Una de esas cosas es la desgana, el desinterés, la chapuza, el salir del paso, el no intentar -al menos- dar lo mejor de uno mismo. Obviamente no se puede generalizar. No soy un santo y en no pocas ocasiones, en otros momentos de mi vida yo mismo he sido presa de la desidia. Eso ocurrió mientras me duró la mala costumbre de culpar a otros. Mientras creía que no tenía ninguna responsabilidad por mis actos y decisiones. Como la culpa no era mía, era de los demás, ser pasivo, mantenerme a la espera, querer que las soluciones llegaran en vez de buscarlas, era lo normal.
Luego, un buen día, comprendí que si fuera un animal probablemente me extinguiría. Los seres vivos que no se adaptan a su medio al final desaparecen. El medio, simplemente, los anula, los devora y los recicla. En cierta forma, en nuestra actual situación de crisis, nos ocurre lo mismo. Ahora mismo padecemos la grave enfermedad de falta de adaptación. Puedo decidir mantenerme a la espera, actuar con absoluto desinterés, culpar a los políticos. O puedo optar por adaptarme al medio para extraer los mejores recursos de él y sobrevivir en las mejores condiciones posibles aún en las peores circunstancias.
Ejemplos de superación personal los tenemos a cientos. Lo mejor es que, para aprender lo segundo tuve que experimentar lo primero. Esto es una máxima en el crecimiento personal. Aquí, las teorías tienen poco que aportar, sólo señalan o inducen, pero el aprendizaje siempre llega por el contraste que produce la acción y el cambio.
Otra de las cosas que me molestan es la mentira, la falacia intencionada. No es que me incomoden las trolas, es esa situación cuando la fantasía se convierte en una excusa, y las excusas se transforman misteriosamente en hechos dados por ciertos pero que, en realidad, nunca ocurrieron o, como mucho, son meras interpretaciones.
Y tremendamente relacionado con esos dos patrones está el de la manipulación. Digamos que es la guinda del pastel. De hecho, me cuesta relacionarme según con qué tipo de personas, sobre todo aquellas que en su vida tienen algún tipo de creencia ciega en algo, da lo mismo que sea un partido de fútbol o uno político o una religión. Sin duda es, probablemente, la manipulación es de esas cosas que no se me olvidarán y es lo que supone, siempre, un antes y un después en cualquier relación con cualquier persona.
Al contrario de lo que ocurría con la desidia, puedo afirmar -aunque uno siempre se ve de manera distorsionada en el espejo- que la mentira y la manipulación no han formado parte de mi elenco de pecados. No es que nunca los haya utilizado (el inocente que tire la primera piedra). Sin embargo, sí me he cruzado con personas que a través de lo uno o lo otro, sobre todo en el ambiente profesional, han pretendido obtener algún beneficio de mí usando estas estratagemas. La cosa no suele terminar bien.
Así que, en resumidas cuentas, en mi caja de herramientas han entrado algunas máximas:
- ser responsable de las acciones propias, tomar parte de mi vida y pasar a la acción;
- ser honesto, sincero, mirar a los ojos cuando se mantiene una conversación;
- y, permitir que otros tomen sus propias decisiones, que se impliquen o no según opten.
Eso es todo.
¿Y tú, en qué has cambiado que ha cambiado tu vida y qué se te hace difícil tragar en los demás?


