miércoles, 12 de septiembre de 2012

De vendedores sin escrúpulos (a la caza del abuelo)

Las pensiones tienen ahora mismo un valor incalculable. Al menos así lo piensan los que se dedican a la venta directa. No es la primera vez que se habla (ni se denuncian) las actividades irregulares de los métodos de algunas empresas orientadas a vender enciclopedias, aparatos de depuración de agua, de gimnasia en casa, de masajes, sillones, colchones milagrosos, almohadas sin parangón, imanes que lo curan todo... La lista es interminable pero la estrategia siempre es la misma.

La venta al asalto

Una de las maneras es recorrer pueblos y villas de nuestra piel de toro. Al llegar se buscan mil maneras de citar a familias, antes eran un objetivo, hoy a los abuelos (o no abuelos), pero que estén cobrando una pensión. La idea es que acaben firmando una orden de compra de un producto cuyo costo ronda aproximadamente el 20 ó 30% del crédito que van a firmar, que rondará los 2.000 a 3.000 euros. No más. Se trata de que lo paguen antes de morir.

Esta venta es por presentación, se reune a los abuelos con un señuelo, se le cuentan mil maravillas del colchón o de la enciclopedia y se les deslumbra con una enorme lista de regalos, a cada cual mejor que el anterior. Los abuelos han venido a la presentación por una agenda electrónica, una calculadora, un libro ilustrado o cualquier otra baratija bien maquillada.

Terminada la presentación un equipo de vendedores sin escrúpulos, ataviados y elegantes, caen desde todas partes sobre los incautos. El regalo en una mano, la orden de compra en la otra. Meses después las víctimas, que cobran una pensión de 400, 600 u 800 euros se encuentran pagando una cuota interminable de 30, 50 ó 60 euros por una jartá de trastos inútiles que no sirven para nada. Los libros aún en las fundas. ¡Pero es que me regalaban un caldero!

La venta concertada

El otro medio de venta es la teleconcertación. El fin es el mismo, colar un producto de dudosa calidad sobredimensionado en sus cualidades a abuelos incautos con pensiones (los únicos ingresos seguros -sic- en este momento) ridículas a los que las financieras no tienen ningún escrúpulo en subvencionar (palabra mágica donde las haya).

Algunos intentan captar a sus potenciales víctimas a través del telefonazo en frío aunque dado el abuso en los últimos años se está utilizando la encuestación previa a pie de calle. Para vender la manta milagrosa, los imanes cúralo-todo, el fisio-sillón y tantos otros aparatos pseudo-médicos se recluta un ejército de encuestadores que esperan a las puertas de hospitales y centros de salud, en los centros comerciales o en cualquier sitio donde circulen muchas personas que entren dentro del segmento objetivo. Disfrazados de algún estudio para-algo consiguen captar los datos que necesitan: teléfono, datos personales útiles para la venta e indicios de situación económica.

Luego el supuesto estudio continua con una llamada telefónica, habitualmente plagada de mentiras (somos un centro oficial, concertado, un proyecto subvencionado...). Todo vale con tal de cerrar una cita en la casa del incauto. El objetivo es meter al vendedor en el salón de la abuela. No pocas veces se visten de algún título inventado.

Si es una enciclopedia puedes encontrarte a un especialista en historia, si son imanes a un especialista en magnetoterapia, si son aparatos de musculación a un especialista en preparación física. En realidad suelen ser personas desesperadas por unos ingresos mínimos (sus comisiones) y con muy pocos escrúpulos. Es la clave para trabajar en este mundillo, no tener escrúpulos.

Proteger a los abuelos

No se las puede llamar estafas. Ni ventas ilegales. Porque si lo fueran ya habrían habido denuncias, detenciones, indemnizaciones. Pese a lo que digan los reportajes televisivos que muy de vez en cuando asaltan nuestras pantallas, un par de veces al año, es muy difícil ganar un litigio contra este tipo de ventas porque, entre otras cosas, casi nunca acabas sabiendo a ciencia cierta quién te vende, dónde está, quién es su representante, dónde notificar una denuncia. En muchas ocasiones la empresa ni existe. Son marcas creadas para usar, quemar y tirar.

Y la deuda, cuando se paga a crédito, está avalada con una solicitud de préstamo que el pobre cliente ha firmado. El abuelo tiene una deuda con la financiera, no con el vendedor. Y no sería el primero que pierde una casa a causa de tres cuotas impagadas de 60 euros.

Por una vez la labor formativa de protección tiene que ir de los más jóvenes a los mayores:
  • Recordarles aquel viejo dicho de que nadie vende duros a cuatro pesetas (por lo de los regalos).
  • Enseñarles a decir no (porque una de las técnicas favoritas de este tipo de venta es la culpabilidad, hacer sentir culpable a la víctima por no comprar).
  • Mostrarles su realidad económica (sobre todo cuando ganan una pequeña pensión).
  • Enseñarles a disfrutar del dinero (que viajen, que se asocien a algún club, de lo que sea, que participen en eventos, pero que no estén sólos, que luchen contra el tedio y el aburrimiento).
  • Y vigilar, preguntar cómo le has ido el día, permanecer alerta por ellos.

2 comentarios:

rosscanaria dijo...

Ángel, qué razón tienes pero sabes que te digo que contra los vendedores in escrúpulos, lo compradores (abuelos) sin escrúpulos, vamoa si todos los auelos fueran como yo... lo llevaban claro esos farsantes... vamos que les atizo en toda la cocorota un batonazo... en cuanto me empiecen a contar su movida, jajaja me río pero es real.
Un besazo enorme y lindo fin de semana, TQM mi niño,

Angel dijo...

ross, gracias, ciertamente, haría falta ayudar a los abuelos a defenderse de este tipo de venta indiscriminada, falsa y sin escrúpulos