lunes, 29 de agosto de 2011

¿Cómo funcionan los vendedores de humo?

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Cuando oigo a un profesional del social media despotricar de sus iguales, tachar a los otros de vendedores de humo, no me queda otra que torcer el gesto y sonreír con cierta malicia. Porque pareciera que nunca hubiéramos presenciado el fenómeno de las burbujas tecnológicas cuando han sido comunes y, además, siguen unos patrones predecibles.

En social media hay vendedores de humo, sí. Como los hubo con la etiqueta computer programmer hacia finales de los ochenta, cuando bastaba saber BASIC y COBOL para cobrar sustanciales sueldos. En la profesión de los teclas, como en cualquier otra, es un hecho reiterativo que surge con cada ola de innovación importante.

Ahora rasgamos las vestiduras propias y ajenas porque ya olvidamos ejemplos previos como el boom de asesores en implantación de la ley de protección de datos, ocurrido casi 10 años después de aprobada la susodicha que lo originó. También vivimos una explosión de webmasters hacia finales de los noventa. Y en otro sector, paralelo, el de los agentes de certificación de normas de calidad.

Cuando terminé Informática de Gestión, año 1989, ser programador era como ser druida, manejando aparatos misteriosos, hablando de unas cosas que casi nadie entendía y con unos conocimientos casi místicos. Mi primera oferta de trabajo -modificar un programa en BASIC- la tuve con 16 años. Mi primer voto en unas urnas y mi primer contrato laboral con 18 primaveras. Pero tan solo 22 años después, en 2011, pueden encontrarse programadores en la cola del paro o ingenieros que tienen su primera vez cumplidas las tres décadas. Con el social media ocurrirá lo mismo.

¿Cómo funcionan los vendedores de humo? Hay cierto y prestigioso SM manager, director de equipos de communities, antes experto en gestión de recursos humanos, al que un día le pregunté, ¿qué harás cuando se acabe la burbuja? Su respuesta fue clara y transparente, excesivamente sincera, casi inconsciente: ¡pues, a otra cosa!

Los evangelizadores

Lo dicho arriba, con cada innovación técnica que implique un nuevo modelo de gestión o de ejecución de procesos o que haya generado una nueva necesidad/demanda de servicio aparecen los evangelizadores, una primera ola de técnicos que van prodigando el mensaje de la buena nueva.

Algunos son tomados por locos, los primeros, a menudo profesores de Universidad o con algún tipo de salario fijo. Justo después llegan los que se convierten en gurús, voluntaria o involuntariamente. Enrique Dans es un claro ejemplo en nuestro campo y en España. Idolatrados por las primeras masas de early adopters (y odiados por los que lideraban tecnologías ya maduras en ese punto de cambio).

Los lobos (los vendedores de humo)

En cuanto todo esto sucede, si alcanza una masa crítica lo suficientemente ruidosa, despiertan los lobos, son los verdaderos vendedores de humo. Su expertez no está en dominar tal o cual tecnología sino en aprovechar las olas de innovación en su punto caliente, cuando se genera una fuerte demanda dispuesta a pagar lo que haga falta, al mismo tiempo que no hay oferta suficiente.

Se cuelan en esa rendija económica y actúan. Prodigan los beneficios al igual que los evangelizadores pero a diferencia de aquellos su meta no está en enseñar algo que les apasiona, su fin último es presupuestar. Y hacerlo a precios astronómicos. No hará falta recordar los millones de pesetas que la administración pública pagó durante años por tal o cual portal realizado en HTML plano.

Son las primeras víctimas. Secretarios generales o viceconsejeros que aspirando a tener mayor peso en sus partidos se dejan encandilar por los beneficios y las maravillas de la última novedad.

Los profesionales

Son la tercer fase. Desde mi punto de vista, es el momento actual del social media.

Un conjunto de técnicos se dan cuenta que por su experiencia y trayectoria pueden encajar en ese nuevo escenario. Puede que atraídos por la propia tecnología o por una expectativa profesional de futuro aprenden y se adaptan, comenzando a ejercer la nueva profesión.

(Las profesiones surgen cuando hay una necesidad que empieza a demandar atención específica, de ser puntual o anecdótica pasa a tener presencia constante. Es satisfecha por un grupo de personas que empiezan a dedicar todo su tiempo al ejercicio de ese nuevo tipo de tareas y por las que reciben una contraprestación. Los primeros que llegan van mejorando los métodos que transmiten a la siguiente generación. Nace una profesión. Si la masa de nuevos profesionales tiene el peso suficiente se estandariza y se hace oficial.)

Los primeros profesionales sufren los ataques despectivos de los vendedores de humo, los lobos, porque aquellos quieren mantener el máximo tiempo posible su nuevo estatus. Si crece la oferta bajan los precios y el festín termina.

Es el punto donde los métodos y procedimientos se estandarizan, la profesión se enmarca en unos parámetros claros que pueden ser transmitidos, primero a través de formación no reglada, luego la Administración suele tomar cartas en el asunto y la oficializa. En este momento la existencia de la nueva etiqueta es innegable. El último paso es su integración en convenios laborales.

Los titulados

Es la próxima fase del social media, su punto de maduración. Ocurre siempre. La profesión se ha enmarcado en unas fronteras definibles. Se sabe qué hacen, para qué lo hacen, dónde encajan, qué objetivos tienen, incluso se estandariza los ingresos que genera para el profesional titulado.

La formación no reglada primero y la reglada después certifican a los recién llegados. Unos atraídos por el propio ejercicio de la actividad, habrán encontrado algo que les apasiona. Son los que la harán madurar y avanzar. Otros, por las promesas de nuevas oportunidades y un mercado que aún sigue creciendo (el de los programadores continúa haciéndolo, 50 años después de su nacimiento en las universidades).

Conclusión

Así que, si me preguntas si hay vendedores de humo, sí, te diría que sí. Lobos que ahora mismo, en social media, están viendo con pavor como llega la tercera fase, la de los profesionales. Ese es el motivo de la publicación de tantos artículos atacando la profesión. Es la primera reacción de los obligados a repartir y hacer hueco, intentar que ningún otro comensal se siente a la mesa. Pero es inevitable.

Lo suyo es que, en un par de años, muchos de los que hoy vemos en seminarios y congresos, de los que son perseguidos e idolatrados en eventos de ámbito nacional, estén... ¡a otra cosa!

(Imagen del disfraz de la tienda Birlibirloque.)

viernes, 26 de agosto de 2011

Y ahora dicen que hacen falta recortes

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Si la actual clase política española, esa que lleva desde los ochenta medrando a costa de los erarios públicos, tuviera el menor sentido de la vergüenza y ciertos mínimos en su barómetro de la dignidad, de respeto hacia la ciudadanía...

hoy...

callarían y dimitirían, marchándose de los órganos administrativos por la puerta de atrás y sin hacer ruido, dejando paso a las nuevas generaciones.

A ver si con éstas tenemos suerte o se demuestra que estamos condenados a ser gobernados por los deshonestos.

Toda sinvergüencería pública debería tener un límite.

No hace falta añadir nada más.


(Viñeta encontrada en el bitácora de Fernando Tellado.)

miércoles, 24 de agosto de 2011

Comunicación en Social Media: los preliminares importan

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Tirar barro a la pared a ver si pega, frase popular que se aplica a quien va dando tumbos sobre algún aspecto o tema concreto para ver si atina. Lo mismo que dar palos de ciego. (Como siempre digo, todos, en algún momento, interpretamos ese papel.)

Pero si trasladamos esta reflexión al proceso de gestión de marcas e imagen corporativa en Internet nos daremos cuenta que, de una actitud puntual, un recurso socorrido cuando estás algo despistado, se convierte en la norma de uso entre muchas empresas y profesionales que quieren vender su marca utilizando Internet.

Lo cierto es que los community manager (como gestores de la relación de las marcas con su comunidad de usuarios) y los social media manager (gestores de la actividad de las marcas en los medios sociales digitales) necesitan extraer mucha información de su cliente para poder realizar su actividad. Es el combustible de su actividad. Lo cierto es que, aunque gestiones 10 fanpages en Facebook o 20 perfiles en Twitter, éstas son sólo las herramientas, el esqueleto, sobre el que construir añadiendo carne, vísceras y piel.

Lo que rellena el armazón de una cuenta y da sentido a un perfil vinculado a una marca se habrá de definir previamente en un estudio que, o es o se acerca, al Plan de Comunicación, que contiene, a su vez, las respuestas a una serie de preguntas preliminares sobre las que sustentamos nuestra actividad.

¿Quién es mi cliente?

Lo primero es realizar un acercamiento, escuchar atentamente, intuir a través de las palabras y los documentos quién es, cuál es la filosofía existencial de la marca de mi cliente, de su empresa, de las personas que componen la organización, de quienes la lideran.

Has de teñirte de su filosofía empresarial, de su estrategia comercial. Esto puede llevarte, incluso, a estar un tiempo interactuando con quienes forman parte interna de la organización.

¿Qué quiere conseguir mi cliente?

Una vez sabes quién es tu cliente tienes que desvelar y definir perfectamente sus objetivos. Hacia dónde se quiere caminar y qué se quiere conseguir, por añadidura, transmitir.

Es importante desmenuzar los objetivos genéricos, que suenan bien, en objetivos realistas, concretos, alcanzables, medibles y finitos (SMART) y, a su vez, vincularlos a parámetros obtenidos en los propios medios digitales donde se actúa que midan el impacto de las acciones emprendidas para alcanzarlos.

¿Cómo construyo la personalidad virtual de mi cliente?

Conociendo el/los objetivo/s habrás definido a grandes rasgos el mensaje, el contenido. Este mensaje (o conjunto de mensajes) ha de ir en perfecta concordancia con la visión empresarial del cliente y con la propia filosofía de la marca de lo que quieras difundir.

Si estás trabajando para una consultoría la estrategia en la actitud de la marca en el momento de interactuar con su comunidad es distinto a si estás trabajando para una productora de eventos nocturnos. Esto influye en todo, en el lenguaje, en los tics, en la construcción de las frases, en la extensión de los textos en los blogs, en el uso de la multimedia que acompaña a los contenidos escritos. Ese alma está presente siempre.

Como community manager o social media manager tienes que ser consciente que en el momento de teclear no eres tú, eres la marca, por lo tanto has de envestir tu personalidad de sus atributos.

¿A quién transmito el mensaje de mi cliente?

Sabes quién es tu cliente, sabes qué quiere conseguir, cómo se traduce eso en un mensaje y qué personalidad tiene, qué vas a ejecutar para conseguirlo y cómo vas a medir las acciones. Pero ahora tienes que saber a quién. Conocer al interlocutor -ya no es un sujeto pasivo-.

Es universitario o seguidor del Barça, es mujer o está en la franja de la tercera edad, es apasionado del motor o es un profesional de la salud. ¿Qué define tu comunidad, la que interactúa con la marca de tu cliente?

Tienes que ser capaz de dibujar demográficamente, al menos a grandes rasgos, tu comunidad y las distintas sub-comunidades que la componen, cómo se interrelacionan entre sí (por ejemplo, clientes y proveedores para una tienda, todos juntos forman su comunidad, para unos transmite calidad y buen precio, para los otros solvencia y éxito).

También es conveniente definir la supra-comunidad, aquella donde entra a jugar la competencia de la marca. Es común que el responsable de las relaciones en social media olvide a esta parte del escenario. Y no sólo porque es indispensable saber qué hacen, qué venden, a qué precios, cómo lo venden, sino porque su propio cliente tiene que jugar un papel dentro de esta supra-comunidad estando presente en redes sociales verticales, en los portales profesionales y sectoriales, en eventos. Es decir, ser alguien de referencia en su sector.

¿Cuál es el alcance mis acciones?

Cuando definimos los objetivos SMART, si fuimos cuidadosos, establecimos una correlación con la medida de ciertos indicadores de objetivos (o KPIs). Durante la semana o al menos unas cuantas veces al mes hay que hacer un alto en el camino y dedicar algunas horas a recopilar cifras.

En muchas plataformas ni siquiera es necesario realizar esta labor de hormiga porque ya dan los datos procesados y aportan una visión global y parcial de lo que está sucediendo con las acciones, los mensajes y cómo reacciona nuestra comunidad. En qué medida alcanzamos los objetivos.

Cierto es que más que un preliminar, medir es el después de, pero ha de ser definido antes para evitar perder tiempo y eficacia recopilando datos que no tendrán ninguna utilidad práctica a la hora de tomar decisiones.

Esto permitirá corregir desviaciones, descubrir nuevas oportunidades (explotar el long tail de términos que todo recurso virtual tiene). Si conocemos el precio del trabajo, no sólo lo que el cliente nos paga, sino lo que ha supuesto en inversión, y, por supuesto, si conocemos y medimos el beneficio generado, podemos aportar una visión objetiva que es lo que al final mejor entiende un empresario.

jueves, 18 de agosto de 2011

Yo motivo, tú desmotivas, él... ya veremos

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En el título falta el "me". Porque lo que hoy te vengo a contar de prisa y a hurtadillas es lo de cómo yo me motivo / tú te motivas... pero luego están los terceros, los desmotivadores por afición y casi profesión.

Hace poco leí, o tal vez escuché, que resultaba falsa la idea que nos venden algunos consultores de recursos humanos sobre la generación de motivación en empleados o colaboradores puesto que tal cosa es algo que surge desde dentro del individuo. Con la motivación se va puesta a cualquier lado. Es como lo de lavarte los dientes o echarte un fisco de desodorante por las mañanas. Si tú no lo recuerdas...

Mientras que la desmotivación no, a ésta indeseable anfitriona te la encuentras allí donde vayas y allí donde encuentres a tu polo opuesto (citándolo aquí no como complementario sino como vil ladrón de vitalidad ajena). Dependiendo de tu capacidad de resistencia, de tu aprendizaje y tu seguridad, puedes combatir los embates de quienes depositan en ti sus propias bolsas de basura. Como lo difícil es mirar al espejo y ver qué cosa, qué persona se refleja, habitualmente miran (miramos) a otros y ponen (ponemos) allí sus (nuestros) defectillos y cosillas. Ya sabes. Tú y yo no, por supuesto. Somos excepción. ¡Je!

Al final puedes terminar por salir de una empresa, terminar una relación, zanjar una amistad, finiquitar a un proveedor o poner un punto y final a cualquier tipo de vínculo social con la extraña sensación de sentirte culpable pero sin tener claro por qué o qué has hecho para generar ese momento innombrable que para ti es tan desagradable y para el otro toda una delicatessen existencial.

Contra esto hay pocas recetas, salvo aplicar una férrea y objetiva mirada sobre los hechos procurando marcar una distancia, aceptando lo ocurrido, tal cual, tu implicación y tu papel en ellos, pero al mismo tiempo, aceptando la participación del resto de actores. Es decir, que no solo mires tus argucias, fíjate en las argucias ajenas.

Tal vez acabes por ver que donde dijeron una cosa fue otra, donde ibas a ser un jefe de grupo terminaste siendo un auxiliar administrativo (y a mucha honra, por supuesto, porque no vengo a calificar aquí a ningún tipo de puesto de trabajo sino el poder desmotivador de las promesas devaluadas y venidas a menos).

En el mundillo laboral uno, como trabajador por cuenta propia o por cuenta ajena, juega un difícil papel de funambulista sobre la frágil cuerda de lo que deseo y lo que debo. Deseo escribir pero debo programar porque sin lo segundo no podría permitirme lo primero. Encontrar un punto de equilibrio es garantía de satisfacción y felicidad, incluso de aquella que te aporta esa cosa del "deber cumplido".

Y una excelente herramienta es la motivación. Algo que has de cultivar por ti mismo (o misma). Una cosa que tendrás que plantar, regar, podar y mimar en una carrera de fondo que no tiene fin. Y algo a lo que, en ciertos momentos, tendrás que ponerle vallas y hasta alambre de espinos para evitar a los que te embaucan con promesas que no cumplen, a los que no confiando en sí mismos te hacen saber que no confían en tus posibilidades, a los que viendo en ti un potencial beneficio se te arriman para ver qué rascan.

Porque, no lo pongas en duda, todos estos personajes (y en no pocas ocasiones nos embestimos de tales vestimentas, el que esté libre de culpa que tire la primera frase) son los que van a dinamitar, o intentar al menos, ese trabajo de apuntalamiento de tu propio ser.

Y eso es todo... ahora toca baño motivante y piscinero, que no poligonero, Santa Tecla me libre, que es lo suyo en este caluroso mes de agosto.

(Viñeta superior firmada por CUSTODIO.)

jueves, 11 de agosto de 2011

Saray Li, la Princesa del Viento (iniciativa solidaria)

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Raúl López me lanzó un tweet este pasado 9 de agosto en relación a la iniciativa solidaria en favor de Saray Li. Reconozco, porque es cierto, que en un primer momento desconfié. Son tantos los bulos que corren por la red en los que niños o niñas con problemas de salud graves son el leitmotiv para enganchar a desprevenidos a través de la empatía y la solidaridad. Pero lo investigué y no me hizo falta ni dos minutos para darme cuenta que en esta ocasión sí se trataba de un grito en favor de una pequeña que luchaba por su vida.

Así que lo difundí en la propia red social pero, resultaba poco. ¿Acaso no está en mis manos aportar un poco más? Y Raúl me llevó a Amaia Ocerín y de ella son las siguientes palabras. Le paso este blog no sin antes hacerte una petición.

Difúndelo. No este artículo ni a mí, por favor, no. Difunde el blog de La Princesa del Viento donde se cuenta su historia y su evolución, participa y difunde el grupo en Facebook, el hashtag en Twitter (#SarayLi)... lo que esté en tus manos y voluntad hacer.

Y ya está, te dejo con Amaia...

Saray Li es una niña de 7 años y vive en las Islas Canarias, en Lanzarote. Es una princesa china de Guangxi, una princesa del viento. Pese a su corta edad, Saray Li es una luchadora. Lleva desde 2010 peleando contra un grave cáncer, causado por un tumor cerebral. Demasiado para una niña tan pequeña, con un largo y duro proceso en el que ha tenido que enfrentarse a situaciones que no tenían que haber sucedido, de ninguna de las maneras. No hay razón que justifique que algo así le pase a una niña.

Esta enfermedad ha hecho que se haya pasado el último año viajando constantemente a Madrid para ser tratada, separándose de parte de su familia, amigos y compañeros de colegio. Ha soportado casi sin perder la sonrisa operaciones y duros tratamientos.

Sus padres, Manoli y Beni, no se han rendido. Ni se van a rendir ahora que parece que las cosas no han resultado como cabía esperar. Como ellos dicen, viajaron hasta el fin del mundo para ir a buscarla; y viajarán de nuevo hasta donde haga falta para salvarla.

Ahora Saray Li necesita terapias alternativas. Saray Li inicia ahora una nueva vía de tratamientos, que la alejarán de nuevo de Lanzarote y probablemente tenga que viajar al extranjero.

Solidaridad con Saray Li, la iniciativa

Hace menos de una semana, varias familias de padres/madres adoptantes que tenemos relación entre nosotros, tuvimos la necesidad espontánea de querer mostrar nuestro apoyo a la familia. Algunos ni siquiera nos conocemos en la vida real, sólo tenemos contacto a través de internet.

Tras muchos correos, se nos fueron ocurriendo cosas que poner en marcha para mostrar nuestra solidaridad a los padres de la niña, como dejarles un testimonio en sus muros de Facebook.

Pensando y pensando, y aprovechando que yo me dedico a las redes sociales, finalmente entre todas las propuestas arrancamos con éstas:

  • Abrir una vía para que la gente pudiera hacer donaciones a nivel económico: los tratamientos son caros y la familia lleva ya todo un año viviendo prácticamente fuera de Lanzarote, habiendo tenido que dejar sus empleos. Además, ya había gente interesada en aportar dinero.
  • Publicar un blog en el que fuéramos contando en qué se iba invirtiendo el dinero recaudado, para dar ejemplo de transparencia; que la familia viera nuestro apoyo y recibiera testimonios; y que a su vez, ellos mismos, desde donde les lleve la necesidad de los tratamientos que tenga que sufrir Saray Li, pudieran ir contándonos también cómo les va. El blog es La princesa del viento: laprincesadelviento.wordpress.com.
  • Decidimos abrir un grupo en Facebook para que quienes quisieran apoyaran a la familia y dejaran un mensaje: facebook.com/groups/142517655833893.
  • Y para conseguir dar notoriedad y testimonio de todos esos apoyos, hemos creado también unas imágenes con un lema de apoyo para que la gente las pueda colocar como imagen de sus perfiles en Facebook y Twitter.

Estas son las acciones con las que hemos arrancado, paralelamente a las labores para dar a conocer la iniciativa a través de todas las plataformas de redes sociales. En los próximos días o semanas, pondremos en marcha nuevas iniciativas.

Situación actual

De momento, hemos conseguido recaudar unos 3.000 euros en apenas una semana.

En el grupo de Facebook ya somos 1.000 agregados y en Twitter el hashtag #sarayli hemos conseguido que figure entre los más usados por los usuarios que tweetean en euskera.

Porque la mayoría de la dinamización la están realizando las propias familias, pasando a sus contactos el blog -para lo que hemos traducido el texto a varios idiomas-. Pero en una gran parte, sobretodo en todo lo que se refiere a Twitter y a la coordinación de las acciones, nos estamos valiendo de la ayuda de un grupo de profesionales del medio, que nos llamamos Commaradas (@zuhaitz77 y yo, entre otros).

martes, 9 de agosto de 2011

Diario de con Mercedes Milá, periodistas supliendo a la administración

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Anoche estaba tumbado en el sillón y haciendo un zapping distraído acabé en el canal CUATRO, no hace mucho incorporado a MEDIASETespaña, grupo mediático que al paso que llevan nos hará regresar a la época cuando sólo existían los dos canales públicos, sólo que ahora en versión tropecientos privados pero bajo un mismo paraguas.

En fin, el asunto es que quedé enganchado a diario de, con la reputada, a ratos, periodista Mercedes Milá dirigiendo el programa. No es la primera vez que me sorprendo con los micro reportajes elaborados por los redactores del formato, basados en denuncias previas realizadas por los telespectadores.

Y me sorprende porque cuando no se meten como supuestos empresarios en un taller sumergido de costura, están negociando con camellos y traficantes o bien metidos en prostíbulos o sentados en la mesa de un alcalde (o en la de alguno de sus correveidiles) destapando vaya usted a saber qué fraude.

La dinámica del programa suele ser la de investigar el caso denunciado, meterse en el fregado con cámaras ocultas, para lo que buscan personas que cumplan o tengan la fisonomía y apariencia adecuada, elaborar el reportaje de denuncia y luego, cuando hay indicios claros de delito o falta -casi siempre- ponerlo en manos de la administración pública y sus fuerzas de seguridad para grabar su reacción y alguna declaración extra, oficial y hasta oficiosa.

No es raro que terminen frente a un Director General algo nervioso, que no sabe ni que responder ante unas evidencias colosales que pueden referirse a consultas o clínicas dentales sin permiso y regentadas por personas sin titulación, a la manera en que estafan en las líneas telefónicas de adivinos y otras monsergas, a redes de distribución y comercialización de piratería...

Tampoco es extraño que alguno de estos reportajes acaben siendo pruebas que fundamentan una redada o una acción policial. A tal punto van juntando casos y éxitos que me pregunto si la administración pública, no ya de manera exclusiva las fuerzas y servicios de seguridad del estado, sino la enorme red de servicios de inspección y vigilancia que sustentamos con nuestros impuestos -aquí vale la demagogia-, que los hay para todos los gustos, tendrían que copiar el modelo de la productora del programa, contratar becarios o actores con narices y sangre fría y meterlos en todo el follón, el que corresponda, a jugarse el tipo con cámara y micrófono ocultos, para así enterarse de lo que está ocurriendo en la calle y obtener pruebas evidentes de tal o cual falta, delito o lo que corresponda.

Todo esto es lo que hace el programa, evitando, con buen tacto y un buen ejercicio profesional, el morbo y el sensacionalismo fácil (aunque no puede negarse el tinte de la escuela Telecinco).

Es una reflexión televisiva que dejo por aquí, ahora que es agosto, las vacaciones son la moneda habitual y las cosas técnicas se van a la playa, porque a mí, desde luego, me deja perplejo el asunto.

Eso sí, antes de terminar y por si aquellas cosas que suceden en Internet, la productora lee este artículo, me gustaría conocer en qué condiciones contratan a los que se la juegan, literalmente. No quiero decir a que la Sra. Milá los mencione y dé las gracias, sino a sus condiciones laborales y su temporalidad, porque con esto de la crisis, ya se sabe, hay que gente dispuesta, por necesidad, a dar mucho a cambio de poco, de poquito, de muy poquitito.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Migrar un perfil a página en Facebook

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A primeros de año saltó la noticia a casi todos los bitácoras de tecnología y redes sociales, Facebook activaba un medio que permitía migrar un perfil dentro de su plataforma al formato de página.

Como todos saben (aunque muchos actúan como si no lo supieran), un perfil tiene que estar vinculado a una persona, ni siquiera a un personaje famoso sobre el que hacer un trabajo de marca. De hecho, si Facebook detecta que estás usando más de un perfil puedes terminar con todos ellos desactivados.

Las organizaciones públicas, proyectos, empresas, causas, marcas, productos, servicios, webs, ONGs, locales, lugares... y hasta los personajes famosos tienen las páginas para estar presentes en Facebook, con su propia dinámica y funcionamiento. Son la base del negocio de la gran red social, de hecho.

Pero, como decía, todos sabemos que en esta plataforma social los perfiles tipo nombre-apellido-apellido como Peluquería-Paquita-CortesBaratos se ven a puñados. En mi caso, con más de 1.800 contactos en esta red, probablemente más de la mitad son "entidades" (no personas). Todas ellas expuestas a que el equipo de Zuckerberg decida dar carpetazo definitivo a esta situación. ¿Por qué no lo hacen de manera masiva -aunque sí puntualmente, conozco ya varios casos de primera mano-? Es un misterio.

Poco tiempo después volvió a publicarse un nuevo titular. La plataforma social paralizaba el uso de su herramienta de migración. Y ahí quedó la cosa. Los que pudieron y lo hicieron, bien, los que no, perdieron su oportunidad. Sin embargo, y sin que hubiera tenido ninguna repercusión aparente como noticia, esta herramienta vuelve a estar disponible.

Si, por desconocimiento o por una mala recomendación, se te ocurrió abrir un perfil para tu empresa, esto es lo que tienes que hacer.

  1. Crear un perfil para ti, a título personal (Fulanito de Tal), introduce en tus datos tu relación con la marca (gerente de).
  2. Busca en Facebook tu perfil erróneo (Mi Empresa SA) y solicítale amistad.
  3. Conéctate a Facebook con tu perfil erróneo (Mi Empresa SA).
  4. Busca la solicitud de amistad de tu perfil correcto (Fulanito de Tal) y acepta su amistad.
  5. Una vez conectado accede a la dirección:
    http://www.facebook.com/pages/create.php?migrate
  6. Escoge la categoría y subcategoría en la que quieres encuadrar tu página (no te preocupes si no lo tienes muy claro, es algo que puedes modificar posteriormente).
  7. Marca la casilla de aceptación de normas y condiciones; continúa con el botón Comenzar.
  8. A continuación te pedirá tu clave de acceso (la de tu perfil erróneo, Mi Empresa SA).
  9. Ahora verás que se ha creado una página dónde se habrá exportado únicamente tus fotos y tus amigos que ahora son conexiones (o seguidores o fans) de tu página. No se exporta nada más. Tenlo en cuenta.
  10. Al mismo tiempo tu perfil erróneo Mi Empresa SA se ha convertido en una cuenta comercial. Las cuentas comerciales no tienen muro ni pueden compartir contenido, sólo existen para administrar páginas y anuncios, exclusivamente.
  11. Tras el Comenzar Facebook te pedirá tres pasos. El primero subir una imagen para el banner superior izquierdo (misma ubicación que en los perfiles). Por ahora puedes subir el logotipo de tu página, luego ya podrás dar otros usos.
  12. A continuación podrás invitar a tus amigos a conocer tu página. Puedes saltarte ese paso ya que los que antes eran amigos ahora son seguidores. Sólo te será útil si quieres importar contenidos desde otras plataformas.
  13. Por último introduce una dirección web vinculada a tu marca y una frase que la describa en información.
  14. Ahora accederás a la página, en la parte superior te pedirá que confirmes la categoría y subcategoría.
  15. Haz clic en personas a las que le gusta esto (lado izquierdo, zona central), en la ventana emergente busca tu perfil correcto (Fulanito de Tal, que si has seguido las instrucciones, figurarás en la lista). Se paciente, no parece haber un orden lógica en la lista de contactos. Si tienes 15 ó 20 "te encontrarás" enseguida, si hay 300 ó 400...
  16. Una vez te encuentres en la lista, hazte administrador. Confirma reintroduciendo tu clave (la del perfil erróneo).
  17. Ya puedes cerrar tu sesión con el perfil erróneo y abrir una nueva con tu perfil correcto. Accede a:
    http://www.facebook.com/pages/manage
  18. Deberías de ver tu página ya emigrada, acceder a ella como administrador y gestionarla.

Ten en cuenta que si con el perfil erróneo gestionabas varias páginas, ahora como cuenta comercial te aparecerá la creada a través de la migración y el resto. Deberías de incluir tu perfil correcto (Fulanito de Tal) como administrador de cada una de ellas.

No desactives ni elimines tu perfil erróneo (Mi Empresa SA) hasta que te hayas asegurado perfectamente que figuras como administrador de la página con el perfil correcto (Fulanito de Tal).

Completa toda la información en la pestaña información.

Y a partir de aquí... ¡a trabajar!

lunes, 1 de agosto de 2011

En qué piensan los publicistas de la tele

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Imagen original encontrada
en: anazophia.blogspot.com
Para mí es un misterio el cómo funciona la zona creativa del cerebro de los publicistas de la tele. Hablo de los que se encargan de hacer esos entretenidos spots de 30 segundos que permiten, en medio de esa película que tanto te gusta, ir al baño, doblar la ropa, preparar la mesa... o escribir un artículo en el blog.

Lo de las pausas publicitarias es asunto de asumir que no hay otra y ser práctico con ese tiempo. Las cadenas privadas de este país son generosas y te dan 5 y hasta 6 minutos de cortes... cada 5 ó 6 minutos de programa. Les sale a cuenta, las multas son irrisorias y los beneficios amplios. Calcula que durante la duración de un par de capítulos de tu serie favorita igual te están dando media hora o hasta 45 minutos. Para ti. Enteritos. Aprovéchalos.

Aunque si tienes un día bobo de esos en los que no tienes nada que hacer o nada que hacer te apetece, hay una manera particular de entretenerse. Viendo los anuncios. Sí, como lo oyes. Porque la verdad es que si uno se fija, lo de la publicidad en la tele es como para escribir un libro a lo incomprensible. O a la memez.

Por ejemplo, ese champú que todos los maridos comprarán a sus esposas porque, según el anuncio, mientras se lavan el pelo, ellas tendrán un orgasmo. O algo parecido. Algunos hasta se lo creerán y andarán vigilando tras la puerta del baño. Como aquel que puso el don limpio en la mitad de la salita de estar y espero a ver si salía el calvo a limpiar. Era un soltero.

Los anuncios de productos para el pelo femenino son legión. Si fuera rico y tuviera dinero para invertir lo haría en alguna de las innumerables marcas que hay en el mercado porque por mucha crisis que haya siempre habrá un pelo encrespado, con las puntas rotas o lleno de caspa. Aunque el pelo casposo, no sé por qué, siempre se atribuye a los hombres. Somos muy grasos. Unos cochinetes.

Luego están los anuncios que hacen crecer las pestañas a longitudes kilométricas. Producto peligroso donde los haya. Deberían de llevar un aviso de peligro porque tal y como se muestran en las pantallas el riesgo de acabar con un párpado clavado en la ceja es grande.

Un anuncio que repatea especialmente es el de esa marca de seguros que tiene a un erizo por mascota. ¡Qué detestable es ese bicho! ¿De verdad hay alguien al que le convenza ese machango haciendo el babieca? Me podría convencer el precio o el servicio, pero el puñetero erizo... Aunque los hay peores. Otra marca de seguros promete de regalo una segunda poliza. ¿Y por qué no venden a la mitad el primero y santas pascuas? Todos ofrecen para luego dar largas a la hora de soltar prenda.

El anuncio de cierta cerveza en la que un tipo entra en una fiesta y acaba haciendo morisquetas, como diría mi abuela, con un oriental, en una especie de acrobacia marcial. ¡Qué tipo más...repelente!

Los anuncios de los coches. Hay ocasiones en los que no los entiendo. No termino de pillar el símil de ideas que el creativo quiso meter ahí, a la fuerza. O yo soy un simple o ellos ya están muy perdidos. O saturados. Hemos pasado de vender un coche porque nos desplaza a vender un coche para usarlo como MP3. ¿Alguien lo entiende?

Podría extenderme pero creo que si termino mencionando a los anuncios de perfumes no hará falta más. Esos incomprensibles, inauditos, intraducibles -por eso siempre los echan en idioma original- y absurdos anuncios de perfumes, cremas contra siete cosas que te pasan en la piel, la pastilla que te hace adelgazar y el colágeno que rellena. Que digo yo que es como la masilla que uso para las pequeñas grietas en casa, también eso sirve para rellenar e igualar.

Ves a una señora o a un señor que sale flotando por una ventana, entonces pasa algo extraordinario que se mezcla con algo sublime y termina en algo sorprendente. Tú, hasta ese momento, no tienes ni idea de qué trata el asunto. ¿Compresas? ¿Una nueva maquinilla de afeitado con 18 hojas? No. Un perfume. Eau de Stupidez, by Ninanco.

De verdad, para mí, lo que le sucede a los publicistas de la tele en su cabeza, es un misterio. Algo insondable. Los enlaces neuronales que empujan sus creaciones sólo existen sobre sus cuellos y sólo ellos saben lo que quieren comunicar. Habrá que asimilarlo.