Perplejo me he quedado hoy, leyendo el periódico El Día (aunque eso no es difícil si uno hace caso de su línea editorial), al encontrarme toda una contraportada dedicada al nuevo partido Movimiento Patriótico Canario, oootro de los muchos partidos de corte independentista que existen en las islas, ya sean de izquierdas o de derechas. Éste, a tenor del paraguas que lo cubre, parece tener un color conservador, o en todo caso un batiburrillo de intereses personales, algo habitual por estas latitudes.
El problema canario es complejo. Tanto que ni siquiera está presente en el día a día de la ciudadanía ni en las conversaciones en los bares ni mientras se espera a la guagua (autobús, para los recién llegados y foráneos). Esa complejidad, mezcla de nuestra idiosincrasia mestiza, nuestra ubicación geográfica y consecuencia de la historia insular de los últimos 500 años, debería de colocar la cuestión del gobierno propio (indistintamente del modelo político que lo defina) en primera línea de discusión para, a través del consenso y la unidad, hallar la solución idónea, la que nos lleve a todos hacia el progreso, sin perder esa peculiar y pausada visión del mundo que nos caracteriza.
Este es el motivo por el que me suele sacar de quicio declaraciones habituales en catalanistas para los que suele ser recurrente justificar sus aspiraciones de mayor autonomía, independencia o autogobierno en base a su historia, cultura y tradición. Como si el resto de comunidades de este país no existieran antes o hubieran sido una extensión de los ordeno-y-mando de Madrid, incluyendo territorios que están ubicados a 1.700 kilómetros de la capital de la metrópolis. No señores, con todo mi respeto hacia sus reivindicaciones, se equivocan. Mucho. Porque, de entrada, los únicos territorios con fronteras naturales o políticas que no tienen a su alrededor otro espacio nacional son Ceuta, Melilla y Canarias (incluso Baleares está dentro de las aguas nacionales).
Pero el problema canario no está tanto fuera sino dentro. Primero porque las administraciones públicas se han convertido, en las islas, en la teta fácil de la que mamar un buen sueldo, sueldo que proviene en su mayor parte de los presupuestos generales del estado transferidos a nuestra comunidad autónoma. Obtener un sillón, aquí o allá, con su coche oficial, no es peccata minuta para muchos que finalmente proceden de etapas anteriores en las que se obtenían interesantes réditos económicos -gracias a un puerto franco favorecido por un franquismo que no quería problemas con una parte del país que a todas luces quedaba muy lejos y en la que no sería difícil plantar ciertos sentimientos de independencia-.
Canarias soporta uno de los sistemas burocráticos y administrativos más pesados y costosos de todo el territorio nacional donde a los habituales estratos del estado central, autonómico y local se le añade la capa de los cabildos y se mantienen las diputaciones provinciales. Cada una con sus competencias, con sus necesidades en recursos, con sus contrataciones y en cada una, según el momento, con sus propios chanchullos y corruptelas.
Canarias es un país gobernado a través de una comunidad autónoma dirigida por un discurso monocolor que ha sabido pagar con favoritismos a una buena parte del electorado que le vota, líderes electos a los que ha convenido (y mucho) el particular sistema de representación en nuestro parlamento, no directo ni proporcional, que permite cosas como que el partido con mayor número de votos en las últimas elecciones (PSOE, para bien o para mal) esté en la oposición y que quien gobierno no llegue ni al 24% del electorado, 222.905 votos en las elecciones autonómicas de 2007 de una población presente en el censo electoral de casi millón y medio de votantes.
Otra de las pesadas cargas que arrastra Canarias es el enconado insularismo entre los grupos económicos de las islas capitalinas, Gran Canaria y Tenerife, que en absoluto se traslada a la población, a la gente de la calle, pero que la prensa más amarillista, con La Provincia en aquella isla y El Día en ésta, se encarga de reavivar cada vez que a un determinado grupo de presión le interesa desviar la atención hacia el manido mensaje de «los otros nos roban y nos quitan cosas». Detrás siempre está la batalla interna de un partido gobernante formado por un montón de corpúsculos de poder que centran sus diferencias en donde ubicar el mayor peso decisorio de una Consejería, hacia dónde arrastrar la sede de tal o cual administración estatal o dónde invertir una financiación europea.
El insularismo canario es una manera estúpida de intentar manipular a través del populismo chabacano, anclado en ideologías pasadas, muy pasadas, la opinión de las gentes que habitamos estas tierras. Es enemigo del consenso y del encuentro. No acepta negociaciones ni acepta redistribución de la riqueza. Y sus consecuencias son muchas y muy perjudiciales. De entrada deja al margen a cinco islas que, si bien en población están a gran distancia de las dos mencionadas más arriba, precisan de la misma atención y tienen las mismas necesidades como territorios insulares propios. El insularismo no sólo ha dejado de lado a las islas menores sino que dentro de Gran Canaria y Tenerife ha marcado una neta diferencia de inversión y atención entre las capitales y las áreas metropolitanas frente el resto del territorio isleño.
El insularismo está detrás del lastre de la doble capitalidad. Canarias ha necesitado, para tener contentos a unos y otros, duplicar toda su estructura administrativa (casualmente dentro de los recortes presupuestarios para afrontar la actual crisis no se contempla, que se sepa, reducir esta sangría a las arcas públicas). Al mismo tiempo nunca se ha tratado con el nivel de importancia que precisa el problema de la comunicación interinsular, en manos siempre de empresas privadas que han hecho y desecho según sus propios intereses y no los del territorio donde operaban. Algo que no cambia ni siquiera con la implantación de compañías locales.
Por último, el otro gran cáncer que impide el progreso del archipiélago es su clase política y la tradición amiguista que ha favorecido la aparición de un sector económico privado que depende en gran medida del tráfico de influencias. El yo-hoy-te-doy-este-contrato a cambio de un mañana-tú-me-haces-estos-favores ha sido la moneda habitual antes y después de la llegada de la democracia. La democracia no curó los males arraigados en nuestra clase dirigente, los vistió con otras ropas. Los que antes iban a Madrid pagando un pasaje que costaba lo que un sueldo mensual para un trabajador en busca de tal o cual beneficio, ahora se agrupaban en partidos de corte conservador, para, utilizando su poder económico, mantener su posición personal privilegiada.
Es de común opinión entre el pequeño y mediano empresario la crítica a tal o cual personaje, ese que obtiene casi todos los contratos, ese a cuya agencia de viajes se le compran siempre los pasajes de avión, ese que siempre acaba organizando todos los actos culturales. La situación no cambió a nivel de administración local cuando el socialismo llegó a las alcaldías. Estas costumbres se mantuvieron. Se mantuvieron también cuando eventualmente algún partido de tercera fila llegaba a alguna consejalía gracias a un apoyo puntual (y netamente interesado por aquello de aprovechar la circunstancia) del partido gobernante.
Estos son, a mi juicio, desde la perspectiva de un ciudadano más, canario, natural y residente, de pura cepa, los grandes males patrios. Aquello que nos limita, no desde fuera, no por ningún invasor, sino desde dentro, en forma de cáncer ideológico y político. Yo soy uno más que anda por la calle Castillo, pasa por delante del Parlamento canario todos los días, pero que no se deja influenciar por periódicos amarillistas que lo tratan de antipatriótico por permitirse pensar de manera autónoma ni por políticos mediocres que quieren hacerle creer de lo conveniente de sus corruptelas.
Quizás, después de todo, los catalanistas tengan razón y no merezcamos llegar al autogobierno, la independencia o la autodeterminación -elije tú el modelo que prefieras-, no por carecer de un fundamento histórico o geográfico sino porque como ciudadanos no nos ganamos ese derecho, lo perdemos gracias a nuestra total y absoluta indiferencia. Nos quejamos, eso sí, mucho, pero no hacemos nada. Por no hacer ni siquiera votamos para así expresar nuestra indignación (con una abstención que en algunos momentos, 2008 con elecciones europeas, ha estado a punto de rozar el 40%).
Y nuestros representantes, a distintos niveles y en diferentes ámbitos de la vida, tampoco demuestran estar a la altura.
(Imagen encontrada en EcoBoletín.com.)
domingo, 30 de enero de 2011
sábado, 29 de enero de 2011
Este portátil ASUS me salió rana
Estaba yo dándole vueltas a qué escribir esta noche, con nocturnidad y alevosía. Pensando, pensando miré al teclado extra que le he tenido que poner a mi flamante (¡pfff!) ordenador portátil ASUS, serie X5DIN, que compramos en noviembre de 2009 en sustitución de un viejo Dell que tenía en casa prestado a escondidas (algún día lo contaré). ¡Qué bien funcionaba aquel Dell! Así que aprovechando que a estas horas de la noche no lee nadie, me voy a desahogar un ratico.
Lo compramos en un Carrefour por unos 400 euros, con su pico y todo. ¡Más contentos! ¡Buaf! Lo primero que hice fue instalar el Ubuntu 9.04 y luego actualizarlo a la 9.10, para luego pelearme con los drivers de su NVIDIA. El asunto fue divertido, me permitió aprender algunas cosas y dio tema para un par de buenos artículos. ¡Más contentos! ¡Buaf!
He aquí que le llega la adolescencia a nuestro ASUS en su primer verano en casa. Se hacía mujer y tenía su primera... ya sabes... le vino su primer fallo grave. Lo recuerdo como si fuera hoy. Era de noche, yo pretendía escribir pero en un momento dado el ordenador... ¡Plaf! ¡Muerto! ¡Horror! ¡Esto no puede ser! ¡Pero qué coño pasa! Bueno, bueno, bueno. ¡Un disgusto! ¡Más amargado! ¡Ños, chacho, qué mierda es esta! Una hora, preocupado con el ASUS, nuevo que era, apenas 8 meses de comprado. Hasta que me di cuenta que la tapa de la batería se había soltado, apenas un milímetro, quizás medio, pero dejaba que la batería se descolocara ligeramente. No sé si ese era en realidad el origen del fallo, pero fue asentar de nuevo la batería en su sitio -y me refiero a que sientes en los dedos que se mueve un pelín- y cerrar bien la tapa para ver los cielos abiertos. Problema resuelto. ¡Qué susto! Falsa alarma. ¡Más contentos! ¡Buaf!
Y llegaron los días del calor que aprieta, en pleno agosto. La «q», qué le pasa, no sale. ¡Pero qué...! Yo los coños no los lanzo al aire, los pienso, pero reconoceré que alguno se me escapó. Aquí los escribo porque describen la situación de una manera clara, no porque sea amigo de usar estas palabras. Pero a lo que iba. La letra, que no sale, la tengo que apretar bien.
Mmm...., qqqq... a ver. Sí, apretando bien, sí.
Días después, seguía el calor habitual, pero ahora era la «w». Luego fue la «n» y algunos signos de puntuación y la «a». Aquello iba de mal en peor. ¡Más cabreados! ¡Mierda! Me vuelve a pasar lo de la batería pero en esta ocasión no arranca. Apago, enciendo. ¡No me jodas, pero qué coño pasa! Muchacho, llévalo al servicio técnico, me dice mi señora. Pero uno es cabezón. O más que cabezón retumbaron en mi cabeza las palabras del vendedor de camisa con dibujitos de la marca Carrefour y corbata roja, en los primeros tres meses lo trae aquí y nosotros lo mandamos a la península porque en las islas no hay servicio técnico -gracias Coalición por mandar al carajo nuestro puerto franco-, si la avería es posterior lo tendrá que enviar usted.
¡Yo no voy a estar ahora un mes sin portátil! Pensamiento razonable siendo hombre. Para que luego, además, me lo devuelvan por pérdida de garantía por haber instalado el Ubuntu, que los muy... serán capaces aunque los problemas del portátil tienen que ver con su mala calidad de fabricación en los elementos mecánicos. Muchacho, no le des más golpes a la mesa, no seas bruto, llévalo al servicio técnico, me vuelve a aconsejar la señora. Y razón tiene. Pero qué pereza tener que mandarlo a la península. Un mes o dos o tres sin ordenador y además algo me cuesta, seguro. O mandarlo o que me lo manden, pero algo querrán que pague de mi bolsillo. Como si no conociera cómo funciona esto.
Ayer, viendo un vídeo de Enrique Dans, no se si sería por ese motivo, se quedó azul, no negro, sino azul, como asfixiado, tal vez atragantado por el esquivo discurso de la industria musical, como si le faltara el aire al ASUS. Claro que si no era falta de aire daba igual porque a punto estaba yo de estrangular a esta rana con teclas defectuosas que había caído en mis manos para desgracia de mi cartera. ¡Ay! ¡Mal empleaditos 400 euros! ¡Más cabreados! ¡Ños! Y parece que no soy al único al que su portátil ASUS se le queda congelado, muerto, frito. ¿Cómo lo solucioné? Lo apagué un rato, 15 ó 20 minutos. Y ya está. ¿Qué te parece? ¿Tiene algún sentido salvo que los problemas sean de componentes tan básicos como una batería o una fuente de alimentación?
Lo de las teclas, que lo dejé a medias, terminó finalmente. Qué paciencia tiene, qué arte, cómo me conoce. Mi señora aparece con una caja de Logitech, con un teclado y un ratón, ambos inalámbricos, ahí lo tienes en la fotografía (por cierto, que tienen las mismas pilas desde hace 3 ó 4 meses, no como esos tan bonitos de Apple que consumen pilas como sardinas un gato, si lo dejan).
Compramos un portátil y no un ordenador de escritorio para ahorrar espacio en la mesa y aprovechar, de vez en cuando la portabilidad. Ahora tengo un portátil que uso como ordenador de escritorio, porque con los inalámbricos que hemos puesto a su alrededor para poder usarlo (por las puñeteras teclas) vuelve a ocupar el mismo espacio de facto. Además, portabilidad cero. De nada sirve que me lo lleve a un congreso si no puedo teclear en él.
El ordenador, informáticamente, no ha dado ni un sólo problema, pero los materiales y la fabricación misma deja mucho que desear. Justo allí donde no esperarías que fallase y fuera defectuoso o tuviera mala calidad. Unas 8 ó 10 teclas funcionan, días fríos a medias, días cálidos o calientes no, porque la pequeña goma o pieza de silicona que hay justo debajo de la tecla se dilata -pareciera que es eso- y no activa el pulsador o la acción mecánica que fuera que hace. Lo mismo ocurre con la batería. La tapa de los juguetes de mis hijos es más resistente y fiable que la tapa de la ídem del portátil de ASUS que resulta ser una cagadilla con dos endebles clips que a la mínima se queda en el aire.
Ya un poco hasta las narices escribí hace poco días al servicio técnico oficial para que un alguien con apellido de salchichón me mandara a freír espárragos con algo, que traducido al castizo, vendría a ser como, muchacho, la jodiste, se te pasó el arroz, se siente, ahí te quedas con tu ASUS rana. En realidad, las palabras textuales eran algo distinto, pero el significado era el mismo:
Yo sólo copio y pego este ejemplo de atención y gestión de la reputación (y le añado los acentos que ellos no ponen). ¡Más sorprendido! ¡Buaf! Contraataqué, claro está. Respondí a la misiva con otra no menos misiva a la que ellos respondieron con la boquita callada, cerrando el caso sin más dilación y dándome con la puerta de la web en las narices. Así, en toda las napias. ¡Plaf! La traducción del servicio y atención que me dieron se vendría a traducir como un: ¡Jódete simplón!
Así que si te vas a comprar un ASUS, tú mismo... Yo, no digo que ni bueno ni malo. A mí, desde luego, no me dan otro ASUSto de estos en la vida. El alguien, sus jefes y la marca para la que trabajan se los pueden comer crudos y cuatro papas arrugadas.
¡Más contentos! ¡Buaaah! ¡Mal empleaditos 400 euros! Bueno, al menos me he despachado a gusto, aprovechando que a estas horas ni molesto.
Lo compramos en un Carrefour por unos 400 euros, con su pico y todo. ¡Más contentos! ¡Buaf! Lo primero que hice fue instalar el Ubuntu 9.04 y luego actualizarlo a la 9.10, para luego pelearme con los drivers de su NVIDIA. El asunto fue divertido, me permitió aprender algunas cosas y dio tema para un par de buenos artículos. ¡Más contentos! ¡Buaf!
He aquí que le llega la adolescencia a nuestro ASUS en su primer verano en casa. Se hacía mujer y tenía su primera... ya sabes... le vino su primer fallo grave. Lo recuerdo como si fuera hoy. Era de noche, yo pretendía escribir pero en un momento dado el ordenador... ¡Plaf! ¡Muerto! ¡Horror! ¡Esto no puede ser! ¡Pero qué coño pasa! Bueno, bueno, bueno. ¡Un disgusto! ¡Más amargado! ¡Ños, chacho, qué mierda es esta! Una hora, preocupado con el ASUS, nuevo que era, apenas 8 meses de comprado. Hasta que me di cuenta que la tapa de la batería se había soltado, apenas un milímetro, quizás medio, pero dejaba que la batería se descolocara ligeramente. No sé si ese era en realidad el origen del fallo, pero fue asentar de nuevo la batería en su sitio -y me refiero a que sientes en los dedos que se mueve un pelín- y cerrar bien la tapa para ver los cielos abiertos. Problema resuelto. ¡Qué susto! Falsa alarma. ¡Más contentos! ¡Buaf!
Y llegaron los días del calor que aprieta, en pleno agosto. La «q», qué le pasa, no sale. ¡Pero qué...! Yo los coños no los lanzo al aire, los pienso, pero reconoceré que alguno se me escapó. Aquí los escribo porque describen la situación de una manera clara, no porque sea amigo de usar estas palabras. Pero a lo que iba. La letra, que no sale, la tengo que apretar bien.
Mmm...., qqqq... a ver. Sí, apretando bien, sí.
Días después, seguía el calor habitual, pero ahora era la «w». Luego fue la «n» y algunos signos de puntuación y la «a». Aquello iba de mal en peor. ¡Más cabreados! ¡Mierda! Me vuelve a pasar lo de la batería pero en esta ocasión no arranca. Apago, enciendo. ¡No me jodas, pero qué coño pasa! Muchacho, llévalo al servicio técnico, me dice mi señora. Pero uno es cabezón. O más que cabezón retumbaron en mi cabeza las palabras del vendedor de camisa con dibujitos de la marca Carrefour y corbata roja, en los primeros tres meses lo trae aquí y nosotros lo mandamos a la península porque en las islas no hay servicio técnico -gracias Coalición por mandar al carajo nuestro puerto franco-, si la avería es posterior lo tendrá que enviar usted.
¡Yo no voy a estar ahora un mes sin portátil! Pensamiento razonable siendo hombre. Para que luego, además, me lo devuelvan por pérdida de garantía por haber instalado el Ubuntu, que los muy... serán capaces aunque los problemas del portátil tienen que ver con su mala calidad de fabricación en los elementos mecánicos. Muchacho, no le des más golpes a la mesa, no seas bruto, llévalo al servicio técnico, me vuelve a aconsejar la señora. Y razón tiene. Pero qué pereza tener que mandarlo a la península. Un mes o dos o tres sin ordenador y además algo me cuesta, seguro. O mandarlo o que me lo manden, pero algo querrán que pague de mi bolsillo. Como si no conociera cómo funciona esto.
Ayer, viendo un vídeo de Enrique Dans, no se si sería por ese motivo, se quedó azul, no negro, sino azul, como asfixiado, tal vez atragantado por el esquivo discurso de la industria musical, como si le faltara el aire al ASUS. Claro que si no era falta de aire daba igual porque a punto estaba yo de estrangular a esta rana con teclas defectuosas que había caído en mis manos para desgracia de mi cartera. ¡Ay! ¡Mal empleaditos 400 euros! ¡Más cabreados! ¡Ños! Y parece que no soy al único al que su portátil ASUS se le queda congelado, muerto, frito. ¿Cómo lo solucioné? Lo apagué un rato, 15 ó 20 minutos. Y ya está. ¿Qué te parece? ¿Tiene algún sentido salvo que los problemas sean de componentes tan básicos como una batería o una fuente de alimentación?
Lo de las teclas, que lo dejé a medias, terminó finalmente. Qué paciencia tiene, qué arte, cómo me conoce. Mi señora aparece con una caja de Logitech, con un teclado y un ratón, ambos inalámbricos, ahí lo tienes en la fotografía (por cierto, que tienen las mismas pilas desde hace 3 ó 4 meses, no como esos tan bonitos de Apple que consumen pilas como sardinas un gato, si lo dejan).
Compramos un portátil y no un ordenador de escritorio para ahorrar espacio en la mesa y aprovechar, de vez en cuando la portabilidad. Ahora tengo un portátil que uso como ordenador de escritorio, porque con los inalámbricos que hemos puesto a su alrededor para poder usarlo (por las puñeteras teclas) vuelve a ocupar el mismo espacio de facto. Además, portabilidad cero. De nada sirve que me lo lleve a un congreso si no puedo teclear en él.
El ordenador, informáticamente, no ha dado ni un sólo problema, pero los materiales y la fabricación misma deja mucho que desear. Justo allí donde no esperarías que fallase y fuera defectuoso o tuviera mala calidad. Unas 8 ó 10 teclas funcionan, días fríos a medias, días cálidos o calientes no, porque la pequeña goma o pieza de silicona que hay justo debajo de la tecla se dilata -pareciera que es eso- y no activa el pulsador o la acción mecánica que fuera que hace. Lo mismo ocurre con la batería. La tapa de los juguetes de mis hijos es más resistente y fiable que la tapa de la ídem del portátil de ASUS que resulta ser una cagadilla con dos endebles clips que a la mínima se queda en el aire.
Ya un poco hasta las narices escribí hace poco días al servicio técnico oficial para que un alguien con apellido de salchichón me mandara a freír espárragos con algo, que traducido al castizo, vendría a ser como, muchacho, la jodiste, se te pasó el arroz, se siente, ahí te quedas con tu ASUS rana. En realidad, las palabras textuales eran algo distinto, pero el significado era el mismo:
Debió contactar desde el primer momento con el soporte técnico para crear un caso y realizar las pruebas pertinentes de continuar el problema se había de enviar el equipo al SAT para gestionar la reparación .
Por favor revisar el libro de garantía del equipo donde le informa con mas detalles de los procedimientos de la reparación.
Yo sólo copio y pego este ejemplo de atención y gestión de la reputación (y le añado los acentos que ellos no ponen). ¡Más sorprendido! ¡Buaf! Contraataqué, claro está. Respondí a la misiva con otra no menos misiva a la que ellos respondieron con la boquita callada, cerrando el caso sin más dilación y dándome con la puerta de la web en las narices. Así, en toda las napias. ¡Plaf! La traducción del servicio y atención que me dieron se vendría a traducir como un: ¡Jódete simplón!
Así que si te vas a comprar un ASUS, tú mismo... Yo, no digo que ni bueno ni malo. A mí, desde luego, no me dan otro ASUSto de estos en la vida. El alguien, sus jefes y la marca para la que trabajan se los pueden comer crudos y cuatro papas arrugadas.
¡Más contentos! ¡Buaaah! ¡Mal empleaditos 400 euros! Bueno, al menos me he despachado a gusto, aprovechando que a estas horas ni molesto.
jueves, 27 de enero de 2011
Entrevistando a Javier I. Sampedro (de Chicharrero en Hong Kong)
Cuando me acerqué a esto de los bitácoras, en 2008, después de que me dejaran de parecer «poco interesantes» (ahora se me podría considerar un fanático de la blogosfera), tropecé con el rincón digital de un chicharrero que escribía desde la ciudad de Hong Kong y mostraba a través de sus descripciones, pero sobre todo a través de sus fotografías, el día a día y la arquitectura de aquel extremo del mundo.
Reconozco que no soy un seguidor activo. No hago un seguimiento exhaustivo ni comento porque, entre otras cosas, qué podría decir. Siento que en cierto modo sólo puedo acercarme como el voyeur de una vida ajena expuesta públicamente a través de un blog. Mi manera de navegar por ese rincón no es leer sus últimas entradas sino bucear en el archivo. Quizás sea que mi vida está al otro extremo, en todos los sentidos, que se ha desarrollado en un corto espacio físico, en la misma línea de 3 kilómetros. No lo lamento. Soy feliz. Considero que he conseguido mucho y tengo retos y metas, pero hay un pequeño aventurero aquí dentro, escondido en algún sitio, que siente curiosidad por cómo es el mundo más allá de los linderos de esta isla. Acercarme de vez en cuando, de manera calladita, a Chicharrero en Hong Kong (y otros bitácoras de canarios fuera de las islas), produce un efecto placebo en ese Indiana en potencia que vive agazapado aquí dentro, entre alguna de mis vísceras y puede que un hueso.
En el último Blogs & Gofio (pasado mes de diciembre de 2010) celebrado en la isla, resultó que estaba sentado dos sillas más allá, no en Hong Kong, sino dos sillas más allá, aunque con tantas personas a las que conocer y prestar atención más el poco tiempo disponible -un par de horas para descubrir a más de 35 blogueros- sólo cruzamos un par de frases. Luego de eso vinieron unos cuantos correos y al final ha tenido a bien aceptar ser entrevistado para este blog. Se me ocurrió que fuera él, porque es del mismo barrio, que podríamos decir dado el tamaño y la población de la capital de la isla si la comparamos con su actual residencia; y porque me gusta lo que publica, sobre todo lo que muestra a través de su fotografía a los lectores en su bitácora.
Desde aquí aprovechar para dar las gracias a Javier por aceptar este examen a conciencia de un lector suyo. Volver a decir, aunque en público, que me gustaría «comprar» mi tiempo para poder seguir, leer, investigar y... viajar para conocer.
Y, por supuesto, si te ha gustado la entrevista casi me atrevería a decirte que me debes una visita virtual, pero no a este rincón, sino a este otro: javierisampedro.com; o para ser más exactos, Chicharrero en Hong Kong.
(* Chicharrero, gentilicio local aplicado a los ciudadanos de la pequeña capital canaria de Santa Cruz de Tenerife.)
(La fotografía, de Javier I. Sampedro, en un viaje suyo a Japón, publicada en su blog.)
Reconozco que no soy un seguidor activo. No hago un seguimiento exhaustivo ni comento porque, entre otras cosas, qué podría decir. Siento que en cierto modo sólo puedo acercarme como el voyeur de una vida ajena expuesta públicamente a través de un blog. Mi manera de navegar por ese rincón no es leer sus últimas entradas sino bucear en el archivo. Quizás sea que mi vida está al otro extremo, en todos los sentidos, que se ha desarrollado en un corto espacio físico, en la misma línea de 3 kilómetros. No lo lamento. Soy feliz. Considero que he conseguido mucho y tengo retos y metas, pero hay un pequeño aventurero aquí dentro, escondido en algún sitio, que siente curiosidad por cómo es el mundo más allá de los linderos de esta isla. Acercarme de vez en cuando, de manera calladita, a Chicharrero en Hong Kong (y otros bitácoras de canarios fuera de las islas), produce un efecto placebo en ese Indiana en potencia que vive agazapado aquí dentro, entre alguna de mis vísceras y puede que un hueso.
En el último Blogs & Gofio (pasado mes de diciembre de 2010) celebrado en la isla, resultó que estaba sentado dos sillas más allá, no en Hong Kong, sino dos sillas más allá, aunque con tantas personas a las que conocer y prestar atención más el poco tiempo disponible -un par de horas para descubrir a más de 35 blogueros- sólo cruzamos un par de frases. Luego de eso vinieron unos cuantos correos y al final ha tenido a bien aceptar ser entrevistado para este blog. Se me ocurrió que fuera él, porque es del mismo barrio, que podríamos decir dado el tamaño y la población de la capital de la isla si la comparamos con su actual residencia; y porque me gusta lo que publica, sobre todo lo que muestra a través de su fotografía a los lectores en su bitácora.
Ángel Cabrera.- ¿Pero qué hace un chicharrero, Javier I. Sampedro, en Hong Kong?
Javier I. Sampedro.- Eso me pregunto yo también, jeje. Ahora en serio. Pues el que yo haya llegado a esta ciudad se debe a que decidiera presentarme a una beca de informática que convocaba el ICEX (Instituto Español de Comercio Exterior). Eso fue en el año 2007 cuando empecé el proceso y te daban a elegir hasta 5 destinos a donde te gustaría que te destinaran. Casualmente, elegí Hong Kong como único destino de Asia y fue este el que escogieron después de ir pasando por los distintos exámenes y entrevista.
Sorprendido al principio pero encantado a la vez. Una nueva experiencia se abría ante mi, una oportunidad que no había que dejar pasar y la cual me ha cambiado totalmente. De eso hace ya 3 años y por aquí seguimos, pero llevando a nuestra islita bien dentro :)
AC24.- Las capitales Canarias no llegan al cuarto de millón de habitantes. ¿Cómo es el primer "choque" con una ciudad que se convierte en tu residencia que multiplica por 28 esta masa de personas?
JIS.- Una pregunta muy acertada. En verdad, el choque nada más llegar es bastante impactante. Como bien dices, viniendo de Santa Cruz de Tenerife y dando el salto a una ciudad como esta, es un salto de gigante en todos los sentidos. No sólo por la gente que uno se encuentra por la calle, sino que es el conjunto de todo: los edificios, el transporte, la comida... Nada más llegar, uno no pierde detalle de todo lo que le rodea, asombrándose ante todo lo que ve.
Sin embargo, parece mentira que luego uno se da cuenta lo pequeña que puede llegar a ser la ciudad cuando uno se cruza con caras "conocidas" cuando vamos en el metro, en otro punto de la ciudad... o igual son cosas mías que me quedo mucho con las caras.
AC24.- Y además, no sólo transcurre tu vida en una ciudad inmensamente mayor, sino con una cultura que, a priori, nada tendrá que ver con el ritmo de vida del "canario". ¿Cómo fue tu primer mes allí?
JIS.- Hong Kong es una ciudad muy dinámica y que está en constante evolución. Los negocios, la gente, el entorno... todo se mueve rápido aunque como cosa curiosa la gente a veces no sabe muy bien por dónde van caminando y es algo que me llega a desesperar, especialmente cuando no miran a la hora de hacerte una diagonal y uno se queda a cuadros. Luego dicen el típico tópico que los canarios somos aplatanados que nos tomamos las cosas con calmita, pero hay gente aquí que para mi gusto va más lento de lo habitual y no es que me refiera a personas mayores o niños.
Dejando de lado esto, los primeros meses en esta ciudad transcurrieron muy rápido. Descubriendo sitios poco a poco, encontrar la que sería mi casa para los próximos meses y el trabajo que iba a desempeñar en la oficina. He de decir que resulto muy fácil la adaptación y es que Hong Kong es una ciudad muy cómoda para vivir, aunque el término que mejor la definiría es: "conveniente", por sus servicios, transportes, sitios para comer... uno se adapta de inmediato.
En el aspecto de la cultura, no nos podemos olvidar del legado de la cultura china, que está muy presente en el día a día. Las tradiciones no se han perdido y se mantienen más vivas que nunca, como es la celebración de ciertas festividades y todo lo que las rodea. La mezcla entre lo occidental y lo oriental en equilibrio.
AC24.- Hay, sobre todo, algo que me intriga en experiencias como la tuya, que das a conocer a través de tu bitácora. ¿Cómo se ve nuestro pequeño archipiélago desde la distancia y con la experiencia de vivir inmerso en otra cultura y estilo de vida?
JIS.- A la hora cuando la gente me pregunta de donde soy y le digo que español, lo normal es que asocian la imagen de España con ciudades como Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla. De las dos primeras se entiende y sobre todo por el impacto global que tiene el fútbol, y las otras ciudades pues si la gente ya ha estado por España o tiene cierto interés en el país, son otras referencias que suelen mencionar.
En relación a nuestro archipiélago, digamos que pasamos desapercibidos, que lo entiendo, pero una vez tengo la oportunidad de darlo a conocer (suelo recurrir a Google maps) y mostrar fotos del lugar, la gente se maravilla. Creo que si hicieran un viaje a España, considerarían nuestras islas, les parece algo bastante exótico y que no les importaría visitar.
AC24.- La pregunta morbosa. ¿Regresarás? ¿Experiencia puntual y momentánea? ¿O definitivamente residente de Hong Kong?
JIS.- No eres el primero que me pregunta eso y a veces no resulta fácil qué responder. De momento no me planteo el moverme de aquí. Es una ciudad en la que me siento cómodo y con el ritmo de vida que llevo. Si no me hubiera adaptado tan bien a la ciudad, puede que mi estancia no fuese tan agradable y estaría deseando moverme a otro sitio en cuando pudiese, pero de momento no es así.
¿Otra ciudad de Asia? Pues tampoco me importaría. Quizás en China continental, lo que me daría posibilidad de usar más el mandarín que estudié en su día, y ya se sabe lo mucho que están creciendo las ciudades y todo lo que las rodea. O bien Singapur, otro sitio que he visitado un par de veces del cual tengo buenos recuerdos.
Creo que la frase sería: tiempo al tiempo. Aprovechar el presente y vivir el dia a dia en la ciudad lo más intenso posible. No quiere decir que no eche de menos la tierra, pero... esto es otro mundo. Hay que estar aquí para comprobarlo.
AC24.- ¿Qué tendría que aprender Canarias, o España, de la cultura china o en concreto de la ciudad de Hong Kong, pero en el día a día, en su modo de vida?
JIS.- Ufff, esta no es fácil que digamos.
Bajo mi punto de vista y teniendo en cuenta que cada sitio como tal, tiene sus cosas buenas y malas, se podría llegar a un buen entendimiento entre ambas culturas: europea y asiática. El pasado de la ciudad como colonia inglesa es algo que de alguna forma ha dejado huella pero sin perder de vista sus orígenes. La cultura china es bastante extensa y tiene muchas cosas interesantes de las que se puede aprender.
Sé que las ciudades en China están evolucionando mucho y la presencia de extranjeros ya es algo más habitual en ellas, pero aún así, el "choque" de vivir en una ciudad europea a vivir en una ciudad china es considerable. Ante todo, la barrera del idioma (mandarín) en cambio en Hong Kong, el inglés facilita mucho las cosas aunque eso no quita para que en algunas zonas de la ciudad sólo entiendan el cantonés.
Es una gente trabajadora y a veces hasta parece incansable. Un aspecto que deberíamos aplicar a la sociedad en España y no sé si aplicarlo a nuestra gente en Canarias más concretamente. Ponerle ganas en todo aquello que hacemos y no dejarnos acomodar cuando un trabajo no se adecúa a "nuestras exigencias", saber apreciar lo que tenemos.
No sé si es verdad o no, que dicen de los isleños que son más arraigados y les cuesta abandonar la tierra. No te digo yo que me gustaría ahora estar trabajando a 5 minutos de casa en coche y con todo cerquita, pero si uno tiene la oportunidad de ver más mundo y le gusta, ¿por qué limitarse? Un mar de oportunidades, si no, como es que la gente se cruza medio mundo buscando algo mejor. No habrá sitio al que vayamos en el que no dejemos ver a ciudadanos chinos, y eso, da que pensar, ¿no?
Desde aquí aprovechar para dar las gracias a Javier por aceptar este examen a conciencia de un lector suyo. Volver a decir, aunque en público, que me gustaría «comprar» mi tiempo para poder seguir, leer, investigar y... viajar para conocer.
Y, por supuesto, si te ha gustado la entrevista casi me atrevería a decirte que me debes una visita virtual, pero no a este rincón, sino a este otro: javierisampedro.com; o para ser más exactos, Chicharrero en Hong Kong.
(* Chicharrero, gentilicio local aplicado a los ciudadanos de la pequeña capital canaria de Santa Cruz de Tenerife.)
(La fotografía, de Javier I. Sampedro, en un viaje suyo a Japón, publicada en su blog.)
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miércoles, 26 de enero de 2011
¿Qué es un conservador del siglo XXI?
Hoy domingo amanece que no es poco, escucho la radio mientras me afeito y están de nuevo debatiendo sobre el cambio climático y el Apocalipsis final, al final voy a creer que los científicos han leído la biblia o pretender descargar sobre el ciudadano de a pie un mea culpa incomprensible y excesivamente cansino.
Me pongo el traje, anudo mi corbata y espero a la familia para acudir a misa, muchos sé que me juzgarán por la ropa y hasta algunos le pondrá un color político a la misma, a mi me gusta ir guapo y cómodo cuando tengo tiempo de disfrutar de mi tiempo, es simplemente un placer y los demás me dan igual.
Entro en la iglesia y allí están los de izquierdas, los del centro, los de derechas, los viejos, los jóvenes y hasta los niños, es algo normal y nada anormal, allí nos une una creencia, no sólo es la fe, allí creemos en el hombre, en la solidaridad, en la convivencia y en todo aquello qué por desgracia a muchos les gusta idealizarlo como un logro político y enmarcarlo como propio.
Hora de tomar un cacharro con los amigos, allí está Juan, el es sexualmente distinto a todos nosotros, le gustan los machos, pero sin mariconadas como nos cuenta entre chiste y chiste, aunque se pone muy serio cuando hablamos de la imagen que le han dado al homosexual en España, está cansado de que le comparen con un sarasa plumado.
Comenzamos nuestra tertulia política y social, entre tinto y pincho y pincho y tinto de la tierra, Juan está ahora en nuestro punto de mira, le atacamos con el tema del matrimonio y se defiende con argumentos, el simplemente es diferente en lo sexual y le gustaría tener hijos con su pareja, gastamos más bromas sobre ese tema y la imposibilidad de parir que tiene un hombre, él, sigue nuestro cachondeo y dice, “yo no voy a desanimar, todas las noches voy a intentar que Miguel se quede en Estado de Gracia”, las risas provocan que Miguel pida otra ronda.
Toca hablar de nuestros abuelos, de cómo ellos pasaron tiempos muy difíciles después de la guerra, unos narran las aventuras en milicias franquistas y otros cuentan aquellos viajes por las Mugas para el estraperlo, historias apasionantes de un bando, de otro, en ninguno de nosotros existe rencor u odio por aquella época que les tocó vivir a ellos y no ahora a nosotros.
La hija de Patxi está embarazada y su madre anda muy preocupada, ella tiene sólo 17 años y no le para de decir a su hija que cuantos más medios e información tienen, más peleles se han vuelto los jóvenes. No sabe que va a hacer su hija, está bien educada pues ha contado con ellos en todo momento y le van a ayudar en lo que haga falta, pero no les preocupa su decisión, les trae de cabeza su futuro psicológico, Patxi dice que es fácil abortar, pero ¿luego quién le va a ayudar a superarlo?, el tiene ya 52 años y ha visto mucho en su entorno y no quiere que su hija pase por lo que han pasado las hijas de otros amigos.
Hablamos de lo poco que queda para la comunión de nuestros peques y sin querer sale el tema del crucifijo, de cómo muchos han alzado la voz contra el Papa en su viaje a España y que en la siguiente zerolada igual se le ocurre inventar a los políticos la comunión civil, risas y más risas, Toni, el ateo del grupo pide unos berberechos y mientras nos dice que él no se bautizó por la iglesia como para bautizarse por lo civil, faltaría más ateo hasta la muerte.
Ana está preocupada, ahora en febrero tiene que pedir plaza en el colegio para su hija, ella de joven recuerda con cariño el colegio público que hay cerca de su casa, allí estudió, cada vez que ahora pasa delante del mismo y ve el patio le recuerda esas películas de los 80 del Bronx, ella quiere una escuela sin problemas para su hija y luchará por ir a una concertada. Nos ponemos serios, no entendemos como puede ser que den plaza en los colegios que hay que pagar y luego encima se los paguen los asistentes sociales a muchos de los que pidieron allí plaza.
Pedro que es socialista de pro, defiende la escuela pública y le dice a Ana que ella tiene que asumir que ahora vive en un país multicultural, ella se enfada un poco y cambia de conversación, no quiere ofender a Pedro con lo que puede hacer con su multiculturalidad y niños en bandas acosando impunemente al resto de niños sin que nadie pueda poner freno a esa situación.
Hora de marchar a comer, estoy dándole vueltas a la cabeza a esa pregunta de Pedro, me dijo ¿Tú eres monárquico?, no he entendido su intención, yo soy democrático y acá tenemos Rey, pues digo yo, qué asumo que soy monárquico o qué sé yo, ando aún meditando.
Hoy comemos en un restaurante amigo, allí en los postres se sienta con nosotros el dueño, al que conozco desde hace veinte años, me comienza a contar que si veo normal que la gente se vaya a comer el domingo a la Universidad y no sé que decirle, él, me cuenta que allí se come muy barato, aprovecha esa gente un negocio subvencionado para dar de comer barato y hacer competencia desleal al resto de hosteleros. Está muy quemado con todo, está cansado del todo gratis para algunos y él ha tenido que invertir mucho dinero en su negocio para que le abrasen a impuestos y desanimado de toda esta sociedad hipócrita.
Volvemos para casa y en el camino vemos a “unos” que viven en el parque, la gente lo rodea, están cansado de que les acosen pidiendo dinero o tabaco, pero nadie quiere decir nada, debe ser algo normal ya en nuestra sociedad.
Hoy me propuso el dueño de este rincón que escribiera un artículo sobre qué es para mi el hombre conservador del siglo XXI, y no sabía ni que decir, pues ni yo sé lo que soy, como para definir con seriedad a los demás. Eso sí, sé que muchos me tachan de conservador, igual es porque:
No sé si seré conservador o como dicen los progres de hoy en día, un cavernícola del siglo XXI, pero tengo claro que siempre he respetado a los demás e intento que también me respeten, por eso hoy he sido invitado y he aceptado con mucho gusto al administrador de este rincón, él me conoce bien, escribo a diario en Pensamientos JFS, escribiendo lo que pienso en libertad y sin que nadie me prohíba ser como soy.

Me pongo el traje, anudo mi corbata y espero a la familia para acudir a misa, muchos sé que me juzgarán por la ropa y hasta algunos le pondrá un color político a la misma, a mi me gusta ir guapo y cómodo cuando tengo tiempo de disfrutar de mi tiempo, es simplemente un placer y los demás me dan igual.
Entro en la iglesia y allí están los de izquierdas, los del centro, los de derechas, los viejos, los jóvenes y hasta los niños, es algo normal y nada anormal, allí nos une una creencia, no sólo es la fe, allí creemos en el hombre, en la solidaridad, en la convivencia y en todo aquello qué por desgracia a muchos les gusta idealizarlo como un logro político y enmarcarlo como propio.
Hora de tomar un cacharro con los amigos, allí está Juan, el es sexualmente distinto a todos nosotros, le gustan los machos, pero sin mariconadas como nos cuenta entre chiste y chiste, aunque se pone muy serio cuando hablamos de la imagen que le han dado al homosexual en España, está cansado de que le comparen con un sarasa plumado.
Comenzamos nuestra tertulia política y social, entre tinto y pincho y pincho y tinto de la tierra, Juan está ahora en nuestro punto de mira, le atacamos con el tema del matrimonio y se defiende con argumentos, el simplemente es diferente en lo sexual y le gustaría tener hijos con su pareja, gastamos más bromas sobre ese tema y la imposibilidad de parir que tiene un hombre, él, sigue nuestro cachondeo y dice, “yo no voy a desanimar, todas las noches voy a intentar que Miguel se quede en Estado de Gracia”, las risas provocan que Miguel pida otra ronda.
Toca hablar de nuestros abuelos, de cómo ellos pasaron tiempos muy difíciles después de la guerra, unos narran las aventuras en milicias franquistas y otros cuentan aquellos viajes por las Mugas para el estraperlo, historias apasionantes de un bando, de otro, en ninguno de nosotros existe rencor u odio por aquella época que les tocó vivir a ellos y no ahora a nosotros.
La hija de Patxi está embarazada y su madre anda muy preocupada, ella tiene sólo 17 años y no le para de decir a su hija que cuantos más medios e información tienen, más peleles se han vuelto los jóvenes. No sabe que va a hacer su hija, está bien educada pues ha contado con ellos en todo momento y le van a ayudar en lo que haga falta, pero no les preocupa su decisión, les trae de cabeza su futuro psicológico, Patxi dice que es fácil abortar, pero ¿luego quién le va a ayudar a superarlo?, el tiene ya 52 años y ha visto mucho en su entorno y no quiere que su hija pase por lo que han pasado las hijas de otros amigos.
Hablamos de lo poco que queda para la comunión de nuestros peques y sin querer sale el tema del crucifijo, de cómo muchos han alzado la voz contra el Papa en su viaje a España y que en la siguiente zerolada igual se le ocurre inventar a los políticos la comunión civil, risas y más risas, Toni, el ateo del grupo pide unos berberechos y mientras nos dice que él no se bautizó por la iglesia como para bautizarse por lo civil, faltaría más ateo hasta la muerte.
Ana está preocupada, ahora en febrero tiene que pedir plaza en el colegio para su hija, ella de joven recuerda con cariño el colegio público que hay cerca de su casa, allí estudió, cada vez que ahora pasa delante del mismo y ve el patio le recuerda esas películas de los 80 del Bronx, ella quiere una escuela sin problemas para su hija y luchará por ir a una concertada. Nos ponemos serios, no entendemos como puede ser que den plaza en los colegios que hay que pagar y luego encima se los paguen los asistentes sociales a muchos de los que pidieron allí plaza.
Pedro que es socialista de pro, defiende la escuela pública y le dice a Ana que ella tiene que asumir que ahora vive en un país multicultural, ella se enfada un poco y cambia de conversación, no quiere ofender a Pedro con lo que puede hacer con su multiculturalidad y niños en bandas acosando impunemente al resto de niños sin que nadie pueda poner freno a esa situación.
Hora de marchar a comer, estoy dándole vueltas a la cabeza a esa pregunta de Pedro, me dijo ¿Tú eres monárquico?, no he entendido su intención, yo soy democrático y acá tenemos Rey, pues digo yo, qué asumo que soy monárquico o qué sé yo, ando aún meditando.
Hoy comemos en un restaurante amigo, allí en los postres se sienta con nosotros el dueño, al que conozco desde hace veinte años, me comienza a contar que si veo normal que la gente se vaya a comer el domingo a la Universidad y no sé que decirle, él, me cuenta que allí se come muy barato, aprovecha esa gente un negocio subvencionado para dar de comer barato y hacer competencia desleal al resto de hosteleros. Está muy quemado con todo, está cansado del todo gratis para algunos y él ha tenido que invertir mucho dinero en su negocio para que le abrasen a impuestos y desanimado de toda esta sociedad hipócrita.
Volvemos para casa y en el camino vemos a “unos” que viven en el parque, la gente lo rodea, están cansado de que les acosen pidiendo dinero o tabaco, pero nadie quiere decir nada, debe ser algo normal ya en nuestra sociedad.
Hoy me propuso el dueño de este rincón que escribiera un artículo sobre qué es para mi el hombre conservador del siglo XXI, y no sabía ni que decir, pues ni yo sé lo que soy, como para definir con seriedad a los demás. Eso sí, sé que muchos me tachan de conservador, igual es porque:
Un conservador no quiere perder las costumbres de toda una vida para que le implanten inventos de minorías, no desea ser calificado como un bicho raro por practicar sus creencias y desea siempre lo mejor para sus hijos, valores morales y éticos muy altos, está acostumbrado a tocar las puertas antes de entrar y a pedir las cosas por favor y usando el usted si trata con desconocidos.
Un conservador del siglo XXI, aún entiende lo que es un Estado, una Nación, aún siente el valor de la tierra dónde vive, comprende que hay que compartirla si es necesario, pero no concibe el todo gratis y el todo vale que hay ahora mismo en España.
Un conservador respeta las mayorías, pero traga muy mal que sean las minorías las que impongan sus criterios, un conservador asume que la educación es la parte más importante en la vida y no tolera que se eduque políticamente a sus hijos.
Un conservador mira al futuro como una meta a conseguir, olvida rápido el pasado, pero siempre lo tiene presente para no errar en el futuro.
No sé si seré conservador o como dicen los progres de hoy en día, un cavernícola del siglo XXI, pero tengo claro que siempre he respetado a los demás e intento que también me respeten, por eso hoy he sido invitado y he aceptado con mucho gusto al administrador de este rincón, él me conoce bien, escribo a diario en Pensamientos JFS, escribiendo lo que pienso en libertad y sin que nadie me prohíba ser como soy.

José F. Senovilla escribe todos los días en senovilla-pensamientos.blogspot.com su visión del mundo, la política y la actualidad no sin perder nunca el buen humor y, hasta cierto punto, haciendo uso y abuso inteligente de la ironía (que, me parece, compartimos). Quien nos lea a ambos podría fácilmente concluir que él es el conservador y yo el progresista. Con el experimento de hoy, él definiendo al conservador en este bitácora y yo definiendo -o intentándolo- al progresista en el suyo creo que demostramos que unos y otros, como cada quien se pueda y se quiera etiquetar, no está tan lejos del contrincante como pudiera parecer. Que hay muchas más cosas que nos acercan que las que nos distancian y que éstas, las que nos puedan separar, son más consecuencia de cómo interpretamos y usamos las palabras que del fondo de la cuestión. Para mí, Senovilla, es un ejemplo de buen tío, que dirían en el barrio. Yo lo etiquetaría como un Caballero de la Blogosfera.
Comentarios a "Todo va a cambiar", de Enrique Dans
Hace cosa de una hora acabo de terminar de leer, prácticamente devorar, el Todo va a cambiar de Enrique Dans, editado por Ediciones Deusto a principios del pasado año 2010 y subtitulado bajo el lema Tecnología y evolución: adaptarse o desaparecer. El libro analiza, desde una perspectiva liberal, las implicaciones de Internet en las personas y las organizaciones, principalmente las empresas privadas, orientado, no a un público con formación técnica o a convencidos de las bondades de la red, sino a aquellos que tienen que tomar decisiones con implicaciones económicas en el sector productivo del país y aún dudan entre los estereotipos (Facebook es pa' ligar) y el rechazo a lo nuevo (Twitter es pa' perder el tiempo).Y esto ocurría mientras mi hija de 10 años buscaba información para un trabajo sobre el Teide y contrastaba información entre la web oficial del Parque Nacional y el contenido de Wikipedia, al tiempo que mi pareja buscaba entradas para el próximo espectáculo que Les Luthiers dará en la isla y yo leía el correo electrónico o husmeaba algunos enlaces «retuiteados» y aparecidos en mi timeline.
He de reconocer algo sobre mi forma de ver al autor antes de leer el libro, al que me acerco por casualidad y leo porque busco construir mis propias impresiones antes que seguir posturas en favor o en contra de lo que sea sin ir más allá, a las propias fuentes. Hasta el momento de interesarme por primera vez en la blogosfera no tenía ni idea de quien era Enrique Dans. La red social que conforma el conjunto de los bitácoras que se escriben y mantienen en activo es grande, millonaria en números, pero la masa de usuarios y usos posibles de la red lo es mucho más, multiplica y sobrepasa de manera exponencial el número de los que comparten el perfil de «adicto a la red». En otras palabras, los famosos del 2.0, los tan mentados «gurús», no lo son tanto fuera del mundillo tecnocrático del social media.
El libro llega a mis manos a través de la empresa donde actualmente desempeño mis funciones de analista-programador, chico para todo en la práctica. Mi director en I+D+i lo tenía sobre la mesa y entre chiste y chiste sobre el autor me insinuó que podría leerlo. Me coló su lectura con habilidad. Sirve para ordenar todo ese batiburrillo de ideas y lecturas en línea que haces cada día, me aseguró. Y es cierto, aunque yo no sea el lector tipo al que está dirigida la obra.
Y lo que leí, me convenció. No puedo afirmar otra cosa. Desde la introducción donde narra su trayectoria desde un punto de vista muy personal -y tal vez por identificar tantas semejanzas, tan habituales en todos aquellos que llegamos a la profesión entre 1985 y 1995- me enganchó el análisis, en ocasiones incisivo y en otras coloquial, de charla de café, que hace de la evolución de la red y de cómo distintos sectores económicos y sociales han afrontado la aparición de Internet en su día a día. No puede decirse que se trate de un estudio o ensayo en profundidad sobre el asunto. Tampoco lo pretende así que no se puede criticar esta obra por eso, como he leído en algún que otro sitio. Se deja bien claro que no es ese el objetivo del texto. Más bien otro, muy distinto, no declarado pero evidente: evangelizar en las virtudes de la red.
Reconozco que cuando me inicié en esta adicción inexplicable que resultan ser los blogs leía habitualmente al autor del libro en su propio rincón digital. Finalmente y con el paso de los meses mis preferencias personales terminaron por llevarme hacia otras lecturas habituales en mi lector de feeds, más cercanas en su manera a mi propio carácter, personas y rincones que, a mi juicio, tenían un talento especial para observar la realidad que nos rodea; cada quien, cada cual, desde la perspectiva que le ha dado su propio crecimiento personal.
Dans se acerca a la tecnología, la devociona de manera incuestionable, al punto que pareciera superponer ésta a la propia interacción de las personas, los ciudadanos, con al red y las herramientas informáticas. Es en este punto donde quizás, aún convenciéndome absolutamente la lectura de su libro, pueda mostrar un modo distinto de observar esta realidad. A mí me interesa como se adaptan las personas (y en consecuencia, los colectivos sociales en los que se agrupan) a la tecnología. Una cosa es que el nacimiento de las redes sociales (o su explosión en cuanto a número de usuarios) nos haya traído debajo del brazo una colección de términos y filosofías englobadas bajo la etiqueta 2.0 y otra bien distinta es que realmente asumamos ese concepto de individualismo colaborativo que no se cita pero se desprende de la lectura del Todo va a cambiar.
Desde la óptica de una filosofía económica liberal Dans aboga por una absoluta neutralidad de la red, posición que comparto con él, pero mientras el autor asume que habrá actuaciones delictivas que la justicia y los cuerpos de seguridad del estado tendrán que controlar, yo postulo que es la propia sociedad civil digitalizada, el usuario, quien tiene que actuar o participar directamente en ese control y que si no es así, por falta de madurez, porque tenemos esas herramientas 2.0 pero nuestros intereses cívicos y sociales siguen siendo 0.0, que entonces sea la norma y su aplicación por parte de la administración pública quien tendrá que adaptarse, ampliarse, controlar y vigilar. (Algo que personalmente no prefiero ni quiero. De hecho, detesto el uso de normas y vigilancia en la vida de una sociedad, pero...) Igual que la red magnifica las relaciones sociales también magnifica cierto tipo de delitos, entre ellos y uno de los más graves por las consecuencias en cadena que genera de vuelta hacia los menores de edad, la tenencia y distribución de pornografía infantil.
Nuestra común pasión, lo digital, él desde su posición privilegiada en el escenario de la divulgación, yo desde la plaza, entre el público, como espectador, sobre lo que implica la red como oportunidad para la humanidad a nivel global no debería de suponer un impedimento para mirar atrás, hacia la población offline, hacia los que no tienen oportunidad ni conocimiento ni tecnología ni herramientas. Además de un control del «ciberdelito» es necesaria también una intervención hacia la alfabetización informática; la estimulación de la acciones cívicas coordinadas al margen de las estructuras gubernamentales tradicionales de cualquier ámbito; la puesta en marcha de la e-democracia como vía para hacer realidad la representación directa... Es decir, no limitarnos a ver las opciones a nivel de ingreso económico o de facilidades a disfrutar desde la butaca de nuestra casa. Ir más allá.
Porque esta es la diferencia que realmente marcará la sociedad resultante de aquí a 10 ó 20 años. Mientras que desde la «tecnocracia del 2.0» se exhiben y venden las virtudes económicas y empresariales de Internet, desde mi pequeña ventana de 14 pulgadas, no sólo veo, uso y exploto estas oportunidades -o lo intento-, sino que quiero llegar más allá. Creo firmemente en las posibilidades sociales, cívicas, solidarias y de convivencia que se nos ofrece a través de la tecnología. Oportunidades nunca antes vistas. En entender que una cosa, negocio u ocio, no riñe con la otra, solidaridad y cooperación.
Hay que darle verdadero valor a la conversación, el punto de encuentro, el sumemos juntos como individuos, que sin perder las características que nos hacen únicos aprendamos de qué manera se puede hacer realidad aquello del 1+1 > 2. Así que, en definitiva, recomiendo la lectura del libro. Si puedes hazte con alguna copia a través de alguna red P2P, él mismo es permisivo con esta posibilidad, según declara en el texto, para una lectura rápida (mejor si ya viene con la protección DRM reventada). O bien, si apetece... que tu jefe lo compre para luego disfrutarlo tú tranquilamente al viejo estilo.
Yo, por mi parte, me considero reconciliado con el personaje y su mensaje.
martes, 25 de enero de 2011
Las funciones farmacológicas de los medicamentos
Hoy nos ha tocado pediatra por el catarro de invierno del más pequeño de la casa. He de reconocer que para estas cosas yo soy más frío que mi pareja, que se implica absolutamente en estos renacuajos que viven con nosotros. Yo soy el de la lógica (síntomas, pediatra, evaluación, medicamentos, recomendaciones, prescripción, tratamiento, seguimiento... y a correr otra vez). Pero, he de decir en mi defensa aquello de la procesión va por dentro.Esto mi hizo recordar la anécdota ya tradicional de la señora, a veces cercana, otras muy cercana y en ocasiones conversación a pie de calle, que afirma inequívocamente que la aspirina le curó la gripe. No, señora, no. La aspirina le alivió los síntomas durante el periodo que dura la enfermedad, habitualmente por causa vírica. ¡NO! Niega ella, vehementemente; para luego recalcar, la aspirina me curó la gripe. ¿Y tú cómo le vas a rebatir si además no eres un facultativo? Sólo estuve arrimado a ellos, profesionalmente, unos 15 años. No aprendí casi nada pero sí observé atentamente lo que hacían. Lo suficiente como para encontrar el secreto de la medicina: no es una ciencia exacta sino una intuición basada en el estudio de la prueba y el error.
Hace ya mucho que quería redactar, a título personal, para mí, para los míos, una pequeña guía de conceptos. Habitualmente los medicamentos mitigan síntomas o controlan estados o consecuencias de una enfermedad determinada antes que curar directamente, entendiendo por tal la eliminación de las causas de la pérdida de un buen estado de salud y, además, facilitando su recuperación -estoy generalizando, mucho-.
En otras palabras, si nuestro estado óptimo es 100% y la enfermedad es caer por debajo de ese valor, pongamos que una gripe es estar al 75%, los fármacos más comunes que nos suelen recetar en un centro de salud lo que intentan es que ese porcentaje no siga disminuyendo. O al menos la apreciación de la enfermedad al mitigar sus síntomas. Pocos, como los antibióticos, luchan contra la causa, cuya consecuencia positiva, si todo va bien, es la recuperación.
Otra cuestión relacionada con este asunto es la eterna discusión, también de jubiladas y jubilados en los centros de salud, sobre qué alivia más el dolor, si el termagil, el efferalgan o el paracetamol. No intentes explicar que la última de estas palabras es el principio activo, que puede comprarse a bajo precio como genérico y que las otras dos son, lo mismo, pero bajo nombre comercial, a precio superior. No. Ellos, con su experiencia, lo tienen claro, a unos les cura el termagil y a otras el efferalgan. Pero a nadie el paracetamol.
Por todo esto, como guía de supervivencia ciudadana, creo que deberíamos de aprender a manejar ciertos términos sobre las funciones farmacológicas, que así es como se denomina a esta serie de clasificaciones, al menos las más habituales. Yo apenas manejaba una docena aunque he encontrado descripción de al menos 45 tipos de funciones distintas. A continuación, su relación, remarcando en negrita las definiciones y en cursiva aquellas que vemos de manera más habitual cuando leemos un prospecto.
Anabólicos: Las hormonas anabólicas ayudan al cuerpo a absorber las proteínas, propician el desarrollo muscular, óseo y de la piel. Y ponen a los deportistas profesionales en niveles estratosféricos.
Antianoréxicos: Usados contra la anorexia, ayudan a mejorar estados de debilidad, desnutrición o agotamiento físico por estrés u otras causas.
Analgésicos: Calma o elimina el dolor.
Anestésicos, generales (todo el cuerpo) o locales (zonas específicas): Bloquean la sensibilidad táctil y dolorosa en el cuerpo, con o sin pérdida de conciencia.
Anorexígenos: Inducen a la anorexia, aversión a los alimentos o la pérdida de apetito. Son medicamentos para adelgazar con graves efectos colaterales cuando se usan de manera estúpida para ganar figura en verano: depresión, inestabilidad emocional, cefaleas, entre otros.
Antiácidos: Actúan contra y alivian la acidez estomacal. ¿Quién no ha tomado alguno?
Antiulcerosos: Actúan contra o facilitan la cicatrización de úlceras, inflamación o heridas en el aparato gastrointestinal.
Antialérgicos: ¡Pues eso! Ayuda a controlar las alergias.
Antianémicos: Reconstituyentes que ayudan a contrarrestar los estados anémicos.
Antianginosos: Utilizados para las anginas de pecho específicamente.
Antiarrítmicos: Utilizados para controlar las arritmias cardiovasculares. Mi padre lleva años enganchado a ellos. Como muchos abuelos de hoy en día.
Antiasmáticos: Los que conviven con un inhalador ya saben qué es. Ayuda a controlar y tratar el asma.
Antibióticos: Combaten las infecciones por microorganismos, principalmente bacterianas. (¡Abuela, que mata las bacterias, no los virus, las bac-te-rias!)
Anticoagulantes: Interfiere o inhibe la coagulación de la sangre. De estas también se toma unas cuantas mi padre. Es que los abuelos, más que las abuelas, con esto del corazón, lo pasan muy mal. Los fibrinolíticos o trombolíticos en especial actúan contra la formación de trombos (coágulos) en las arterias.
Anticonceptivos: Pues eso, donde la has de meter pero consecuencias no has de querer, una cosa de estas habrás de prever.
Antidepresivos o ansiolíticos: Psicofármacos utilizados en estados depresivos o de ansiedad, respectivamente.
Antidiabéticos: Para el control del azúcar, que dicen los abuelos. O como decía mi hija, el abuelo tiene azúcar pero no tiene sal en la sangre.
Antidiarreicos: Ayuda a controlas los estados de diarreas causados, por ejemplo, por infecciones gastrointestinales.
Antieméticos: Ayudan a impedir el vómito o las nauseas.
Antiflatulentos: En fin... ¡No querrás que te lo explique! Son para... evitar la formación de gases estomacales.
Antivertiginosos: Ayuda a controlar la sensación de vértigo.
Antiepilépticos o anticonvulsivos o anticonvulsitantes: Para el tratamiento y prevención de estados epilépticos.
Antimicóticos o antifúngico: Ayuda a controlar y erradicar infecciones por hongos.
Antihemorrágicos: Ayuda a controlar hemorragias, tanto internas como externas.
Antihemorroidales: ¡Duele de pensar que tengas que usarlos! Para las hemorroides.
Antivaricosos: Ayuda en el control de las varices.
Antiflebíticos: Ayuda en los problemas de circulación sanguínea facilitando su activación.
Antipiréticos, antifebriles, antitérmicos o febrífugos: Para controlar la fiebre, of course.
Antihipertensivos: Reduce la presión arterial. Otra tanda de éstas se toman los abuelos.
Antiinflamatorios: Técnicamente, inhiben o reducen los efectos de las prostaglandinas, evitando o reduciendo las inflamaciones. ¡Esas articulaciones!
Antiparasitarios: Utilizados para eliminar y combatir infecciones por parásitos y cierto tipo de bacterias.
Antiparkinsonianos: Usados en la enfermedad de Parkinson.
Antirreumáticos: ¡Abuelo! ¡Este pa' los dolores de las rodillas! Ayuda en las inflamaciones esqueléticas axiales y articulaciones.
Antisépticos: Previene infecciones de microorganismos, no las combate, por eso son distintos de los antibióticos o antifúngicos.
Cardiotónicos: Estimulación cardíaca, aumenta su frecuencia, la exitabilidad y la contratibilidad. Vamos, que te ponen a cien.
Citostáticos: Impiden la reproducción de células cancerosas y se utilizan en quimioterapia.
Dietéticos: Utilizados en dietas, por prescripción médica cuando se es inteligente y por iniciativa propia o prescripción de un estafador cuando se está muy obsesionado con el sobrepeso.
Diuréticos: Facilita la eliminación de agua y sodio a través de la orina.
Enzimas digestivas: Facilitar la digestión y el tránsito intestinal. Técnicamente aceleran o activan las reacciones químicas que descomponen los alimentos en sustancias más simples.
Espasmolíticos: Relajan la musculatura de las vísceras ayudando al control de los espasmos involuntarios del aparato digestivo.
Laxantes: ¡Para cuando estás trancao, muchachote! Para las señoras, Danone les diría ayudan a regular el tránsito.
Oxitócicos y antioxitócicos: Producen la contracción o relajación del útero, utilizados para provocar o retardar el parto.
Sedantes o hinópticos: Pues eso. Pa' fliparla en colores.
Vasodilatadores y anticonstrictores: Facilitan la dilatación de los vasos sanguíneos o previenen o actúan contra su constricción.
Algunas cosas a tener en cuenta sobre este texto.
Faltan más funciones farmacológicas asociadas a los medicamentos. No se debe de confundir éstas con los efectos farmacológicos.
En una primera revisión ya he añadido un par de términos más mientras que he quitado otros que definen generalidades como vitaminas, dermatológicos, oftalmológicos o relajantes musculares, aunque esta última palabra tal vez sí debería de estar en la lista.
Esta guía abreviada de términos no pretende ser seria, pero sí cierta en sus definiciones, así que cualquier error que localices te agradecería si me lo haces saber vía comentarios. Tampoco es exhaustiva, no están todos los que son pero son todos los que están.
Y, por último, aprender no ocupa lugar, eso es lo que decía mi abuela.
(Imagen superior encontrada en el bitácora Ya veremos.)
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lunes, 24 de enero de 2011
Ubuntu Netbook Edition: instalación y primera valoración
Los netbook han sido uno de los regalos estrellas de estas pasadas fiestas navideñas, ya fuera debajo de los árboles el 25 o encima de los camellos el 6. Para muchos ha supuesto una sorpresa encontrar que no eran lo esperado, un portátil al uso, pero pequeño, sino algo mucho más simple, menos potente, que bien podríamos definir como un terminal de acceso a Internet.
Pese a que los primeros ASUS Eee PC, reconocidos por poner de moda esta nueva gama de dispositivos, se lanzaba al mercado con una versión aligerada de Linux en 2007, ya resulta difícil encontrar un modelo de algún fabricante que no incluya una versión aligerada del famoso, renombrado y seguro -presumiblemente- Windows 7. La mayor parte de los fabricantes instala una versión OEM conocida como Starter, unaestafa elucubración capada más que aligerada que te invita constantemente a adquirir una licencia de versión superior a un precio módico, supongo. Así se las gasta últimamente el marketing agresivo que Microsoft pretende copiar de Apple.
Sea como fuere estas pasadas fechas ha caído por casa un Samsung N150 Plus a la que su 7 Starter le ha durado, exactamente, 27 días. Ya eran muchos, así que este fin de semana, el sábado para más señas, descargo una copia de Ubuntu Netbook Edition 10.10 (o UNE para abreviar) con la intención de convertir a este pequeñajo en algo más sensato que una extensión de la mercadotecnia de la gran multinacional fundada por Bill Gates.
Lo primero es descargar la imagen ISO de esta versión aligerada de Ubuntu 10. Luego hay que crear un pendrive USB arrancable que servirá tanto para ejecutar UNE desde el mismo dispositivo y probar su funcionamiento como para realizar una instalación completa o particionada. Desde la guía en inglés del sitio oficial explican como hacerlo desde Windows, OS X (MAC) o desde una instalación Ubuntu -la manera más sencilla, dicho sea de paso-. Necesitarás un disco portable de al menos 2 gigabytes.
Ahora sólo hace falta arrancar el netbook desde el pendrive conectado a un puerto USB y... ¡ups! ¡Vaya! Hay que arrancar la configuración de la BIOS para cambiar el orden de dispositivos de arranque pero... este Samsung... vaya cosa más rara. ¡No se puede escoger el orden de dispositivos de arranque! Con F1 accedes a la configuración de la BIOS y con F4 a las opciones de recuperación de primera instalación -reinstalar de nuevo el 7 Starter-. ¿Y cómo arranco el pequeño equipo desde el disco USB?
En los foros encontré muchas preguntas similares hasta que tropecé un artículo de J.A. Watson en cuyo apartado installation procedure dice, literalmente:
¡Ya! Muy gracioso. Press qué cosa. Él afirma que no le llevó más de 30 minutos realizar el proceso completo pero yo no encuentro esa tecla mágica. Eso pasa por no leer bien la información que te dan. En las instrucciones en el sitio oficial de Ubuntu dice que pruebes con F1, F2, DEL, ESC o F10. Yo pruebo F1 y todas las teclas hasta F12. Nada. Al final, casi de casualidad, presiono ESC y voilà, el menú mágico aparece ante mí.
Justo en el proceso de arranque, en la pantalla de diagnóstico del sistema, pulsas la tecla escape y aparecen dos opciones donde puedes escoger si arrancar desde disco duro interno o desde el pendrive. Esta tontería me costó casi una hora, pasado el escollo de la desinformación, gracias, todo hay que decirlo, a otro buen artículo, más breve pero más útil, escrito en el bitácora de la empresa inglesa PracticalWeb Ltd.
Al arrancar desde nuestro pequeño disco duro externo podemos optar por probar el comportamiento de UNE 10.10 sobre el N150 Plus o instalarlo directamente. Yo he ido a por todas, pero lo primero es configurar la conexión WIFI (lo harás haciendo clic arriba, a la derecha, icono correspondiente). Esto permite que durante la instalación se descarguen las actualizaciones que ya existan del sistema, lo que mejorará el rendimiento de la primera instalación.
Como estaba escrito que yo el sábado me lo pasaría «aprendiendo» sobre el asunto, justo antes de terminar el trabajito se va la luz en casa y el netbook se apaga. La batería no lo mantuvo encendido. Mmm... Aunque parece que la instalación casi ha terminado decido hacer una segunda, siguiendo los pasos ya mencionados, pulsando escape para acceder al menú de arranque justo al inicio, configurando la WIFI antes de iniciar la instalación y siguiendo el resto de pasos.
Cuando llegas al apartado de particiones yo aconsejo dejar la que propone el sistema por defecto, que será repartir al 50% la tarta del disco duro del netbook. Porque eliminar el sistema operativo de tu nuevo ordenador -sea éste u otro- según la norma vigente en materia de consumo, se entiende como una modificación de las características del producto y, por lo tanto, una pérdida de garantía. Ésto, señoras, señores, es la madre del cordero, la gallina de los huevos monopolizados que Microsoft tan sabiamente utiliza a través de sus versiones OEM sólo para fabricantes. ¿Alguien no lo ve, hacen falta más explicaciones?
En mi caso escogí la opción obvia. El 100% para el Ubuntu. ¡Ay! Ya lo sé, no es la opción de sentido común, pero hay truco. En caso de tener que acudir al servicio técnico aún puedo recuperar la instalación previa con las opciones que puedes arrancar desde la pantalla inicial de diagnóstico del Samsung pulsando F4. Para evitar este trajín, mi consejo es que repartas el pastel, la mitad para el inquino Windows 7 Starter y la otra mitad para nuestro héroe de los sistemas operativos libres en peso ligero, el Ubuntu Netbook Edition, versión 10.10, mejorada y rebozada. (¡Ya sé que me puede mi partidismo operativista!)
La primera sorpresa al arrancar UNE es su escritorio (ver imagen justo encima) que nada tiene que ver con la cosa horrorosa y capada que trae por defecto -y que no volveré a nombrar- pero que tampoco se parece mucho a un Ubuntu normal de PC de escritorio. Adopta un formato similar al de las tabletas o de los smartphones de nueva generación. UNE no incorpora muchas herramientas propias que los usuarios más avanzados echarán de menos como un explorador de archivos decente.
Configura el escritorio con una barra de navegación a la izquierda donde prioriza el navegador Mozilla Firefox, el reproductor multimedia Rhythmbox, Emphaty como cliente de mensajería instantánea capaz de conectarse a multitud de plataformas, correo electrónico, cámara web y cuatro o cinco iconos para hacer un manejo mínimo de nuestro nuevo entorno. En la parte superior la barra de estado y justo debajo, puntualmente, aparece y desaparece una barra de búsqueda de ficheros, carpetas o aplicaciones.
Un detalle que llamará la atención es el icono que permite tener disponibles 4 áreas de escritorio diferentes, que las minimiza en pantalla y permite pasar de una zona a otra rápidamente. Otra curiosidad, según abrimos aplicaciones se van mostrando los iconos en la barra deslizante de la izquierda. Cuando veas que parecen ocultarse hacia arriba o hacia abajo sólo hay que hacer clic y arrastrar, como si fuera circular.
Y si echas de menos algún programa concreto, desde el icono de Centro de software puedes descargar las mismas aplicaciones que tienes disponibles para una instalación robusta de Ubuntu 10.10, incluidos software para servidores. En realidad cualquier cosa: juegos, multimedia, oficina, Internet, gráficos, ciencia, educativos...
¡Ah! Y para cambiar el fondo de pantalla, claro, por supuesto, lo que originó todo esto, vas al icono de aplicaciones, opción Apariencia del escritorio y buscas por ahí las opciones adecuadas, que no todo te lo voy a dar masticado.
(Pantallazo encontrado en el bitácora El Puto Loko.)
Pese a que los primeros ASUS Eee PC, reconocidos por poner de moda esta nueva gama de dispositivos, se lanzaba al mercado con una versión aligerada de Linux en 2007, ya resulta difícil encontrar un modelo de algún fabricante que no incluya una versión aligerada del famoso, renombrado y seguro -presumiblemente- Windows 7. La mayor parte de los fabricantes instala una versión OEM conocida como Starter, una
Sea como fuere estas pasadas fechas ha caído por casa un Samsung N150 Plus a la que su 7 Starter le ha durado, exactamente, 27 días. Ya eran muchos, así que este fin de semana, el sábado para más señas, descargo una copia de Ubuntu Netbook Edition 10.10 (o UNE para abreviar) con la intención de convertir a este pequeñajo en algo más sensato que una extensión de la mercadotecnia de la gran multinacional fundada por Bill Gates.
Lo primero es descargar la imagen ISO de esta versión aligerada de Ubuntu 10. Luego hay que crear un pendrive USB arrancable que servirá tanto para ejecutar UNE desde el mismo dispositivo y probar su funcionamiento como para realizar una instalación completa o particionada. Desde la guía en inglés del sitio oficial explican como hacerlo desde Windows, OS X (MAC) o desde una instalación Ubuntu -la manera más sencilla, dicho sea de paso-. Necesitarás un disco portable de al menos 2 gigabytes.
Ahora sólo hace falta arrancar el netbook desde el pendrive conectado a un puerto USB y... ¡ups! ¡Vaya! Hay que arrancar la configuración de la BIOS para cambiar el orden de dispositivos de arranque pero... este Samsung... vaya cosa más rara. ¡No se puede escoger el orden de dispositivos de arranque! Con F1 accedes a la configuración de la BIOS y con F4 a las opciones de recuperación de primera instalación -reinstalar de nuevo el 7 Starter-. ¿Y cómo arranco el pequeño equipo desde el disco USB?
En los foros encontré muchas preguntas similares hasta que tropecé un artículo de J.A. Watson en cuyo apartado installation procedure dice, literalmente:
Plug the USB drive into the Samsung, turn on power and press when the initial boot/diagnostic screen is displayed.
¡Ya! Muy gracioso. Press qué cosa. Él afirma que no le llevó más de 30 minutos realizar el proceso completo pero yo no encuentro esa tecla mágica. Eso pasa por no leer bien la información que te dan. En las instrucciones en el sitio oficial de Ubuntu dice que pruebes con F1, F2, DEL, ESC o F10. Yo pruebo F1 y todas las teclas hasta F12. Nada. Al final, casi de casualidad, presiono ESC y voilà, el menú mágico aparece ante mí.
Justo en el proceso de arranque, en la pantalla de diagnóstico del sistema, pulsas la tecla escape y aparecen dos opciones donde puedes escoger si arrancar desde disco duro interno o desde el pendrive. Esta tontería me costó casi una hora, pasado el escollo de la desinformación, gracias, todo hay que decirlo, a otro buen artículo, más breve pero más útil, escrito en el bitácora de la empresa inglesa PracticalWeb Ltd.
Al arrancar desde nuestro pequeño disco duro externo podemos optar por probar el comportamiento de UNE 10.10 sobre el N150 Plus o instalarlo directamente. Yo he ido a por todas, pero lo primero es configurar la conexión WIFI (lo harás haciendo clic arriba, a la derecha, icono correspondiente). Esto permite que durante la instalación se descarguen las actualizaciones que ya existan del sistema, lo que mejorará el rendimiento de la primera instalación.
Como estaba escrito que yo el sábado me lo pasaría «aprendiendo» sobre el asunto, justo antes de terminar el trabajito se va la luz en casa y el netbook se apaga. La batería no lo mantuvo encendido. Mmm... Aunque parece que la instalación casi ha terminado decido hacer una segunda, siguiendo los pasos ya mencionados, pulsando escape para acceder al menú de arranque justo al inicio, configurando la WIFI antes de iniciar la instalación y siguiendo el resto de pasos.
Cuando llegas al apartado de particiones yo aconsejo dejar la que propone el sistema por defecto, que será repartir al 50% la tarta del disco duro del netbook. Porque eliminar el sistema operativo de tu nuevo ordenador -sea éste u otro- según la norma vigente en materia de consumo, se entiende como una modificación de las características del producto y, por lo tanto, una pérdida de garantía. Ésto, señoras, señores, es la madre del cordero, la gallina de los huevos monopolizados que Microsoft tan sabiamente utiliza a través de sus versiones OEM sólo para fabricantes. ¿Alguien no lo ve, hacen falta más explicaciones?
En mi caso escogí la opción obvia. El 100% para el Ubuntu. ¡Ay! Ya lo sé, no es la opción de sentido común, pero hay truco. En caso de tener que acudir al servicio técnico aún puedo recuperar la instalación previa con las opciones que puedes arrancar desde la pantalla inicial de diagnóstico del Samsung pulsando F4. Para evitar este trajín, mi consejo es que repartas el pastel, la mitad para el inquino Windows 7 Starter y la otra mitad para nuestro héroe de los sistemas operativos libres en peso ligero, el Ubuntu Netbook Edition, versión 10.10, mejorada y rebozada. (¡Ya sé que me puede mi partidismo operativista!)
La primera sorpresa al arrancar UNE es su escritorio (ver imagen justo encima) que nada tiene que ver con la cosa horrorosa y capada que trae por defecto -y que no volveré a nombrar- pero que tampoco se parece mucho a un Ubuntu normal de PC de escritorio. Adopta un formato similar al de las tabletas o de los smartphones de nueva generación. UNE no incorpora muchas herramientas propias que los usuarios más avanzados echarán de menos como un explorador de archivos decente.
Configura el escritorio con una barra de navegación a la izquierda donde prioriza el navegador Mozilla Firefox, el reproductor multimedia Rhythmbox, Emphaty como cliente de mensajería instantánea capaz de conectarse a multitud de plataformas, correo electrónico, cámara web y cuatro o cinco iconos para hacer un manejo mínimo de nuestro nuevo entorno. En la parte superior la barra de estado y justo debajo, puntualmente, aparece y desaparece una barra de búsqueda de ficheros, carpetas o aplicaciones.
Un detalle que llamará la atención es el icono que permite tener disponibles 4 áreas de escritorio diferentes, que las minimiza en pantalla y permite pasar de una zona a otra rápidamente. Otra curiosidad, según abrimos aplicaciones se van mostrando los iconos en la barra deslizante de la izquierda. Cuando veas que parecen ocultarse hacia arriba o hacia abajo sólo hay que hacer clic y arrastrar, como si fuera circular.
Y si echas de menos algún programa concreto, desde el icono de Centro de software puedes descargar las mismas aplicaciones que tienes disponibles para una instalación robusta de Ubuntu 10.10, incluidos software para servidores. En realidad cualquier cosa: juegos, multimedia, oficina, Internet, gráficos, ciencia, educativos...
¡Ah! Y para cambiar el fondo de pantalla, claro, por supuesto, lo que originó todo esto, vas al icono de aplicaciones, opción Apariencia del escritorio y buscas por ahí las opciones adecuadas, que no todo te lo voy a dar masticado.
(Pantallazo encontrado en el bitácora El Puto Loko.)
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viernes, 21 de enero de 2011
A ti, que me sigues, que me dejas de seguir
Hace cosa de unos 10 años había, en lo que podría llamar mi página principal, artecar24.com (dedicada a varias aficiones que nada tienen que ver con mi profesión: el modelismo, el coleccionismo y el automóvil clásico), un seguidor muy activo. Se llamaba, espero que se siga llamando, Jorge, un ejecutivo medio, de cierto peso dentro de su empresa, en el sector del automóvil. Un hispano-suizo, creo, gran coleccionista, residente, si la memoria no me falla, en Berna.Era raro el día que no cruzáramos algún correo. Me enviaba contenidos a la página y demostraba constantemente ser un gran seguidor. Le gustaba y apreciaba ese trabajo voluntario dirigido a otros aficionados con el mismo perfil que él o yo y que, se suponía, hacía desde esta pequeña isla al sur de Europa, al noroeste de África. En aquel entonces la página de edición plana que tenía me consumía tiempo que en ocasiones no tenía y en otras no me apetecía -para ser sincero- actualizar. Recuerdo que un buen día, probando cosas, me dio por poner una musiquilla de fondo, la banda sonora de la Pantera Rosa.
Pasaron un par de años y un buen día, harto ya de la página y ese sentimiento de obligación que en ocasiones genera lo que haces por pura devoción, en un impasse donde estuve a punto de arrastrar a la papelera todos esos otros proyectos que parecían que nunca saldrían de la voluntariedad y se arrimarían al lado productivo del asunto, quité esa banda sonora tan simpática. Jorge me escribió preguntándome por qué. Me explicó que a su hija le encantaba y la oía todas las noches hasta dormirse. En aquel momento no supe ponerme en su lugar, en su piel. Imagino que cada noche, al acostarla, se pasaba un rato paseando por la web, leyendo textos sobre historias de automóviles, disfrutando con la última maqueta de algún modelista latinoamericano, de México hacia abajo, siempre muchísimo más predispuestos a colaborar y participar que los españoles. Y mientras él disfrutaba la chiquilla oía la musiquilla de la página y se dormía.
Pero desde este lado, no tuve esa capacidad para ver a lo lejos. Estaba centrado en ese mi-yo que en ocasiones nos acogota. Respondí con un frío correo, a medias un reproche y a medias una fría explicación técnica. ¡Oye, la página la gestiono yo y además la música retarda su carga, hago lo que creo conveniente! Fui estúpido. Pero ya estaba hecho y no hubo respuesta desde el otro lado. De hecho, no hubo ningún otro contacto posterior, ninguna otra colaboración, no más intercambios de alguna miniatura repe. Mi seguidor desapareció no por agotamiento, lo que es habitual en todos nosotros, sino por mi engreimiento personal. Por falta de empatía. Por ausencia de agradecimiento, por mi parte. Mi situación personal puntual no era la causa aunque fuera la excusa. Simplemente, no supe estar a la altura.
Un seguidor es alguien muy especial. Es una persona, hombre o mujer, que te presta un trozo de su vida para poner su atención en lo que tú dices o haces. Te escucha o te lee. Te comenta o te aconseja. Te pide o incluso te exige, porque quiere más. Quiere más porque le gusta lo que encuentra. Cuando pretendes comunicar, bien a través de la poesía o a través de una guía técnica, nada tiene sentido si lo transmitido cae en saco roto, en el agujero negro de la indiferencia.
Has de transmitir desde dentro, siendo tú, al precio que corresponda según tu mensaje -siendo responsable con su alcance y sus consecuencias-, pero entendiendo que el paquete de datos que emerge desde el nodo de tu corazón o de tus neuronas, sean emociones o datos fríos lo que lances al aire, emigran desde dentro hacia fuera. Y tienen que caer en un receptor que lo reciba y lo procese y, a ser posible, lo estimule a generar un feedback (bonito anglicismo, de los pocos que me gusta usar).
Los seguidores vienen y van. Están una temporada si se enganchan con tu contenido y les agrada el continente. Se sienten cómodos, reciben algo a cambio. Pero siempre hay un adiós. Adiós que uno, como comunicante, siempre espera que sea un hasta pronto o un hasta más ver. El modelo se les agota, reciben lo que necesitaban en el preciso instante en que te descubren, lo que andaban buscando y encontraron en tus letras, tus imágenes o tu voz. Pero una vez satisfecha la necesidad, en el mismo día o después de varios meses -o incluso años-, su presencia se va diluyendo. Empiezan a ser presencias etéreas. Sospechas que tal vez sigan por ahí. O quizás la sospecha sólo sea un modo de alentar la esperanza de que seguirán leyendo desde el inestable anonimato.
Es entonces cuando aparece una nueva persona que ocupa el sillón, se viste de seguidor, de lector habitual, de comentarista. Regresan los ánimos y las felicitaciones, la expresión de deseos, recibes el pedido en tu buzón, vengo en busca de..., es lo que espero de ti. Y la desmotivación de aquel adiós revierte en renovadas energías. Los textos y los mensajes fluyen en ti y los temas se acumulan en el cuello de botella de tus intenciones. Quieres darlo todo, aprovechar ese gran regalo. Ese mejor regalo que te pueden hacer: tiempo.
Cuando percibes una despedida, en ocasiones silenciosa, en otras con un portazo, siempre quedará la duda, la esperanza de la inocencia. ¿Yo qué hice? Tú lo hiciste todo, pero no te gusta reconocerlo. Sabes por qué, pero duele. ¡La culpa es de él/ella, que no entendió el mensaje! Pero no es cierto. Da igual. Lo mismo da si un exceso de realismo hizo daño o una opinión dogmática alejó de ti a quien no quería ser criticado ni señalado. Poca importancia tiene si tu tema agota sus ansias de conocer. Hay un fin, un punto y se acabó. Acéptalo.
Porque lo que tiene valor es el tiempo que te acompañó, siendo parte del proceso de la comunicación, recibiendo tus paquetes codificados en ese protocolo llamado aprendamos juntos. El resto sólo hay que asumirlo. Por eso, que ahora estés leyendo este texto para mí resulta un regalo impagable ya que los 45 segundos que depositas en el banco de mis esperanzas y en mi mensaje, ya son míos. No te los devuelvo. Sólo puedo enviar agradecimiento en pequeños plazos.
Promesas no te puedo hacer. En ocasiones pondré toda la carne en el asador y en más de una se me quemarán los filetes. Pero la intención estará ahí. Sacar lo mejor para exponerlo a la vox populi y a ver qué pasa. Si consigo retener tu mirada en el mensaje y hacerte volver habré conseguido la mitad del objetivo. La otra mitad es encontrar ese mecenas. Claro. Las perritas, cosa importante.
En resumen y como diría un rockero a su público... ¡gracias por estar ahí!
Y si te preguntas por qué lo sé. Lo sé porque yo también soy seguidor, así que te conozco mejor que nadie. De seguidor a seguidor, pocas cosas nos diferencian salvo lo que necesitamos o lo que escogemos.
(Ilustración superior encontrada en El Blog de elSant0.)
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jueves, 20 de enero de 2011
Amabilidad 2.0
Podemos ser más de lo mismo pero con más cachibaches y electrónica, con mucha más radiofrecuencia y señal electromagnética alrededor de nuestra existencia, pero los mismos con lo mismo al fin y al cabo. Yo te aconsejaría visitar de vez en cuando el bitácora o el timeline en Twitter de Marcelino Madrigal para someterte a unas cuantas sesiones de realismo social media, que nunca vienen mal.
O podemos aprovechar la oportunidad histórica que tan bien describe Enrique Dans en su libro (del que hablaré, en cuanto lo termine) -no puedo evitar de estar de acuerdo con lo que expone- y crear otras maneras.
Aprovechar la tecnología para que cambie al hombre. ¿Sería posible?
Podemos escoger pedir, sin exigir, con humildad.
Podemos escoger agradecer, sin falsedad, con honestidad.
Podemos escoger ayudar, sin interés, con voluntad.
Podemos escoger sonreír, sin obligación, con sencillez.
Podemos escoger aspirar, sin codicia, con ambición.
Podemos escoger soñar, sin divagar, con orientación.
Podemos escoger actuar, sin violencia, con sentido común.
Podemos escoger pactar, sin imposición, con razones.
Podemos escoger escuchar, sin menosprecio, con paciencia.
Podemos escoger comunicar, sin gritar, con claridad.
¡Podemos escoger!
O podemos aprovechar la oportunidad histórica que tan bien describe Enrique Dans en su libro (del que hablaré, en cuanto lo termine) -no puedo evitar de estar de acuerdo con lo que expone- y crear otras maneras.
Aprovechar la tecnología para que cambie al hombre. ¿Sería posible?
Podemos escoger pedir, sin exigir, con humildad.
Podemos escoger agradecer, sin falsedad, con honestidad.
Podemos escoger ayudar, sin interés, con voluntad.
Podemos escoger sonreír, sin obligación, con sencillez.
Podemos escoger aspirar, sin codicia, con ambición.
Podemos escoger soñar, sin divagar, con orientación.
Podemos escoger actuar, sin violencia, con sentido común.
Podemos escoger pactar, sin imposición, con razones.
Podemos escoger escuchar, sin menosprecio, con paciencia.
Podemos escoger comunicar, sin gritar, con claridad.
¡Podemos escoger!
Y eso es lo mejor de todo.
miércoles, 19 de enero de 2011
Google Chart Tools: gráficos de datos en tu blog
Todo el mundo tiene su marca. Los hay apasionados por la Coca Cola, los hay de Alfa Romeo o los hay de Dolce & Gabbana. Yo soy de Google, lo reconozco. Por interés y beneficio, todo hay que decirlo. Utilizo su buscador a diario, su plataforma de bitácoras de manera intensiva, su sistema de correo electrónico y su calendario me resulta muy útil, el lector de noticias y suscripción de feeds, tengo personalizado mi iGoogle. No quiero olvidarme que controlo el tráfico de mis páginas y blogs, gano unos céntimos y planifico estrategias de posicionamiento, todo eso, utilizando sus herramientas. Además, utilizo sus API para mejorar la experiencia del usuario en los desarrollos que dirijo incluyendo herramientas tan dinámicas y potentes como Maps o Language. Y todo esto, por cero euros.
Por si fuera poco, entre los mastodontes empresariales actuales vinculados a las TIC, es el principal defensor de la neutralidad en la red -no sin alguna crítica al respecto de sus últimos posicionamientos- y el código abierto, siendo como es una empresa privada con accionistas que debe mirar antes por la rentabilidad del negocio que por filosofías a medio camino entre lo hacker y lo zen. Y todo esto, insisto, por cero euros.
Dicho esto, conocer todos los servicios y herramientas que tiene Google entre sus manos o está desarrollando es una tarea harto complicada. No pasa día en el que no descubres algo nuevo. Quizás lleva meses o años en funcionamiento pero no llega hasta ti hasta que lo necesitas. Es el caso de las Chart Tools, que descubro hoy (lanzada la versión beta en 2007 no se anunció su primera versión estable hasta febrero de 2010), una API tremendamente sencilla de utilizar que sirve para generar gráficos de representación de datos, fórmulas, esquemas (interpretando GraphViz), códigos de barra tipo QR (obsérvalo arriba y a la derecha, debajo de los iconos sociales, si tienes un software lector en tu móvil y lo utilizas, enfocando la cámara, abrirá el navegador web con la URL de este artículo), mapas geográficos de datos, entre otras opciones.
Primer consejo, si buscas "api charts google" y acabas en la página de documentación en español verás que... ¡no hay nada de información! Modifica la URL y en la especificación "es-ES" pones "en-GB". Como dice mi compañero, al final, lo verdaderamente interesante (en informática) siempre está en inglés.
Usarlo es tremendamente simple en lo que va siendo una tendencia en Google. Es decir, utilizar sus API vía una llamada a una URL que devuelve algo. En este caso llamamos a una URL con unos parámetros determinados que definen el gráfico a generar, devuelto en forma de imagen. La mejor manera, pues, de utilizarlo es a través de la etiqueta <img src="..." />. En tu editor de texto para las entradas de tu bitácora puedes incluirlos insertando una imagen y en origen (o fuente o URL) indicas la dirección de la API con sus parámetros.
Los gráficos inferiores de pastel o barras representan, ambos, la distribución porcentual de las fuentes de tráfico de este bitácora. La etiqueta que genera ese cada uno de ellos está justo debajo (separo en líneas los parámetros, aunque la URL se debe de indicar de manera continua):


Para los bitácoras dedicados a ciencias o matemáticas recomiendo investigar el apartado dirigido a generar fórmulas en formato gráfico. Evitarás tener que editar una imagen, con el engorro que eso supone, en un programa de edición de imágenes para luego subirlo a tu blog, con la ventaja añadida de permitir una rápida edición con sólo modificar los parámetros de la URL. La fórmula se especifica en el parámetro chl y se describe en lenguaje TeX (es aconsejable codificarla para evitar problemas con algunos carácteres).
En el ejemplo, la fórmula de la media aritmética (una apreciación sobre las fórmulas, el signo + hay que indicarlo en formato UNICODE, como %2B):

Más ejemplos e información útil en:
Por si fuera poco, entre los mastodontes empresariales actuales vinculados a las TIC, es el principal defensor de la neutralidad en la red -no sin alguna crítica al respecto de sus últimos posicionamientos- y el código abierto, siendo como es una empresa privada con accionistas que debe mirar antes por la rentabilidad del negocio que por filosofías a medio camino entre lo hacker y lo zen. Y todo esto, insisto, por cero euros.
Dicho esto, conocer todos los servicios y herramientas que tiene Google entre sus manos o está desarrollando es una tarea harto complicada. No pasa día en el que no descubres algo nuevo. Quizás lleva meses o años en funcionamiento pero no llega hasta ti hasta que lo necesitas. Es el caso de las Chart Tools, que descubro hoy (lanzada la versión beta en 2007 no se anunció su primera versión estable hasta febrero de 2010), una API tremendamente sencilla de utilizar que sirve para generar gráficos de representación de datos, fórmulas, esquemas (interpretando GraphViz), códigos de barra tipo QR (obsérvalo arriba y a la derecha, debajo de los iconos sociales, si tienes un software lector en tu móvil y lo utilizas, enfocando la cámara, abrirá el navegador web con la URL de este artículo), mapas geográficos de datos, entre otras opciones.
Primer consejo, si buscas "api charts google" y acabas en la página de documentación en español verás que... ¡no hay nada de información! Modifica la URL y en la especificación "es-ES" pones "en-GB". Como dice mi compañero, al final, lo verdaderamente interesante (en informática) siempre está en inglés.
Usarlo es tremendamente simple en lo que va siendo una tendencia en Google. Es decir, utilizar sus API vía una llamada a una URL que devuelve algo. En este caso llamamos a una URL con unos parámetros determinados que definen el gráfico a generar, devuelto en forma de imagen. La mejor manera, pues, de utilizarlo es a través de la etiqueta <img src="..." />. En tu editor de texto para las entradas de tu bitácora puedes incluirlos insertando una imagen y en origen (o fuente o URL) indicas la dirección de la API con sus parámetros.
Los gráficos inferiores de pastel o barras representan, ambos, la distribución porcentual de las fuentes de tráfico de este bitácora. La etiqueta que genera ese cada uno de ellos está justo debajo (separo en líneas los parámetros, aunque la URL se debe de indicar de manera continua):
<img src="https://chart.googleapis.com/chart?
cht=p3
&chs=400x100
&chd=t:45.25,37.45,16.36,0.94
&chl=45%|37%|16%|1%
&chdl=Buscadores|Referencia|Directo|Otros"
border="1" />
<img src="https://chart.googleapis.com/chart?
cht=bhs
&chs=400x200
&chd=t:45.25,37.45,16.36,0.94
&chxt=x,y
&chxl=1:|Otros|Directo|Referencia|Buscadores|0:|0%|20%|40%|60%|80%|100%
&chtt=Origen%20Tráfico%20Web|blog.artecar24.com"
border="1" />
Para los bitácoras dedicados a ciencias o matemáticas recomiendo investigar el apartado dirigido a generar fórmulas en formato gráfico. Evitarás tener que editar una imagen, con el engorro que eso supone, en un programa de edición de imágenes para luego subirlo a tu blog, con la ventaja añadida de permitir una rápida edición con sólo modificar los parámetros de la URL. La fórmula se especifica en el parámetro chl y se describe en lenguaje TeX (es aconsejable codificarla para evitar problemas con algunos carácteres).
En el ejemplo, la fórmula de la media aritmética (una apreciación sobre las fórmulas, el signo + hay que indicarlo en formato UNICODE, como %2B):
<img src="https://chart.googleapis.com/chart?
cht=tx
&chs=300x400
&chl=\bar{x} = \frac{x_1 %2B x_2 %2B ... %2B x_n}{n} = \frac{\sum_{i=1}^n x_i}{n}"
border="1" />
Más ejemplos e información útil en:
- Introducción a Google Chart API es una interesante guía paso a paso con interesantes ejemplos, sencillos de entender.
- Google Chart API, generando gráficas, un interesante muestrario que combina la API con código JavaScript para generar gráficos con una presentación más dinámica y causar mayor impacto visual en el lector.
- Google Chart Tools / Image Charts (aka Chart API), documentación oficial, en inglés.
- How to use Google Charts API with 6 examples, seis ejemplos detalladamente explicados, en inglés.
- Google Chart API, examples, una interesante recopilación de ejemplos sencillos, para ver cómo se generan busca la URL de las imágenes.
- LaTeX, by Wen Ying Gao, manual detallado del lenguaje TeX (o LaTeX) en formato PPT.
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martes, 18 de enero de 2011
Del "smartphone" al "smart multipurpose device"
Hoy toca comentario algo friki, lo sé, pero igual resulta útil para alguien. Además, te confieso algo, las pocas entradas sobre trucos, técnicas o aparatos que hay en este bitácoras acaparan buena parte de las estadísticas de páginas-vistas. De las 500 diarias de promedio más de la mitad se van a artículos escritos hace meses, o años, sobre cómo hacer ésto o aquello. Y son pocos, a decir verdad.Además me apetece quitarme el mal sabor de boca que tengo con mi portátil ASUS X5DIN y su deficiente construcción en algo tan elemental como la mecánica de las teclas o la tapa de la fuente de alimentación. Eso por no citar la respuesta del servicio de atención al cliente... pero será historia para otro día.
El asunto es que a ratos y cuando puedo voy descubriendo las virtudes de Android, como buen sistema basado en Linux (y aquí me puede la pasión). Lo primero que sorprende gratamente es que HTC mantiene la filosofía del sistema operativo para dispositivos móviles por el que se decanta, en perjuicio de Symbian, y mantiene disponibles a través de su Marketplace, un porcentaje superior al 50% de aplicaciones gratuitas para nuestro smartphone. En las aplicaciones de pago es harto difícil encontrar una con un precio superior a los 10 euros. Pocas hay de éstas que no tengan una alternativa dentro del software libre disponible. Aunque también es cierto que, a su vez, entre estas últimas -las gratuitas- encontrarás muchas en versión básica que ofertan versiones superiores con mayor funcionalidad, eso sí, a un bajo coste casi siempre.
Twitter for Android y la sincronización en el GMT 0
Un problema que me ha traído de cabeza durante unas horas es la sincronización de Peep o de Twitter for Android, pues aunque en una primera configuración ambas funcionaron correctamente, en un momento dado dejaron de hacerlo. ¡Misterio! La primera, propia de HTC, no da señales de vida, ni tan siquiera un mensaje de error. La segunda, propia de la red social de microblogging, da un error de conexión y aconsejaba intentarlo más tarde.
Al final, luego de leer unos cuantos foros, encontré una pista. El secreto está en el juego de configuración de la actualización automática de la hora (Ajustes :: Fecha y hora :: Automático) y la detección automática de ubicación geográfica (Ajustes :: Ubicación :: Mi ubicación, con sus dos opciones posibles, Utilizar redes inalámbricas o Utilizar satélites GPS). Esto mezclado con un error de asignación de zona GMT +1 a Canarias, cuando realmente le corresponde la GMT 0.
Si tienes estas opciones marcadas, el Android 2.2 del HTC Desire HD asigna la zona horaria GMT +1 a Canarias (error) y no permite la modificación manual. Si desactivas la actualización automática de hora y corriges la hora (sin corregir la zona horaria, dejándola en GMT +1), Twitter for Android y otras aplicaciones similares no se conectan a la plataforma y no sincronizan. La solución pasa por desactivar una u otra de las opciones para así poder configurar manualmente la zona geográfica correcta, la GMT 0. Al mismo tiempo la hora del sistema debe de coincidir con la de la zona GMT asignada. Así que, o bien desactivas la actualización automática de hora (mi opción) o bien desactivas la ubicación geográfica automática. ¡Ah! Y no olvides que tienes otras alternativas al aplicativo oficial de Twitter.
Te narro la anécdota dentro del artículo y antes de la reflexión como buen ejemplo de como una comunidad de usuarios numerosa y distribuida es muchísimo más eficaz que un servicio técnico propietario, el caso habitual en un modelo de producto cerrado que ata el cliente a la marca.
Y una pequeña reflexión
Llaman la atención algunas aplicaciones tan simples como el nivel digital, la brújula, el altímetro o el detector de metales. Es decir, en mi móvil tengo una herramienta de carpintería, un dispositivo de orientación y hasta una herramienta para investigación (salvando las distancias con las específicas, claro está).
¿Cuál es el futuro de la teléfonía móvil? La miniaturización permite crear pequeños dispositivos móviles y portables que incorporan un amplio espectro de sensores que captan todo tipo de información del entorno, desde posicionamiento hasta medidas más físicas como movimiento, aceleración, luz, temperatura, humedad, sonido -algo más que un burdo micrófono, me refiero-. Al mismo tiempo, las capacidades de detección de señales permiten, en un mismo dispositivo, captar e interpretar mediante software un amplio espectro electromagnético que permiten, lo mismo tener una radio AM-FM de bolsillo que un GPS, además de conectar mediante una amplia variedad de redes y protocolos distintos a otros aparatos.
Los smartphones (y las tabletas más pequeñas como la nueva Samsung Galaxy) tienen cada vez menos de phone y más de smart multipurpose device, nombre que los define mucho mejor. Probablemente la siguiente generación de equipos camine en esa línea. Dispositivos multi-propósito con una amplia variedad de transceptores capaces de recibir e interpretar una gran cantidad de información externa, no sólo electromagnética, sino también medioamiental (capaces de captar y ponderar la física de nuestro entorno). La diferencia entre unos y otros estará en el tamaño y en el sistema operativo que el fabricante elija para sus aparatos, lo que a su vez atará al usuario a unas políticas de disponibilidad de aplicaciones centrada en estrategias de marketing (vendiendo humo como Apple), monopolistas (como Microsoft) o abiertas (como Android/Ubuntu).
(Pantallazo superior encontrado en Bitelia.com.)
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