Da lo mismo lo que los viejos profesionales del marketing reciclados y con perfil de Facebook digan. Da lo mismo que el intrusismo campe a sus anchas (si bien, nadie sabría decir quién es el intruso y quién no en un perfil profesional que aún se está definiendo). No importa si algunos, habilidosos con el Twitter o con Wordpress, te cuentan que esa es una tarea que realiza cualquiera.
Da igual. Se diga lo que se diga, la labor, el community management, la administración de comunidades online, y el profesional, el community manager -o cualquiera de sus variantes-, están porque la necesidad existe, surgen porque algunas empresas, visionarias, se han dado cuenta de que Internet es el medio de comunicación preeminente ahora mismo. Eso, teniendo en cuenta además que sigue en fase de crecimiento exponencial y que, ni de lejos, ha llegado a su zona de estancamiento.
Aunque definiciones, en la red, su medio natural, sobran, nunca está de más volver a repetirla. El community manager, para aquellos que aún tengan dudas, piensen en si necesitan o no de sus servicios o se crean autosuficientes -que todo es posible-, es
De esta definición simple, aunque deliberadamente ampliada y adornada, se extraen algunas conclusiones, en cuanto a sus necesidades formativas y experienciales. Sin duda alguna ha de tener una fortaleza en el dominio de la tecnología, y por lo tanto, en su conocimiento, entendimiento y uso. (Y no me refiero a ser un/a hiperactivo/a que se pasa las madrugadas dándose de alta en toda plataforma que descubra. Las plataformas siempre giran sobre los mismos principios y darse de alta no tiene ningún secreto.)
La otra fortaleza ha de recaer en la comunicación y sus conceptos, la comunicación en el marketing, la comunicación en las relaciones públicas (que no púbicas, centrémonos en el tema), la comunicación interpersonal, la comunicación y sus roles. Y sobre todo esto hay que aprender conceptos, términos, medidas, cálculos y observar. Observar mucho. Todo gran comunicador es, ante todo, un gran observador, porque eso le permite extraer información de su entorno, materia prima con la que trabaja.
Ocurre que un gran comunicador, sin una buena base tecnológica, no será un gran community manager porque utilizará de manera deficiente las herramientas; y viceversa, un buen tecnólogo, si carece de habilidades y conocimientos en comunicación, como community manager será, sobre todo, un generador de problemas. Casos de estudio, los que se quieran.
Pero, si más o menos tienes cierto equilibrio entre ambos mundos, podrás ser más o menos habilidoso, más o menos ingenioso, pero serás un profesional, un buen profesional, cuya labor es fidelizar los nodos que sean objetivo (usuarios, clientes, consumidores...), ampliar su número y extraer lo mejor de esa relación.
Ahora bien, necesitas que la empresa para la que desempeñas tu labor entienda aquella vieja máxima de el cliente siempre tiene la razón (incluso cuando no la tiene). Para una organización, grande o pequeña, que en su quehacer diario no haya asumido una idea tan elemental en la relación con su medio natural, le será muy difícil tener una predisposición hacia la eficiente gestión de su comunicación digital.
Son todas aquellas organizaciones que están satisfechas con ser una más, con no destacar, con pasar desapercibidas, donde la satisfacción y el crecimiento personal a través del ejercicio de una profesión han quedado en el limbo de las ideas inconcebibles, son las organizaciones centradas en el gasto y no en la inversión, ergo su estrategia no es ampliar sus beneficios sino reducir sus costes. Son malos terrenos para un community manager.
Y este es el gran reto de la profesión. Que su misión, al final, va más allá de programar alertas sobre una marca, publicar historias en Facebook, hacer análisis de segmentos de usuarios en Twitter u organizar eventos en los que procurará la asistencia de blogueros influyentes, porque, todo esto sólo son herramientas, la materia prima, como ya dije, es la información -y las relaciones que se establecen con ésta-.
Apostar por el éxito obliga a las empresas a mejorar sus sistemas productivos, apostar por una eficiente atención post-venta, crear estructuras organizativas enfocadas a la plena satisfacción, a la conversión del cliente en fan -al modo de las grandes marcas que deberían de constituirse en ejemplos para las pequeñas organizaciones: Apple, Dell, Ferrari, KTM, Nespresso, CocaCola y tantas otras-.
Para un community manager será muy difícil trabajar para una organización que no gestiona su correo electrónico, por ejemplo, que desoye las llamadas telefónicas, otro ejemplo, que incumple sus plazos con el cliente desencantado, que utiliza argucias frente a una reclamación fundada -o que es tímida frente a un caso de trolleo-, o en la peor de las situaciones, que está dirigida por personas sin liderazgo, miedosas frente al nuevo modelo impuesto por el prosumidor, más preocupadas en permanecer que en crecer. Ya lo dijo, alguien, y me lo recordó Miguel Ángel Granados, líder de NexForma, nada hay más permanente que la seguridad del cambio.
Da igual. Se diga lo que se diga, la labor, el community management, la administración de comunidades online, y el profesional, el community manager -o cualquiera de sus variantes-, están porque la necesidad existe, surgen porque algunas empresas, visionarias, se han dado cuenta de que Internet es el medio de comunicación preeminente ahora mismo. Eso, teniendo en cuenta además que sigue en fase de crecimiento exponencial y que, ni de lejos, ha llegado a su zona de estancamiento.
Aunque definiciones, en la red, su medio natural, sobran, nunca está de más volver a repetirla. El community manager, para aquellos que aún tengan dudas, piensen en si necesitan o no de sus servicios o se crean autosuficientes -que todo es posible-, es
aquel que gestiona las relaciones de una organización, persona o marca, a través de medios digitales, con su comunidad natural, entendiendo por ésta a todos aquellos que entran en su círculo de relaciones por un motivo u otro. Es así de simple.
Fortalezas del community manager
De esta definición simple, aunque deliberadamente ampliada y adornada, se extraen algunas conclusiones, en cuanto a sus necesidades formativas y experienciales. Sin duda alguna ha de tener una fortaleza en el dominio de la tecnología, y por lo tanto, en su conocimiento, entendimiento y uso. (Y no me refiero a ser un/a hiperactivo/a que se pasa las madrugadas dándose de alta en toda plataforma que descubra. Las plataformas siempre giran sobre los mismos principios y darse de alta no tiene ningún secreto.)
La otra fortaleza ha de recaer en la comunicación y sus conceptos, la comunicación en el marketing, la comunicación en las relaciones públicas (que no púbicas, centrémonos en el tema), la comunicación interpersonal, la comunicación y sus roles. Y sobre todo esto hay que aprender conceptos, términos, medidas, cálculos y observar. Observar mucho. Todo gran comunicador es, ante todo, un gran observador, porque eso le permite extraer información de su entorno, materia prima con la que trabaja.
Ocurre que un gran comunicador, sin una buena base tecnológica, no será un gran community manager porque utilizará de manera deficiente las herramientas; y viceversa, un buen tecnólogo, si carece de habilidades y conocimientos en comunicación, como community manager será, sobre todo, un generador de problemas. Casos de estudio, los que se quieran.
Pero, si más o menos tienes cierto equilibrio entre ambos mundos, podrás ser más o menos habilidoso, más o menos ingenioso, pero serás un profesional, un buen profesional, cuya labor es fidelizar los nodos que sean objetivo (usuarios, clientes, consumidores...), ampliar su número y extraer lo mejor de esa relación.
La organización también cambia
Ahora bien, necesitas que la empresa para la que desempeñas tu labor entienda aquella vieja máxima de el cliente siempre tiene la razón (incluso cuando no la tiene). Para una organización, grande o pequeña, que en su quehacer diario no haya asumido una idea tan elemental en la relación con su medio natural, le será muy difícil tener una predisposición hacia la eficiente gestión de su comunicación digital.
Son todas aquellas organizaciones que están satisfechas con ser una más, con no destacar, con pasar desapercibidas, donde la satisfacción y el crecimiento personal a través del ejercicio de una profesión han quedado en el limbo de las ideas inconcebibles, son las organizaciones centradas en el gasto y no en la inversión, ergo su estrategia no es ampliar sus beneficios sino reducir sus costes. Son malos terrenos para un community manager.
Y este es el gran reto de la profesión. Que su misión, al final, va más allá de programar alertas sobre una marca, publicar historias en Facebook, hacer análisis de segmentos de usuarios en Twitter u organizar eventos en los que procurará la asistencia de blogueros influyentes, porque, todo esto sólo son herramientas, la materia prima, como ya dije, es la información -y las relaciones que se establecen con ésta-.
Apostar por el éxito obliga a las empresas a mejorar sus sistemas productivos, apostar por una eficiente atención post-venta, crear estructuras organizativas enfocadas a la plena satisfacción, a la conversión del cliente en fan -al modo de las grandes marcas que deberían de constituirse en ejemplos para las pequeñas organizaciones: Apple, Dell, Ferrari, KTM, Nespresso, CocaCola y tantas otras-.
Para un community manager será muy difícil trabajar para una organización que no gestiona su correo electrónico, por ejemplo, que desoye las llamadas telefónicas, otro ejemplo, que incumple sus plazos con el cliente desencantado, que utiliza argucias frente a una reclamación fundada -o que es tímida frente a un caso de trolleo-, o en la peor de las situaciones, que está dirigida por personas sin liderazgo, miedosas frente al nuevo modelo impuesto por el prosumidor, más preocupadas en permanecer que en crecer. Ya lo dijo, alguien, y me lo recordó Miguel Ángel Granados, líder de NexForma, nada hay más permanente que la seguridad del cambio.
5 comentarios:
Un buen artículo.
Mark de Zabaleta
Ha vuelto esta tema y con él yo, como los lobos con la luna llena. Como la otra vez salí escaldado, no digo nada de ese párrafo de los que se manejan en Twitter o Wordpress (y yo añadiría Joomla! JUAAAAS), pero me queda la duda de si es una profesión ubicada por la corriente tecnológica y desarrollada como se puede desarrollar otra tarea en una nueva tecnología y luego empezar a dar cuerpo a unos profesionales afines a ella. Se supone que soy CM pero sin reciclar, los de toda la vida, nada profesional ni he hecho un curso online para formarme, pero no sé si soy intrusista o qué. De todas formas, como eso lo hago con mi comunidad, y en plan hobby, sin molestar ¿podría llamarme CM? Digo, dentro de la teoría de alguien como tú que es un profesional de estos temas de los medios sociales en la red. Porque con la definición que acabas de dar, grosso modo, te acabas de "cargar" a la mitad de la gente que se dedica a esto, jaja, a mí me da un poco plim pero es un artículo que como lo lea más de uno... =D Un abrazo.
Julio, por eso añado el paréntesis de que realmente ahora no hay quien pueda señalar al intruso, pero también es cierto que hay quien vende profesión solo por darse de alta en todos lados. Aun así, la informatica siempre a dado pie al oportunismo. No es nada nuevo. :-)
Muy buen post Ángel. Saludos
Excelente artículo, en verdad para nadie es un secreto que esta nueva profesión se hace fundamental, ya que internet se está convirtiendo en la herramienta número 1 para la promoción de empresas.
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