Una buena manera de abstraerse de los manipuladores discursos políticos, y no entro aquí en su color ni su tendencia, tras los resultados de unas elecciones es acercarse a los hechos a través de los números.
Observándolos uno hace una mueca de incredulidad cuando oye a los líderes del Partido Popular alardear de su aplastante victoria cuando sólo han crecido algo más de un 5% en número de votos, unos 500.000, que puede ser valorado como mucho o poco, todo según la boca, pero que se relativiza, y mucho, cuando se compara con la pérdida en electores del Partido Socialista, con una caída del 38%, unos 4.000.000 de votos.
La conclusión, pues, no es que el PP haya obtenido una aplastante victoria, un increíble crecimiento en votos. Siguen teniendo sus 10 millones de incondicionales, casi 11 este año. Es su techo natural. Y ya saben y afirman los sociólogos que el voto conservador es fiel y poco crítico, se compartan algo así como hooligans. La realidad numérica nos dice, por contra, que ha sido el PSOE quién ha sufrido una abrumadora pérdida. Si así ha sido es porque así lo han merecido, las urnas hablaron y el pueblo manda, pero en todo caso, el PP no gana, el PSOE pierde.
Otra curiosa circunstancia es la representatividad de nuestro Parlamento. Decía ayer el señor Llamazares que la Cámara Alta, el Congreso, es un órgano de representación de ideologías, de programas, y que corresponde a la Cámara Baja, al Senado, la representatividad regional. Sin embargo, el sistema mixto utilizado para elegir a nuestros diputados, pondera la territorialidad en la representatividad de los votos al tiempo que beneficia a los partidos mayoritarios, el criticado sistema D'Hondt. Fomenta el bipartidismo de manera arbitraria e irreal, dicen algunos que facilita la estabilidad mientras que, a mi modesto juicio, dinamita la representación real que debería dimanar de la decisión de los electores.
Y basándome en esta descripción, a mi modesto juicio de nuevo, acertada, de lo que es nuestro Congreso y nuestro Senado, cojo la tabla de números y frecuencias relativas, cuestionándome, cuando menos, esa legitimidad de las mayorías de los grandes partidos. Uno ve cosas tan interesantes como que el PP y el PSOE, con el 44% y el 28% de los votos, respectivamente, obtienen el 54% y el 31% de los diputados. ¿Cómo lo justificamos? ¿Cómo lo explicamos?
Otro de los mitos es aquel que afirma que los partidos nacionalistas, que sólo se presentan en circunscripciones delimitadas geográficamente, son los más beneficiados a través del viciado sistema. No es cierto. Los porcentajes de votos obtenidos y los porcentajes de diputados que se sentarán en el hemiciclo son muy similares, sólo distanciados en décimas.
El sistema parlamentario español no está pensado para perjudicar al Partido Nacionalista Vasco, a Coalición Canaria o a Convergència i Unió. No, en absoluto. Está pensado para perjudicar a los terceros de la lista, de ámbito nacional. Son Izquierda Unida, por tradición, y ahora Unión, Progreso y Democracia, quienes no obtienen la representación real que le es dada a través de las urnas.
En el caso de IU, mientras ha sido apoyado por casi el 7% de los votos, el partido sólo ocuparán el 3% de los escaños. Ya lo dijo el señor Lara, su grupo no debería tener 11 sino 25 diputados. Y en el caso de UPyD, otro tanto, un más de lo mismo, un nuevo tercero en disputa, que habiendo experimentado un crecimiento en número de votos espectacular, habiendo obtenido el apoyo de casi un 5% de los electores, sólo estarán representados por el 1,4% de los diputados.
Es decir, PP y PSOE roban representación a una parte de los votantes de este país. Hay electores que han depositado en las urnas papeletas con los colores de IU y UPyD pero que sentarán a señoras y señores de los partidos mayoritarios. Flaco favor se hace a la democracia y poco ejemplo dan nuestros grandes partidos cuando saturan sus bocas defendiendo un supuesto e intachable sentido democrático mientras que al mismo tiempo niegan el corregir esta situación.
Claro que, caso de dar ejemplo, quizás se hubieran visto en la tesitura de tener que negociar, gobernar por la vía del consenso. Y eso no gusta, lo fácil, lo cómodo, es hacerlo por la vía del decretazo. El tiempo nos dirá. Pero al menos que seamos conscientes de lo que cuentan los números. Y en cifras, en número de votos, el Partido Popular NO tiene la mayoría absoluta.
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