Bien, comenzaremos por el principio. Algunos se habrán extrañado por el título del post, pues aquí va la explicación referente a su primera parte, la de ‘iniciativa a dos’. El otro día, hablando y conversando con Ángel, anfitrión donde los haya de su blog y cercanías, decidíamos crear una iniciativa que no se pareciera en nada a la que hace unos meses había llevado a cabo con Convivencia o la anterior con Solidaridad.En realidad lo que no queríamos era un maremágnum de comentarios avisando de que se participaría, cuando ni él ni yo, personas más bien avenidas a la sencillez y el reposo de una lectura sosegada de nuestros feeds, podríamos hacer frente a dicha iniciativa con moderada eficiencia. En otras palabras; hay gente que ha nacido para crear macro-iniciativas, como lo puede ser Senovilla, y otras como nosotros dos, que nos desenvolvemos mejor en posts individuales a la espera de que éstos ejerzan el efecto esperado en nuestros lectores.
Por eso lo de la iniciativa a dos. Y qué mejor para ello que escribir sendos posts sobre el nacimiento y la muerte de los blogs, intercambiarlos y que sean así leídos por los que en teoría no nos leen. Qué mejor fórmula que esa para otorgarles algo más de vida que el simple suspiro que representa su publicación en un post cualquiera.
Y una prueba de ello serán ustedes. Ahora mismo, sin haber llegado aún a tocar el tema sobre el que desarrollar el post, están aquí, leyendo las disertaciones de alguien al que ni siquiera conocen y que ha tenido la mala educación de tampoco presentarse antes de embutirles una maraña de ideas abstractas que seguramente ni siquiera tampoco necesitaban…¿No les parece curioso?
Bien, hecha la introducción al post, hablaremos sobre la segunda parte del título; ‘Blogs, nacimiento y muerte’.
¿Por qué un día, sin aviso aparente, un bloguer decide acabar con su vida cibernauta? ¿Qué le mueve a ello? ¿Qué le empuja a decepcionarse, si ese es el caso, o ha necesitar distanciarse de esa segunda vida que él mismo creó un día sin saber muy bien cómo? ¿Porqué se crea una persona cualquiera un blog? ¿Con qué expectativas? ¿Qué razón hay para abrirse al mundo de una forma tan directa en internet, cuando en la realidad no somos capaces de plantarnos en medio de la plaza del pueblo a disertar sobre lo que nos parecen las cosas que ocurren a nuestro alrededor?
Todas estas son preguntas sin respuesta. Y lo son porque al contrario de lo que ocurre con las matemáticas, sus soluciones son múltiples, o más bien diría infinitas, ya que cada uno comienza su blog por una razón personal y lo acaba siguiendo el mismo camino anterior.
Pero si en vez de hacer cirugía de precisión decidimos matar las moscas a cañonazos y evaluar, muy en general, las razones por las que uno se abre un blog sin llegar a personalizar en nadie dichas afirmaciones, podremos resumir en unas pocas las razones por las que los blogs nacen y un buen día, sin saber muy bien cómo, acaban muriendo entre las manos de quienes los crearon y sus pocos y sorprendidos lectores.
La razón universal que le dará cualquiera para explicarle el porqué se abrió un blog, será aquella que reza que lo hizo para sí mismo. Es una respuesta facilona, que sin llegar a decir nada, consigue que todo el que la escucha la de por buena. Es, como diría aquel, una respuesta abstracta a una pregunta innecesaria. En realidad hay muchas razones por las que abrirse un blog y casi todas se refieren a la autoafirmación que ello supone.
Por ejemplo, si alguien escribe poesía y decide escribir un blog sobre ello, la oculta razón que le habrá movido a hacerlo no será la de escribir para sí mismo, sino más bien todo lo contrario, conseguir mediante su bitácora que otros puedan disfrutar de sus creaciones para saber así qué tan bien o mal lo hace. U otra un tanto más bohemia y cercana al deseo más que a la realidad, saberse leídos y escuchados.
No necesariamente escribir un blog tiene que tener una razón bohemia que otorgue a esa acción una aureola de puritanismo imposible. Los blogs se escriben para que se lean y decir lo contrario, por muchas veces que se repita, no es más que una negación inocente de alguien que aún no ha realizado la prueba suprema; dejar de postear en el blog.
Cuando uno deja de escribir en su blog, pongamos una semana, comprende que en realidad cuando escribía no lo hacía para sí mismo, sino que con ello conseguía interactuar con otras personas, que ancladas también a sus propios teclados, compartían experiencias, arte y opiniones sobre las más variopintas cuestiones y se relacionaba así con gente de la que de otra forma tal vez nunca hubiese escuchado hablar.
Por ello, la única razón verdadera que se nos puede dar que explique con eficiencia el por qué nos abrimos un blog, al menos antes de que existieran las Redes Sociales, es la de la necesidad de interactuar con otras personas que disten mucho de nuestro círculo social. Lo de la razón de la lejanía de nuestro círculo social lo dejó bien claro nuestro común amigo Senovilla hace casi dos meses en su blog con el post ‘Hasta que mi pluma quiera’.
El sentirnos leídos es también un punto importante entre las razones por las que abrirnos un blog. Eso sí, no todo el mundo vale para escribir y a todos se les acaban las ideas más bien pronto que tarde. Al principio uno escribe lo que le apetece y cuando se da cuenta de que lo que escribe gusta de verdad, lo comienza a hacer siguiendo sin querer los deseos de sus lectores.
Por ejemplo si no les gusta tu poesía pero cuando hablas de otra cosa el post asume una importancia tal que los comentarios y los retuits se desbordan, la poesía ira decreciendo paulatinamente en sus apariciones hasta quedar como un elemento residual del blog. Evidentemente, si nunca has probado a escribir sobre otra cosa que no sea la que atañe a la temática que tú mismo te impusiste al comenzar en el blog, no lo sabrás.
La razón universal que sí nos explica el por qué nos abrimos un blog es ésta, la de sentirnos leídos y la de relacionarnos con otra gente que pueda pensar diferente pero con la que se pueda hablar, conversar y discutir si es el caso, a sabiendas de que nuestra vida real, la que se realiza lejos del ordenador, permanecerá alejada y a buen recaudo, protegida así de las inclemencias que temporalmente puedan ocasionar nuestras relaciones cibernautas con otras personas.
¿Y cuando comienza a morir el blog?
Eso depende de en qué momento decidamos poner la línea. Muchos te dirán que la mayoría de los blogs comienzan a morir cuando escribir deja de ser una prioridad para sus administradores y ésta pasa a ser la de la acumulación salvaje de visitas.
Publicar por publicar para aparecer en el Time-line de los demás. Publicar cualquier cosa que nos llegue a las manos. Dejar de discriminar contenidos para dotar al blog de un volumen de contenido que indefectiblemente acabará con el ahogo de su esencia. Todas estos son síntomas que invariablemente se convertirán en la enfermedad que hará sucumbir al blog en una muerte lenta y desnaturalizada que los destruirá a él y a su administrador.
Y es ahí cuando la afirmación al principio desechada por mi, esa de que el blog se escribe para uno mismo, cobra el valor que de verdad tiene. Tal vez el blog se escriba para los demás y para sentirnos leídos, pero cuando para conseguir eso hay que venderse al diablo publicando cosas que sólo los lectores demandan y no su autor, la sentencia de muerte queda dictada no para una ejecución inmediata, sino para un largo plazo que será el que necesite el autor para darse cuenta de su error.
Por eso hay blogs que un día desaparecen. Son blogs que están administrados por gente que al final se ha dado cuenta de que lo que estaba haciendo no era precisamente lo que ellos deseaban. Personas que se dejaron llevar por las lluvias de visitas, por las recomendaciones de otros, por las formas de ver las cosas de personas ajenas a sí mismas y que prácticamente se vieron obligados a seguir dictámenes ajenos a ellos para mantener unos vínculos que precisamente en ese instante deberían haber roto de cuajo. Son bloguers desencantados con el camino recorrido que deciden borrarlo sin explicación alguna a sus falsos lectores.
Otras veces los blogs mueren simplemente porque sus autores se quedaron sin ideas. Si todo el mundo pudiera escribir eternamente sobre lo que fuera, entonces todo el mundo sería un escritor profesional. Sólo cuando el blog adquiere la condición de multi-temático puede mantenerse vivo a lo largo de los años en la blogosfera, ya que sólo así su autor puede evadirse de su falta de inspiración abordando nuevos temas con los que mantener la rutina de su bitácora personal.
Y otras veces, la razón por la que un bloguer decide acabar con su blog no es otra que la de la impotencia que supone el no sentirse leído. Esas cosas pasan cuando tus lectores no comentan o comparten tus posts. Cuando el bloguer en cuestión es incapaz de comprender que no todo en el mundo es digno de comentarse o compartirse en otras redes sociales. Cuando el bloguer comprende que en realidad nada de lo que dice consigue arrancar en sus pocos lectores una reacción que el tome como consecuencia de su escrito. Cuando finalmente ve que por mucho que se esfuerce, la gente que pulula por internet lo ignora e incluso da fe de que ni siquiera saben de su existencia.
Estas veces los bloguers que cierran sus blogs son personas que no han sabido expresarse en sus bitácoras. También son personas que se han cerrado a una forma personal de ver los blogs y que no han querido evolucionar como lo han hecho los de su alrededor.
Al final, como dije al principio, los blogs nacen y mueren por miles de razones y pocas veces o ninguna podremos atribuirle una sola a una defunción. Las personas que en la vida real sí que son capaces de conversar y abrirse a las personas de su alrededor con eminente facilidad, tendrán blogs cuya mantención en el tiempo estará asegurada no por la calidad de los escritos que éstos aporten a sus bitácoras, sino por la propia esencia de sus autores, predispuestos a conversar y relacionarse de tú a tú con los lectores haciéndoles partícipes de sus experiencias sin dejar que éstos tomen las riendas de sus blogs.
Los bloguers que se cierran en banda a una apertura sincera a sus lectores, por ejemplo los que deciden vivir bajo un pseudónimo cuando en realidad en sus blogs no se dice nada que los pudiera comprometer en su vida carnal, son blogs que poco a poco perderán lectores a manos llenas. Y ello es debido a que los lectores, siendo como son personas que evolucionan en su vida bloguera como lo hacen en la real, comprenderán que la falta de sinceridad y conocimiento del autor que desprenderán esos blogs es tal, que relacionarse con ellos será como si se dispusieran a comenzar una conversación con un encapuchado en una oscura y desierta esquina de una ciudad cualquiera.
Los blogs hasta pueden morir de éxito. Y pueden morir también de inanición. Un blog puede morir por millones de motivos. Lo único que nos tiene que preocupar de verdad es por qué podría morir el nuestro y cuantas posibilidades hay de que eso ocurra si no nos mantenemos firmes en nuestra forma de escribir y ver la blogosfera. Hay que hacer caso de los lectores, pero nunca comprometer la esencia de nuestro blog por culpa de las modas o las críticas que podamos recibir. Sólo cuando un lector percibe cierta personalidad en la bitácora que está leyendo la acepta como tal y la acaba siguiendo.
Al final todo se resume en unos pocos puntos (sí ya se que lo podría haber dicho al principio y así haberles ahorrado este ladrillo insoportable):
- Los blogs son parte de uno mismo y como tales hay que tomarlos. Por tanto, desnaturalizarlos convirtiéndolos en algo que nos es ajeno, es el camino más directo al fracaso que existe.
- Escriban de lo que quieran, sobre lo que quieran y siempre intentando hacerlo lo mejor posible y verán como sus blogs crecen paulatinamente con el tiempo.
- Sucumbir a las estadísticas es otro error. Es mil veces mejor tener cien buenos lectores que cien mil visitas que si quiera leerán lo que al final se haya escrito en el blog.
- Escriban para sí mismos porque sólo así se asegurarán de que la esencia de su blog perdurará a lo largo de los años.
- Y por último y más importante, discriminen el contenido de su blog y aquello que deseen compartir. Aprendan que no todo es publicable o compartible en las redes sociales. Ayuden con su granito de arena a hacer de la blogosfera un lugar de conocimiento en lugar de un caos de posts repetidos y faltos de personalidad como es eso en lo que se está convirtiendo.
(Imagen encontrada en RaulRico.com.)


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Dicen, yo también
Tengo un dilema con las fiestas navideñas, la verdad. Reconozco que las luces, el color rojo, el fresquito, el calor humano, las buenas intenciones, los mejores deseos, el cariño, la amistad. Es un todo que luego, pasadas estas fechas, tú, yo y
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