sábado, 9 de julio de 2011

Mundo Twitter, de José Luis Orihuela, en Tenerife

Voy a reconocerlo, tenía al profesor José Luis Orihuela por uno más del círculo de expertos en medios sociales virtuales que hay en España. Ya sabes lo que eso significa, dicho con ironía. Mensajes taxativos y lemas agoreros mezclados con algún que otro «estoy en la T4». Ciento veintinueve mil almas lo escuchan en el mundo de Twitter y eso ya, para los que tienen algunos prejuicios como el aquí expresado, como quien aquí lo confiesa, lo etiquetaban.

Pero lo que encontré hoy en el salón de actos de la sede principal de la Mutua de Accidentes de Canarias, un hermoso edificio de estilo ecléctico de 1905, conocido como La Casa Elder por haber sido la antigua sede de la naviera inglesa Elder, Dempster & Company, fue a un profesor de la Universidad de Navarra, autor del bitácora eCuaderno, apasionado por lo que transmite y lo que explica, convencido por el poder de cambio de un mundo virtual, que no es físico, pero es real.

Muy a pesar de mis prejuicios allí había un experto, sí, pero cercano, sincero en su mensaje, convincente pero sin intenciones de vender, de humor inteligente y fácil palabra. Alguien que vino a presentar un libro, Mundo Twitter, y que se olvidó hablar de él hasta que la organización le invitó a contar en unos minutos cuál era su contenido.

Allí acudimos algo más de medio centenar de personas para estructurar y dar sentido a lo que de una manera u otra intuimos y percibimos con cada tweet, sobre los cambios que Twitter está introduciendo en el mundo de la comunicación pública (podrás recopilar un resumen a través del hashtag #mundotwitter o en un artículo publicado en Conducta 2.0) para pasar luego a una sesión de debate o más de bien de preguntas al ponente, mucho más interesantes, si cabe, que la exposición previa.

Comparto con Orihuela una preocupación, o más bien reflexión, sobre el enorme impacto social sin referente histórico anterior, que los nuevos mass media, aunque sean bidireccionales, están teniendo sobre todos nosotros en un brevísimo espacio de tiempo. Impacto que lleva aparejado, bajo la manta, un poder enorme sobre las relaciones de millones y millones de personas. Todo esto en manos de una empresa privada ubicada en un país determinado, que no empodera al usuario con sus datos sino que lo utiliza para apropiarse de algo tan íntimo como es el pensamiento, la vivencia y la experiencia individual.

Algo de difícil solución, si no ya una batalla perdida, que pasaría por la popularización de redes sociales abiertas donde el usuario mantuviera la propiedad del contenido de su perfil y pudiera emigrar de una plataforma (o medio) a otra sin ningún tipo de impedimentos.

Después de la charla y el debate tuve la oportunidad de compartir mesa en La Gastroteca con una veintena de blogueros y twitteros de las islas. Además de con el propio ponente y los responsables de que pudiera disfrutar hoy de sus palabras, el equipo de Learn & Show, con José M. Rodríguez, Julio Pérez-Tomé y Luis Azcona. Y, no me quiero olvidar, Oliver Serrano, que me dio la oportunidad de estar en el almuerzo, él dice que por bloguero influyente, yo no lo creo, más bien por «persistente escribiente».

Fue un momento para seguir escuchando a un Orihuela con evidentes signos de cansancio pero que en ningún momento dejó de responder con amabilidad y atención a las preguntas de los presentes. Pero, sobre todo, un momento excelente para desvirtualizar y poner presencia física y voz a lo que hasta ese momento eran mensajes de 140 caracteres o artículos en bitácoras. Algo que, me parece, resulta vital para crear nuevas sinergias en lo local, generar puntos de encuentro y potenciar dinámicas futuras entre un grupo de profesionales y desinquietos que van un paso por delante.