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| Viñeta del maestro Forges. |
Te confieso algo, este pasado domingo me perdí una buena movida impulsada a través de las redes sociales. Me gusta ser testigo y, si es posible, partícipe, de aquello que nace de colectivos sociales sin liderazgo claro, que coincide con mis criterios existenciales, por decirlo de alguna manera fissna. Fue un domingo de offline absoluto, de familia, hacer el vago en la hamaca, recostado bajo dos hermosos flamboyanos, plantados de semilla con estas manos hace ya unos cuantos años... Es decir, estaba viviendo a otro ritmo.
Y mientras eso ocurría en mi minúsculo rincón del planeta, algo se estaba cociendo este pasado 15 de mayo en unas 40 grandes capitales de este país, miles de manifestantes, convocados de manera espontánea a través de las redes sociales, tomaban las calles de manera pacífica bajo el lema democracia real ya (si sientes curiosidad, atrévete a leer el manifiesto que hay tras este movimiento ciudadano).
Se vio el domingo y se viene observando en estos dos últimos días, en las acampadas, sentadas y las nuevas concentraciones, mucha gente joven que rompe, de esta manera, con el absurdo mito del ni-ni para construir un nuevo lema, el de los ni indiferentes ni ignorantes. Pero también había por allí abuelos, maduros profesionales independientes, funcionarios, desempleados de todo tipo y condición, progresistas, conservadores, creyentes, ateos y una estupenda amalgama sociocultural (recomiendo leer la crónica de ReadWriteWeb.es) que pide el fin del bipartidismo, la representación directa, la honestidad en la ejecución del cargo público y electo, la lucha contra la corrupción en todos sus colores y formas y, sobre todo, una administración por y para las personas y no un gobierno facilitador y al servicio de los intereses de las grandes corporaciones.
Habiendo escrito ya sobre todo esto, me centro ahora en las reacciones de los estamentos tradicionales y su perplejidad a la hora de afrontar, relacionarse con este nuevo jugador, ahora presente en el tapete del reparto de poderes gracias a una cosa que se suponía tendría que servir para controlar y fomentar el consumo y que está favoreciendo, realmente, mal que le pese a unos cuantos pesimistas y detractores, las conexiones y la comunicación. Ahora, tú o yo mismo o los del #nonosvamos, tenemos voz, que si no es oída por los partidos, las administraciones y los medios tradicionales, sí es escuchada, y de manera muy activa, por otros ciudadanos, con similares o parecidos intereses e inquietudes.
En estos dos días he sido testigo maniatado de todo tipo de frases y explicaciones en boca de periodistas, de uno y otro color, tradicionales en sus formas y discursos, que realmente no tienen ni puñetera idea de cómo abordar e informar sobre lo que está ocurriendo. (Y digo maniatado porque se desvelan sus palabras en aquellos medios donde sólo puedo recibir, pero no emitir mi propio juicio.) Están desorientados porque no hay un gabinete de prensa al que llamar. No hay ningún representante de tal o cual organización. Su informador no es ya una organización, son miles de ciudadanos juntos, miles de voces. Cómo transliterar ese mensaje, máxime cuando lo que se espera es un comunicado oficial de algo, desde algo. Eso desestabiliza su estatus de informador profesional. Afirmaciones que van desde el «creo ver ciertos tintes antisistema y anarcoides que no me gustan» hasta el «si no nace un líder claro y se organizan, el movimiento se desvanecerá en poco tiempo» demuestran su incapacidad para entender los hechos.
Frases apocalípticas como «habrá que ver quién está detrás de todo esto» siguen demostrando que las burradas y estupideces que se han vertido y se seguirán vertiendo en los próximos días, ojalá que semanas o meses, en los medios tradicionales (unidireccionales) serán recordadas en unos años como aquellos graves errores de información que pusieron el punto y final al periodismo tradicional y de masas. La incapacidad de nuestros informadores, honrosas excepciones que han sabido seguir la noticia a través de los canales donde se genera -las redes sociales- a un lado, sólo se debe a un motivo, son absolutamente incapaces de entender las implicaciones que trae Internet bajo el brazo. El gran cambio que ha introducido como medio de comunicación masivo: la bidireccionalidad absoluta.
Otro ejemplo que roza la repugnancia y resulta ser un atentado a la inteligencia más simple es el intento electoralista de barrer este movimiento hacia determinados colores políticos. Intentos que no sólo se observan entre el PSOE o Izquierda Unida, como quieren pintar aquellos que intentan disfrazar los hechos con tintes ideológicos («son gente de izquierdas descontentos con»). El Partido Popular parece estar feliz porque, también abocado a no entender la semilla de lo que hoy se siembra entre la ciudadanía, cree que son disidentes, votantes del PSOE que abandonan ese barco. Nada más lejos de la realidad. Unos y otros no entienden que están frente a una ciudadanía indignada, formada y organizada sin liderazgo evidente. Ciudadanos que a diferencia de las otrora generaciones que lucharon contra situaciones de injusticia, hoy pueden hablar, susurrar, comentar, sin sentirse observados ni manipulados ni coaccionados.
Y, por último, lo más importante. Creo que es lo más relevante de toda esta marea de gritos de indignación. Rogaría al periodista o político de turno que tenga a bien acercarse por estas palabras que lo lea muy despacio. NO es un movimiento contra la democracia. NO se promulga la abstención, tampoco (puede que haya personas que vean ésta como una forma de protesta pasiva). En realidad se trata de votar, pero de manera alternativa.
Hoy, a cuatro días de las elecciones, te invito, como simple ciudadano, como uno más, que tiene una voz y un voto, a que des una oportunidad a nuevos políticos, que des paso a los que quieren traer otras ideas y otras maneras o al menos tienen la intención. Pueden equivocarse, pueden resultar tan deshonestos o corruptos como los de siempre, pero serán otros y serán, son, una nueva oportunidad. Vota por cercanía, vota por ideología, hay un amplio abanico de partidos de tercera o cuarta fila que están ahí, esperando recibir tu apoyo.
Vota a otros y observa lo que ocurre durante los próximos cuatro años. Si no funciona, al menos habremos ganado algo. Estoy seguro de que todos los que han hecho de la política, su profesión, habiendo perdido o visto peligrar su sillón, repensarán lo que están haciendo, repensarán sus discursos, repensarán sus mentiras, repensarán su estúpido populismo de manual. Como bien decía Rajoy hoy en un mitin, «es fácil desacreditar a los políticos, pues les diré que yo llevo 30 años en la política...», no creo que haya que añadir mucho más para entender de qué se habla y contra qué se dirige la indignación popular.
Todo queda en tus manos.
(Yo tampoco sé lo que es el dispar y heterogéneo movimiento democracia real ya, pero sí sé lo que NO es. Y desde luego NO es lo que se ha afirmado en estos días, tanto desde la clase política como por el periodismo despistado.)

5 comentarios:
Muy buen artículo, y acertada reflexión...
Saludos
Mark de Zabaleta
Sólo tengo una preocupación... que los partidos mayoritarios necesiten de los minoritarios y traguen, como siempre, para tocar pelo.
Serán cómplices de PPSOE y vendidos de una noble causa que les apoyó.
Un abrazo
Es muy probable Javier, pero la experiencia, me parece a mí personalmente, nos dice que los gobiernos en coalición y pactados han dado mejores frutos que los "totalitarismos democráticos" :)
¡Con la que está cayendo en España y nadie salía a la calle!
Si esto lo hubieran hecho los sindicatos antes...Pero no se trata de protestar contra el sistema sino contra los incompetentes que lo dirigen.
No me importaría que la casta política tuviera los privilegios actuales si realmente se ganaran el sueldo.
Si yo no pido gran cosa tampoco, austeridad -que no recortes-, honestidad -que no cojan lo que no es suyo- y buena gestión -en vez de recortar tanto para seguir gastando mal, gastarlo bien-. No es mucho pedir, creo.
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