro tipismo (y vergüenza) es que, al mismo tiempo, la Wikipedia en español es la cuarta más visitada y usada, si bien con, aproximadamente, un 6% del tráfico, frente al 54% consumido por la Wikipedia en inglés. Es destacable el esfuerzo de los defensores del catalán que han colocado el contenido en este idioma en décimo-tercer lugar con 298.730 artículos.

Wikipedia es, según Alexa -según los usuarios de su barrita, para ser precisos-, ahora mismo, el 8º sitio web más visitado en el mundo, a lo que yo diría que viendo la lista de los 7 que la superan, podría considerarse como el primero en contenido útil y final, porque por encima encontramos sólo redes sociales (Facebook, Windows Live, Yahoo, Blogger o YouTube) y buscadores (Google, Baidu); o el tercero si consideramos a Blogger y YouTube como sitios de contenido válido.

Los servidores de la Fundación Wikimedia gestionan, sólo para este proyecto, la ingente cantidad de 8 gigabytes de tráfico de red cada 5 minutos en respuesta a un promedio de 70.000 peticiones (request) de contenido en ese mismo lapsus de tiempo sirviendo varias miles de páginas completas por segundo.

Puedo seguir, aunque la tarea no es sencilla, puesto que hay que indagar en casi una docena de páginas con datos y números, pero aún hay mucho más. Todo esto con el único propósito de hacer notar un pequeño detalle que se nos escapa a sus usuarios habituales. Todo este ingente recurso está a nuestra disposición, de manera instantánea, en el monitor de nuestro terminal, sin coste alguno para nosotros, ni económico ni colaborativo. En otras palabras, Wikipedia no exige el pago de una cuota, como tus canales privados de televisión, ni tampoco exige que aportes contenido para poder acceder al existente -lo que sería más que justo, por otro lado-.

Pero como todo en la vida, nada es gratis. Y sostener toda esta infraestructura tampoco. La Fundación necesita 16.000.000 de dólares (16 millones) que se pretenden obtener de las donaciones voluntarias de particulares y entidades con el objetivo de mantener Wikipedia abierta a la par que libre de publicidad. Hasta el momento han recolectado 9,3 millones. Lo que piden, a sus usuarios, es una aportación para sustentar el proyecto en las mismas condiciones de independencia y libertad que hasta el momento.

Usemos un tópico comparativo para poder apreciar la magnitud de lo que se pide. El gasto militar mundial se estima en 1,46 billones de dólares. Estados Unidos aportó a la banca, en conceptos de ayudas por la crisis, 700.000 millones de dólares (unos 500.000 millones de euros). La Unión Europea aportó más que el concepto del gasto militar mundial en ayudas a la banca por asunto de la crisis: 1,7 billones de euros. Bill Gates tiene una fortuna estimada en 46.500 millones de dólares.

Wikipedia sólo necesita 1 euro o 1 dólar de cada uno de los usuarios que en algún momento la utilizan. En realidad bastaría con muchísimo menos de eso. En 2010 se estima que el 30% de la población mundial es usuaria de Internet, casi 1.973 millones de personas, con un crecimiento exponencial en la última década del 444%. Sólo sería necesario que menos del 1% de ellos aportara 1 dólar para sustentar el proyecto de la Fundación. O lo que es lo mismo, bastaría con que cada usuario de la red aportase 0,008 céntimos de dólar, teniendo en cuenta que no sería nada atrevido afirmar que TODOS hemos usado y nos hemos servido en alguna ocasión de la gran enciclopedia global.

Así que... ¿Y tú? ¿Qué piensas hacer?