
Pero, desde la perspectiva del uso individual y al margen de lo que las marcas quieren o lo que los equipos de marketing, con su extensión digital en la figura del community manager, pretenden, lo recomendable es tener un objetivo, un por qué y para qué del uso que damos a las redes sociales.
Sean estas generalistas, como Facebook, orientadas a gestionar las relaciones personales como base (aún con todo el entramado de fanpages, insights, ads...), de contenido como Twitter o YouTube (sí, nuestro Twitter es una red de contenidos sobre la que se construyen relaciones), con orientación profesional generalista, como LinkedIn; o verticales, como Autonautas, de reciente aparición -sobre apasionados del automóvil-, o TrendTation -moda-..., es decir, indistintamente del ámbito de la comunidad a la que te unes, más que por inercia, deberías entrar con ese por qué y ese para qué muy bien definido.
Dado el paso de decidir dónde estar, te toca definir cómo estar. ¿Qué imagen quieres dar de ti? ¿Profesional, personal, lúdica, un batiburrillo? Todo es posible. Pero mantén cierta coherencia. Si elijes utilizar LinkedIn para reforzar tus alianzas profesionales o tener una mejor oportunidad laboral, deja a un lado la informalidad, aleja tu privacidad familiar de ese entorno, no por ocultar ni porque vayas a dejar de ser tú mismo, sino por algo más simple, no toca, como diría un buen amigo.
Sabes dónde estar, con su por qué y su para qué, además has definido cómo, es decir, las características de tu conversación en esa red social concreta, consecuencia también de esas dos preguntas, llega el paso de a quién seguir. Y es aquí donde se cumplen el título de este artículo: quien tiene un timeline tiene un tesoro.
Para los neófitos, se entiende por timeline a la relación de publicaciones, mostradas en orden cronológico, de aquellos a los que sigues. Cuando accedes a Facebook, lo primero que ves es tu timeline (aunque en esta red este término no es de uso común, es lo que se denomina muro). Si vas a tu perfil, el muro se limita a lo que tú publicas, no lo que publican tus amigos. En Twitter sucede otro tanto, una vez identificado, accediendo al sitio web verás tu timeline (aquí sí, el uso del término es generalizado), mientras que accediendo al sitio web, barra, tu usuario, verás sólo tus publicaciones.
Esto quiere decir, que tú, y sólo tú, tiene la responsabilidad de lo que ocurre en tu timeline (o muro). Tú eres quien decide qué contenidos aparecen de manera habitual (siempre hay sorpresas esporádicas) porque, implícitamente al seguir a otro decides escuchar, aún involuntariamente, sus aportaciones.
Si tu timeline está construido en base a tus intereses (personales, profesionales o lúdicos), así es el contenido que recibes y, en consecuencia, el valor que te aporta. Si en Twitter decides seguir a clientes vas a estar vigilando sus intereses y haciendo, indirectamente, gestión de relaciones; si decides seguir a la competencia o a colegas de la profesión, vas a recibir una formación y reciclaje continuo -facilitas la generación de oportunidades-; si decides seguir a tus amigos y conocidos conviertes Twitter en un chat, tú chat. Lo mismo ocurrirá en otras redes sociales, sean las que sean, orientadas a relaciones u orientadas a compartir contenido, generalistas o verticales. La idea básica es siempre la misma.
Si te quejas porque recibes muchas invitaciones a juegos raros que no te interesan, publicidad no solicitada, te invaden con contenido que no te aporta nada, el problema no es la red, porque ésta es sólo un medio, una herramienta, el problema es cómo escoges a quién seguir. Ocurre lo mismo en la vida real. Si te rodeas de personas que te vacían, te vician, te negativizan, ellos no son los responsables del resultado, el problema es que tú decides mantener o aceptar que esas relaciones entren en tu vida.
Al final, una red social en Internet es una herramienta informática, vacía, que no aporta nada, que sólo sirve para gestionar algo que llamamos relaciones o para compartir algo que llamamos contenido. Es en ese momento, cuando la dotamos de sentido, la contextualizamos. No te escudes en lo mal que funciona ésta o aquella y empieza por tomar decisiones. Empieza por esos por qué y para qué para luego decidir el dónde y el cómo para finalmente tener claro a quién. Y no pongas excusas.
1 comentario:
Se trata de saber gestionar un compromiso adquirido...
Saludos
Mark de Zabaleta
Publicar un comentario en la entrada