martes, 17 de julio de 2012

No es la casualidad, es la causalidad

La una y media de la mañana, algo de calor y un poquito de falta de sueño. Mi combinado perfecto, ese con los grados de sensatez justos, el dulzor exacto y el punto de frescor necesario para obligar a mis neuronas a darle al manubrio del sentido común y ponerlas a trabajar, que buena falta les hace.

Tenía en la cabeza varios temas: uno, yo no lo sé todo, lo escribiré, lo más lejos, a la vuelta de la esquina, en otra noche de insomnio creativo; el otro, para tachar de cabrones, aunque sus madres fueran unas santas, a los que prenden fuego al monte, bien sea para cobrar unos jornales de más por el trabajo de la extinción -sé donde me meto y lo que afirmo-, bien porque sean imbéciles, bien por ignorancia.

Causalidad vs. casualidad

Pero hay otro tema que creo que ha madurado lo suficiente como para brotar de los dedos, con acierto o sin él, pero con valentía, y a eso vengo a este teclado. A plasmarlo. Porque, querido lector, estimada lectora, tú ahora, no estás aquí por casualidad, estás por causalidad. Una causalidad inexplicable. Una causalidad a la que no le encuentras vías de llegada ni carreteras de salida. Pero que está ahí.

Con 41, casi 42, que gasto de zapatos en mi carné caducado y aún no renovado, he venido a concluir que todo en mi vida, todo en la vida de todos, es producto de una fuerte e intuitiva causalidad. Que la casualidad no es sino una errata tipográfica, el traspiés impropio de un teclista experimentado, donde queriendo pulsar la s pulsó la u, o viceversa, y que vendría a definir esa ignorancia que embadurna nuestra visión y nuestra comprensión.

De este nuevo mantra mío, mío y de otros muchos, compendio hechos pasados que marcaron dramáticamente, siempre para bien, mi fugaz existencia y concluyo que si no hubiera estado delante de aquel cine en 1989 o hubiera decidido marcharme en 1998 o no marcharme en 2009... hoy no estaría aquí, haciendo realidad uno de esos sueños para los que, a veces, se tiene la enorme suerte de saber a ciencia cierta, que te corresponden. Casi con toda seguridad no tendría la absoluta certeza de estar dónde debo estar. Y tampoco hubiera conocido a la/s persona/s que lo están haciendo posible.

La causalidad es una extraña circunstancia empujada, contra todo pronóstico, por la intuición. Más la inventada casualidad es el intento del raciocinio por explicar lo inexplicable. Un buen día decides dejarte ir por el río de acontecimientos que te rodean y, las más de las veces, te apabullan. En un movimiento aparentemente controlado pero a todas luces caótico empiezas a experimentar el choque de tu existencia con la de aquellos que se cruzan en tu tiempo.

Lo primero: ser consciente

Empiezas a ser consciente. Traes, además, a tu consciencia, tus aspiraciones, tus dudas, tus anhelos, tus temores y tus sueños en un gesto de comprensión y observación de ti mismo, o misma. Y algunas cosas empiezan a suceder. Las respuestas aparecen. Causadas por tu voluntad de encontrar camino aparece el amigo que casualmente, en realidad causalmente, ayer leyó tal anuncio o habló con tal gerente o director general o jefe de recursos humanos. Tropiezas en la fila de la caja a la que será la pareja de tu vida. Encuentras en medio del despropósito de un impago al que luego será tu hermano y socio empresarial.

Todas las grandes narraciones de los personajes más admirados e idolatrados de la historia están jalonados por sucesos de esta índole. Sucesos que están al alcance de todos, y todas, pero que todos, y todas, normales sin renombre, nos empeñamos en negarnos. Pareciera que nos obligásemos a censurar nuestras oportunidades, pero sin otro censor que nuestros propios temores.

Incluso acallamos las grandes oportunidades, meritorias de grandes decisiones, con razonamientos aprendidos y clichés sellados a fuego en nuestra carne: eso no es posible, seguro que no, no es para mí, yo no lo merezco... ¡Es la dictadura del no! Y sin embargo, se mueve. Las oportunidades se mueven. Falso es creer aquello de que el tren pasa. El misterio del tiempo y de la causalidad es que, en realidad, el tren está pasando siempre, constantemente. Sólo cambia el vagón en el que, pudieras, decidir subir. La elección es sólo tuya.

¿Y cómo funciona?

¡Quién lo sabe! La causalidad es de esas cosas que sólo pueden ser explicadas con indirectas y que sólo pueden ser aprehendidas en primera persona, en carne propia, no sólo experimentándolo sino percibiendo y siendo consciente de esa experiencia.

Puede decirse que comienza cuando centras tus dispersos pensamientos en un objetivo. En un fin real, tangible -para ti, lo que no tiene que ser así para otro u otra-. El asunto comienza como un sueño, como un anhelo, como una inspiración. De alguna manera una decisión nace dentro y todas tus energías se centran en ese punto. Entonces, tus acciones te llevan a los indicadores del camino, a las señales que apuntan tu andar. Y comienza el aprendizaje. Ya nada vuelve a ser igual. Surge la causalidad.

Tus deseos mueven tu acción y algo, inaudito, indescriptible, se pone en marcha al mismo tiempo. Aparecen las pistas, aparecen los viejos amigos que no ves desde hace 10 ó 15 años, encuentras nuevas personas en tu vida, aprendes justo lo que necesitas saber.

No es un camino de rosas. En ocasiones vuelves a ser ese razonable ente cargado de explicaciones que lo niega todo, dejando espacio para temores y miedos. Las dudas siguen ahí, agazapadas. No para todos. Los hay verdaderamente inspirados o confiados o valientes. Pero son una escasísima minoría. Tú y yo, al contrario, creamos a partir de la transformación. Causamos oportunidades en otros a partir de nuestro propio crecimiento. Y así formamos parte de esa inmensa marea de vidas entrelazadas.

Pero como he dicho, como han dicho tantos otros. No es algo para describir, es algo para experimentar. Como lo de los sueños lúcidos... aunque eso es historia para otro día.

Experimenta y luego, si eso, me cuentas.

6 comentarios:

Bosco Urruty dijo...

Bien dicho y digno de ser tenido en cuenta.

Glo dijo...

Maravillada me he quedado, causalidades de la vida, creo en ellas no creo en la casualidad...si estamos aquí y nos hemos encontrado, si nos hemos cruzado es por algo.
besos

Mark de Zabaleta dijo...

Lo has expresado genial !

Mark de Zabaleta

rosscanaria dijo...

Conocía la ley de causa y efecto en la que la causalidad es el ingrediente principal pero esto que expones ¿es lo mismo?, creo en la cusalidad...
Un abrazo Ángel y lindo fin de semana guapetón,

Angel Cabrera dijo...

Ross, no sabría decirte. :) La verdad.

Bosco, Glo, Mark, gracias x vuestras palabras.

Agencia Digital dijo...

Que buena publicación definitivamente es una buena forma de ver el mundo con los pies bien puestos en el suelo, propia de personas con un gran realismo asentado y habitualmente carentes de fe (ojo! no hablo de fe religiosa). Según la causalidad, todo se rige por la causa-efecto, por tanto eres dueño de tu vida.