Ante la petición de la diputada Rosa Díez (UPyD) de iniciar reformas en el sistema electoral para alcanzar una mayor representación, nuestro estimado Rodríguez Zapatero le ha contestado que, si este país es bipartidista es porque así lo quiere el 85% de sus ciudadanos.
Ahora sería cuando los que defendemos que el bipartidismo es la enfermedad de la democracia entraríamos en la dinámica de rebatir las manipulaciones del actual y desgastado líder del PSOE. Ahora bien, ante los discursos estériles, nada mejor que la objetividad. Y para la objetividad, nada mejor que las cifras. Crudas, reales, directas, sinceras. Su 85% invita a dudar y a contrastar. Y es lo que he hecho.
Partiendo de los datos electorales de las elecciones de 2008 vamos a analizar la diferencia con el actual sistema de tendencia bipartidista (fórmula electoral D'Hondt), orientado a crear una situación irreal donde los dos partidos mayoritarios acaparan prácticamente todo el poder (en perjuicio de las minorías). Vamos a poner frente a este modelo lo que sería un sistema de representación directa de tendencia pluralista, demandado por el movimiento Democracia Real Ya.
Elecciones generales de 2008.
es.wikipedia.org/wiki/Elecciones_generales_de_España_de_2008
es.wikipedia.org/wiki/Elecciones_generales_de_España_de_2008
| Electorado: | 35.073.179 | votantes |
| Votos válidos: | 25.734.863 | votos |
| PSOE + PP: | 21.566.507 | votos |
| PSOE + PP: | 323 | escaños |
| Resto*: | 3.882.174 | votos |
| Resto*: | 27 | escaños |
| Vacíos**: | 9.624.498 | votos |
* Votos válidos al resto de fuerzas políticas.
** Vacíos = Abstención + Blancos + Nulos.
En la tabla anterior puedes ver el número total de españoles llamados a las urnas, algo más de 35 millones. El número de votos válidos, por encima de los 25,7 millones. Sumando en una sóla etiqueta las abstenciones, los votos en blanco y los votos válidos, que si bien sé que teóricamente no representan lo mismo, en la práctica no deberían de señalar representación alguna.
Como podrás observar los escaños que acaparan los dos principales partidos del sistema, PSOE y PP, son de 323, es decir, el 92,29% del hemiciclo nacional, mientras que el resto de partidos con votos válidos y representación en el Congreso ocupan 27 sillones, el 7,71% y, lo más destacado y que pasa desapercibido, los vacíos ni ocupan ni desocupan.
El siguiente gráfico muestra perfectamente cómo el sistema bipartidista se come (literalmente) la representatividad democrática:

¿Qué pasaría si tuviéramos un sistema de representación directa? Para averiguarlo, antes vamos a dar un rodeo analizando algunos porcentajes relevantes y curiosos del sistema actual:
- Cada diputado de la cámara alta representa a 100.209 electores, es decir, al 0,29% del electorado.
- Los votos acumulados del PSOE y el PP suponen el 61,49% del electorado.
- Los votos válidos del resto de fuerzas políticas suponen el 11,07% del electorado.
- El conjunto de las abstenciones, los votos en blanco y los votos nulos representan al 27,44% de los electores.
- Los votos válidos de los partidos sin representación (CA, EA, CHA y otros) suponen el 2,2% de los electores.
- El 11,07% del electorado (voto válido no bipartidista) está representado en el Congreso por 7,71% de los escaños.
- IU, con el 2,77% de los votos, sólo está representado por el 0,57% de los escaños.
- Nadie, en nuestro actual sistema, representa al 27,44% de los votantes. Es el voto robado que el sistema bipartidista se come.

En una situación de representación directa, como se observa en el gráfico superior, el PSOE contaría con 113 escaños (un 33,34% menos que los otorgados, es decir, -56) y el PP contaría con 103 escaños (un 33,40% menos, es decir, -51). Pero no son los únicos sobredimensionados electoralmente. Los partidos regionalistas CiU y EAJ/PNV también tendrían menor representación (-2 y -3 respectivamente).
Lo más impactante sería la situación de IU y UPyD que aumentarían su número de escaños un 393,92% y un 205,44% respectivamente. Es decir, pasarían de tener 2 y 1 escaños a tener 10 y 3, respectivamente. ¿Qué te parece?
Más peculiaridades, los únicos partidos que, cosas de los números, pueden decir que están justamente representados en el Congreso son ERC (3), BNG (2), CC (2) y NaBai (1), que tienen ahora el mismo número de diputados que con un sistema de representación directa.
La representación directa supondría además la entrada en el hemiciclo de CA, EA y CHA (que tendrían 1 escaño cada uno), mientras que quedarían 6 diputados más para asignar a una heterogénea amalgama de partidos minúsculos que, eso sí, tienen el 1,76% de los votos del electorado.
Y lo mejor de todo, en este sistema 96 escaños quedarían vacíos ya que sólo se ocuparían 254, los legítimamente elegidos. ¡Sabes el dinero que ahorrarían las arcas del estado si así fuera! ;)
(Por cierto, hablando de dinero. ¿Sabías que los partidos obtienen una cuantiosa subvención a fondo perdido por cada diputado que logran sentar en el congreso? ¿A quién beneficia y a quién perjudica el bipartidismo, realmente?)
Puede objetarse que en este escenario ni PP ni PSOE podrían tener una mayoría absoluta (mitad más uno) para así gobernar plácidamente y sin contratiempos (ni contra-voces). Ninguno de los dos grandes partidos, pactando con los 11 restantes, más los 6 diputados de la amalgama de los minúsculos, podría acaparar esos tan deseables 176 votos. Así que se tendría que gobernar este país por mayoría simple. Es decir, gana la opción más votada.
Nuestros diputados estarían ante una curiosa situación. Actuar a la portuguesa, o a la griega, barriendo para casa, en interés propio, hundiendo al país y a sus ciudadanos en la miseria y el desgobierno... o negociar y dejarse la piel por alcanzar acuerdos.
¿Realmente nuestros representantes tendrán la altura moral y política necesaria para dejar de lado el ansia viva por el poder y pensar en el bien común? Porque, tras los grandes intereses partidistas, se esconde una profunda incompetencia en la clase política española que difícilmente va a ser superada en un futuro inmediato (salvo honrosas excepciones, como en todos lados).


Las pequeñas y medianas empresas dedicadas al comercio tradicional (de mostrador) y, sobre todo, aquellas orientadas a un mercado altamente definido (por ejemplo, venta de repuestos para coches clásicos) tienen una gran oportunidad para afrontar una pérdida de ventas y clientela física en la puesta en marcha de una tienda virtual.
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