domingo, 16 de septiembre de 2012

Fotografía, ¿por qué se "ponen"?

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Sé que me vas a mirar con carita de desconfianza. Si habré escrito unos cuantos artículos que pudieran tacharse de tópicos o sexistas entonces éste pasa a engrosar esa lista porque voy a afirmar algo aquí, ahora, que muchas negarán, muchos envidiarán y pocos confirmarán. A las mujeres les pone que las fotografíen.

Desde los primeros días de nexboreal hemos tenido claro que la fotografía, el diseño y la creatividad formarían parte de la sangre de la empresa. Y en este casi primer año que vamos a cumplir dentro de poco, hemos visto ya unas cuantas cosas. No mencionaré aquí las asociadas a egos desmedidos porque no vienen al caso pero sí a las historias, ya sabemos que ciertas, de aquellos que, objetivo en mano y apuntando a la voluntaria de turno, comienzan a disparar mientras, con voz sensual y un punto de cachondeidad, le va pidiendo: quítate eso, ponte así, abre un poco más las piernas, arquea la espalda.

No sé por qué la mujer necesita sentirse atractiva, sensual... sexual aunque su educación se lo impida, pero me parece que mucho tiene que ver la genética y el instinto de procreación. Como aún así necesito corroborar mis teorías me lancé a una compulsiva lectura de literatura, investigación y a la observación pseudo-científica más seria. Hoy no hay que hacer de voyeaur detrás de una esquina o escondido debajo de una piedra. Basta con observar lo que sucede en Facebook, Tuenti... y ahora también en Instagram.

Las pruebas ratifican la hipótesis, las señoras y señoritas, comprometidas o liberadas, casadas o divorciadas, muestran cierta tendencia a la exhibición gráfica. Que si no se atreven a ponerse delante de un fotógrafo lo harán delante del espejo del baño dando pie, de un tipo de imagen concreta, a toda una escuela creativa: la foto-tuenti.

Aún así he continuado mi investigación y le he preguntado a unas cuantas amigas por qué es así, dando por hecho que la propuesta es cierta, algo que ninguna desmiente. Las afirmaciones obvias son siempre las mismas: nos gusta ser observadas, deseadas [obsérvese aquí que siempre dentro del respeto debido], nos gusta atraer, que gustamos. Eso me han dicho, incluso una de ellas me afirma: nos alimenta el ego.

A ver, no es que a los hombres no nos gusten cosas afines, paralelas y perpendiculares a las féminas, pero eso tendrá que contarlo una bloguera, no yo (espero que alguna me responda), a mí me interesa esta parte de la historia, de lo que les ocurre a ellas, porque como hombre tengo algunas lecciones que aprender.

Desde luego, a los solteros y los que aspiran disparar el mosquete muy a menudo les diría que se compren una Nikon, que mola lo suyo porque es como conducir un Ferrari o llevar puesto un Rolex, se abran un blog y un feisbú, y fotografíen, que suban muchas fotografías. Si es preciso que contraten a una modelo para una primera sesión de desnudos. Del resto ya se encarga el tiempo. Aseguramos, quienes lo hemos observado, que tarde o temprano empezarás a dar uso efectivo a tu objetivo. Pero no abuses. Los aparatos tienden a romperse por el desgaste.

Y para los casados, comprometidos, amarrados, enamorados y demás emparejados la enseñanza es que, si tu vida sexual tiende al aburrimiento coge tu móvil o cualquier cosa que fotografíe y prueba a pedirle que pose desnuda. Vas a tener una noche irreconocible.

Aquí lo dejo, porque yo, ahora mismo, estoy poniendo un objetivo a mi Nikon (un gran angular, lo más grande que tengo) y estoy sacando del armario unos pañuelos de seda para mi señora. Será su única ropa. Del resto no te cuento, tú ya lo adivinas. Sólo espero que como buen lector te pases por aquí a contar tu experiencia y a, o bien desmentir o bien reafirmar mi hipótesis. Ya te digo yo que a unos cuantos feos que conozco no le faltan relatos para los momentos cusqueña.

¡Buena fotografía!

miércoles, 12 de septiembre de 2012

De vendedores sin escrúpulos (a la caza del abuelo)

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Las pensiones tienen ahora mismo un valor incalculable. Al menos así lo piensan los que se dedican a la venta directa. No es la primera vez que se habla (ni se denuncian) las actividades irregulares de los métodos de algunas empresas orientadas a vender enciclopedias, aparatos de depuración de agua, de gimnasia en casa, de masajes, sillones, colchones milagrosos, almohadas sin parangón, imanes que lo curan todo... La lista es interminable pero la estrategia siempre es la misma.

La venta al asalto

Una de las maneras es recorrer pueblos y villas de nuestra piel de toro. Al llegar se buscan mil maneras de citar a familias, antes eran un objetivo, hoy a los abuelos (o no abuelos), pero que estén cobrando una pensión. La idea es que acaben firmando una orden de compra de un producto cuyo costo ronda aproximadamente el 20 ó 30% del crédito que van a firmar, que rondará los 2.000 a 3.000 euros. No más. Se trata de que lo paguen antes de morir.

Esta venta es por presentación, se reune a los abuelos con un señuelo, se le cuentan mil maravillas del colchón o de la enciclopedia y se les deslumbra con una enorme lista de regalos, a cada cual mejor que el anterior. Los abuelos han venido a la presentación por una agenda electrónica, una calculadora, un libro ilustrado o cualquier otra baratija bien maquillada.

Terminada la presentación un equipo de vendedores sin escrúpulos, ataviados y elegantes, caen desde todas partes sobre los incautos. El regalo en una mano, la orden de compra en la otra. Meses después las víctimas, que cobran una pensión de 400, 600 u 800 euros se encuentran pagando una cuota interminable de 30, 50 ó 60 euros por una jartá de trastos inútiles que no sirven para nada. Los libros aún en las fundas. ¡Pero es que me regalaban un caldero!

La venta concertada

El otro medio de venta es la teleconcertación. El fin es el mismo, colar un producto de dudosa calidad sobredimensionado en sus cualidades a abuelos incautos con pensiones (los únicos ingresos seguros -sic- en este momento) ridículas a los que las financieras no tienen ningún escrúpulo en subvencionar (palabra mágica donde las haya).

Algunos intentan captar a sus potenciales víctimas a través del telefonazo en frío aunque dado el abuso en los últimos años se está utilizando la encuestación previa a pie de calle. Para vender la manta milagrosa, los imanes cúralo-todo, el fisio-sillón y tantos otros aparatos pseudo-médicos se recluta un ejército de encuestadores que esperan a las puertas de hospitales y centros de salud, en los centros comerciales o en cualquier sitio donde circulen muchas personas que entren dentro del segmento objetivo. Disfrazados de algún estudio para-algo consiguen captar los datos que necesitan: teléfono, datos personales útiles para la venta e indicios de situación económica.

Luego el supuesto estudio continua con una llamada telefónica, habitualmente plagada de mentiras (somos un centro oficial, concertado, un proyecto subvencionado...). Todo vale con tal de cerrar una cita en la casa del incauto. El objetivo es meter al vendedor en el salón de la abuela. No pocas veces se visten de algún título inventado.

Si es una enciclopedia puedes encontrarte a un especialista en historia, si son imanes a un especialista en magnetoterapia, si son aparatos de musculación a un especialista en preparación física. En realidad suelen ser personas desesperadas por unos ingresos mínimos (sus comisiones) y con muy pocos escrúpulos. Es la clave para trabajar en este mundillo, no tener escrúpulos.

Proteger a los abuelos

No se las puede llamar estafas. Ni ventas ilegales. Porque si lo fueran ya habrían habido denuncias, detenciones, indemnizaciones. Pese a lo que digan los reportajes televisivos que muy de vez en cuando asaltan nuestras pantallas, un par de veces al año, es muy difícil ganar un litigio contra este tipo de ventas porque, entre otras cosas, casi nunca acabas sabiendo a ciencia cierta quién te vende, dónde está, quién es su representante, dónde notificar una denuncia. En muchas ocasiones la empresa ni existe. Son marcas creadas para usar, quemar y tirar.

Y la deuda, cuando se paga a crédito, está avalada con una solicitud de préstamo que el pobre cliente ha firmado. El abuelo tiene una deuda con la financiera, no con el vendedor. Y no sería el primero que pierde una casa a causa de tres cuotas impagadas de 60 euros.

Por una vez la labor formativa de protección tiene que ir de los más jóvenes a los mayores:
  • Recordarles aquel viejo dicho de que nadie vende duros a cuatro pesetas (por lo de los regalos).
  • Enseñarles a decir no (porque una de las técnicas favoritas de este tipo de venta es la culpabilidad, hacer sentir culpable a la víctima por no comprar).
  • Mostrarles su realidad económica (sobre todo cuando ganan una pequeña pensión).
  • Enseñarles a disfrutar del dinero (que viajen, que se asocien a algún club, de lo que sea, que participen en eventos, pero que no estén sólos, que luchen contra el tedio y el aburrimiento).
  • Y vigilar, preguntar cómo le has ido el día, permanecer alerta por ellos.

sábado, 1 de septiembre de 2012

Yo reto a las operadoras

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El reto (y sus reglas)

Voy a ir directo al asunto porque imagino que los responsables de comunicación de Movistar, Vodafone, Ono... no irán más allá de los dos o tres primeros párrafos. También intentaré ahorrarme calificativos varios, que ya sobran y son obvios.

El reto que pongo es muy simple. Me comprometo a firmar un contrato a perpetuidad con la primera compañía que traiga a mi barrio, y a mi casa -dentro de-, una conexión a Internet, a través de la tecnología que sea, de calidad, estable, con una conectividad mínima de 6 Mbps reales de bajada y al menos 512 kbps de subida, a un precio competitivo -igual o inferior al establecido para la misma velocidad, en el área metropolitana-. Insisto, de calidad (sin cortes intermitentes ni zonas "vacías" ni intentos de conexión fallidos) y estable (sin pérdidas de velocidad).

El lugar, un barrio periférico, a menos de 3 kilómetros de distancia de un área metropolitana donde, por ejemplo, Ono ya sirve 100 Mbps con su fibra óptica. Se trata de Valle Jiménez, en el municipio de San Cristobal de La Laguna (isla de Tenerife). Insisto, un barrio dormitorio -antes agrícola- a tan sólo 5 minutos de las dos principales área metropolitanas de la isla. Código postal, 38329.

A este reto puede apuntarse cualquier operadora o empresa que sea capaz de cumplir con el objetivo. El contrato a perpetuidad que me comprometo firmar será válido siempre y cuando se mantenga el servicio con los mismos parámetros de calidad y estabilidad (o superiores, por supuesto).

Los antecedentes

Vivo en un barrio que en la época de mi abuela, principios del siglo XX, vivía "a toda una vida" de la zona capitalina o del conservador núcleo urbano de La Laguna, pero con la llegada de la carretera asfaltada, finales de los sesenta o principios de los setenta, la primera línea telefónica, la primera línea de guagua (autobús), pasó, de la noche a la mañana, de depender de la tierra y los animales a vivir de la construcción, los servicios y las pequeñas empresas que crearon algunos de los vecinos.

Aquellas primeras líneas que trajeron la voz a través de un cable, los pares de cables tradicionales, son los que aún hoy siguen trayendo voces y una exigua conexión ADSL que promete 3 Mbps (hasta 6 me ha prometido Vodafone) pero que en la práctica, cuando el técnico, sea éste de una compañía u otra, viene a tu casa, te dice, es que aquí sólo le llega 1 Mbps, no entiendo por qué le vendieron 3... ó 6. Y en la práctica, ni tan siquiera ese único mega es real puesto que con Movistar yo pagaba 44 euros por menos de 512 Kbps de bajada y apenas unos pocos Kbps de subida (más unas cuantas llamadas a la abuela de los niños durante el mes). Vamos, lo que una conexión de módem de hace 20 años.

Hoy, el barrio se ha convertido en una zona dormitorio, con su asociación de vecinos, su bar, su venta y sus cientos de familias, trabajadoras, de clase media. Un barrio tranquilo, con sus fiestas -precisamente este fin de semana-, su gente de siempre y su nueva gente que ha venido a residir buscando tranquilidad y paz a sólo 5 minutos de la capital. Sólo 5 minutos... ¡reales!

Pero las operadoras se olvidaron del 38329 (como se olvidan de tantas otras zonas en la geografía nacional). Parecen regirse por parámetros de beneficios puros y olvidan su, tal vez, función social. La comunicación es un negocio pero también es un derecho. Cualquier forma de comunicación tendría que ser asequible para cualquier ciudadano. Así opino yo.

La conectividad 3G y HSPA no han venido a solucionar nada. Dentro de las viviendas la de Movistar es prácticamente inoperativa. Vodafone sí, pero la cobertura 3G es tan deficiente que la situación es equiparable a la de la ADSL.

El asunto es que se sigue ofertando Internet a los vecinos. Habitualmente te atiende una señorita que está al otro lado del Atlántico -a mí me han preguntado que en qué parte de la Península Ibérica estaba Tenerife-. Leen lo que les aparece en pantalla y lo ofertan. Luego, cuando viene el técnico de la subcontrata, como ya conté, te cuenta la realidad. Por no haber no hay ni suficientes líneas para servir voz y datos a todos los vecinos.

Y todo esto se soluciona de una manera simple. Invertir. La primera operadora que ponga SU propio cable y lo traiga hasta el barrio -pasando por los barrios que están de camino-, se va a quedar con toda la clientela. Podrá ofrecer Internet, televisión por cable, voz...

Éste es el origen del reto. Ahora veremos si las operadoras españolas tienen los adentros que hay que tener para recoger el guante y quedarse con toda la clientela. O si van a seguir haciendo lo que hacen ahora, prometer, contratar, cobrar y engañar. (Y si quiere usted darse de baja pase por un largo y complicado proceso, además de pagar las consecuentes penalizaciones por permanencia.

Ahí queda eso.