Es extraño porque hecha esta afirmación, cualquier cosa que argumente de ahora en adelante, sí o sí, será una verdad a medias. Y ni tanto. Será una medio mentira o medio exageración o medio opinión, que son casi sinónimos. Y la otra mitad será opinión a medias, exageración a medias o mentirijillas medianas e inocentes, que eso sí que son sinónimos.
Tampoco es que me quiera poner negativo o pesimista, ni todo lo contrario. Apuesto por la sonrisa antes que por los adverbios o los adjetivos si éstos son incapaces de acompañar al vino y a la fiesta. Reconozco que yo no soy el alma de los saraos, más bien soy de esos que observan junto al grupo y ríen con las ocurrencias de los figuras (o las figuras). Pero carallo, y volviendo al tema, yo -egocentrismo a tope en esta frase-, que pavoneo de no estar seguro de nada, tengo la impresión de vivir inmerso en la cultura del yo-sí-sé-lo-que-tú-no-sabes.
Es asombrosa la facilitad, la predisposición innata -mía al menos, el burro delante- a señalar con el dedo tieso y espetar argumentos derrotistas sobre ésta o aquella cosa. Esto malo, aquello malo. ¡Community malo, malo, malo, castigado sin Facebook! ¡Vaya! Como si todo lo que hiciéramos en esta vida no fuera mejorable. Constantemente mejorable. Siempre mejorable. Entre otras cosas porque esa mejoría se propone desde la opinión subjetiva del que expresa su loable, en ocasiones carituresca, visión.
En todo ejercicio profesional, sea el que sea, la carga emotiva, personal y vivencial es enorme. Apabullante. Mucho más de lo que nos gustaría aceptar. En la mayoría -por no decir todas- de las acciones que emprendemos hay unas reglas generales, hay porcentajes y tendencias, pero nunca certezas absolutas. Lo que para unos casos funciona, en otros resulta un fiasco, lo que en algunas ocasiones genera un éxito o un gran impacto o un enorme resultado en otras cae en lo'sinfierno del desinterés.
Así vistas las cosas, el arma principal que todo profesional debería de cargar, la única de la que debería de hacerse ostentación, es la prudencia. ¿Incoherente, verdad? La prudencia no evitará tus errores, no evitará los ataques de la competencia ni la de los malpensados, tampoco la de los que piensan mal. Pero te armará de humildad; te permitirá aprender constantemente; te evitará algún que otro disgusto por soltar palabras que no venían al caso, o lo que es peor, hacer aseveraciones que te sacarán más que colores, a veces dinero, si no presente, futuro; alejará de ti la camisa de Arrogancia Coast; y, sobre todo, será un excelente preventivo contra la estupidez. Dijo un actor, famoso en los ochenta y terriblemente terrible, que la imprudencia es la madre de los metepatas. (Algo así.)
Lo cierto es que de esto sé mucho porque, como tú... sí, no te sorprendas, exactamente como tú... si ahora señalo al pecado es porque he sido un pecador. De los buenos, de los aplicados, de los que insistían en su tozudez y además con tesón. Pero la vida consiste en eso, arremeter contra la pared hasta que te da por usar la puerta.
Yo, a mis clientes, a mis colegas y a mis amigos (amigas no me permito porque mi religión, el casamiento y la hipoteca me lo prohiben) les insisto en que lo único que pongo a su servicio, lo único que tengo para dar y vender, es experiencia, sensatez, sentido común, haber aprendido a pedir disculpas -sinceramente... oye tú, quita esa sonrisilla-, a saber aceptar las disculpas ajenas -de verdaaad- y mantener una actitud esponjosa en mi cuarta década de vida.
También ofrezco, con sello de garantía by-me, un compromiso total y absoluto con los objetivos por los que me pagan (y me permiten sustentar a mi religión, a mi casamiento y a mi hipoteca). Eso es cierto, palabrita de angelito. Pero si me piden que lo sepa todo... si me piden que lea la tabla de los mandamientos social mediobreos... entonces pongo carita arrugá, como asín-asán, tú ya sabes mi helmano, carita de pero-y-tú-qué-me-pides. Y es un problemilla porque habitualmente el cliente, sobre todo y ante todo, paga para sentirse seguro y respaldado, aunque no seamos guardaespaldas. (Aunque, bien mirado, seamos unos guardareputaciones.) A todas estas, lo de los resultados... ya se verá, pero por lo pronto, sentirse seguros y respaldados.
Yo suelo bajar un poquito la voz para afirmar, chiquitito, que, de verdad, no lo sé todo (ni creo que haya ningún community que lo sepa). Aunque si es necesario, puedo hacer como que lo sé. Cosas más raras se han visto en el dospuntocero.
Colorín, colorado, este relato irónico se ha terminado.
Espero que las musas me hayan regalado tu sonrisa.
Y si te inspiras... ¡COMENTA, CARALLO! ;D
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