
En social media hay vendedores de humo, sí. Como los hubo con la etiqueta computer programmer hacia finales de los ochenta, cuando bastaba saber BASIC y COBOL para cobrar sustanciales sueldos. En la profesión de los teclas, como en cualquier otra, es un hecho reiterativo que surge con cada ola de innovación importante.
Ahora rasgamos las vestiduras propias y ajenas porque ya olvidamos ejemplos previos como el boom de asesores en implantación de la ley de protección de datos, ocurrido casi 10 años después de aprobada la susodicha que lo originó. También vivimos una explosión de webmasters hacia finales de los noventa. Y en otro sector, paralelo, el de los agentes de certificación de normas de calidad.
Cuando terminé Informática de Gestión, año 1989, ser programador era como ser druida, manejando aparatos misteriosos, hablando de unas cosas que casi nadie entendía y con unos conocimientos casi místicos. Mi primera oferta de trabajo -modificar un programa en BASIC- la tuve con 16 años. Mi primer voto en unas urnas y mi primer contrato laboral con 18 primaveras. Pero tan solo 22 años después, en 2011, pueden encontrarse programadores en la cola del paro o ingenieros que tienen su primera vez cumplidas las tres décadas. Con el social media ocurrirá lo mismo.
¿Cómo funcionan los vendedores de humo? Hay cierto y prestigioso SM manager, director de equipos de communities, antes experto en gestión de recursos humanos, al que un día le pregunté, ¿qué harás cuando se acabe la burbuja? Su respuesta fue clara y transparente, excesivamente sincera, casi inconsciente: ¡pues, a otra cosa!
Los evangelizadores
Lo dicho arriba, con cada innovación técnica que implique un nuevo modelo de gestión o de ejecución de procesos o que haya generado una nueva necesidad/demanda de servicio aparecen los evangelizadores, una primera ola de técnicos que van prodigando el mensaje de la buena nueva.
Algunos son tomados por locos, los primeros, a menudo profesores de Universidad o con algún tipo de salario fijo. Justo después llegan los que se convierten en gurús, voluntaria o involuntariamente. Enrique Dans es un claro ejemplo en nuestro campo y en España. Idolatrados por las primeras masas de early adopters (y odiados por los que lideraban tecnologías ya maduras en ese punto de cambio).
Los lobos (los vendedores de humo)
En cuanto todo esto sucede, si alcanza una masa crítica lo suficientemente ruidosa, despiertan los lobos, son los verdaderos vendedores de humo. Su expertez no está en dominar tal o cual tecnología sino en aprovechar las olas de innovación en su punto caliente, cuando se genera una fuerte demanda dispuesta a pagar lo que haga falta, al mismo tiempo que no hay oferta suficiente.
Se cuelan en esa rendija económica y actúan. Prodigan los beneficios al igual que los evangelizadores pero a diferencia de aquellos su meta no está en enseñar algo que les apasiona, su fin último es presupuestar. Y hacerlo a precios astronómicos. No hará falta recordar los millones de pesetas que la administración pública pagó durante años por tal o cual portal realizado en HTML plano.
Son las primeras víctimas. Secretarios generales o viceconsejeros que aspirando a tener mayor peso en sus partidos se dejan encandilar por los beneficios y las maravillas de la última novedad.
Los profesionales
Son la tercer fase. Desde mi punto de vista, es el momento actual del social media.
Un conjunto de técnicos se dan cuenta que por su experiencia y trayectoria pueden encajar en ese nuevo escenario. Puede que atraídos por la propia tecnología o por una expectativa profesional de futuro aprenden y se adaptan, comenzando a ejercer la nueva profesión.
(Las profesiones surgen cuando hay una necesidad que empieza a demandar atención específica, de ser puntual o anecdótica pasa a tener presencia constante. Es satisfecha por un grupo de personas que empiezan a dedicar todo su tiempo al ejercicio de ese nuevo tipo de tareas y por las que reciben una contraprestación. Los primeros que llegan van mejorando los métodos que transmiten a la siguiente generación. Nace una profesión. Si la masa de nuevos profesionales tiene el peso suficiente se estandariza y se hace oficial.)
Los primeros profesionales sufren los ataques despectivos de los vendedores de humo, los lobos, porque aquellos quieren mantener el máximo tiempo posible su nuevo estatus. Si crece la oferta bajan los precios y el festín termina.
Es el punto donde los métodos y procedimientos se estandarizan, la profesión se enmarca en unos parámetros claros que pueden ser transmitidos, primero a través de formación no reglada, luego la Administración suele tomar cartas en el asunto y la oficializa. En este momento la existencia de la nueva etiqueta es innegable. El último paso es su integración en convenios laborales.
Los titulados
Es la próxima fase del social media, su punto de maduración. Ocurre siempre. La profesión se ha enmarcado en unas fronteras definibles. Se sabe qué hacen, para qué lo hacen, dónde encajan, qué objetivos tienen, incluso se estandariza los ingresos que genera para el profesional titulado.
La formación no reglada primero y la reglada después certifican a los recién llegados. Unos atraídos por el propio ejercicio de la actividad, habrán encontrado algo que les apasiona. Son los que la harán madurar y avanzar. Otros, por las promesas de nuevas oportunidades y un mercado que aún sigue creciendo (el de los programadores continúa haciéndolo, 50 años después de su nacimiento en las universidades).
Conclusión
Así que, si me preguntas si hay vendedores de humo, sí, te diría que sí. Lobos que ahora mismo, en social media, están viendo con pavor como llega la tercera fase, la de los profesionales. Ese es el motivo de la publicación de tantos artículos atacando la profesión. Es la primera reacción de los obligados a repartir y hacer hueco, intentar que ningún otro comensal se siente a la mesa. Pero es inevitable.
Lo suyo es que, en un par de años, muchos de los que hoy vemos en seminarios y congresos, de los que son perseguidos e idolatrados en eventos de ámbito nacional, estén... ¡a otra cosa!
(Imagen del disfraz de la tienda Birlibirloque.)
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